sábado, 25 de agosto de 2018

El héroe no suele ser lo general




José Luís Nunes Martins


No son necesarios muchos medios para alcanzar el heroísmo. A los que tienen bastantes recursos les suele faltar el coraje para afrontar el sufrimiento y el desapego propio de quien destina el cielo para sí mismo.

Nuestra vida no tiene ni más ni menos sentido porque estemos más arriba o más abajo en las jerarquías humanas.

No necesitamos del poder de cualquier espada para luchar por el bien, en muchas situaciones, una fregona y un cubo pueden ser bien los instrumentos más indicados.

A lo que la vida nos desafía es a que seamos buenos. La perfección es más una cuestión de entrega que de atención a la armonía de todos los detalles.

Pasamos gran parte de nuestro tiempo siendo cobarde, porque lo más difícil es ser fiel en las pequeñas cosas, en las insignificancias, en aquello que creemos que nada se cuestiona.

Necesitamos asumir el protagonismo de nuestra vida. Atribuirnos a nosotros mismos el papel de héroes en vez de esperar a que sean otros, o las circunstancias, las que nos lleven a la concreción de nuestros anhelos.

Son muchas las personas que se creen fracasadas, en virtud de las apariencias de su condición, pero que, en verdad, son aquello que nosotros deberíamos ser. Son ejemplos que no reconocemos, son lecciones a las cuales no queremos prestar atención. Como si la felicidad fuese un lujo, sofisticado y repleto de vanidades.

Aquellos que no ocupan ningún cargo especial en la vida social, cual soldados rasos, tienen los mismos deberes que quien dispone de muchas más armas. A los grandes hechos nada se le puede  o quitar cuando son reconocidos ante cualquier escenario.
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Ser héroe, santo, sabio o feliz es la misma cosa. Se trata siempre de, con sencillez, concentrarnos y hacer lo que puede y debe ser hecho… nuestra misión no es soñar con otras misiones, es cumplir lo que somos, con lo que tenemos. Sin disculpas, sin demora.

La mayor arma de los que saben que esta vida forma parte de otra mayor es saber que la libertad  es la más poderosa de todas las responsabilidades. Son señores de sí mismos y son grandes… por ser buenos.


sábado, 18 de agosto de 2018

¿Qué es el mal?





Es una respuesta muy común que se nos da cuando expresamos nuestro desacuerdo con lo que alguien desea.

El problema del mal está en la raíz de la realidad. ¿Es que todo lo que no es bueno es malo? ¿Es que el mal es nada más que una ausencia del bien y no algo concreto?

Más aún, ¿Es que el hecho de que existan distintas teorías sobre donde se pueda situar  la línea que separa el bien del mal, eso significa que ella es maleable? ¿O es que no existe siquiera por sí solo, y es definida por cada  uno de nosotros de acuerdo con nuestras convicciones? ¿O es que el mal nos induce a que huyamos de la  evidencia de la diferencia,  absolutamente, de lo que es bueno y de lo que es malo?

Hay quien cree que el mal no existe porque sobrepasa a la razón. Piensan que como no lo podemos comprender, es algo que no tiene lugar en la realidad. ¡Como si nada pudiese existir sin que el entendimiento humano lo abarque!

Es difícil demostrar la existencia concreta del mal, porque seduce y promete cosas agradables. La mentira, una de sus principales armas, puede llegar a ser mucho más encantadora y envolvernos de de tal forma que muchas veces suspiramos por ella, aunque sea en verdad uno de los peores engaños. Solo pretende que dejemos de ser quienes somos, quienes podemos y debemos llegar a ser, a fin de no vaciarnos del bien que es la raíz y el alimento de nuestra autenticidad.

La maldad es siempre más fácil que la bondad.

¿Dónde está el mal? Los males no están en el fondo de un calle cualquiera. Están en nosotros, por lo que el combate que entablamos con ellos es interior. El mal pretende que nos volvamos estériles, que no creemos, que no hagamos nada, que nos dejemos llevar y nos volvamos dependientes.

