lunes, 20 de julio de 2015

Un gaditano en Zamora



Dicen de Zamora que es ‘la bien cercada’, ‘que no se ganó en una hora’… Hasta que ha llegado a sus tierras un Señor  libre, procedente de Cádiz, que tras numerosos viajes y aventuras, ha sentado plaza en esa ciudad.

Una ciudad donde la naturaleza, transformada por el Duero, ofrece un paisaje sin igual, y donde la historia parece haberse detenido en épocas más gloriosas, cuando se miraba siempre a lo alto, para construir la ciudad terrena…

A esta ciudad ha llegado un gaditano enorme, y desde su atalaya privilegiada,  proyecta su mirada  con ojos de luz salada, y clara, sobre esta ciudad pequeña y recoleta, dormida e intima. Se han juntado el encanto gaditano con el encanto zamorano, ¡Madre mía!

¡Qué maravillas brotarán de esas manos de artista, fascinado por la musa zamorana, reflejada en su naturaleza material, animal y humana, bendecidas por la divina, que las ampara y las mantiene intactas en el tiempo!


Le doy las gracias a Zamora, hoy sí, porque siento que acogiéndote a ti, es como si yo tuviera algo que ver en esa acogida. 

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