domingo, 31 de agosto de 2014

Es un privilegio…


No me gusta hablar de los voluntarios pero como también somos humanos, y frágiles, y pocos, al menos en este servicio de Cáritas para personas sin hogar de San Fernando, pues vaya por ellos, mis compañeros, que son fenomenales, y muy comprensivos con todos, pero también conmigo, que he estado un tiempo sin acudir al servicio, y no me lo han reprochado, al contrario, han hecho lo posible para que vuelva a incorporarme de manera habitual.

Hoy se despedía hasta las próximas vacaciones nuestra única compañera, ya que ella todavía trabaja; no como los demás que somos: uno militar en la reserva, otro jubilado y yo, pensionista. Ha habido otros intentos de formar parte de este grupo de voluntarios, y muchas promesas, pero no logramos pasar de cuatro. También contamos con la presencia, casi diaria del P. Luis, un Padre Blanco que ayuda a repartir la comida en el albergue y antes viene a hacernos una visita, dispuesto siempre a colaborar con nosotros. Y contamos con la presencia irregular de otra persona, que también ayuda; auque él no se considere voluntario, lo es aunque sin compromiso.

 Nos costó la despedida, aunque sin hacer dramas, no somos ninguno dados a las exageraciones, y asumimos las situaciones nuevas con relativa normalidad. Pero, como en cualquier grupo humano, y si son pocos con más motivo, la ausencia de uno de sus miembros, se hace más cuesta arriba. Lo peor es que quedamos tres, y como falle uno…

Ella dice que nos va echar mucho de menos, que se siente muy a gusto aquí en el “garito” (no lo dice en tono despectivo, es que es tan pequeño el  local  que tenemos  que pedir paso continuamente), que le encanta nuestra compañía y la de las personas que a diario pasan por aquí. Los debates son frecuentes, se habla de todo y en profundidad, con gran sentido del dialogo, y mucha tolerancia, lo que facilita que los más tímidos o inseguros también participen en el momento que ellos decidan hacerlo.

Se valora cualquier aportación o capacidad que manifieste cualquiera de estas personas, para  combatir en la medida de nuestras posibilidades la marginación, o el menosprecio, que a menudo padecen.

Muy importante es la coincidencia en la forma de actuar y el acuerdo profundo en el motivo por el que somos voluntarios: “Estamos tan a gusto porque hacemos lo que queremos, sin que nadie nos estorbe o cuestione, y nos volcamos en hacer pasar un rato agradable a cualquiera que se acerque a esta oficina, sin protagonismos, uniendo nuestras fuerzas y capacidades en la mejor forma de atender a quien lo necesita”.


Por todo lo dicho,  “es  un privilegio ser voluntario aquí”, por los compañeros y por recibir tantas compensaciones y el agradecimiento de la mayoría de las personas que vienen a diario a arreglar sus problemas con la trabajadora social,  pero les queda tiempo para compartir con los demás lo que puedan o quieran de sus vidas y personas.”

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