El bien está por encima de nosotros, cree en nosotros, pero necesitamos mucho esfuerzo y sacrificio para alcanzarlo. El mal está abajo, nos espera, vence siempre que nos dejamos caer, siempre que desechamos nuestros sueños, nuestra misión… siempre que renunciamos a luchar por ser quien somos.

El tedio es una de las puestas del infierno íntimo.



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sábado, 11 de agosto de 2018

¡No eres el centro del mundo!



 José Luís Nunes Martins


No te creas el centro del mundo. No lo eres. Busca más bien que puedes hacer por los demás, no busques lo que puedan hacer por ti. Cada persona es un fin en sí mismo, nadie es un medio, mucho menos de tu felicidad.

Cuando no somos humiles perdemos la noción de la realidad y, por lo tanto, de la verdad.

El orgullo es un enemigo fuerte y provoca una desgracia constante y creciente que exige ser alimentada, que esclaviza la libertad y ata la voluntad de todos cuantos se creen por encima de los demás. Somos diferentes, pero perder el tiempo evaluando quien es mejor o peor es, en verdad, señal de gran inseguridad y triste debilidad.

El egoísmo es contrario al amor. Amar es darse y los egoístas quieren todo, todo, para sí. No importa el sufrimiento que eso pueda suponer a los otros,  creen que merecen todo, todo.

Dirán algunos que el egoísmo es una forma de amor a sí mismo, llegan incluso a argumentar que es un requisito esencial a cualquier otra forma de amor. ¡Error! Amar es olvidarse de sí.

El miedo es lo opuesto a la felicidad. Nadie consigue vivir con alegría escondido detrás de sus propios brazos lejos de las adversidades. Ser feliz implica vencer los miedos y vencerse, abrir los brazos y aceptar nuestro lugar en el mundo. Nuestro tiempo y nuestro espacio. Lo que somos y lo que nos rodea.

¡No tengas miedo de ser feliz, ama! Por más que eso te haga sufrir, acepta con humildad el precio a pagar por llegar al cielo ya en esta vida y… en la otra, aquella en la que somos valorados   de acuerdo con el peso de los pedazos de corazón que hayamos sido capaces de dar.




sábado, 4 de agosto de 2018

¿Por qué razón nos pasamos la vida pidiendo?





José Luís Nunes Martins




¿Es que tan necesitados estamos? La verdad es que frente al mundo, a los otros e incluso ante nosotros mismos, pedimos, exigimos, imploramos, nos hacemos las víctimas de alguien que se habrá olvidado, de forma injusta, de nuestras carencias y parece desear nuestra desgracia.

Siempre necesitamos algo. Parece que siempre es solo la misma cosa concreta que nos separa de la paz. ¡Pero, después, nunca es así!


Agradecemos lo que se nos va concediendo,¡ pero solo si lo hubiéramos pedido!


Constantemente nos comparamos con los que creemos que están por encima de nosotros. ¿Por qué razón no tenemos nosotros lo mismo? Nos duele el vacío y la injusticia de estar privados de algo que sentimos como nuestro, pero que nos está siendo robado.


No es necesario compararnos con los que tienen menos que nosotros, sino aprender de ellos a lidiar con las adversidades y ser felices, a pesar de no tener mucho de lo que nosotros tenemos, a pesar de que nos olvidemos de compartir con ellos, a pesar de todo.

¿Y si, en vez de listas de pedidos, nos dedicásemos a admirar lo que tenemos, lo que nos es dado para vivir, sin que siquiera lo hayamos pedido? No es preciso agradecer, es suficiente con disfrutar de la bondad y de la belleza que nos rodean y de que estamos hechos.


La existencia de cada uno de nosotros siempre es dura, siempre es profunda. Al final de esta vida,  pocas frases serán suficientes para resumirla. Tratemos de escribirlas de forma digna y elevada, como un elogio a la libertad y no como una lista de reclamaciones.

La vida es tan generosa con nosotros y nosotros tan mezquinos con ella…


La felicidad se conquista dando, no recibiendo. No es una limosna, es una recompensa. ¡No depende de lo que tenemos, sino de lo que elegimos ser!