sábado, 14 de octubre de 2017

¿Cuál es la mayor aventura de tu vida?


Opinión de JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS


Hay noches que duran meses y otras que duran años. Pero siempre hay una luz que, brillando, vencerá las tinieblas, el frío y el abandono.

En el silencio donde vivo hay una luz que rompe la noche y hace nacer el día. Muchas veces, no le doy importancia, pues al final es algo tan frecuente que parece vulgar. Pero, a veces, la noche es oscura y el brillo de una luz, que comienza muy pequeña, me hace comprender que la vida es al final sublime, un milagro que se renueva y fortalece cada día y cada noche.

Hay noches que duran meses y otras que duran años. Pero hay siempre una luz que, brillando, vencerá las tinieblas, el frío y el abandono.

En nuestro interior hay una luz que nunca se extingue, solo ella nos permite distinguir lo que es precioso de lo que no pasa de ser el truco de una apariencia . Es un milagro sutil e incesante que no se apaga, por mayor que sea nuestra desconfianza.

La mayor aventura de mi vida es haber llegado hasta aquí y estar lleno de voluntad para ir más lejos. Mucho más allá. Más allá de las fuerzas que creo tener y de la felicidad que soy capaz de soñar.

Las aventuras son caminos íntimos y peligrosos en la medida en que, aunque limitados por nuestras circunstancias, no podemos nunca desistir de querer ser más...

Debemos tener siempre la maleta hecha y unas botas preparadas, ninguno de nosotros es de aquí y en cualquier momento puede ser tiempo de que partamos para ir más lejos...

¡En la maleta, debemos llevar solo lo esencial de lo que tenemos, que es muy poco!

¡En las botas, debemos llevar lo esencial de lo que somos, que tampoco es mucho!

Pero aún así solo las debemos llevar en una parte del camino. La aventura es para hacerla con los pies descalzos y las manos abiertas. Sí. Para que aprendamos a escoger bien todos los pasos de nuestro camino... y donde colocar el pie en cada paso.
Ilustración Carlos Ribeiro


http://rr.sapo.pt/artigo/95673/qual_e_maior_aventura_da_tua_vida

domingo, 8 de octubre de 2017

El deseo de poder es una debilidad



Opinión de JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS


A los hombres se les conoce más y mejor cuando tienen poder. Su valor (o carencia de él) es más evidente cuando no tienen grandes presiones exteriores. Si queremos conocer el interior de alguien, basta fijarse en sus decisiones y sus obras cuando tienen a su disposición muchas posibilidades.

Los juegos de poder no son batallas donde disputamos de verdad. Se busca , de varias formas, alcanzar una posición de dominio de donde, casi siempre, creemos ser capaces de definir la verdad. La verdad es solo una y no depende de lo que se diga de ella.

Algunos construyen torres con las cuales quieren llegar al cielo, pero en poco tiempo su misma ambición las hace caer de tan ciegos como quedan. Porque el poder alimenta aún más el deseo de poder. Quieren someter a todo el mundo, pero al ceder a las tentaciones se vuelven esclavos de sus apetitos más rastreros.

La voluntad de poder no es una fuerza, es, más bien, una flaqueza, que, sin humildad, se esfuerza por parecer lo que no es.

A los hombres se les conoce mejor cuando tienen poder. E valor 8o la falta del mismo) es más evidente cuando no se tienen condicionamientos exteriores. Si queremos conocer el interior de alguien, basta fijarse en sus decisiones y sus obras cuando tienen su disposición muchas posibilidades.

Las mentiras explotan siempre las posibilidades de manipular la opinión ajena. La falsedad se arraiga hasta tal punto que algunos de sus protagonistas no son capaces de distinguir lo real de lo que no lo es.

La verdad no depende del poder, no tiene relación con las mayorías o las minorías. La verdad no es democrática. Por eso, poco importa si son muchos o pocos los que comparten nuestra posición. Lo importante es que seamos capaces de descubrir y actuar de acuerdo con la verdad, y cuando eso no fuera posible, entonces que tengamos el coraje de continuar buscando.


Ilustración Carlos Ribeiro



lunes, 2 de octubre de 2017

XXVI Domingo del tiempo Ordinario. Misa del Envío



El P. Luis, hoy nos ha dirigido unas palabras, entrañables, con 'sabor a parroquia', disfrutó expresando cuánto le agrada su parroquia, lo satisfecho que se siente de cómo responden los diferentes grupos parroquiales y cofradías en su misión en la parroquia y en la Iglesia.

Comenzó situando la parroquia dentro de la estructura de la Iglesia, y resaltando la importancia que tiene la parroquia en el funcionamiento de la Iglesia, para el buen funcionamiento del entramado eclesial.

Hizo mención y una pequeña historia de los distintos grupos parroquiales, que 'funcionan maravillosamente', al punto que el párroco casi no se siente imprescindible, sino un 'mero coordinador'. No es la primera vez que le oigo decir, con total convencimiento, que la parroquia funciona sola, que los grupos parroquiales funcionan con una fidelidad y eficacia encomiables.

Muy bien los grupos parroquiales, pero también su parroquia es especial, especial en cuanto que tiene historia en San Fernando, una de las más antiguas, y se crea en torno a la Virgen, con el título de La Divina Pastora. Se crea en un barrio al que da nombre, y efectivamente la parroquia es un poco 'el corazón' del barrio. Es muy bien aceptada, a menudo visitada, y cuenta con la participación de muchos fieles en los distintos actos que en ella se celebran. Por eso es una parroquia 'acogedora', dijo, con un sano 'orgullo'.

Y al final pidió a todos, como suele hacer, que contribuyamos a hacer realidad el reino de Dios en la parroquia, en el barrio, en el trabajo; colaborando con la parroquia, si fuera posible, pero sobre con nuestro comportamiento diario, cada uno en su vida particular y con los de su entorno, siendo un instrumento de pacificación, servicial, dando ánimos también donde hagan falta.




viernes, 29 de septiembre de 2017

Cuando prefiero no ver


Opinión de JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS


Los indiferentes comienzan por serlo consigo mismos, aceptándose y permiiéndose casi todo, pues, desconfiando de todo y de de todos, no tienen líneas definidas que separen el bien del mal.

Los indiferentes son cada vez más. Prefieren no ver. Si ven, prefieren ignorar. No hacen nada, Incluso porque así soportan mejor el mal de otros.

Otros hay que andan con los ojos bien abiertos, que ven y quieren ver, y que, por más que ello les cueste, actúan y vuelven a actuar de acuerdo con aquello en lo que creen. Se comprometen y se exponen a las críticas siempre afiladas de los que no hacen nada sino censurar a otros.

Debemos escuchar y confiar en aquellos que nos animan, no en quienes nos desaniman.

El mundo está cada vez más necesitado de gente capaz de construir donde oros destruyen. Crear y recrear lo que otros arrasan. La recompensa comienza inmediatamente, ya que la vida cobra sentido concreto y definido. Más tarde, vendrán otros frutos.

Ninguno de nosotros debe perder su tiempo y sus talentos juzgando a los demás. Debemos invertir nuestra vida en hacer el mundo, y a aquellos que se cruzan con nosotros, un poco mejores.

¿Pero por qué razón hay tantos indiferentes? Por miedo a sufrir. Un egoísmo que no es capaz de comprender que el miedo al sufrimiento es ya un sufrimiento... y que el sufrimiento, con sentido, edifica y engrandece.

