domingo, 28 de junio de 2020

¡Vivir infeliz cuesta menos!



 José Luís Nunes Martins

  
La felicidad exige esfuerzo. Nos obliga a rehacernos después den cada desgracia y a que aprovechemos las oportunidades, en vez de quedar esperando milagros

Los infelices se juntan para consolarse con la simple existencia de unos y de otros, a cada uno le gusta exponer sus siempre tremendas fatalidades. Claro que, al final los males de los otros son vistos siempre como banalidades, lo que lleva a cada uno a sumar más de una desgracia a su lista personal: ¡la incomprensión!

Después están los que llevan mal el bien de los otros, es infeliz solo porque hay otros que no lo son.

La mayor parte de las personas son infelices solo porque son ingratas. No reconocen todo lo que de bueno se les ha dado y cuanto ya han conseguido. Peor aún, desprecian todo el tiempo que todavía tienen a su disposición.

Es un excelente ejercicio pensar en todo lo que tenemos y lo que podemos perder. Prepararnos para la tragedia fortalece nuestro corazón, pasando a aprovechar mejor cada momento para elegir ser feliz cada día. Continuando el camino, cuidando de lo que se tiene, rehaciendo lo que se perdió, soñando, construyendo y levantando obras aún mayores.

¡En verdad, solo le pueden suceder grandes desgracias a vidas valiosas!

Los dolores y los sueños nos señalan casi siempre el mismo camino

¡Nadie es tan infeliz como cree, ni tan feliz como le es posible, a pesar del mundo, de los otros y de sí mismo!

Lucha por la felicidad, si te preocupa si eres feliz o no. A veces, lo imposible se hace posible y nos sucede. Alimenta la esperanza para que te recuerde y apunte lo que debes hacer, cuando estuvieras adormecido. No te dejes envolver por fantasías.

Hay mucha gente que es más feliz que nosotros, teniendo mucho menos. No por ser idiota, sino por tener la sabiduría de la felicidad, aquella que considera que debemos luchar todos los días contra nuestra voluntad íntima de ser infeliz.

La verdadera alegría es una elección que implica sacrificio.



sábado, 20 de junio de 2020

¿Qué quiere Dios de mí?



 José Luís Nunes Martins



Dios quiere que yo sea libre y elija bien, que elija el bien. Dios no me impone un proyecto de vida que deba cumplir so pena de ser infeliz. Antes bien me propone un camino, señala una dirección que da sentido a mi existencia, pero que solo tiene valor si yo decido seguirla de forma libre.

Dios quiere que cada uno de nosotros sea feliz y las alegrías más profundas son las que brotan del amor: del darse y del perdonar.

¿Qué hace Dios con nosotros? Nos ama y nos perdona. Incluso cuando no hacemos lo mismo con los otros y con Él. Porque su amor es extraordinario.

Hoy se da el nombre de amor a muchas cosas que no tienen relación alguna con el verdadero amor. ¡Hasta se le da el extraño nombre de amor al egoísmo, que es lo opuesto al amor!

Es corriente pensar que debemos amar a quien nos ama. Que nos guste a quien nosotros le gustamos. ¿Pero qué gran amor es ese que nos guste a quien nosotros gustamos? Es casi un precio, una compensación, un negocio. Parece más un simple contrato de trueque de egoísmos.

El amor verdadero es extraordinario y diferente, también porque no depende de lo que sienta el otro por nosotros, sino de lo que precisa, de lo que le hace falta para ser mejor. Por eso, busca a los más apartados, aquellos que andan más lejos del amor. Ve a su encuentro, valorando la simple presencia del otro como algo bueno.

Dios hace eso mismo con nosotros. Nos ama sin que nosotros lo amemos, nos ama y nos perdona, incluso cuando nosotros no creemos en Él, incluso cuando juzgamos que podemos vivir muy bien sin Él. Es la razón por la que el amor de Dios es superior.

¡Pero lo que Dios quiere de cada uno de nosotros es que amemos a los otros así! Buscando a los más necesitados y amándolos, aunque no nos amen… tal vez porque nunca fueros amados así, por lo que son, o porque sufrieron más de lo que podemos imaginar y la desilusión los apartó de la esperanza.

Todos sufrimos y no hay dos dolores iguales. Pero hay algo que es una constante: si fuéramos capaces de mantener una esperanza fuerte, entonces tendremos más ánimo que dolor.

Hay quien es derrotado por dolores menores y hay quien sonríe a pesar de aquello que le duele y que a la mayor parte nos haría desistir. ¿Dónde está la diferencia? En la esperanza que resulta de la fe. En el amor de que se es capaz, en la forma como se ve lo que se pasa y lo que nos sobrepasa. Amar lo que nos rodea y lo que ha de venir.

