martes, 26 de mayo de 2015

La caridad, un “servicio social” del Estado del Bienestar




P. Custodio Ballester 

Desde hace muchos años, bastantes parroquias en Barcelona y en toda España reciben unos alimentos que compra la Unión Europea (UE) destinados “a las personas más desfavorecidas”. Primero se trataba de los excedentes alimentarios …  Cuando, a fuerza de regularizaciones del sector agropecuario, se acabaron los excedentes, la UE adquirió directamente los alimentos a las empresas y se redujeron significativamente … las entidades beneficiarias debían disponer de la capacidad administrativa, operativa y financiera para realizar la distribución gratuita de alimentos entre las personas desfavorecidas.

… eran ellas -parroquias, asociaciones, ONG’s- las que valoraban de entrada la situación de las familias y personas necesitadas

Sin embargo, la situación ha dado un vuelco:

  • sólo podrán recibir los alimentos de la UE aquellas personas y familias que vengan derivadas por los servicios sociales de cada municipio…

De este modo la caridad pasa a convertirse en un “servicio social” más del Estado del Bienestar, a cargo de la concejalía de “Bienestar Social”…

¿Y cuál es ahora el papel de las parroquias y las otras entidades que se dedican voluntaria y gratuitamente a la caridad?

  • … entes de almacenaje y distribución, directamente controlados por los funcionarios de un Ayuntamiento…
  • pagar el correspondiente transporte desde los almacenes, con fondos parroquiales,
  • ofrecer un espacio de almacenaje gratis total 
  • y todo el personal voluntario que sea preciso para hacer el engorroso trabajo que las asistentas sociales del ayuntamiento gestionarán con mano de hierro y a prudencial distancia.
Pues sería muy incómodo para cualquier alcalde o alcaldesa ver cada día en las puertas de su Ayuntamiento a los individuos, familias, hogares o grupos que se encuentren en situación de pobreza económica, así como las personas sin hogar y otras personas en situación de especial vulnerabilidad social.

¿Qué espacio público y visible le queda entonces a la Iglesia?
  • Nos echaron a los sacerdotes de colegios e institutos,
  • Asalariaron a muchísimos laicos caraduras -la mayor parte de los cuales no pisa la iglesia- que gozan de un sueldo de funcionario sin hacer oposiciones, …los que impiden el paso del párroco del lugar, no sea que contamine a los alumnos con la doctrina católica, que ellos están para enseñar historia de las religiones… a su manera.
  • También la atención religiosa en los hospitales se ha limitado hasta extremos escandalosos
  • Y ahora los pobres… la caridad que pasará a ser también competencia y propiedad exclusiva del Estado. 
  • Pero la cosa va aún más allá: algunos ayuntamientos están maniobrando para quedarse con los comedores sociales de las Cáritas parroquiales.
  • los voluntarios de Cáritas, convertidos en voluntarios del Ayuntamiento, se pasarán más tiempo rellenando papeles para servir a los burócratas de la UE en la persona de sus representantes municipales, que sirviendo a los necesitados.

La cuestión está clara:  La caridad definitivamente estatalizada y burocratizada.

http://blogs.hazteoir.org/opinion/2015/05/21/la-caridad-politizada-de-la-union-europea/


Los don nadie


Por Daniel Medina Sierra

Hace poco escuché en la radio una historia real, que dice así:

Un chico estaba buscando a su padre, y descubrió a través de Factbook que hacía seis meses que había muerto y que fue enterrado donde se entierra  a los don nadie.
Tenía cuarenta años y era un alcohólico declarado. Enviudó, con dos hijos, y la empresa en la que trabajaba quebró, y todos sus empleados fueron a la calle. Pronto no pudo hacer frente a las facturas y a sus hijos con sus parientes.

Anduvo de albergue en albergue, y poco apoco se fue alejando de la familia y allegados, se refugió en el alcohol… y se fue apagando.

Es la historia de los don nadie. A los don nadie nos cuesta dejarnos ver, hacernos oír. Dormimos en cajas de cartón, mientras la gente pasa impasible. Sentimos el frío de la noche. La soledad sólo se calma con un brik de vino de 70 miserables céntimos, que  da calor a un corazón triste, valentía para combatir el miedo al mañana, del día, de la luz del sol, que nos devuelve a la cruda realidad.

Morimos en el anonimato, quién va a querer recordar a un indigente. Es una muerte lenta, agonizando tras las gotas de algo que calme el dolor de un alma derrotada, ante una sociedad indiferente. Somos don nadie, alcohólicos, indigentes, drogadictos  y un sin fin de personas  que no
tenemos voz, aunque seamos tantos, no nos veis  ni sabéis nuestra historia.

En otros tiempos fuimos como vosotros, también quisimos, luchamos, nos equivocamos e incluso acertamos… Pero hoy nos llamáis los don nadie.


domingo, 24 de mayo de 2015

“un tipo de voluntario en extinción”



Ayer, mientras esperaba la salida de María Auxiliadora, a la puerta de la Iglesia, charlaba con un acogido de cáritas, casado y padre de cuatro hijos.

Lo conozco desde hace unos cuantos años, y lo conocí en otra parroquia. Entonces el trato era bueno al menos, y así, las penas se sobrellevan mejor, o al menos no se echa leña al fuego, ni le se  le da un palo más al mono… que no es de goma, al contrario, su sensibilidad es exquisita… y así tiene que ser el trato que le de un voluntario de cáritas, exquisito, para ser  justos, y a ser posible, misericordiosos.

No le van bien las cosas ahora mismo, está yendo a  otra ciudad a trabajar; nada fijo, pero bueno, aunque suponga mucho esfuerzo y un mayor gasto para un beneficio escaso y fugaz. La familia es numerosísima para estos tiempos, cuatro hijos y los dos padres, que afortunadamente siguen juntos… aunque a veces asome el fantasma de la separación, tan frecuente desde la crisis. Los hijos crecen rápido, y las necesidades también lo hacen al mismo ritmo, así que no están los ánimos para muchas procesiones, y otras cosas… (no estoy en contra de las procesiones, yo estuve en esta, y estaré en otras).

Digo todo esto porque, en medio de la conversación, una auténtica panoplia de dificultades, propias y ajenas, me dijo dos frases, una me dejó sobrecogido, la otra, profundamente indignado, o dolido, como voluntario de cáritas.
Al decirle yo que alguien había intentado hacerse daño a sí mismo, me miró, con los ojos húmedos conteniendo las lágrimas, porque estábamos rodeados de gente, y me dijo “¿crees que yo no lo he pensado más de una vez?”… Cuando no sabes que hacer, cuando un hijo te pide de comer y no tienes respuesta…

La otra frase que me indignó, la dijo un voluntario de cáritas, repartidor de bolsas de comida nada más; le dijo hace ya algún tiempo: “si me vuelvo a enterar que haces algún chapuz por las tardes, no te doy más bolsas de comida”…

Es para indignarse, y  algo más… y este hombre se achicó, por eso lo digo yo aquí, como voluntario, obligado a defender a la parte más débil. Pero su silencio no creo yo que le haya enseñado mucho a ese voluntario, al contrario, le ha permitido seguir creyéndose el dueño del servicio, porque aún sigue…

Aunque, afortunadamente, ya es  un “tipo de voluntario en extinción”, la mayoría de ellos  desempeñan su servicio, cada día con mayor preparación y la mejor disposición para llevar a cabo un seguimiento de los acogidos que va más allá de repartir puntualmente los alimentos cada primero de mes; supone fundamentalmente la promoción integral de la persona, ayudándola a salir de la exclusión social.


