viernes, 5 de enero de 2018

LA ADORACIÓN I






Pablo Garrido Sánchez



El hombre postrado ante DIOS define la adoración. La postración interior de la adoración es el resultado de la admiración por lo revelado. DIOS realiza acciones pedagógicas con nosotros y sabe la forma de hacerse entender. La Biblia está llena de modelos de encuentro con DIOS, en los que su iniciativa conduce a Abraham, a Isaac o a Jacob a reconocerlo como su DIOS único al que deben culto de adoración. La lista de personas alcanzadas por la acción amorosa de DIOS puede ampliarse en la Biblia con profusión, así continuamos con Moisés, Josué, Gedeón, Judit, Rut, o Ester; Elías o Samuel ,Isaías o el autor sagrado del libro de la Sabiduría; los Magos de Oriente o los pastores de Belén. Todos ellos son guiados y se acompañan de una constelación de personas atraídas por el oculto imán de la presencia de DIOS en el corazón de estos discípulos de DIOS.



Jacob, por orden de su padre, sale de la casa paterna en Canaán para dirigirse a la tierra de Jarán, a casa de Labán su pariente, con el fin de buscar esposa. Jacob recibe la bendición paterna y se pone en camino. Al anochecer se dispone a dormir apoyado en una piedra, que le sirve de almohada y se le concede el sueño de la escala de Ángeles que ascienden y descienden desde el trono de YAHVEH hasta la tierra Cf. Gn28 . Al despertar, Jacob, reconoce aquel lugar como un espacio sagrado y unge la piedra en la que se le ha revelado DIOS mediante el sueño. Jacob establece un compromiso de fidelidad ante aquella revelación divina y por la comprobación de la providencia en los acontecimientos que estaban por venir. El cielo se abrió para mostrar algo de su verdad y misterio; y los Ángeles manifestaron también algo de su misión. Dios en su trascendencia puede asistirse de sus intermediarios, que siempre son los bienaventurados, santos o Ángeles.



El cielo se rasgó con la Encarnación del VERBO  y su nacimiento. Los Ángeles tienen una  función prioritaria en este mundo ordenada por el PADRE, y consiste en la adoración del VERBO, JESÚS, nacido de MARÍA: “Adórenle todos los Ángeles de  DIOS” (Cf. Hb 1, 6 ). Cualquier otra tarea para el Ángel distinta de la adoración del VERBO encarnado, es secundaria; y los Ángeles tienen abundantes misiones entre nosotros, pero no pierden de continuo la contemplación de DIOS  mismo (Cf. Mt 18, 10) en todo lo que ÉL es de trascendente e inmanente(interior a la creación), de Humano, en JESÚS de Nazaret, y de divino en su condición de VERBO consustancial al PADRE (Cf Jn 1,1).



La Biblia nos refleja una imagen de los Ángeles de una envergadura espiritual que sobrepasa esa imagen infantil de angelitos rechonchos con alas en la espalda (Cf Ju 13, 6 ; Ap 10, 1ss).



La Navidad es un tiempo entrañable para  vivir la adoración además de corresponder con todos aquellos compromisos familiares y sociales. Por lo menos durante unos días en el año adoptamos unas actitudes más fraternas que nunca vienen mal. Pero, además, deberíamos pedir al SEÑOR que acreciente en nuestros corazones el don de la adoración en ESPÍRITU y Verdad (Cf Jn 4, 23).


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