Dios quiere que sepa que puedo y debo ser mejor, para ser más feliz.

¡Dios no depende de mí, pero, por su amor, se hace dependiente! Sufre y está conmigo, incluso cuando yo me siento solo y abandonado, que es casi siempre.
La alegría verdadera no se encuentra en ningún mercado de intereses, resulta de lo que cada uno de nosotros fuera capaz de dar. ¡Si fuéramos mejores, daremos más y mejor!

¿Cuántas veces nos han amado sin que nosotros non nos diéramos cuenta? ¿Cuántas veces nos han perdonado sin ningún resentimiento, solo por amor, aceptándonos como somos, a pesar de nuestras flaquezas? ¿Eso hizo mella en nosotros?

Entonces, la misión es sencilla: haz lo mismo. Amar a quien no merece, perdonar sin resentimiento es aceptar al otro como él es. Esto puede hacer grandes milagros.

Perdonar es un don del amor. Perdonar es un dar superior, extraordinario.

Quien es amado es perdonado. Basta que acepte el amor y el perdón. ¡Quien así se deja amar aprende a amar y a perdonar!

Claro que nada es gratuito y muchas veces seremos atacados con miradas, palabras y gestos lacerantes. En la intimidad de esas personas seremos acusados de actuar por otros motivos y nos tacharán de ser solo unos egoístas igual que los otros, pero con una forma diferente y extraña de alimentar nuestro interior malicioso.

Dios quiere que yo rece y así encuentre, lejos de las preocupaciones superficiales de cada día, un lugar más profundo donde puedo reposar y tener paz.  Es en lo más hondo de mí donde encuentro la entrada a lo que en la vida hay de más elevado.

No sé casi nada de Dios, tampoco consigo comprender el mundo. Sé poco de mí, pero sé lo suficiente para escoger el camino que quiero seguir: es imposible ser feliz sin amor.

Soy amado y soy llamado a amar.



https://agencia.ecclesia.pt/portal/o-que-quer-deus-de-mim/

sábado, 13 de junio de 2020

¿De qué huye quien tiene prisa?



José Luís Nunes Martins


¿Será de sí mismo? Muchas veces creemos que podemos dejar nuestros problemas atrás, corriendo lo más lejos posible del lugar donde aparecen… pero, para nuestra desilusión, ellos alcanzan el punto de llegada al mismo tiempo que nosotros.

Al caminar, cuando nos acordamos de algo en que queremos profundizar, o saborear, aminoramos el paso, ya que la memoria nos exige que nos concentremos en el paisaje interior.

La prisa hace que no seamos capaces de vivir, porque no prestamos atención a nada de lo que está a nuestro alrededor. Por otro lado, la calma nos permite admirar un poco de todo lo que nos rodea a cada paso, viviendo más.

Los descubrimientos interiores no es algo que podamos comenzar a hacer, sino algo que, con el pasar del tiempo, fuimos abandonando. Ya lo hicimos, ya lo sabemos hacer, es el mundo que cada día nos seduce lejos de nosotros mismos.

¿Te acuerdas de los días y noches nen que viajabas dentro de ti? Aventuras solo tuyas a las que puedes volver… basta que disminuyas el paso y te dejes tocar por lo que te rodea. Algunas impresiones te llevarán al interior de tu corazón, donde hay bellezas que no experimentas desde hace mucho tiempo.

Déjate ser como un niño, que olvida rápidamente y no se angustia esperando el mañana…
El presente es lo que vivimos y lo que vemos delante de nosotros, lo que debo hacer el mes próximo forma parte de mi presente, porque lo consigo ver. El futuro será lo que está más allá de lo que consigo anticipar.

Algunos están convencidos de que el futuro solo puede ser mejor que tratan a toda costa de evadirse de su presente. Pero, por más que huyamos a toda prisa del presente, nunca llegaremos al futuro más deprisa.

Solo el que no huye de su presente es el que tiene tiempo para ser prudente.
¡La prisa nos hace perder el tiempo y la vida!



https://agencia.ecclesia.pt/po…/de-que-foge-quem-tem-pressa/

sábado, 6 de junio de 2020

¡Las pantuflas y el sofá nos arruinan!



 José Luís Nunes Martins
  

Mucho más que el trabajo, nos envejece la pereza, hace que los días pasen al tiempo que los años vuelan… Sus raíces están en el espíritu, la molicie del cuerpo es solo una consecuencia del desistimiento interior.

La pereza nos sienta mal, porque poco o nada de bueno producimos, ni para nosotros ni para nadie.  Hacer poco o nada nos provoca angustia, es solo un vacío infértil disfrazado de descanso. Pero que cansa. Desgasta y corroe.