Terrible palabra, más ofensiva aún cuando presumimos de ciudades inteligentes, edificios inteligentes, casas autosuficientes… Las personas no somos eso, productos inteligentes, fríos, mecánicos; somos humanos,  buenos y malos a la vez, por eso libres, y peligrosos, para nosotros mismos y para los demás, si no sabemos elegir bien; si no somos humildes y reconocemos de Quien necesitamos toda la ayuda, todos, sin excluir absolutamente nadie.

viernes, 22 de mayo de 2015

“Somos este momento que dura” (Somos a cada instante)



                                                      Ilustração de Carlos Ribeiro

La vida es un viaje incluso para aquel que nunca ha salido del mismo lugar. Hay quien sale para descubrir todos los rincones del mundo sin darse cuenta que cada día, en un mismo punto, es diferente del día anterior… que todo cambia a cada instante. Al invierno sigue la primavera, pero siempre es una primavera nueva, única… auténtica.

Cuanto más deprisa nos desplazamos en el espacio, menos nos movemos en el tiempo. Es posible parar en un determinado lugar y ver el tiempo pasar por allí, por el mundo y por nosotros mismos… es posible pasar así por el tiempo. Profundizar en nosotros mismos y buscar allí un pasado o un futuro lejanos… es posible viajar en el tiempo, sin salir del lugar.

Hoy parece que todos tienen prisa. Se puede pensar incluso que será para aprovechar el tiempo que queda para algo valioso… pero no acostumbra a ser así. Las personas tienen prisa porque huyen sin saber siquiera de que… pero, intentan escapas de sí mismos.

Pocos de nosotros conseguimos estar a gusto en nuestra propia compañía. Mientras tanto, algunos creen que tienen derecho a imponer su compañía a otros… se cansan de sí mismos pero se creen agradables a los otros. Destruyen su tiempo y hacen perder el ajeno. A menos que los otros tengan para con ellos la paciencia que ni ellos mismos tienen para sí mismos.

Hoy se vive demasiado lentamente. A pesar de la agitación y velocidad, la mayor parte de los hombres gira sólo en torno a sí mismo. Como si el mundo fuese sólo yo. No hace nada a pesar de estar en constante ebullición. Pero es sólo apariencia. Por eso se aborrecen a sí… no se soportan porque nunca se perfeccionan. El tiempo los llama pero ellos no quieren ir. Los otros tienen mundos nuevos y maravillosos abiertos para los cuales ellos no quieren ir. Los otros tienen mundos nuevos y maravillosos para los cuales ellos no quieren siquiera abrir los ojos.

Las vacilaciones y precipitaciones son formas de perder el tiempo. Escoger el momento exacto, esperar con paciencia hasta que llegue, es garantizar que no nos contentamos con soluciones pasajeras y mediocres… se puede esperar una vida entera por el momento oportuno, pero un momento puede bastar para que toda la espera haya valido la pena… y, aunque no llegue, habremos sido vencedores en nuestro empeño de ser quien somos. Pero, muchos de nuestros sueños no son de este mundo.


Es sabio ser prudente, así como corajudo para arriesgar todo cuanto llega el momento. Pensar y sentir exigen tiempo y determinación. Esperanza y desprendimiento. Reserva y prontitud.

El que sabe lo que quiere se toma su tiempo. Sin prisas, porque la tarea de ser feliz no exige más que perfección… pueden pasar los años, pero la obra queda para siempre, el coraje y la fuerza de los que se entregaron a levantar algo más grande que ellos. No se hace un castillo o un palacio en un año, tampoco en un mes… pero hay quien los quiere en una semana o incluso en un minuto… no comprenden que parte de la belleza y la fuerza de las grandes obras es la manifestación del interior de quien las soñó y levantó.

¿Cuánto de nuestro tiempo es sólo nuestro?

Todo pasa. Lo mejor y lo peor. Pero si fuéramos capaces de abarcar el tiempo con nuestras manos, los buenos momentos serían más duraderos y los malos más pasajeros. Somos un tiempo. Un instante que dura. Un pedazo de eternidad.


Todo pasa. Pero nada vuelve a pasar.

jueves, 21 de mayo de 2015

Una mañana de sorpresas



Hoy hemos tenido una mañana muy animada, nada más llegar me encuentro sentados a la mesa, en penumbra, al amigo Guillermo, a Pablo, al señor Rafael y a Miguel, y a un viejo conocido: Olivier, que por fin ha venido a vernos. Yo iba decidido a preparar el café y es cuando me doy cuenta que están a oscuras porque no había luz. Vale, aprovecho para ir a buscar café porque quedaba poco; vuelvo y seguimos con las mismas, sin luz, entonces yo me incorporo al grupo y continuamos la charla, hoy con un tono de “cotilleo”, pero siempre con el respeto debido.

Viene Olivier cargado de noticias, la más espectacular es la que se refiere a una persona que todos echamos de menos, porque ha sido durante meses un fiel tertuliano y de los más participativos, si bien los últimos días se le veía un tanto cabizbajo. Pues su ausencia se debe a que se lo pasó bien con una mujer que tenía su pareja en la cárcel, pero el que estaba preso salió de la cárcel y nuestro amigo ha puesto distancia por medio y ha desaparecido.

Esta noticia en sí no sería nada extraordinario, pasa en cualquier ambiente, ¿por qué no entre personas que viven en la calle, o por qué iba a ser una falta más grave entre estas personas? 

Pero es que a este sigue otro  suceso, este sí más grave, pues ha terminado en denuncia por violencia sexual, y con el agresor en la cárcel. El agresor es también un veterano de nuestro servicio y de nuestras tertulias, y además siempre podíamos contar con él para cualquier chapuza que hubiera que hacer, él siempre traía la solución, la última vez fue adaptar la manilla de la puerta que se había roto; no tuvo más que ir a la obra más cercana y con la rotaflex redondear las puntas, y ya está encajada y funcionando la manilla de la puerta del despacho de la trabajadora. Este era y es nuestro hombre ahora en la cárcel, sabe Dios por cuánto tiempo.

No termina aquí el rosario de “sucesos”, nuestro amigo Olivier trae un alijo de noticias, tan abundante que lo hemos nombrado  “jefe de los servicios de inteligencia”. Yo tiendo a escribir lo mejor que veo en cada persona, pero en esta ocasión se trata de tomarlo todo un poco a broma, porque estamos sacando las debilidades  que  ya son noticia y corren de boca en boca. Nos cuenta Olivier que nuestro amigo A. que se había ido hace algo más de un mes al vecino Portugal para de aquí partir a hacer de nuevo las Américas en cuanto le fuera posible, se encuentra en el vecino Cádiz tan ricamente, disfrutando de su buen clima y bien acompañado.

A pesar de la gravedad de las faltas o delitos que han cometido estas personas, amigas nuestras, pueden seguir contando con nuestro apoyo y les pido disculpas si les molestara el tono que he usado, pero es que ha sido una mañana de esas que hacen historia, tantas y tales noticias jutas no se pueden asimilar fácilmente, por eso nos las tomamos como esas ironías que se gasta la vida para que no nos creamos todo lo que vemos, o para que nadie se crea  ni mejor ni peor que otros, hasta que hayamos superado todas las jugarretas que la vida nos tenga reservadas.


Les deseamos a todos una  solución favorable a sus problemas y que les sirva para reemprender sus vidas con la lección aprendida, en buena dirección y libres de  tropiezos. 

miércoles, 20 de mayo de 2015

Uno no entiende qué pasa



A veces da miedo haberse ofrecido a ayudar a alguien, cuando te quieres dar cuenta son demasiados los que te  requieren para cualquier necesidad, y entonces, se ve uno tan impotente, tan incapaz, y sin embargo, sólo por escuchar recibes tal cantidad de agradecimiento que abruma la mayor parte de las veces.

Entonces uno no entiende qué pasa, no sabes qué hacer, tampoco te puedes retirar, deseas la tranquilidad, dedicarte a tus cosas, pero sigues sin decir no, y enlazas con una nueva demanda sin darte cuenta, y ya no deseas tiempo para ti  y no tener preocupaciones personales, lo único que deseas es seguir escuchando, visitando, pasando un rato con alguien que requiere  una palabra, unos oídos atentos a sus palabras que claman por algo que les aflige o huyendo de las soledad y la nada que los quiere atrapar.


