martes, 27 de febrero de 2018

Aliviar el dolor de alguien es una tarea divina.




 José Luis Nunes Martins



Cuando estábamos caídos, no conseguíamos ver la salida, mas he aquí que, cuando nos levantamos, renacemos y alguien, de la nada, nos viene a ayudar.

Nuestros cálculos no son acertados.

No somos la medida de las cosas, el mundo es mucho mayor de lo que imaginamos.

Somos poco. En un mundo lleno de sentidos que desconocemos, la vida de cada uno de nosotros está hecha de encuentros y desencuentros. De los esperados y soñados, pero mucho más de los que no conseguimos prever o despejar…

Bajo el mismo sufrimiento, somos hermanos.

Quien sufre lo mismo que nosotros, nos ayuda, no permite que nos sintamos solos e inútiles.

Cargamos nuestras cruces en conjunto para seguir adelante y también para animarnos unos a otros… otras veces, durante algún tiempo, nos llevamos unos a otros…

Necesitamos unos de otros.

Ayudamos y somos ayudados.

A veces –muchas- evitamos pedir… otras veces desviamos, sencillamente, la mirada de quien nos pide…

Aliviar el dolor de alguien es una tarea divina.

Es siempre amor. Es todo.

Hay gestos simples que son extraordinarios.

No es preciso nada extraordinario para comenzar la limpieza de la casa de alguien que ya no consigue hacerlo… o, sencillamente, sonreír a alguien y proporcionarle, así, un trocito de buen día.

Poco, con amor, es mucho. Todo, sin amor, no es nada.

en "Vía crucis, para creyentes y no creyentes" Edit. San Pablo. 2015

No hay comentarios:

Publicar un comentario