Los indiferentes comienzan por serlo consigo mismos, aceptándose y permitiéndose casi todo, pues, desconfiando de todo y de todos, no tienen líneas definidas que separen el bien del mal. Sienten aversión a quien vive con rectitud. Porque estos, aunque fallen, lo asumen y procuran perfeccionarse, siempre con calma y confianza.

Los desconfiados siempren tienen mucha prisa. Quieren pruebas inequívocas y las quieren ahora, en caso contrario dan su falta de compromiso como probado.


En verdad, quien confía, no tiene prisa.


Carlos Ribeiro



miércoles, 27 de septiembre de 2017

Hoy, San Vicente de Paúl



Hoy el Albergue Federico Ozanan, de San Fernando, ha celebrado el día de San Vicente de Paúl, además del cuatrocientos aniversario de su ordenación sacerdotal.

Este hecho, nos dijo en su homilía el Padre que celebró la misa, le permite comenzar su su actividad en favor de los más necesitados, desde la parroquia; aunque también, recalcó, esta tarea la llevó a cabo con la ayuda imprescindible de las Hermanas de la Caridad.

La audición era deficiente, pero pude captar dos ideas más, que creo son muy adecuadas para homenajear al santo. Una es la oportunidad de las lecturas escogidas para la misa de la festividad de San Vicente de Paúl, pero sobre todo el Evangelio, en el que narra el episodio de las bienaventuranzas. San Vicente las puso en práctica de modo ejemplar, por eso se le puede considerar, y esta sería la otra idea esencial, un “Revolucionario de la caridad”.

Aunque sea una breve reseña de este día, merece la pena recordar de donde nos viene la inspiración en nuestra tarea de ayudar a los demás, y seguir el ejemplo que nos dio San Vicente para seguir mejorando día tras día, afrontando con fe, entre todos, las dificultades que se presenten.


viernes, 22 de septiembre de 2017

No te olvides de lo que te va a salvar


Opinión de JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS


La fe es el escudo más fuerte y el arma más potente contra el mal.

Las dudas sobre lo que somos y a donde queremos y debemos ir nos asaltan cada día. Algunas veces de forma tan afilada que nos rasgan por dentro.

Sólo vemos señales, no certezas. Animados, nos creemos casi siempre en el camino cierto. Desanimados, sospechamos que nos estamos apartando del bien. 


Las tinieblas que cada uno de nosotros construye en su interior se extinguen con la claridad de la fe.

La esperanza no piensa según la lógica de lo que está sucediendo a nuestro alrededor, creyendo que llegará un momento en que, de forma misteriosa y sutil, todo se encamina hacia el bien.

La fe es el escudo más fuerte y el arma más potente contra el mal.

También hay falsas creencias y gente que disfraza su cobardía haciéndola pasar por fe, prefiriendo esperar sin hacer nada, en vez de luchar y construir la parte suya de los milagros.

Nadie vive lejos de la fe, a pesar de las dudas. La verdad puede que no esté muy cerca, pero está en lo más profundo de nosotros. Sin verdad no hay medida del bien.

La fe define nuestras acciones aún las más racionales.

La fe es la respuesta que el hombre da a los misterios de la existencia. El hombre que cree, unque sea contra todas las evidencias, actúa...y cambia el mundo.

La verdad está más en la fe que en todo lo que podemos tocar.
Ilustración Carlos Ribeiro


martes, 19 de septiembre de 2017

Hay quien no se acepta a sí mismo.



José Luis Nunes Martins, Paulo Preira, “Via-Sacra para creyentes y no creyentes”, 10ª estación


Hay quien no se acepta a sí mismo.
Se juzga por las ilusiones que se hace de sí mismo.
Por lo que los otros ven y piensan.
Un hombre despojado de sus vestiduras es el mismo hombre.
Quien lo despojó, no.
Hay quien cree que la dignidad se pierde en la pobreza.
Hay quien cree que es miserable quien vive en la miseria.
Pero quien pierde la dignidad es quien provoca la pobreza.
Miserable es quien no hace nada en auxilio de los que viven con casi nada.
Exponer la intimidad de alguien no atenta contra su valor.
Nuestro valor no depende de lo que es visible y palpable.
Mi cuerpo no me es extraño y mi intimidad es parte de mi vida. Pero soy más que eso. Mucho más.
Todo lo que somos viene de dentro.
La belleza de mi vida es lo que existe por dentro de las heridas, lo que está tras las flaquezas.
La pureza que brota como una luz a través del velo del sufrimiento.
Hasta que no nos aceptemos como somos, no podremos ser felices con las cosas buenas… ni luchar para superar las faltas.
Aceptar al otro es acogerlo de forma integral, aceptando sus perfecciones e imperfecciones, sus virtudes y sus flaquezas. No se aman máscaras ni mentiras.
El exterior revela un interior más bello, cuando hay pureza y bondad.


La Ira


La cólera empieza con sentimientos de aversión hacia lo que realmente o en nuestra imaginación se presenta como un obstáculo en nuestro camino. Inmediatamente nos entran ganas de quitarlo de en medio. Se nos ocurre una idea de cómo hacerlo. De todo ello vemos que la ira puede ser justa o injusta. Imagen de una ira justa es Cristo expulsando a los vendedores del templo (Mc 11,15ss;Jn 2,14ss).

El único verdadero obstáculo al bien es el mal. Podemos y debemos, pues, encendernos de ira contra un mal real y no imaginario. Así pues debemos airarnos en verdadero y pleno sentido contra el pecado, contra el diablo, contra los malos pensamientos. Cuando se trata de los hombres, la ira solo es justa si conduce al bien, a la derrota del mal, y, así, al beneficio del prójimo y no para su daño. Se entiende que la cólera debe ser mesurada.

A menudo, sin embargo, nos asalta una ira injusta. Del sentimiento de disgusto nace el odio y el deseo de venganza. Sentimos placer ante la desgracia ajena, humillamos al otro con palabras y lo denigramos delante de los demás. Luego pasamos a los actos. Frecuentemente la ira se manifiesta mediante una explosión de sentimientos que son más fuertes que el sano juicio. Un hombre así es, según san Juan Clímaco, un loco, un perturbado. No se puede hablar con él hasta que el impulso de la ira no cesa. El mejor consejo que se le puede dar es lo que dicen algunos dichos populares: “respira profundamente”, “cuenta hasta diez”, “trocea la leña pero no encima de la cabeza de oto”, etc.

Mucho más peligrosa es la ira que se queda en el alma incluso una vez que el estallido de sentimientos ya ha pasado. Se empieza a pensar en la venganza con frialdad, se niega a perdonar. Según san Gregorio de Nisa, un hombre así se separa del reino de Dios. Él mismo no será perdonado porque no perdona a los demás. Dios no intervendrá a su favor porque quiere hacer justicia por sí mismo.

En Las Vidas de los Padres del desierto se narra que curaron así a un hombre airado: le hicieron repetir esta oración: “te damos gracias, Señor, porque no te necesitamos, ya que la justicia nos la procuramos nosotros solos”. San Doroteo compara al hombre airado con un perro que muerde la piedra y, en su ceguera, no ve al hombre que ha tirado la piedra.