Hay días que deseas dejarlo todo, agobiado por tus propios problemas, piensas que no vale la pena el esfuerzo, o que quizá estabas equivocado; en un instante cambia tu percepción de las cosas, un pequeño empujón y te disipa tus dudas, te pones en marcha y acudes a la nueva demanda como si nada hubiera pasado.

lunes, 18 de mayo de 2015

Uno que camina transparente por la vida



Esta mañana ha sido una mañana sosegada, de confidencias a media voz, de indagar en el interior de una persona que se ha ofrecido sin la menor resistencia al autoanálisis, bastaba hacer una mínima observación para que nuestro amigo se internara más y más en sí mismo y llegar hasta la infancia, y, como no podía ser de otra manera, una infancia desgraciada.

La verdad es que nuestro migo es una persona sin la menor doblez, tan franco y sincero que camina transparente  por la vida, ofreciéndose a cualquiera, es tan sencillo como la verdad cuando la tenemos delante sin esfuerzo ni buscarla, por eso sólo “lo aprovechan” aquellas personas que están tan necesitadas de compañía que no desperdician una oportunidad así,  que no ponen peros y se creen lo que está viendo.

Yo le digo en un momento determinado que él ha debido de nacer para eso, para  cuidar o “salvar” a personas desamparadas, y como él disfruta arreglando y limpiando de sus propias miserias a otros, pues eso le da motivos para seguir, para no rendirse ante cualquier “fracaso”, porque él nunca creerá que ha sido un fracaso sacar a seres humanos de sus propias miserias, pues lo ha hecho generoamente.

Él pierde siempre, hasta verse ahora sin haber cotizado a la seguridad social más que a penas unos meses, ha trabajado de todo, ha cuidado a varias personas a lo largo de su vida, a disfrutado trabajando y se ha olvidado de exigir un salario.

Y algunos se empeñan en seguir defendiendo que el ser humano es bueno por naturaleza. Que puede ser bueno, sin duda, porque  está hecho a imagen y semejanza de Dios, pero al ser libres tenemos que demostrar con nuestra vida que realmente elegimos ser buenos, si no lo hiciéramos así entonces seríamos malos. De todos modos esto no es definitivo, siempre podemos incorporarnos al Bien, en cualquier momento de nuestra vida, ya que Dios está dispuesto a perdonarnos hasta setenta veces siete, o sea, siempre.

Lo que le tendrá preparado a nuestro amigo por ser tan bueno que no puede ser malo, ¿será humano?

Una mañana otoñal, perezosa



Hoy ha sido una mañana intensa, de muchas entrevistas, y muchos comentarios, o más bien críticas y reproches mutuos, todo esto mezclado con interrupciones de móvil, y la guinda fue tener que resolver el permiso para un acto previsto para mañana mismo.

Empezó siendo una de esas mañanas otoñales, un tanto pesada, dormilona, hasta que el mal carácter de alguno hizo peligrar el ambiente perezoso; nada, fue un exabrupto, alguien que no sabe controlar su temperamento y no está dispuesto a ceder por nada del mundo, enseguida todos  continuaron como si nada, tomando su café o soltando alguna frase suelta más o menos ingeniosa, pero nadie tenía interés en  iniciar una conversación coherente.

Por fin le pregunto a una persona que había permanecido en el albergue los tres días reglamentarios y esperaba nada más un documento para regresar a Canarias, cómo es que vienen tatas personas desde Canarias a la península, y me intereso por el cultivo del tomate y los plátanos, entonces sí que se rompe la calma y este hombre empieza a hablar y hablar, y  o para, y nos cuenta anécdotas curiosas, si bien reconozco que tenía alguna dificultad para entenderle todo lo que decía.

El es nativo de Fuerteventura, de cierta edad, viste de una manera un tanto original, en todo caso muy juvenil, y le encanta hablar y contar historias, como he dicho. Habló de la obra de César Manrique, se entusiasmaba hablando de los hoteles, las piscinas, el acuario natural. El tema económico no le apetecía demasiado, ni le daba la importancia, se interesaba más por el tema del agua potable y alababa las desaladoras de los israelíes y su ingenio para el cultivo en el desierto. Pero lo que más le motivaba era contarnos quién era el que había comenzado con este aporte tan necesario de agua potable, y fue un alemán, un nazi, (no puedo recordar su nombre) durante la época de Franco, y más que eso las construcciones subterráneas, túneles, búnkeres, y el enorme peligro que supone aún hoy internarse por ellas o perforar algún muro.

Yo creo que debió ser consecuencia de ese peligroso laberinto el lío que le armamos para orientarlo hacia la estación de tren…a la cuarta acertamos a indicarle el camino más sencillo a la estación de Bahía Sur.


Pero faltaba la nota conmovedora, y vaya que si lo fue, pero merece otro post. 

Una vida lo más discreta posible



Diez años lleva en España, unos pocos trabajando en Madrid, esperando regularizar su situación en España, pero al terminar sus contratos de forma brusca no lo consigue. Para evitar problemas con la policía se viene al sur, y entre nosotros lleva viviendo otros pocos años.

Lleva una vida lo más discreta posible, hasta donde la vida en la calle y la satisfacción de sus necesidades elementales se lo permiten, esperando de nuevo ser contratada por alguien, aunque sea sin cobrar, sólo le interesa arreglar los papeles para poder buscarse la vida con arreglo a su cualificación, ya que tiene carrera universitaria. Antes de venir a España fue geóloga y se dedicó a la búsqueda de agua subterránea allá por zonas geográficas próximas a Afganistán. El hundimiento de la Unión Soviética y la llegada del capitalismo, dice, supuso la pérdida de numerosos empleos y el comienzo de una emigración forzosa.

Además es una persona muy sensible, le encantan los niños, sufre cuando oye cómo algunas madres son capaces de abandonar a sus hijos. Escucha más que habla, pero participa en la conversación con sus gestos, y a veces habla para desahogar un poco sus sentimientos. Su aspecto es el de una persona cuidadosa y limpia, precisamente escogió San Fernando porque aquí hay un comedor social diario, que ofrece también posibilidades de aseo y vestuario.

Muchas personas así se merecen un mínimo trabajo y un mínimo salario, como base para aspirar a mejorar por sí mismos y para beneficio de la sociedad. Pero esta sociedad está completamente perdida, la crisis está desbordando la capacidad de los políticos, la enormidad de la crisis hace cada día más pequeños y ruines a nuestros políticos; aunque no sólo podemos culpar de tantas desgracias a los políticos, la sociedad ha perdido los valores de las generaciones anteriores que supieron alcanzar una prosperidad nunca antes disfrutada.


No hemos sabido  conservar la herencia recibida, no nos mostramos agradecidos, nos hemos vuelto unos hijos soberbios de nuevos ricos y pedimos más que damos. A mí me da la impresión de una sociedad caótica,  huérfana de Dios; aunque sepa que Él está siempre presente y nada ocurre sin su conocimiento, pero, esa seguridad precisamente me hace desear que venga, que se haga presente y desaparezca el caos reinante.

domingo, 17 de mayo de 2015

Homenaje a un amigo



Por Daniel Medina Sierra

Yo tengo un amigo, un amigo muy especial. Es mayor que yo, y tiene un corazón, tan grande,
que ya le ha dado más de un susto. Me llamó amigo, me dio consuelo, me dio amor.

Es uno de mis maestros, mi amigo. Nos conocemos desde hace poco tiempo, pero lo quiero desde siempre, ya que siempre buscas a ese hermano mayor que te cuenta, te escucha, te aconseja.