¡La ociosidad es la tierra donde mejor dan fruto los vicios! No hay virtud que nazca en terreno de la inacción. Todo lo que es malo necesita que renunciemos a gobernar nuestro destino… y nos dejemos llevar.

Claro que el camino de quien no hace nada está lleno de obstáculos, mientras que aquel que se dedica y empeña en lo que busca encuentra siempre la forma de convertir los obstáculos en escalones.

¿De qué sirven nuestros talentos y fuerzas si no hacemos nada con ellas? Es necesario que nos esforcemos por ser quienes somos, si no seremos poco más que nada. Algo con mucho potencial, pero ninguna utilidad.

Es esencial que todos los días nos levantemos y volvamos a nuestra tarea. Procurando no descansar antes de cansarnos. La felicidad depende de lo que hacemos, no de lo que posponemos a veces sin fin.

Si te faltan objetivos que te inspiren y motiven, búscalos en el fondo de ti. Ellos están allí, tal ves bajo mucho polvo e incluso confusos.

¡Es importante que seamos capaces de matar la pereza antes de que ella nos sepulte vivos!



https://agencia.ecclesia.pt/…/as-pantufas-e-o-sofa-arruina…/

viernes, 5 de junio de 2020

Un poco de historia, llegado el momento de elegir nuevo servicio



Al final de una etapa es conveniente hacer un balance, este es el resultado. Lo primero dar gracias a Dios porque sin él no habría hecho nada de lo que he hecho, y gracias también a Cáritas, que me ha permitido desarrollar el don de la caridad, especialmente con los más necesitados en el Programa Diocesano de Personas sin Hogar.
Allá por el año 2007, hizo mella en mí la llamada urgente de la conferencia Episcopal a todos los fieles a implicarse en la vida de la Iglesia, dando testimonio de la fe cristiana en todos los ambientes, para hacer frente al relativismo reinante en la sociedad, y a la aprobación de normas y leyes por un gobierno llamado progresista que trataban de fomentarlo y consolidarlo: la implantación de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, el reconocimiento de algunos derechos contrarios a la naturaleza y a la dignidad de la persona humana. Todo ello dirigido a modificar las conciencias, para lo cual comenzó un ataque indiscriminado a la iglesia tanto desde el gobierno como desde asociaciones progresistas (feministas, LGTB, y otras…), empeñadas en demoler los principios y valores que hasta el momento había asumido la sociedad para su seguridad y continuidad en libertad, progreso continuado y democracia.
Comencé por oponerme a la implantación de la asignatura de educación para la Ciudadanía, mientras trabajaba como profesor, por su contenido propagandístico de esa ideología progresista, especialmente su ataque a la familia, en sus textos se reconocían hasta ocho tipos de familia (hoy precisamente he leído que la ONU propone aún hasta más de veinte tipos de sexo…)
Y por fin me decidí a integrarme en alguna actividad dentro de la Iglesia. Acudí al párroco para que me orientara hacia la labor más necesaria, y él me propuso Cáritas. Así comencé mi labor en Cáritas parroquial del Santo Cristo. Por esas casualidades de la vida… como el equipo tenía suficientes voluntarios y desde la Arciprestal se había pedido la colaboración de las parroquias con el Programa de Personas sin Hogar, pues allá me mandaron. Llegué en plena reunión, pero era una reunión de directores… ‘no, no, no te vayas, quédate, así se enterarán de lo que se diga y acuerde’…
Y ya seguí. Entonces era solo por las tardes, y además yo trabajaba. No me fue nada difícil el comienzo, con buenos compañeros y sin demasiadas normas o limitaciones que dificultaran el buen ambiente necesario. Cada cual aportaba lo mejor que podía o sabía en beneficio de las personas que allí acudían en solicitud de ayuda, o a pasar un rato de charla agradable. Al poco tiempo ya pude ir por las mañanas, porque me jubilé anticipadamente. No ha habido muchos voluntarios para este servicio, pero los ha habido muy buenos, sobre todo los últimos años. Unos voluntarios muy especiales eran los’ voluntarios forzosos’, personas que elegían Cáritas para llevar a cabo su condena social de los meses que fueran, generalmente buenísimas personas y serviciales, lo cual suponía un alivio para nosotros. Les sorprendía lo que hacíamos o cómo lo hacíamos, y algunos prometían volver, pero…
También tuve a asumir la tarea de secretario de Cáritas Arciprestal, aunque fue de manera provisional durante dos años. Había que coordinar los equipos, informar, celebrar consejos… Entonces hablábamos mucho de unificar criterios y formas de ayuda, incluso de un fondo común para evitar las diferencias entre parroquias.  Me parce ahora que eran otros tiempos… tanto han cambiado las cosas en tan escaso tiempo… igual que sucede en la sociedad en general.