¡Airaos, pero no lleguéis a pecar!”(Ef 4,26). El Apóstol de las naciones tenía un carácter explosivo. Sabía por experiencia cómo podía encender la cólera cuando, de repente, uno se encuentra con el mal, la deshonestidad, la dificultad expresamente preparada. Pero este impulso no debe llevarnos al pecado para no aniquilar un mal con otro mal. Por lo demás, san Pablo establece un tiempo prudente para calmarse, hasta la puesta de sol: “Que el sol no se ponga sobre vuestra ira” (Ef 4,26). La ira se cura con las virtudes contrarias, paciencia, fe en la providencia.

Combate contra los malos pensamientos (4). Cardenal Tomás Spidlík, SJ. (MAGNIFICAT, setiembre de 2017. nº 166)

Tristeza, envidia



Los autores espirituales hablan, en este punto, de la perniciosa tristeza. Es un sentimiento especial. Cuando estamos triste expresamos la convicción de que hay algo que no debería ser así, que deseamos que no exista. Es, pues, una especie de odio.

El cristiano debe odiar el mal y el pecado. La tristeza saludable se llama arrepentimiento. Si, por el contrario, nos asalta la tristeza por la vida como tal, por la compañía de los demás, a causa de la soledad, existe entonces una falta de fe en la providencia, en la bondad de Dios y en su obra. Por tanto, nunca debemos consentirla totalmente, incluso cuando la tristeza está justificada. Puede ser pena por los muertos, compasión por la desgracia de otros... pero todo esto debe tener sus límites en la moderación. Dado que los eslavos son a menudo melancólicos por naturaleza, Nilo Sorshij dedica al capítulo de la tristeza un largo capítulo y la define como el peor enemigo de la vida espiritual.

En occidente ha sido equiparada a un tipo de tristeza que es perversa desde el principio: la tristeza por el bien de otro hombre, la envidia. Según San Juan Crisóstomo, el envidioso es peor que el avaro. Este se pone contento cuando posee, y el envidioso lucha para que los demás no tengan: “Él mismo, quizá, no se levanta porque es vago, pero es capaz de altar para hacer que el otro que está de pie se caiga”.

A menudo se producen pequeños sentimientos de tristeza cuando el otro tiene éxito. Se requiere solo un poco de buena voluntad para no ceder a ellos. Si lo que envidiamos son cosas espirituales, entonces hay un medicamento eficaz: tratar de alcanzarlas a través del bien. Este tipo de emulación es útil también en los institutos religiosos y en los monasterios. No degenera si solo se trata de verdadero bien espiritual. Así leemos que San Antonio Abad, que cedía ante todos en todo, solo quería superarlos en virtud.

Combate contra los malos pensamientos (4). Cardenal Tomás Spidlík, SJ. (MAGNIFICAT, setiembre de 2017. nº 166)

Avaricia


La sobriedad es una virtud. En el pasado, por ella eran conocidos especialmente los campesinos pobres. No es fácil sin embargo, decir cuando la sobriedad se convierte en avaricia. Hay cuatro reglas que ayudan a poner sobre aviso a quien ahorra demasiado.

1.- No está permitido apropiarse de cosas contra la ley, contra el Decálogo, mediante el hurto.

2.- Los bienes pueden ser adquiridos honradamente. El avaro cree que todo lo que ha conseguido es absolutamente suyo y que no está obligado a darle a nadie nada, ni siquiera aquello que le sobra.

3.- El hombre trabajador busca de donde puede obtener riqueza. Pero el avaro lo hace de un modo tal que, más allá de la ganancia, no muestra interés por otros valores. Estima solo a aquellos que saben ganar dinero, busca solo aquellas actividades de las que puede sacar algún beneficio económico. Desde este punto de vista también juzga las acciones buenas, la Iglesia, las oraciones y los sacramentos.

4.- Los religiosos se comprometen con el voto de pobreza según las normas de su congregación. Pecan cuando observan mal su voto. Pero también los laicos deben practicar, en cierto modo, la virtud de la pobreza. Cada uno vive en un ambiente donde hay ciertas costumbres y determinados valores. La opinión pública, si no es manipulada, juzga bien cual es su grado de bienestar adecuado para un maestro, un médico, un obrero y valora si es proporcionado o no. Si uno pide algo que es exagerado, se le considera avaro.

San Juan Clímaco comparaba la avaricia con la idolatría. La idolatría confía en la estatua de madera, de metal; espera del sol y de las estrellas la salvación. Ignora, sin embargo, al verdadero Dios, que todo lo ha creado y lo gobierna. El avaro confía en su dinero y cree que con él lo tendrá todo. Tiene una sensación de seguridad y no siente necesidad de nadie ni desea la ayuda de Dios. Por eso siempre es actual el texto del Evangelio: “Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos” (Lc 18,25).

Los avaros son duros con el prójimo; ninguna miseria les conmueve. A quienes les piden algo, les contestan: “¡Trabajad como yo y tendréis dinero!”. De aquellos a quienes consideran amigos exigen servilismo y fidelidad porque les han brindado ciertos favores materiales. Todo ello, de hecho, obstaculiza la verdadera amistad.

San Juan Clímaco cree que en las personas espirituales el peligro de la avaricia comienza secretamente bajo el pretexto de la beneficencia.. Consiguen dinero para poder distribuirlo en forma de limosna. Clímaco no cree fácilmente en la sinceridad de esos sentimientos: “Querer dar limosna es el primer grado de avaricia, el último es el desprecio de los pobres. Mientras no hay mucho dinero los sentimientos son dulces, suaves; cuando hay mucho, la mano y el corazón se cierran”.

No solo la vida religiosa, sino también otros valores humanos se resienten a causa de la avaricia: la cultura, la educación, el sano entretenimiento, el ambiente familiar. Todo se sacrifica al ídolo del dinero. Si se abate al ídolo, normalmente este cae sobre el idólatra y lo mata, porque ha puesto toda su fe en los tesoros que los ladrones roban y que las termitas corroen. “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban. Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. Porque donde está el tesoro allí está tu corazón” (Mt6,19ss).

Combate contra los malos pensamientos (4). Cardenal Tomás Spidlík, SJ. (MAGNIFICAT, setiembre de 2017. nº 166)

sábado, 16 de septiembre de 2017

Aliados de infortunio



Esta alianza puede darse entre personas 'normales', en circunstancias especiales, pero entre personas sin hogar es más frecuente. Amparados en sí mismos y en sus 'remordimientos', de los cuales sacan algunas fuerzas, viven, aunque sea vivir penando, para pagar la pena que se han impuesto a sí mismos. En realidad, malviven, y muchos se van hundiendo cada vez más en el pozo de la pena sin consuelo, abandonándose poco a poco, dejándose ir por la senda del anonimato, despareciendo; permaneciendo 'ausentes' al lado del camino de los otros, esperando un auxilio de urgencia, improvisado, siempre insuficiente, y no siempre de buena gana o sin algún reproche.

Buscan un refugio para dormir, lo más seguro y discreto posible, para descansar de los ruidos cotidianos de la ciudad, de las miradas indiscretas o indiferentes. Pero con frecuencia buscan también una compañía silenciosa, semejante a la suya, capaz de compartir sentimientos y pensamientos de una vida pasada, antes de caer en la marginación y la exclusión, en la adicción a cualquier cosa mala que sólo le brinda un falso consuelo; como el consuelo que le puede ofrece una compañía igual a la suya, que solo le sirve para caer abrazados, en el pozo sin fondo del remordimiento, de la angustia, de la desconfianza en sí mismos para remontar hasta recuperar la dignidad que les corresponde como persona, como ciudadanos, ante sí mismos y ante los demás. Desconfianza que se extiende hacia los demás, incluso hacia quienes les ofrecen la ayuda que necesitan.