Mi amigo, lo estás haciendo muy bien, y te doy las gracias por acompañarme en este duro camino; gracias por tus defectos y tus virtudes, que te hacen ser a veces débil, y te recompones con la fuerza de un guerrero. Un guerrero de la paz. Te pido un favor, ya sé que es complicado, pero siéntete la mitad de orgulloso que me siento yo. Orgulloso de un amigo con el corazón tan grande que va llenando el mío.

sábado, 16 de mayo de 2015

Por qué escribo



Nos decían nuestros padres y abuelos: “hijo, estudia; estudia cuanto puedas, el saber no ocupa lugar”. Cuánta razón tenían y sin embargo las generaciones posteriores, las del progreso, no hemos seguido sus sabios consejos en la educación de nuestros hijos y nietos, hemos  sustituido el respeto por el menosprecio al saber, hemos banalizado tanto el concepto de saber y de cultura que lo que pudo ser un nuevo renacimiento se ha convertido en un fracaso social histórico. Digo esto porque hoy mismo acabo de asombrarme yo de la verdad que encierra aquel antiguo pero sabio consejo; soy de los desencantados con esta sociedad y aunque tarde, trata de poner remedio.

Yo tenía un enorme interés en escribir las historias de las personas que vienen a pedir ayuda a la oficina de PSH, me parecía un auténtico despilfarro  que quedaran en el anonimato total, olvidados para siempre; menos para Dios, claro. Yo tenía que  ayudar a Dios un poco, tenía que demostrarle que no estaban solas  aquí abajo.  Pero no encontraba un método para escribir, recogiendo lo esencial de su vida, con respeto religioso a su vida y persona. Un día, un converso evangelista y un abogado “callejero” que acudieron  a nuestra oficina, con sus relatos  me dieron el empujón que necesitaba  para empezar a escribir, sacando a relucir la dignidad de estas personas que la sociedad  menosprecia.

Pero, el método y la fórmula adecuada para atreverme a escribir temas tan serios no la descubro yo por mi mismo, ni me la dan estas personas sin más, ellas son indudablemente la causa principal, pero el método para escribir sin ofender, sin presuponer ni prejuzgar a personas demasiado encuadradas socialmente, y marginadas, me lo había aportado mi maestro espiritual  durante muchos años: José Jiménez Lozano. Nadie como él es capaz de escribir sobre la persona más humilde y convertirla en un protagonista con garra para atraer al lector más exigente.

 En otros tiempos yo leía ficción, no pensaba que aquellos personajes eran reales,  mi gran asombro ahora ha sido este: descubrir que los personajes que yo creía que eran de ficción son reales, ayer, hoy y siempre.

Cuántas gracias le doy a mis antepasados por el consejo: “estudia, que el saber no ocupa lugar; o lee, lee mucho hijo, que leyendo se aprende mucho” y sobre todo a mi maestro, J.J. Lozano, aunque él no   sepa  cuánto lo admiro y lo aprecio. Ahora hasta me atrevo a ser un discípulo suyo,  y no me importa si literariamente no paso de ser un mero aprendiz. Pero sobre todo doy gracias a Dios que me puso en camino y me ha conducido hasta aquí, a San Fernando, un punto de encuentro de vocaciones como explicaré a continuación.

¿¡Cómo iba a pensar yo que lo que entonces leía y me llenaba de asombro era una semilla que algún día daría su fruto; o cómo iba yo a pensar que después de años, allá en mi jubilación, iba a retomar un camino que había iniciado hacía más  de veinte años, en mi tierra natal, Zamora!?  ¿¡Cómo iba yo a pensar cuando estudiaba historia de España y me emocionaba leyendo aquellos pasajes de la Guerra de la Independencia, sobre todo cuando leía que los Diputados se reunían en el Teatro de las Cortes, en la Isla de León, y sentía un deseo enorme de conocer aquel lugar, cómo iba a pensar yo que un día viviría en aquel fantástico lugar1? Bueno, pues llevo viviendo aquí ya más de diez años, y en Andalucía veintisiete.

Dos deudas tengo yo con San Fernando, una espiritual y otra humana, que estoy encantado de agradecerle, y primero a Dios, que  ha tenido a bien conducirme  hasta aquí.

OM



“Vivía asilvestrado”



Esta mañana tuvo un final feliz. No puedo por menos de expresar mi admiración por el cambio tan grande que ha dado esta persona, en a penas un mes que llegó a la oficina; llegó aplastado por una tragedia y se va aliviado. Externamente incluso ha cambiado, tanto que se puede expresar con sus mismas palabras: “es que vivía asilvestrado, estaba salvaje”; así me respondió al comentarle yo que no lo había reconocido el día anterior.

Llegó como enemigo de todo el mundo y se va transformado, no sólo con un aspecto aseado y relajado sino con modales y palabras de agradecimiento. No quería ayuda y por fin, unos días de fiel tertuliano, otros pocos días en el albergue, y otros contactos especiales, quizá con Dios mismo,  lo han transformado, ha sabido recibir la ayuda que se le podía dar y encara la nueva situación con otra actitud, reconociendo su error y con ánimo para buscarse una vida mejor.


Días así son una  prueba más que nos va llevando por la senda estrecha del esfuerzo, de la confianza  a pesar de no conocer el final de cada proceso, a pesar del escaso tiempo que compartimos con muchas de las  personas con las que tratamos. Estamos ahí, firmes, cada día, venga lo que venga, venga quien venga. Por eso le damos las gracias hoy a J., por reconocer su error con naturalidad y agradecer la ayuda recibida.

Y comienzan a suceder maravillas



“¡Y comienzan a suceder maravillas!”, así titula la última página de su  blog  Guillermo Urbizu, y continúa:

“Cuando el mayor deseo en el corazón de un hombre es que Dios haga en él su Voluntad, cuando ese hombre se abandona con humildad en Sus manos, con la certeza plena de que es el buen Padre quien mejor nos conoce y quien mejor sabe lo que nos conviene, entonces comienzan a suceder maravillas.

Sólo hay que abandonarse por completo y dejarse llevar. Dicho así, ¡qué fácil parece! Pero enseguida nos tropezamos con nuestra realidad, y chocamos con nuestras limitaciones. Ese orgullo, esa vanidad, esa soberbia (que nos convence de que solos podemos), o cualquier otro defecto que nos impida presentarnos ante el Señor, con las manos vacías, llenos de humildad para decirle: “Haz de mí lo que quieras. No me fío de mi, Padre, sólo en Ti confío. Haz que en mi vida sólo se cumpla Tu voluntad y no la mía, porque yo soy un auténtico desastre y ando siempre tropezando en las mismas piedras. Arranca cualquier cosa que de mí te estorbe, hazme a tu gusto. En Tus manos me pongo. Me fío por completo de Ti.”
 
Reconozco que yo lo he intentado, y lo intento, con frecuencia. Lleno mi corazón de buenos deseos y dispongo mi voluntad para luchar contra lo que me impidiera ese abandono tan deseado. Pero uno está lleno de limitaciones, y resulta agotadora esa lucha permanente… e interminable. Al menos en mi caso no funciona. La voluntad flaquea. Mi debilidad. Un día, bastante cansado, así se lo dije a Jesús: “A ver, Señor, yo no puedo más, no me sale, no llego. YO SÓLO, NO PUEDO. ¿Acaso tú no podrías quitarme lo que me impida abandonarme por completo a la Voluntad del Padre? Porque querer sí que quiero, pero está claro que yo solo no puedo.” Y algo me dijo en mi interior que Él me había escuchado. Incluso con agrado. Y también en ese instante, supe que me iba a ayudar”.



Y un jamón…



Pues sí, nada menos que un jamón ha regalado esta Navidad una persona a todos los que diariamente frecuentan la oficina del Programa de Personas Sin Hogar de Cáritas. Alguien que ha visto de cerca la labor que aquí se realiza y ha entendido que tanto las personas que vienen en busca de ayuda, como los que intentan darla, se merecían este premio.

Pues no me queda más remedio que agradecérselo en nombre de todos, y expresarle nuestro reconocimiento al valorar tan alto este servicio. Porque no es lo que valga un jamón, es lo que significa: estima, aprecio y mucho agradecimiento a alguien, en este caso a nosotros.