Volví a integrarme en el equipo parroquial del Santo Cristo, ya renovado. Fueron unos años muy, muy entrañables, de verdad, trabajamos con mucho gusto, decían que con buenos resultados. Claro que fueron los años fuertes de la crisis a partir de 2007. Muy duros, con momentos difíciles… cuanta veces creíamos que también a nosotros nos alcanzaba la multiplicación de los panes y los peces evangélico. El sufrimiento de la gente nos impulsó a buscar soluciones y recursos constantemente, y nos unió fuertemente. Todavía tuvimos tiempo de ofrecer clases de apoyo a los niños de los acogidos. Una experiencia muy bonita (que le pregunten al director, ¡Cómo disfrutaba!)
Tuve que dejar este equipo, por motivos personales, y además fui a vivir a otro barrio. Así que me incorporé al equipo parroquial de San Marcos. Tengo que decir que aquí no me sentí tan a gusto, aunque siempre hubo cosas positivas. Una que recuerdo fue el compromiso del grupo de jóvenes de confirmación para dar clases de apoyo a los niños de los acogidos de Cáritas.
De nuevo cambio de vivienda, de barrio, y de equipo, el de la parroquia de la Pastora. Aquí estuve como colaborador. Un equipo diferente, pero que funcionaba con bastante eficacia. Pero en poco tiempo sufrimos el fallecimiento de tres compañeros, con lo cual tuve que implicarme más. Poco más tarde muere otro compañero. Por desgracia los voluntarios escasean tanto que el relevo no se produce. Ahora en tiempos del coronavirus ha habido un notable refuerzo con voluntarios entre los catequistas, las cofradías
Hasta aquí mi paso por los equipos parroquiales. Aunque no esté bien decirlo siempre tuve preferencia por la labor en Personas sin Hogar. Aquí el trato con las personas es diferente, su situación es diferente, especialmente agravada por la soledad, expuestos permanentemente a carencias tan elementales como cuchillas de afeitar, pasta de dientes, un cigarrillo, tomar un café con galletas o dulces y en buena compañía, un euro para comprar unas pilas, un billete de bus, etc., etc. Se crean lazos más o menos fuertes entre muchas de estas personas y entre ellos y nosotros. En este blog quedan reflejadas numerosas pruebas de esto que digo.
En este servicio, hemos cambiado de domicilio desde 2007 cinco veces, aunque eso no ha supuesto cambios en lo esencial, sí ha podido en ocasiones dificultar más la labor y tener que hacer un mayor esfuerzo, bien por ser un espacio insuficiente o por su mala distribución, su cercanía o lejanía del centro; pero de cualquier modo siempre nos hemos adaptado, tratando de resolver de buena gana cualquier obstáculo.
Ahora ya me ha llegado el momento de tener que elegir entre continuar o dejar este servicio al no poder desempeñarlo como Dios manda. El motivo principal son mis propias limitaciones, pero no puedo ocultar que también tiene que ver la inseguridad e incertidumbre en cuanto al desarrollo del programa, su ubicación, y si cuenta con voluntariado suficiente.
 Y, como nada ocurre por casualidad… gracias al confinamiento y la limitación de movimientos, he tenido la oportunidad de acudir a mi parroquia, acompañar al párroco y participar en la misa ‘clandestina’ algunos días de semana y los domingos, lo cual ha hecho que me sienta más implicado con la parroquia.  Y siguiendo con las casualidades… justo ahora el sacristán decidió dejar de prestar sus servicios… entonces yo me ofrecí al P. Luís para hacer de sacristán, de manera voluntaria.
Tengo que reconocer, sin embargo, que debo mi agradecimiento más sincero a todos los trabajadores sociales de Cáritas con los que he colaborado, a los compañeros voluntarios a lo largo de estos años, y sobre todo a la cantidad de personas sin hogar que he conocido y tratado, de los que he aprendido tantas cosas buenas, y especialmente a vivir sin perder la esperanza por muchas que sean las dificultades, a ser agradecido, esto es importantísimo… También os pido perdón por los fallos que sin duda he tenido con unos y con otros, y el daño que con ello haya podido causar, así como por todo lo que pude hacer y no hice, consciente o inconscientemente.
Y termino como empecé, dando las gracias a Dios por encima de todo, reproduciendo las palabras de San Pablo a los corintios que tanto me han ayudado: ¨ ¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre e misericordia y Dios del consuelo! Él nos alienta en nuestras luchas hasta el punto de poder nosotros alentar a los demás en cualquier lucha, repartiendo con ellos el ánimo que nosotros recibimos de Dios. Sí los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo. ¨  OM