Dos personas, jóvenes aún, han perdido a sus respectivas madres, con las que mantenían una estrecha relación de dependencia. Desde entonces permanecen huérfanos, la causa principal de su desgracia. Andan por eso, bastante desorientados, buscando otra protección, que solo la encuentran incompleta, intermitente, cuando no frustrante. Llegará el momento en que la voluntad se rinda, sin encontrar un estímulo que les haga reanimarse y los obligue a tomar las riendas de sus decisiones y oriente sus pasos en alguna dirección segura; ahora prefieren quedarse dormitando, perezosamente, drogados, al margen de casi todo, hasta que alguien o algo los despierte...

Efectivamente. Uno ha despertado al otro. Uno se ha pasado en su desprecio por la vida, culpando a todos además de sus desgracia. Por negar, se niega a recibir la ayuda hospitalaria que le calmaría sus dolencias, y empezaría a curarse de esa enfermedad provocada por la adicción letal que lo tiene prisionero. Pero, tal es el grado de deterioro mental que sufre, que piensa que si se cura ya no tendrá de qué ni de quien quejarse; ya no podrá justificar su quejosa existencia. Se cae con frecuencia últimamente, porque parece que lo que de verdad pretende es caerse al suelo para no levantarse más.

Quien contempla este espectáculo tan triste, no puede no entender lo que está pasando ese infeliz. Lo entiende su aliado de infortunio y reacciona asustado, por su compañero pero también por él mismo, él todavía tiene un atisbo de lucidez que puede hacer que su voluntad se despierte y busque una salida, con un final feliz, que es lo que se merece. Todos los que lo conocemos decimos de él lo mismo: 'si es muy bueno'. Pero no lo es para sí, no sabe o no puede él solo.

¡Tienes que hacerlo, por tu madre!, a la que estabas tan unido, tienes que hacer que viva en ti, tienes que hacer realidad en ti mismo aquellas cualidades que más te atraían de ella, y que os pueden reconciliar en un sano recuerdo. Podrás entonces mirarla en tus visiones a la cara, y eso te impedirá traicionar su memoria ni un solo día más, escondiéndote de la luz del día; os seguís necesitando, ella necesita que tú te sientas bien, que tú seas capaz de recordarla sin tener que culparte de tu abandono, Algo tuvo que enseñarte y que tú, mejor que nadie, sabrás como hacerlo realidad, empezando por asear la voluntad, la misma que ponías en cuidarla a ella, ahora la tienes que poner en ti. Verás si mejora tu vida.




Ni salir, ni llegar. Vivir es cambiar.




Opinión de JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS



No estamos hechos para permanecer en un mismo tiempo. Y el espacio solo es bueno si fuera solo eso: espacio. No un confinamiento, sino un horizonte sin fin.



Cada mañana tenemos que salir a un nuevo día. Un recorrido nuevo que nos llevará un poco más allá, acostándose por la noche con la conciencia de haber hecho algo bueno, a pesar de todo. Pero la vida no será buena si fuese hecha solo de salidas sucesivas.



Debemos soñar y luchar por cumplir nuestros anhelos, sin desesperación ni ansiedad. Constantes y pacientes. A veces, aún sin motivo aparente, de manera que la aventura de nuestra vida parece ajena a la lógica.

La verdad es que la condición humana nos impide llegar y parar. Quedarnos allí, sin soñar con el mañana que es siempre, siempre, un nuevo tiempo y un nuevo espacio. ¡No es una fuga, es un desafío!


No estamos hechos para quedarnos en un mismo tiempo. Y el espacio solo es bueno si fuera solo eso: espacio. No un confinamiento, sino un horizonte sin fin.


Crecemos cada día y nos gusta llegar, cumplir etapas, estar en tiempos nuevos y nuevos lugares. Descansar en un nuevo pedazo del mundo que es nuestro, pero que no conocíamos. No debemos intentar prolongar o llegar. Es necesario asumir nuestra existencia tal como es: un viaje.


No. No se trata de viajar de tierra en tierra, sino de tiempo en tiempo, de momento en momentos, reconociendo que nosotros y los demás cambiamos cada día, queramos o no.


No estoy hecho para vivir sin mañana. La esperanza es una parte de mi, tan esencial como mi cuerpo. A veces, la vida nos proporciona en un solo instante lo que nos negó durante años, incluso a veces nos da tanto que nos desborda... y nuestra felicidad inunda a los otros y la alegría se expande como una luz.


Soy libre, en un mundo donde dependemos unos de otros más de lo que creemos. Todos somos libres, aunque algunos no quieran ir más allá de la salir y llegar.


Lo que hace que sea quien soy es la libertad y el aire por donde puedo y debo colar cada hora. Todos los días de esta vida, que solo es mía si yo elijo ser libre.
Ilustración Carlos ribero


http://rr.sapo.pt/artigo/93406/nem_partir_nem_chegar_viver_e_mudar


martes, 12 de septiembre de 2017

SITUACIONES DIFÍCILES III


Pablo Garrido Sánchez

La gradualidad en la culpa y la gradualidad en la Gracia


El papa Francisco en repetidas ocasiones manifestó que la recepción de la Eucaristía no es un premio que recibimos por ser buenos. Esta gran verdad no la tenemos bien asumida los que participamos en la santa Misa y comulgamos con frecuencia. Está muy bien que se nos recomiende encarecidamente que debemos estar en gracia de DIOS para acercarnos a comulgar; y es en ese punto donde puede estar el nudo del problema. ¿Quién determina el que está en gracia de DIOS? ¿qué entendemos por estar en gracia de DIOS? ¿Es un estado de perfección ética el estar en gracia de DIOS? Podría alguien concluir: Está en gracia de DIOS el que no comente pecado. Y parecería que la proposición anterior es absolutamente correcta, pero todavía cabe alguna salvedad: primero, que aquel que en absoluto no comete pecado ya está en el cielo; segundo, que nadie en este mundo está privado del pecado más o menos grave. Esto último lo rezamos en el padrenuestro y nos lo recuerda san Juan en su primera carta (1Jn, 1,8-10). En el padrenuestro rezamos cada día pidiendo el pan y el perdón; y salvo que lo hagamos de manera superficial o hipócritamente, debemos ser conscientes de nuestro pecado diario, que DIOS ha de perdonar diariamente para mantenernos en su divina Presencia. Ante este panorama tenemos que seguir preguntando, ¿quién está en Gracia de DIOS? Pues, todo aquel que desea tener una relación con ÉL, ya que el mismo deseo establece la relación. O, más aún, el deseo de establecer la relación ya indica que DIOS mismo está en íntima relación con esa persona.
Dados los hechos anteriores en la fase sinodal, previa a este documento, algunos padres quisieron establecer dos modalidades: que los matrimonios divorciados y vueltos a casar al participar en la santa Misa realicen una comunión espiritual, pero no se acerquen a recibir el sacramento, a lo que otros respondieron que si mediante esa comunión espiritual se establecía un estado de gracia de DIOS, ¿qué impedía la recepción del mismo sacramento? Los que se pronunciaron de esta manera estaban considerando que el estado de gracia no es algo fácilmente determinable por nadie, y que la Eucaristía no es un premio, sino el alimento de los más débiles y necesitados. ¿Pasa algo cuando comulgamos? Claro que sí; lo que pasa es que JESÚS viene a establecer una relación profundamente restauradora en la persona a todos los niveles. El más necesitado va a ser consciente de la entrada sacramental de JESÚS en su vida. El papa Francisco advierte en este capítulo ocho: No hay pecado que pueda ser imputado toda la vida. Atendamos bien: alguien ha vulnerado el vínculo matrimonial una vez recibido válidamente, ¿puede ser perdonado de este pecado? Cuando se afirma: los divorciados y vueltos a casar no están excomulgados y hay que hacérselo saber; ¿podemos decirles al mismo tiempo que están en adulterio permanente, si mantienen las relaciones propias de un matrimonio que ha de permanecer en amor y fidelidad? En algún momento de las vidas de estas personas la Iglesia debe reconocer que las obligaciones para con el matrimonio anterior han concluido y que la responsabilidad moral de los afectados está resuelta.