La verdad es que es otro gesto extraordinario más que viene a reflejar que cada vez más personas se conmueven ante las carencias de otros. Como he dicho en otra ocasión, este año hemos apreciado una sensibilidad especial en el barrio hacia las personas que visitan nuestra oficina y hacia nosotros mismos. A mi me gusta vivir la sensación de que estas personas sin hogar que acuden a Isaac Peral 15 cada día  no son ignorados por los demás, no molestan a nadie e incluso buscan la manera de ayudarles.

A ver si este año el “tiempo de Navidad”, de la generosidad sin límite, se prolonga todo el año, enlazamos con las siguientes Navidades, y así sucesivamente año tras año, persiguiendo sin descanso la construcción del reino de Dios: Reino de paz, de justicia, de Amor y de paz.


viernes, 15 de mayo de 2015

Soy voluntario


 por Daniel Medina Sierra

Ya soy voluntario de Cáritas oficialmente,  y estoy muy contento de poder aportar mi tiempo y esfuerzo hacia las personas que lo están pasando realmente mal.

Me llama la atención que todos mis compañeros, y algunos ya mis amigos, a los que quiero, sean personas humildes, sin muchos recursos, que ofrecen lo poco que tienen para paliar en algo el desconsuelo del prójimo.

Aún no conozco a ninguno que tenga recursos de cierta importancia que aporte su tiempo, su esfuerzo, y a veces incluso su capital humano o económico que nos pueda ayudar un poco más.

Lástima que siempre los mismos seamos los que tenemos consciencia de nuestra propia responsabilidad; porque, responsables somos todos en mayor o menor medida.


¡Qué pena que no sea rico, y no pueda aportar ideas y proyectos para que nadie se quede sin hogar, sin poder pagar la luz, agua y alimentos para todo el mes, y no con ayudas puntuales, sino con trabajo remunerado y de calidad!

Unos niños traviesos que se han extraviado


A penas unos minutos de charla con M. y producen una enorme sorpresa: otra persona que ha sufrido mil desengaños en a penas treinta años de vida, todos los desengaños que están a la orden del día, al alcance de numerosas personas normales y corrientes de hoy en día ( una, dos o tres separaciones matrimoniales, al menos un hijo perdido con cada pareja; la calle, en albergue o a la intemperie, o quizá de ocupa compartiendo lo poco y según la compañía; más traiciones, ahora de amigos de infortunio) , pero, no guarda ningún rencor, es incapaz de quejarse de nada ni de nadie; esta es la sorpresa, le queda empuje para seguir buscando, busca una vida que le pertenece a él y tiene derecho a disfrutarla; o quizá su vida no es más que una búsqueda incesante, sólo que en su caso esa búsqueda circula por vías más esforzadas y dificultosas, escarpadas en muchas ocasiones; y como tiene moral suficiente las dificultades le vienen a la medida de su resistencia. Sólo Dios lo sabe.

Hasta mañana, le contesto al despedirse, pero añado “si Dios quiere”, entonces un compañero me pregunta (y no es el primero por desgracia) ¿por qué dices si Dios quiere?, dando por hecho que Dios querrá, y que yo meto a Dios en demasiados “fregaos”. Pero yo le respondo que de esa manera se “quien manda en mi vida”, además es una forma de mostrar nuestro reconocimiento a la presencia permanente de Dios en nuestras vidas. Me parecen a mi estos que protestan cuando yo añado el estribillo “si Dios quiere” unos niños traviesos que intentan alejarse del alcance de la mirada de su padre, inconscientes de los riegos a los que se exponen.

Pero, hace tiempo que hemos eliminado a Dios de nuestras expresiones cotidianas y de nuestras vidas, queremos vivir a escondidas de nuestro padre, haciendo lo que nos divierte. Hasta que ha llegado el momento en que efectivamente nos hemos extraviado, fuera del alcance del amparo amoroso y seguro del Padre, nos hemos perdido, y quizá no nos oye, o estemos asustados y no somos capaces de gritar: ¡Padre!

Bueno, afortunadamente hoy somos muchos los hijos pródigos que hemos decidido volver a la casa de nuestro Padre, Dios, donde se nos recibe con los brazos abiertos y siempre hay algo para calmar el hambre y la sed, real y de justicia, y un cobijo para descansar de las fatigas e incertidumbres de la vida.


jueves, 14 de mayo de 2015

Hay tanto que hacer


Demasiados días sin concederme un momento para la reflexión, aunque sólo fueran un par de minutos, sobre lo que le ha sucedido esta semana a tantas personas,  que pocos conocen, y por lo tanto otros muchos no tienen por qué darle  importancia,  ni tampoco tiene por qué preocuparles si alguien, que  no conoce, tiene este o aquel problema.

Pero, dicho esto, a continuación me invade la necesidad de acusar, de lamentar la falta de sensibilidad, real, ante las carencias concretas, cotidianas, de tantas personas, vecinos nuestros incluso. Unos son cristianos, otros son, se dicen solidarios,  pero son muchos los que no quieren saber… ¡con lo que cada uno tiene que soportar cada día…! no les queda tiempo ni interés por lo que le suceda a otros que tienen problemas mayores que los suyos.

Presumo de no ser exigente con los demás, y hace unos días, precisamente, he sido acusado de lo contrario. Hasta hace poco quería huir de esta sociedad, refugiarme en una ermita o lugar apartado, y allí tratar de vivir mejor y dedicar más tiempo a la reflexión, sin olvidar, por supuesto, la atención a quienes quisieran acercarse.

Sin embargo, algunos acontecimientos recientes, me han ido conduciendo, justo en la dirección opuesta, o quizá sea más acertado decir que en la misma dirección pero sin abandonar esta sociedad. Una misión que consiste en llenar algún vacío de los que deja en su desbocada carrera esta enloquecida sociedad, y acudir al rescate del que ha sufrido algún atropello y su vida corre peligro.

Así, se va plasmando una idea que me vino hace ya bastante tiempo. Yo en realidad quería encontrarla ya puesta en marcha y adherirme a ella, pues me decían que eso ya se estaba haciendo. La idea es que sería bueno crear una asociación de “restos de familias” rotas, compartiendo, para mejor sobrevivir,  bienes materiales, los distintos servicios, y sobre todo los afectos, que  han quedado maltrechos, pero que necesitan seguir manifestándose, y creando lazos familiares.

Ahora, sin saber muy bien como, creo que más bien dejándome llevar, voy dando pasos, sin prisa, sin exigencias, hacia un proyecto de adopción especial, de familias o personas solas en situación de necesidad.

Bastaría ir a caritas, u otra institución, y comprometerse discretamente en la ayuda y servicio de una familia, bien cocinando para una familia, o pagando el recibo de luz o de agua, eso cada cual lo sabrá. No es nada nuevo, hay ejemplos anónimos, que son los que me han movido a mí mismo y a proponérselo a otros a los que quizá no se les ha ocurrido.

Es cierto que hay un comedor social, y un albergue, pero no cubren todas las necesidades, y siempre hay personas que quedan fuera de su alcance, sea por el motivo que fuera.




miércoles, 13 de mayo de 2015

De Cuba a San Fernando, mirando hacia Miami.



Hoy he conocido a A., otra víctima de la dictadura de los hermanos Castro. Lleva treinta años, ni más ni menos, en nuestro país, y no ha conseguido regularizar su situación legal ni hacerse ciudadano español.

Precisamente hoy, cuando todo el mundo se hace eco de la recepción del dictador Raúl Castro por el Papa. Está muy bien, pero a nuestro amigo, con setenta años, y sin papeles, no lo vi entusiasmado, más bien totalmente ajeno, y con la esperanza puesta en los cubanos de Miami, y poder contactar con algún familiar.

Comenzó a contarme cómo fue su llegada a España, hace treinta años, concretamente en el año ochenta y cinco, del siglo pasado. Es marino mercante, de carrera, y huyó de Cuba, de la atroz represión de los Castro. Llegó en avión a Barajas con otros cubanos, como tripulación que debía sustituir a otra en un barco mercante que zarpaba desde Canarias a Cuba. Huyó precipitadamente en un taxi hasta la embajada de Estados Unidos para pedir allí asilo, pero le respondieron que ellos no podían darle asilo ya que estaba en un país libre… Pero aquel gobierno era entonces amigo del gobierno Cubano, y no ayudaba precisamente a los que lograban huir de Cuba, porque no convenía a sus intereses políticos e ideológicos.