Dos episodios del Nuevo Testamento


El primero de ellos nos lleva al encuentro de JESÚS con la Samaritana. Conviene leer el texto (Jn 4, ss), y extraer lo que al tema presente interesa. Se produce el encuentro entre JESÚS y la Samaritana y observamos que es directamente intencionado por parte de JESÚS, conocedor de las circunstancias actuantes en la vida de aquella mujer. No olvidemos que el evangelista san Juan muestra a JESÚS capaz de reconocer lo íntimo del corazón del hombre (Cf Jn 2,23). JESÚS puede entrar en el mundo personal de la Samaritana sin violentar su libertad, y dialoga con ella hasta que el corazón de esta mujer acepta el don del ESPÍRITU SANTO, mostrando su presencia y acción en el impulso evangelizador manifestado en ella(Cf Jn 4,28-29). ¿Juzgaríamos, en un principio, a la Samaritana capaz de recibir el don del ESPÍRITU SANTO cuando su estado en aquel momento era manifiestamente irregular? JESÚS se lo declara: has estado casada cinco veces, y el hombre con el que ahora convives no es tu marido (Cf Jn 4,17 )Por tanto en este encuentro aparece una situación que nosotros calificaríamos irregular, en la que JESÚS, EL SALVADOR, es capaz de actuar, rehabilitar y convertir.
El otro caso nos lleva al libro de los Hechos de los Apóstoles, cuando Pedro es mandado por el Ángel del SEÑOR a casa del centurión Cornelio (Hch 10,34-48). El texto describe un escenario familiar, en el que hay un deseo de recibir el bautismo como puerta de entrada a la comunidad cristiana. Pedro inicia su anuncio y comienza a hablar de JESÚS de Nazaret, ungido por DIOS con la fuerza del ESPÍRITU, que pasó haciendo el bien, curando y liberando a todos los oprimidos por el diablo. Ajusticiado y crucificado, DIOS lo resucitó de entre los muertos. La síntesis del libro de los Hechos sin duda corresponde a un discurso más amplio y detallado; pero lo importante es lo que sucede mientras Pedro está hablando a esta familia: el ESPÍRITU SANTO viene sobre los presentes y comienzan a profetizar y a alabar a DIOS en lenguas. Pedro, entonces, declara: ¿Podemos negar el bautismo a los que el ESPÍRITU ha ungido igual que a nosotros? Esta última afirmación es capital para el tema que nos ocupa.
Veamos, pues: La Samaritana manifiesta la presencia del ESPÍRITU SANTO en la prontitud con la que se dispone al anuncio de JESÚS entre sus vecinos (Cf Jn 4, 28-29); y Cornelio y su familia prorrumpen en un tipo de evangelización kerigmática acompañada de dones carismáticos, don de lenguas y profecía (Cf Hch 10,45-46) . Hagamos el paralelismo: ¿Se puede negar los sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía a unos padres que desean evangelizar a sus hijos, aunque provengan de uniones canónicas anteriores? ¿Presentan los que así proceden, nos referimos a los padres, signos claros de la presencia de la Gracia en sus corazones? ¿Acepta el SEÑOR JESÚS a su mesa al que dentro de su imperfección desea sinceramente unirse a ÉL, ser sanado y rehabilitado? ¿Degradó JESÚS su Mensaje aceptando el encuentro y la comunión con los más alejados de la sociedad de su tiempo; o expresó, de esa forma, lo inagotable de su Misericordia?
Necesitamos en nuestra Iglesia personas dotadas de los dones de entendimiento, sabiduría y ciencia, para que realicen discernimientos prudentes que pongan en activo los recursos de la REDENCIÓN. Entendimiento o conocimiento para saber de DIOS algo en su Misterio; sabiduría para entender los entresijos de la Providencia divina en medio de las circunstancias humanas; y un poco de ciencia teológica asistida por la unción del ESPÍRITU que les permita dar razón de lo que la Iglesia puede hacer en el momento presente.
Al comienzo de estas líneas advertíamos que la admisión de los divorciados vueltos a casar y su participación en los sacramentos no era un asunto del todo nuevo, pues san Juan Pablo II, en la exhortación “Familiaris consortio”, habló de ello, y dejaba una puerta abierta con la condición de que ambos cónyuges renunciasen al mantenimiento de las relaciones íntimas. El comentario de esta condición y disposición da para otro artículo, con lo que dejaremos el asunto para mejor ocasión.

Para terminar


Este capítulo ocho de “La alegría del amor” recoge también la atención debida a esos otros escenarios familiares en los que puede haber causas para la nulidad matrimonial de los cónyuges unidos en nuevo matrimonio civil o unión de hecho. El itinerario es distinto con los que permanecen en unión de hecho y se les puede acompañar al descubrimiento de los beneficios espirituales del Sacramento del Matrimonio. Las situaciones problemáticas no impiden en lo más mínimo el avance y crecimiento en la vida cristiana. Todos debemos creer que DIOS puede mejorar y cambiar las vidas de las personas más necesitadas.



Recogida de alimentos. (Nuevos mendicantes laicos)



Como ya es costumbre Cáritas acudió a la convocatoria del Banco de Alimentos para una recogida de alimentos el viernes y el sábado pasados. Para satisfacer esta demanda, hace falta una buena organización, tanto en el propio Banco como en los equipos y organizaciones que se prestan para llevar a cabo la tarea de la recogida de los alimentos en los centros comerciales señalados, dentro de sus horarios de atención al público, desde la apertura por la mañana hasta la hora de cierre por la tarde.

Nuestra parroquia acudió, como todas las demás, fiel a la cita. Y no solo fiel, yo diría que fiel y solícitamente, ya que nuestro director ha conseguido un número de voluntarios suficientes para que resultara más llevadera la recogida, consiguiendo hacer turnos de una hora. Para ello, indudablemente, ha contado con la colaboración de las benditas cofradías, que cada día se implican más en la vida de la parroquia en todas sus actividades y necesidades; recuerdo que incluso hizo un llamamiento general desde el ambón el domingo anterior para que cualquier feligrés pudiera colaborar como voluntario en dicha recogida.

No cabe duda que la 'necesidad' se ha instalado entre nosotros, en esta sociedad, que cada día va acumulando más deficiencias crónicas. Al punto de que es el mismo Estado, y lo es en toda Europa, el que se encarga de lo que se llamaba antiguamente la 'beneficencia', la atención gratuita a las familias y personas carentes de lo necesario para disfrutar de una vida digna. Es cierto que son muchas las organizaciones, las ongs, que dedican su actividad a esta urgente y noble tarea, pero hoy, todas son colaboradoras del B. de A., tanto en la recogida como en la recepción de los productos para su distribución entre las personas necesitadas, cada una en su esfera o campo de actividad, de manera que así se puede atender prácticamente a la totalidad de la población marginada y necesitada.