Al preguntarle cómo era la vida en Cuba y por qué se vino, me respondió emocionado, todavía, cómo lo peor era el aislamiento social, los insultos y el desprecio, con  que era tratado todo el que era declarado enemigo del régimen y del comunismo. Le pregunté si era creyente, y me respondió con una convicción envidiable, que claro, que él era bautizado. Pero entrar en una Iglesia suponía quedar señalado y marginado, por eso él no pudo entrar en la Iglesia, o visitar a nuestra Señora del Cobre, tanto como hubiera querido.

En España ha vivido siempre como persona sin hogar y sin papeles, ¡durante treinta años consecutivos!, y repite con asombro, moviendo la cabeza a un lado y a otro: “cómo puede existir un país como este, donde se pueda vivir sin papeles durante treinta años; aunque te pare la policía, no pasa nada, a no ser que cometas un delito…” Como él es un hombre tranquilo, pues eso, nadie se mete con él, ni para bien ni para mal.

Ahora quiere conseguir los papeles para poder salir algún día hacia Miami, donde viven algunos familiares suyos, y especialmente una sobrina, a la que esperamos que pueda localizar algún día, y compartir los últimos años de vida que le queden, que, a juzgar pos su aspecto, no serán pocos pues con setenta años no tiene una arruga, ni tampoco enfermedad alguna. Se ve que la calle no ha podido con él, y es, yo creo, por ese deseo tan fuerte de regresar con los suyos, y haber podido vivir en libertad.


¡Ojalá se la lleve con él pronto, la libertad,  para Cuba!

martes, 12 de mayo de 2015

El viejo pajarillo

Por Daniel Medina Sierra

El viejo pajarillo 
ya no quiere volar.
Recuerda, 
con cierta dificultad,
sus años de juventud,
¡Corazón libre, corazón de león!,
¡Cuántas batallas habrás ganado,
y cuántas habrás perdido…!
Aún rondan viejos fantasmas
sobrevolando tu nido, 
cual ave rapaz
esperando su presa.
Viejo pajarillo,
¿No te das cuenta?
¡Jamás pudieron contigo!
alma de fénix,
jamás un ápice de tu cuerpo 
dejó de sentir 
dolor y amor.
¡No temas más!,
¡no te rindas nunca!,
pues tus alas conservan, 
como antaño,
su vigor,
ahora atrofiado.
¡Vuela!,
¡vuela por encima de las nubes,
vuela sin mirar atrás,
y que tu guía sea la libertad!


lunes, 11 de mayo de 2015

Arrepentimiento y perdón


José Luís Nunes Martins

9 de maio de 2015    https://www.facebook.com/jlmartins/posts/10204052068849577:0

                                                      Ilustração de Carlos Ribeiro

Más que un penoso recuerdo, el arrepentimiento es la amarga pena (duro castigo) que siente una buena conciencia después de darse cuenta de haber llevado a cabo un mal gesto. El arrepentimiento, más que un simple sufrimiento es, en su esencia, una voluntad de reparar de forma eficaz y diligente el mal del que fue protagonista. El pasado no se altera, pero el futuro siempre puede ser diferente. Impidiendo la repetición del error y haciendo lo posible por ser digno de perdón… todo esto, aunque el mal gesto haya sido resultado de una intención equivocada o de un simple desliz.

Hay quien acumula errores en forma de vicios. Llegando incluso a considerar como mera formalidad una sencilla petición de disculpa o un acto de cualquier otra penitencia más pesada, algo que supone un costo, pero que, ponderadas todas las variantes… vale la pena… realizan la maldad contando de antemano con la penitencia que (según creen) la anulará…

Todos tenemos algo de esta gran hipocresía. En vez de reparar nuestros errores, sólo los distanciamos en intervalos de tiempo con… aparente consciencia. Llega a  haber quien prefiere sentir pesados remordimientos a tener que decidir hacer alguna cosa para remediarlo.

Sólo el verdadero arrepentimiento puede poner fin a una serie de desgracias. Esas tienden a sucederse, en la medida en que después de la primera, todas las demás no acostumbran a ser , a los ojos de su autor, sino una forma de dividir la misma culpa en más de un gesto… se piensa que el mal no se multiplica, sino que,  través de esa repetición, se divide y hace menor. Pero en verdad, se acrecienta culpa tras culpa, en el intento de justificar una supuesta inocencia.

El arrepentimiento no hace las culpas peores, sólo las coloca al descubierto, tal como son: malas.

Uno de los efectos del arrepentimiento es la humildad que se introduce en la existencia de quien la asume. Después de todo, si cometemos un error una vez,
¿por qué razón no lo volveremos a hacer? Más que pesarnos el pasado, nos pesa también lo que podemos hacer aún peor… siendo que la delicadeza de esta sabia admiración de nuestra fragilidad permite evitar muchas faltas graves.

El arrepentimiento, por sí solo, no absuelve a nadie. Sólo la víctima de la maldad la pude perdonar. Pero tal cosa no tiene ninguna relación con la existencia del arrepentimiento… quien perdona puede hacerlo a quien está arrepentido o no. El que es perdonado, sólo lo es si estuviera arrepentido…

En buena parte de los casos, el perdón proviene de quien se reconoce incapaz de conocer los por qués del otro y así se obliga a no condenar, amándolo en vez de juzgar.

También hay quien no perdona para que al castigo del arrepentimiento se sume aún más dolor… una especie de condenación que hace evidente el daño causado… pero, claro, a veces, es sólo una venganza.

Hay incluso quien no se perdona a sí mismo, a pesar de saber la verdad de su propio arrepentimiento.

El arrepentimiento supone no sólo el sufrimiento de la culpa por la autoría del mal, sino también la voluntad consciente de entregar todo el futuro a reparar  la falta cometida… Al arrepentirme trazo un esbozo del ser en el cual me debo convertir.

El arrepentimiento nos hace mirar para  atrás a través del peso de la falta cometida. Sólo una tensión firme hacia delante nos puede hacer recuperar la verticalidad. Solamente un compromiso serio y determinado nos puede hacer mover en el sentido del bien futuro, a pesar del mal pasado.

Cuando fallamos debemos tender la mano y pedir perdón… pero, de la misma forma que un mendigo suplica una limosna sabiendo que no es una obligación para nadie, así también quien pide perdón nunca lo debe hacer como algo garantizado o justo… por más sincero y profundo que sea su arrepentimiento.


Perdonar es perdonar, conceder un don, dar más de lo que es corriente. Donar algo sublime. Gesto divino, hace sufrir a quien lo concede, mucho más que a quien lo recibe… Quien perdona acaba por compartir un sufrimiento que no era suyo… pero pasó a serlo.

De "usuario" del psh, a voluntario


Por Daniel Medina Sierra

Hoy, en el curso que imparte Cáritas para formación del voluntariado, nos explicaba la responsable del mismo cómo debemos actuar en el proceso de acogida y acompañamiento a los usuarios. Yo me voy a detener en la última parte.

Decía que al final del proceso el voluntario debía poner cierta distancia con el usuario, ya que ambos deben seguir su camino por separado, cada uno es dueño de su vida…

Bien. Voy a contar una historia real de unos usuarios y unos voluntarios.

Hace menos de un año, un chico decidió pedir ayuda e intentar que fuera la última vez, para volver definitivamente a una situación de cierta normalidad social, emocional y económica.

Comienza a entrevistarse con trabajadores sociales, a ir al comedor social, la orientadora laboral, médico… En medio de toda esta vorágine, frustración, depresión… un buen día, otro usuario lo llevó a un local donde podíamos tomar un café gratis. Era y es un local pequeño, donde varios usuarios y voluntarios te sirven un café de mil amores.

Le aficionó  “un café Ix.”, I. es  una persona con una sonrisa que, aún sin el café, se sentiría uno reconfortado. Lo cogió algo avergonzado, y empezó a ir “por el café” todos los días.

Habló con la trabajadora social de Cáritas, que le dio palabras de aliento y comprensión. Conoció a otros voluntarios, a otros usuarios, ayudó en lo que pudo y poco a poco, y sin apenas darse cuenta, pudo cocinar en casa un café calentito, ¡Un café calentito en mi propia casa!, gracias a uno de estos  voluntarios que le proporcionó un infiernillo, butano, comida, sonrisas, apoyo moral…

Otro voluntario le cocinaba para sentir de nuevo como sabe la comida casera, ¡Cómo cocina el condenado! Lo que no sabe es que más que alimentar un cuerpo, alimentaba su propia alma. Se nota cuando algo se hace con amor.

Tenía otras muchas carencias, lo había perdido todo y estaba perdido, confundido, con rabia y pena por él y por todos los compañeros, cada uno con su drama.

Hoy, sigue confundido, y tiene pena, rabia, frustración, pero hoy tiene algo que perdió (Amor).

Es voluntario, por tanto compañero de cáritas, son amigos y se ayudan mutuamente. En el caso de estos señores voluntarios X, X. X…

Algo ha quedado de ellos en él, y nada ni nadie podrá quitárselo, ya que forma parte de lo que él es hoy. Amén







domingo, 10 de mayo de 2015

Voluntarios



Hoy hemos recibido al último en incorporarse, somos en la actualidad tres hombres, o cuatro, contando con que J. se quede, y una mujer, nuestra voluntaria de verano, que este año nos ha regalado con su presencia todas las vacaciones. Han pasado por este servicio desde la muerte de aquella enorme voluntaria, Mari Cruz, va a hacer dos años, otros dos voluntarios y medio (una chica que no sabíamos bien a lo que venía o lo que quería, y desapareció sin más), no duraron mucho, y eran los más jóvenes, los cuatro primeros hemos pasado los sesenta y hasta los setenta alguno.

La presentación como veis no es muy considerada, sólo quiero llamar la atención sobre el tema del voluntariado, del que tanto se habla; y tanto se habla y encomia, que parece que hay muchos y jóvenes, la realidad es que en San Fernando, y en Cáritas concretamente la media de edad del voluntariado es elevada y su número muy bajo. No pretendo criticar, sólo constatar, hace tiempo que me sumo a los que piensan que los que están son los que valen, y con ellos hay que ver la de cosas que se hacen,¡Cuántas veces constatamos en las cáritas parroquiales la multiplicación de los panes y los peces en momentos de apuro,u otros pequeños milagros!

Pero yo pretendía hablar un poco de los voluntarios de persona sin hogar. A todos nos cuesta comenzar, los primeros meses nos pasamos el día diciendo “si yo aquí no hago nada ni hay mucho quehacer”. Los veteranos son los que te dicen: ¡aguanta, muchacho!, tengas la edad que tengas, verás como encuentras tú mismo no una sino muchas más razones para continuar. Y así sucede, en la mayoría de los casos.

Cuando ya superas las dudas entonces acudes confiado en que algo vas a tener que hacer, y si no, allí estás tú por si a acaso, y puede ser que de repente aparezca una necesidad, o dos y varias complicaciones más. La constancia tiene una gran importancia, que todo el mundo sepa que hay alguien ahí y que está disponible, esa es la esencia del voluntariado; como los diez mandamientos se encierran en dos, así las cualidades del voluntario: “amar y servir”; si estás es porque quieres, y si permaneces es porque sabes lo que haces y por tanto eres consecuente.

Hay tantas teorías, hay tantas aplicaciones en tantos voluntariados a lo largo de la historia, que son el mejor reflejo del esfuerzo permanente del hombre por humanizar la sociedad, por hacer que llegue a la mayor cantidad de personas posible el afecto y el cuidado de otros seres humanos, y el disfrute del progreso material y cultural.

Pero en nuestro tiempo la abundancia de organizaciones ha provocado la competencia entre algunas de ellas, y ha llevado a algunos voluntarios a servirse de ellas para su provecho personal o simplemente destacar; les puede la ideología de la impaciencia, quieren ser salvadores del mundo entero, no son conscientes que ya vino el Hijo de Dios ha salvarnos y no se impacienta con los humanos, a pesar de nuestro lento aprendizaje.


Dos mujeres



Hoy ha sido una mañana un tanto agitada, empezó lenta, sin dificultades, pero al final, fuera del horario habitual,  acudieron en busca de ayuda varias personas: un joven que anda un tanto desorientado, buscando acomodo fuera de su casa por incompatibilidad con “la pareja “de su madre; otro que se ha pasado la mañana con los ojos cerrados, quizá durmiendo, quizá soñando, porque no ha parado de hojear libros y de vez en cuando se le caían de las manos. Han llegado también dos mujeres.

 Ellas son  las que más me han llamado la atención, representan dos maneras de vivir en la calle. Ambas son extranjeras y muy diferentes. Estuvieron a punto de la discusión cuando una de ellas le pidió un segundo cigarro a la otra, pero de pronto descubren que se conocieron hace tiempo y entonces comenzaron a hablar casi como dos viejas amigas, “¿por qué no te aseas un poco, puedes hacerlo en el “Pan nuestro?”, le decía una a la otra; “antes llevabas el pelo hacia arriba, recogido, ¿por qué no te cortas el pelo?”, insistía, mientras la otra respondía con mejor tono pero con evasivas.

Una presentaba un aspecto más  descuidado, entregada a la lata de cerveza y al tabaco, mejor si es gratis; la otra, nadie diría que vive en a calle, tan aseada y bien vestida. La primera se muestra más bien maleducada, digo yo que para impresionar o para justificar su desgracia; la segunda a penas habla, sus modales son mínimos pero delicados, su mirada muy afable. Las dos son muy sensibles, sin duda, pero la primera se expresa más espontáneamente y la segunda, es tan sensible que primero observa a quien tiene delante y ajusta sus palabras y sus gestos al trato que recibe.

La señora descuidada volvió por la tarde porque la trabajadora tenía que hacer alguna llamada a la embajada del país de esta señora, con el fin de conseguirle la documentación necesaria para viajar a su país. Necesita treinta euros y hacerse unas fotos para obtener los documentos, pero ella dice que eso es imposible. La trabajadora, con toda la paciencia del mundo trata de convencerla de que puede esforzarse en conseguir ese dinero, lo mismo que lo consigue para el tabaco y la cerveza. La señora está un poco cardilla a esa horas y de pronto se rebela, saca de su interior más humano y de madre, el recuerdo de su hija, ella solo quiere ir a ver a su hija, y ahora que tanto lo quiere no puede ir; pero la necesita tanto ahora…que se rebela contra la trabajadora, se encara con ella y le dice frases muy duras, como si fuera ella la culpable de no poder cumplir su deseo. Ella marchó dando tumbos y voces y nosotros nos quedamos preocupados y un tanto tristes.


En el mundo de la calle se dan cada vez  más categorías, se pueden ver personas con distintos grados de formación y sin posibilidad de encontrar un trabajo. Unos hacen de la calle un modo de vida, pero otros, como la segunda señora, cuidan su aspecto para que no se note que viven en la calle, para dar con ello confianza a las personas “normales” que pudieran ofrecerle algún trabajo, y evitar así los peligros de la calle. A cuántos he oído decir que quisieran librarse de la calle, pero pocos lo consiguen. Cuando volvía para casa vi a un chico joven, sentado en el suelo, con un aspecto normal, pidiendo una limosna en un papel ponía “soy electricista en paro…”

Dos historias diferentes

El hombre oportuno

Hay personas que siempre llegan a tiempo para echar una mano, sin que nadie las haya llamado, y sin que nadie les pida nada. Ese es nuestro amigo F., que desaparece cuando a él le conviene, el tiempo que necesita y vuelve. Vuelve generalmente renovado, de buen humor y con la sonrisa en la cara, saluda como si no hubiera pasado nada, y se sirve un café. Muchas veces llega cuando yo me encuentro hecho un lío y él en seguida se da cuenta y  me ayuda a resolver el problema, una puerta que no cierra, un cable que no aparecía y de repente aparece, hay que buscar azúcar, etc.
F., además me has dado varios ejemplos, claros e impagables, con los cuales he afrontado yo con mayor tranquilidad ciertas dificultades.