Como digo, esta actividad, mendicante y samaritana, merece toda consideración y respeto, pero también debiera hacerse de manera que suponga una crítica constructiva a estos Estados, incapaces de hacer realidad el pleno ejercicio del derecho al trabajo de todos sus ciudadanos en sus plenas facultades, que es la base de la dignidad de cualquier persona, aunque luego, cada uno deba hacerse merecedor del respeto a su dignidad y sus derechos por parte del Estado y los demás ciudadanos, cumpliendo sus deberes como ciudadano.

Esta colaboración exige de las organizaciones una adaptación en sus métodos y formas de funcionamiento, así como el tener que rellenar multitud de documentos, fichas... convirtiéndolas, forzosamente, en 'meras' oficinas de distribución, que tienen que justificar cada kilo, cada lata, cada potito que recibe del Banco y a quien se lo entrega.

Es aquí donde se pone a prueba la esencia de cada organización. Deben colaborar, por supuesto, pero también exigir que se respeten las características propias de su manera de hacer llegar a las personas que atiende los productos que recibe. Cáritas es una organización 'pionera', tan antigua como lo es la Iglesia (2017 años), y se ha ido adaptando para hacer frente a las necesidades de cada época. También ha supuesto un modelo de filantropía para muchas organizaciones, de diferentes culturas, que han ido surgiendo a lo largo de los siglos.

Debiéramos sentirnos orgullosos de que hoy haya, por decirlo así, una 'competencia' entre instituciones y organizaciones por ver quien atiende más y mejor... Pero quizá esto es también una prueba de que, a pesar de haber alcanzado un grado de desarrollo tecnológico extraordinario, aplicado a todos los campos de la actividad humana, son cada vez más los marginados y excluidos de los beneficios de este desarrollo. El bien común ya no es el objetivo máximo que defiendan los que ejercen el poder en la sociedad: los bancos, los partidos, incluso los sindicatos (que fomentan en estos momentos la división social y los privilegios de una parte del Estado y de la sociedad...).

Cáritas es mucho más que una entidad colaboradora del B. de A., lo es principalmente a nivel de las parroquias, pues no cabe otra alternativa, vivimos en medio de esta sociedad, son muchas las necesidades, y los ingresos que se reciben regularmente por medio de los socios y colectas, así como por otros donativos puntuales, no alcanzan para satisfacer las demandas de ayuda y socorro. Pero Cáritas es una organización muy compleja y lleva a cabo otras muchas actividades, como la promoción de la dignidad a través de la formación para la búsqueda de empleo, atención a las personas sin hogar, ancianos, etc. Y como es una organización universal, como la Iglesia, pues está al lado de la Iglesia Necesitada en cualquier lugar del mundo.

Por eso, nuestra cáritas parroquial colabora con otras organizaciones de la localidad: el comedor social 'El Pan Nuestro', el albergue para personas sin hogar; a nivel diocesano, con Cáritas Diocesana; y nivel nacional, con Cáritas Española. Pero Cáritas española colabora a su vez con Cáritas Internacional en numerosos proyectos de desarrollo en el tercer mundo, en las numerosas catástrofes naturales allí donde se produzcan, y, por supuesto, en los inmensos campos refugiados repartidos por el mundo.

Merece la pena que tengamos todo esto presente para que nuestra colaboración, sea económica, en especie o dedicando una parte de nuestro tiempo, sea lo más generosa posible, en la seguridad de que es dinero, tiempo o bienes, muy bien empleados, que contribuyen al bien común, porque atienden a personas necesitadas, pero es una contribución a la paz y al desarrollo de todos, siempre movidos por el deseo de colaborar en la construcción del Reino de Dios en la tierra, Reino de paz y justicia, reino de amor y verdad, siendo fieles a su Espíritu que nos inspira, nos alienta y nos sostiene en los momentos bajos, para no caer en la desesperanza, cuando las situaciones malas se prolongan.



lunes, 11 de septiembre de 2017

SITUACIONES DIFÍCILES II


Pablo Garrido Sánchez

La misericordia como principio


El papa Francisco dedica los últimos números de este capítulo ocho a poner de relieve la Misericordia divina como principio de actuación en todo el proceso de acompañamiento, discernimiento e integración de las personas en situaciones consideradas irregulares. Tomar en serio la Misericordia divina exige discernimiento, y el discernimiento práctico nos complica la vida, porque lleva a las fronteras donde no cabe otra cosa que fiarse de DIOS y demoler las seguridades construidas de modo artificial. Es una falacia proponer alternativas como justicia o misericordia. La Justicia divina no puede acercarse a nosotros más que a través de su Misericordia dada nuestra precariedad y limitación. Y la Misericordia divina por su perfección y omnipotencia nos hace justos ante DIOS mismo por pura Gracia. Las acciones que nosotros realizamos que se puedan catalogar como meritorias pertenecen al orden mismo de la Gracia, y en todo caso damos gratis lo que gratis hemos recibido (Cf. Mt 10,8 ). La vara para medir, sólo DIOS la tiene; la balanza para juzgar está en las manos de DIOS; y las condenas resolutorias pertenecen a la máxima soberanía divina (Cf. Lc 6,37 ). JESÚS no despreció la Ley contenida en el Antiguo Testamento, pero la relativizó al bien del hombre mismo: “El sábado está hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado” (Mc. 2,27).