Recuerda

Pongo este título porque me recuerda la película de Alfred Hitshcot, por si alguien la ha visto, aunque con otro tema y sin tantos peligros, o sea, “Recuerda” pero algo bueno en este caso, digamos que la versión amable de la primera.

Nuestro amigo R. no habla a penas y sólo si se le pregunta algo, en cambio sonríe permanentemente, y es su modo de seguir la conversación, porque eso sí, atento está a todo y a todos. Estoy seguro de que sabe mejor  que nadie todo lo que pasa a nuestro alrededor, que nos conoce a todos perfectamente, pero él calla y a nadie le niega su palabra, nos iguala a todos con su silencio y su trato afable e indiscriminado.
De pronto debe acordarse de alguien y comienza a escribir y a firmar cartas que irán sabe Dios donde. Él conserva un recuerdo más feliz y debe haber sucedido en un lugar lejano, por eso nos mira como a seres desconocidos, oye nuestras conversaciones y le suenan a cosas conocidas, pero no se decide a participar, como si no se fiara de que era real lo que ve y oye, o temiera perder sus recuerdos.

A pesar de todo, me atrevo a asegurar que sus  menajes, que firma con tanta convicción,  tienen un destino y tendrán una respuesta algún día, y será buena  para R, un premio a su constancia y paciencia.



De un pasado próspero a un futuro posible



 A nadie se le ocurriría pensar que X. vive en la calle, vamos, que si alguien lo hiciera es que tendría dotes adivinatorias. Llevo viéndolo por nuestra oficina durante meses y a penas se nada de su vida, eso sí, viene a menudo, charla, no mucho, es cierto, pero se lleva bien con todo el mundo,  y además jamás se queja; parece que él no tiene nada malo que olvidar, o más bien superar,  porque siempre sonríe.

Vaya, pues parece que las apariencias engañan, tanto esmero en las apariencias ¿es para ocultar la realidad, o hacer como si no hubiera pasado lo que le ha llevado a la situación presente; como si no se hubieran roto los pilares que sostenían aquella realidad añorada?  Pasaron  también aquellas circunstancias favorables, y como  alguien dijo  hace tiempo: “yo soy yo y mis circunstancias”. Pues, X., si las circunstancias son otras, tú no puedes ser el mismo de hace diez años, como no puede ser la misma agua que corre por un río en un punto determinado, constantemente se renueva. Esta mirada al pasado no permite ir con plena disposición hacia un futuro posible, impide dar pasos hacia una nueva realidad, que no tiene por qué ser exactamente la que era, y tampoco peor que aquella. La realidad social ha evolucionado, y mucho, tanto que son millones los afectados, o mejor los parados, dispuestos a trabajar de lo que sea, incluso los hay que esconden sus títulos y capacidades para que los contraten  con un sueldo mínimo.

Hoy mismo me decía una persona, que vuelve al hogar sólo después de unas semanas de habernos dejado, “le he pedido a Dios que me llevara con él. Lo he pasado muy mal, he pasado frío, hambre, suciedad...”

¿Habrá una salida para tantas personas como requieren una vida digna?¿Se llegará alguna vez a la convicción de que es un  acto  de justicia el dar de lo que se tiene y no digamos de lo que sobra, para que surja un movimiento de solidaridad universal que acabe con la pobreza y la marginación? Con mucha humildad sí se lograría, pero para ser humildes hay que tener una firmes convicciones y buscar incesantemente la Verdad, la verdad que es global, que esclarece y que libera de actitudes egoístas.

Incluso entre hermanos de sangre se dan hoy de manera frecuente diferencias escandalosas. Pero, la verdadera hermandad es universal, todos somos hermanos porque nacemos iguales, con las mismas necesidades, y debemos entendernos para que el mundo avance en paz.

Ha habido muchos intentos de dar satisfacción a esas necesidades, unos han hablado de transformación de la sociedad y para ello necesitaron eliminar a la mitad de la población mediante la lucha de clases; otros hablaron del superhombre y aniquilaron al oponente y al débil; otros se creyeron tan racionales que se volvieron intolerantes negando cualquier  trascendencia y ahogando con ello las utopías que elevan a la humanidad y la humanizan más todavía. La utopía de la paz que está por llegar, llegará, aunque no sepamos bien cómo ni cuando, pero es la que canaliza los mejores esfuerzos y la promueven las personas de bien que a lo largo de la historia han ido salvando a la humanidad y la han hecho avanzar hasta alcanzar un desarrollo suficiente.

Mas, de nuevo el reparto de los bienes se ha desequilibrado al máximo y muchos sencillamente están excluidos de dicho reparto, por lo que la sociedad mundial anda dando vueltas sin dirección, ni saber bien a donde debe ir; guerra de los mercados lo llaman, ¿Dónde quedan las personas? Pues muchas quedan a merced de la Providencia, que sigue actuando por medio de la generosidad de muchas personas y alimentando la esperanza de los que padecen una marginación y pobreza transitoria.


“Voluntarios forzosos”


Hoy quiero recordar y agradecer el paso por nuestro servicio de atención a personas sin hogar a los “voluntarios forzosos”, aquellas personas que se han visto obligadas a desarrollar un trabajo social para redimir una pena de cárcel por multas, generalmente multas de la DGT.

En ninguno de estos voluntarios por condena social he apreciado  un solo gesto de desagrado o una queja mientras estuvo con nosotros, es más, yo diría que competían en servicialidad y amabilidad, hasta el punto de que esto me hace dudar si algunas de nuestras leyes son tan justas o si se aplican correctamente.

Pudiera parecer, por tanto, que esta condena supusiera una pérdida de tiempo irreparable para estas personas; no ha sido así, aún estoy oyendo las palabras de uno de ellos que expresan muy bien el sentir de la mayoría de ellos: “Yo no tenía ni idea de que esto existiera; casi me alegro de lo que me ha pasado para conocer este servicio y haberos conocido”.

Pero, aunque esto es así, ningún de estos voluntarios ha pasado a ser  voluntario sin más, quizá sea por falta de tiempo. Yo los echo de menos porque como no hay muchos voluntarios para este servicio se agradece la presencia de otras personas dispuestas a echar un cable, y también como testigos de una realidad que gran parte de la sociedad desconoce.

Toda ayuda es poca, porque esta tarea es permanente, unos hombres caen y otros se levantan, y así camina la humanidad, por mucho que haya progresado; pero ha progresado demasiado rápido, no a ritmo humano, o al menos no se ha tenido siempre al hombre como medida, más bien nos hemos imprimido un ritmo mecánico, frío, contundente, caiga quien caiga; se sustituyen los hombres como meras  piezas, o se reciclan, ya en términos más ecologistas, que no humanistas. Y no digamos a la hora de recibir el salario, cada vez más exiguo, más individualista, no alcanza para una familia, es la familia la que tiene que buscar diferentes fuentes de ingresos, si puede, o si se entienden sus miembros, o si queda algo de ella.


Quizá es por eso por lo que no hay tantos voluntarios para ayudar a los demás, porque no hay tiempo más que para trabajar, o porque muchos que quisieran están en una situación de recibir más que de prestar ayuda. Todo el mundo está buscando, no sé si en el camino adecuado, buscamos un bien escaso, un trabajo, y después un salario mínimo, para mantenerse en el sistema. Igual era más acertado planearse si el tipo de vida que uno llevaba le compensa, y empezar a buscar por otros caminos marginales, pero más seguros, con otro tipo de actividad y con otra remuneración más satisfactoria, bien ganada y más gratificante como ser humano.