Primera y segunda generación cristiana


La doctrina de san Pablo sobre el matrimonio, perteneciente a la primera generación cristiana, contempla el divorcio en atención a los impedimentos para vivir la Fe por parte del cónyuge creyente (Cf. 1Cor 7,15) San Pablo sabía del mandato del SEÑOR en cuanto a la indisolubilidad del vínculo matrimonial (Cf. 1Cor 7, 10). Entramos en este caso en una situación en que ha de aplicarse la gradualidad en el cumplimiento de la norma o de la ley prescrita (Catecismo de la Iglesia Catolica,n.1735 y 2352). El principio está dado, el SEÑOR lo dejó establecido, pero existen casos en que el propio principio no es posible mantenerlo en orden a un bien mayor.
El evangelio de san Mateo se escribe entrada la segunda generación cristiana, allá por el año ochenta, y recoge la práctica habida en las comunidades mateanas que enmarcan el ámbito en el que se va a escribir este evangelio. Las palabras del SEÑOR sobre la indisolubilidad del matrimonio eran conocidas por estas comunidades, pero como las comunidades evangelizadas por san Pablo establecieron excepciones a la norma o principio, que venía de los orígenes y que elevó a vínculo indisoluble el propio JESÚS: Lo que DIOS ha unido, que no lo separe el hombre (Mt 19,6). Para los exégetas actuales la excepción a la permanencia del vínculo matrimonial una vez establecido radica en el propio adulterio que establece una traición al compromiso adquirido ante DIOS en la unión matrimonial. La Ley judía podía llegar a la lapidación de la mujer, si esta era la parte culpable, y en cualquier caso el marido tenía la obligación de darle el acta de divorcio. Por tanto, es lógico que las primeras comunidades recogiesen la salvedad del adulterio para considerar disuelto el vínculo. Otra cosa distinta era la separación o divorcio “por cualquier causa” (Mt, 19,3). Cualquier causa” abarcaba desde cualquier nimiedad, como un grano en la mujer en una zona del cuerpo que al marido no le gustase; otras cosas más importantes como aspectos del carácter que hiciesen inconveniente la convivencia. El divorcio era y es una institución recogida dentro del Pentateuco y JESÚS la supera, pero las primeras comunidades entienden que puede haber excepciones al propio principio establecido por JESÚS. La discusión exegética entre el texto del evangelio de Marcos (Mc, 10,9), y el evangelio de Mateo que establece el caso de adulterio para conceder el divorcio, supone un criterio a tener en cuenta para entender la posición de la Iglesia Católica con respecto a esta cuestión capital de la convivencia humana.
Las dos excepciones consideradas, la de san Pablo y la de san Mateo, nos dispone de nuevo a considerar la validez normativa de un principio moral y espiritual, y la gradualidad en el cumplimiento del mismo. El papa Francisco quiere disponernos a la difícil tarea del discernimiento que afecta a uno mismo y que debe tener en cuenta las situaciones ajenas. La escala de grises es grande, pero no puede convertirse en la puerta de entrada al relativismo moral, por lo que desde el principio hasta el final todo el proceso de discernimiento tiene que estar presidido por una conciencia clara y creciente de la Misericordia divina, que hace posible que la Justicia divina sea justa para los hombres. Una justicia humana o divina sin la presencia de la Misericordia se convierte en la más flagrante de las injusticias. Una justicia, que no tenga en cuenta las circunstancias y los condicionamientos humanos, tanto internos y personales como sociales, deriva en una condena sin paliativos en la mayoría de los casos. Una justicia sin Misericordia, ¿es una justicia realista? Una justicia sin misericordia, ¿juzga a la persona en su integridad y misterio, o lo hace parcialmente? DIOS, ¿puede prescindir de su Misericordia para juzgar? Decimos: Dios es Santo y es perfecto, ¿lo es por su Justicia o por su Misericordia? DIOS es Justo y Santo e incompatible con el pecado, pero es capaz de santificar y justificar al pecador, manifestando así su omnipotencia. En este punto se encuentra la fuente regeneradora que emana de la Cruz de JESÚS. No existe pecado que en la Cruz de JESÚS no haya quedado destruido y no hay situación que no pueda ser restablecida desde la omnipotencia encerrada en la máxima debilidad humana del CRUCIFICADO. Ninguna jerarquía eclesiástica o cristiano de a pie se debería apartar de este principio redentor para resolver, desde ahí, todas las situaciones humanas que estando tan desfiguradas ya no parecen humanas como reza el salmo veintiuno y el cuarto cántico del Siervo de YAHVEH (Slm 21,; Is 53,2).

sábado, 9 de septiembre de 2017

SITUACIONES DIFÍCILES I

Pablo Garrido Sánchez

Primer aniversario


El diecinueve de marzo, fiesta de san José, del año pasado, apareció la exhortación apostólica La alegría del amor del papa Francisco, proponiendo la doctrina pontificia después de la celebración del Sínodo sobre la familia... con el objetivo de afrontar la compleja situación familiar en un mundo cada vez más diversificado en modelos de comportamiento, esquemas ideológicos y proyectos sociales. El modelo familiar cristiano tiene que compartir espacio social con otras formas de convivencia familiar, que tienen en común el carácter nuclear de las mismas, pero difieren sustancialmente... Se entiende por familia nuclear la que esta formada por el matrimonio y los hijos. ... hay que añadir el papel de los hijos traídos de las distintas uniones, que merecen una atención preferente, al constituir la parte más débil en todos estos procesos de reestructuración familiar sumamente complejo.



El documento La alegría del amor lleva un año de vigencia y es magisterio pontificio del más alto rango... El Papa no se ha salido ni un ápice del Evangelio ni de la Doctrina Oficial de la Iglesia; pero se ha paseado por las periferias, como a él le gusta decir. Había que proponer la belleza del amor humano e integrarlo en su dimensión cristiana y sacramental y lo ha conseguido; convenía destacar la estructura dialogal del amor conyugal, y lo lleva a cabo con gran sencillez; y, por otra parte, no deja de mostrar la convivencia familiar como el ámbito principal de valores fundamentales y fuente de la alegría personal. Pero el cuadro ideal y real del matrimonio y familia cristiana no está privado del riesgo de la quiebra o del fracaso, por lo que la Iglesia tiene que actuar o estar dispuesta como un hospital de campaña, como al Papa le gusta decir, para actuar de buena samaritana. Llegados a este punto es donde el documento se hace menos digerible para algunos, que con buena intención quieren velar por la vigencia de unas esencias que ellos consideran irrenunciables.

Una gran dificultad y una gran oportunidad


El capítulo octavo del documento La alegría del amor plantea la cuestión pastoral incómoda para algunos y desafiante para otros: ¿Se admite a los sacramentos de la Confesión y de la Eucaristía a los divorciados y vueltos a casar civilmente? Este asunto suscitó polémica y lo sigue haciendo. En el Instrumento de trabajo presentado a los cardenales, antes de la primera etapa sinodal, por el cardenal “Walter Kasper”, se recogía la necesidad de afrontar estos casos y darles una salida que agotase todos los recursos de la Misericordia divina; es decir, había que valorar si algunos casos de divorciados y vueltos a casar civilmente podían recibir los sacramentos de la Confesión y de la Eucaristía. La reacción no se hizo esperar, y un grupo de cardenales, con todo el derecho que otorga la libertad de pensamiento, expresó su rotunda negativa al planteamiento inicial del cardenal Kasper. Los debates sinodales siguieron ahondando en la misma línea del cardenal. El Papa elabora, en este capítulo ocho del documento, una síntesis doctrinal que no se aparta en absoluto de la Doctrina Oficial de la Iglesia. Entonces, ¿por qué los opositores se muestran tan preocupados por la puerta que se abre a partir de este documento?

Haciendo memoria

Cuando el cardenal Kasper presentó a los cardenales el Instrumento de trabajo para el Sínodo, al llegar al punto conflictivo de la admisión a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar, apeló a la historia, trayendo a colación la práctica, en ese sentido, llevada a cabo en los primeros siglos por algunos obispos en sus comunidades. La iglesia Ortodoxa, que es en todo igual a la Iglesia Católica, excepto en la obediencia al Papa y en el “filioque”, mantiene la disciplina sacramental de los primeros siglos, sin negar en absoluto la indisolubilidad del vínculo matrimonial contraído en el primer matrimonio, si este fue válido. La excepcionalidad de la norma no está en la norma misma, sino en su cumplimiento, teniendo en cuenta la fragilidad humana.

Pero los monseñores y otros clérigos y laicos, que en la Iglesia Católica elevan sus gritos al cielo por las disposiciones de la exhortación apostólica La alegría del amor, no se acuerdan o desconocen, que fue el muy entrañable san Juan Pablo II, en la anterior exhortación apostólica, de mil novecientos ochenta y uno, quien admitió ya a los divorciados y vueltos a casar en segundas nupcias, a la recepción de los sacramentos de la Confesión y la Eucaristía, pero con una condición: habrían de vivir como hermanos comprometiéndose a no mantener relaciones íntimas: “ (Familiaris consortio, n. 84 ).Veamos lo que dice el texto oficial: La reconciliación en el Sacramento de la Penitencia – que les abriría el camino al Sacramento Eucarístico- puede darse únicamente a los que, arrepentidos de haber violado el signo de la Alianza y fidelidad a CRISTO, están sinceramente dispuestos a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio. Esto lleva consigo concretamente, que cuando el hombre y la mujer, por motivos serios –como, por ejemplo, la educación de los hijos- no pueden cumplir la obligación de la separación, asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea, de abstenerse de los actos propios de los esposos. Por tanto, la única diferencia en el actual magisterio pontificio del papa Francisco se establece sobre la autorización a los divorciados y vueltos a casar para que sigan manteniendo relaciones sexuales íntimas dentro de su convivencia conyugal, pues el documento no plantea prohibición alguna sobre ese aspecto.

En el último sínodo sobre la familia se debatió la conveniencia de las relaciones sexuales en los matrimonios divorciados y vueltos a casar, y se concluyó que estos matrimonios, prescindiendo de las relaciones sexuales pondrían en grave riesgo su unión y la propia convivencia con especial repercusión en los hijos. En la exhortación actual, La alegría del amor, el papa Francisco no alude ni por un solo momento a la cuestión de las relaciones íntimas como condición imprescindible para la admisión a los sacramentos de la Confesión y de la Eucaristía. Con respecto a las nuevas uniones civiles de divorciados, la exhortación propone tres objetivos: acompañar, discernir e integrar. Hay que leer despacio este capítulo octavo de la exhortación para extraer el mayor rendimiento posible. ... Hay que fortalecer a las comunidades parroquiales en la comprensión y vivencia de la misericordia de DIOS, de modo que pase de ser un concepto vacío a una experiencia con contenido concreto. De esta manera el discernimiento de los casos difíciles será llevado por el sacerdote, pero al mismo tiempo apoyado por una comunidad parroquial que crecerá espiritualmente al integrar de forma adecuada, a los que en ningún momento están excomulgados, a la plena comunión eucarística dentro de la comunidad. El papa Francisco ha puesto en manos de los pastores, curas y obispos, un instrumento de trabajo pastoral de máxima importancia. ..., ¿cuántas veces durante este año ha escuchado una o varias homilías expositivas o aclaratorias sobre esta exhortación del papa Francisco? Al mismo tiempo que normativa, esta exhortación hace una exposición práctica de la vida conyugal y familiar, que la hacen apta para ser leída por una gran mayoría. Un objetivo parroquial debería estar centrado en la lectura del documento por la mayoría de personas posible. ... Por otra parte, habrá necesidad de esclarecer algunos puntos y para eso deberían estar las homilías y determinado tipo de reuniones. La homilía es la única posibilidad de catequesis para una gran mayoría de personas católicas practicantes.

Repensar el problema


Algunos obispos y sacerdotes se ponen muy serios cuando tienen que hablar en público de este documento, y en concreto de este capítulo octavo y sentencian: “Es que el papa Francisco no ha dado licencia para que todos los divorciados y vueltos a casar participen de los sacramentos de la Confesión y de la Eucaristía”; … El cura que pretenda ser fiel, hoy, a la Iglesia, tiene que leer despacio esta exhortación y ponerse las pilas para hacerla vida pastoral, de lo contrario perderá credibilidad él y la Iglesia Católica. Nos seguirán acusando de que decimos y no hacemos... No hay que desanimarse, es preciso volver a las raíces en busca de verdad. La situación de dos personas divorciadas y vueltas a casar con hijos o sin ellos supone un asunto de la máxima importancia, trascendencia y responsabilidad, que una vez resuelta positivamente supondrá un fortalecimiento y crecimiento de las comunidades capaces de acompañar, discernir e integrar.

(Porque considero que es un tema demasiado importante, a veces causa de que muchas personas , principalmente hombres, se vean abocadas a la exclusión social, es conveniente la publicación de esta llamada a la reflexión y consideración de la comunidad de creyentes).

Beato Federico Ozanam, lego, +1853






Federico Ozanam, nació en 1813, en una familia de trece hermanos, de los cuales solo sobrevivieron tres. Estudió Derecho en París y posteriormente fue el profesor más joven de la Sorbona.

Se casó son Amelia Soulacroix, con quien tuvo una hija. Murió a los cuarenta años de edad, por eso, en esos pocos años, fue capaz de establecer una extraordinaria obra que no solo adaptó el cristianismo a las necesidades urgentes, sino que recuperó el protagonismo a la piadosa dedicación de los legos en la Iglesia, en un siglo en el que la expansión de ideas anticlericales y contrarias a la religión, crecían significativamente.

Fue en 1833, con a penas veinte años de edad cuando comenzó a madurar la idea de la sociedad de San Vicente de Paúl. Ozanam conoció, durante sus años de estudiante, a Emmanuel Bailly, redactor de la revista Tribuna Católica, y a otros muchas personalidades católicas en las tertulias del conde de Montalembert, Bailly ejerció influencia en otros muchos jóvenes católicos y con el apoyo de estos jóvenes fue como Federico Ozanam puso en práctica, en 1833, la primera Conferencia.

El objetivo de los primeros fundadores era, sobre todo, la profundización en su viada cristiana. Dentro de sus inquietudes, expresaba Federico Ozanam que “quisiera formar una reunión de amigos que trabajan juntos en un edificio científico, pero bajo el pensamiento católico”. Por consiguiente, comenzó colocando la acción caritativa en un lugar central. A eso contribuyó la denuncia de otros universitarios de que el cristianismo había abandonado la acción caritativa de la antigüedad.

Ozanam, por eso, afirmó entonces que “desearía que todos los jóvenes, con cabeza y corazón, se uniesen para realizar una obra caritativa, y que se formaría en todo el país, una vasta asociación generosa, destinada a aliviar a las clases populares”. Juzgando como modelo más ajustado a la fe el consagrarse a las necesidades del hermano, dejó claro que Dios bendeciría ese apostolado por sus obras de caridad.

Los jóvenes que formaron la primera Conferencia, contaron, en sus primeros pasos, con la ayuda de
una Hija de la Caridad Cristiana, la Hermana Rosalía Rendu, mujer conocida y reconocida en París por su acción caritativa. La Hermana Rosalía los pone en contacto con las situaciones de pobreza en parís, al final del siglo XIX, los animó y auxilió mucho en las Conferencias y en su crecimiento.

Desde el principio las Conferencias se pusieron bajo la protección de San Vicente de Paúl. La caridad era el eje fundamental de la Sociedad, aunque las Conferencias mantuvieran siempre una atención especialísima a la formación y al enriquecimiento en la fe de sus socios. Igualmente porque, Ozanam afirma que “queremos que esta Sociedad de caridad no sea un partido, ni una escuela o cofradía, sino que sea profundamente lega y sin dejar de ser estrictamente católica”.

Federico Ozanam murió en el año 1853, en Marsella, después de haber pasado una dura prueba soportando una dolorosa enfermedad.

En 1997, durante un encuentro mundial entre jóvenes, celebrado en París, el Papa Juan Pablo II beatificó a Federico Ozanam, que fue un precursor del papel que los legos iban a desempeñar con brillantez en el seno de la Iglesia, siendo un perfecto modelo de vida para la juventud.


En agradecimiento al Hogar Federico Ozanan de San Fernando,  y para pedir a su fundador que  cuantos en él trabajan, han trabajado y trabajarán en el futuro, tengan la fuerza y la humildad necesarias para seguir encarnando su espíritu, en bien de sus acogidos.