viernes, 5 de enero de 2018

LA ADORACIÓN (segunda parte)






Pablo Garrido Sánchez





El establecimiento de algunos matices ayuda a la precisión. Al identificar la adoración como una postración ante DIOS resulta insuficiente para  algunos. Veamos, pues: DIOS es siempre bueno y amoroso, misericordioso y justo, por lo que no requiere la postración de nadie por amor propio, sino por el bien del que es capaz de reconocerlo como DIOS mismo. Cuando DIOS induce a la adoración lo hace revelando de forma gradual su Plan trazado desde antes de todos los siglos (Cf Ef. 1,9). DIOS nos quiere libres, en amor filial, perfección y santidad. La adoración, por nuestra parte, es una respuesta acorde con lo que DIOS es y lo que se requiere de nosotros. Por tanto, entremos en la esfera de lo divino, aunque nos movamos en una oscuridad que obliga andar a tientas, con cierta imprecisión y reclamando entre balbuceos y gemidos (Cf Rm 8,26-27) lo que da aliento a nuestro espíritu.



Ámbito divino




Si alguien considera que la adoración es una cosa para personas elevadas espiritualmente es preciso que empiece por abandonar dicha idea, pues somos las personas normales las que estamos necesitadas de reconocernos en la atmósfera invisible, pero real, que nos envuelve y nos proporciona la existencia: “En TI vivimos, nos movemos y existimos” (Cf Hch 17,28). Cada persona debe respirar el aire que le envuelve para vivir la vida psicobiológica y debe respirar  la atmósfera espiritual menos perceptible pero presente, que es el mismo DIOS todo poderoso y todo penetrante (Cf. Slm 138).



La otra mitad de la Creación





Nos toca asumir  una condición humana en la que vamos aprendiendo de forma paulatina, lenta y en pequeñas entregas. La Palabra de DIOS, la experiencia de la vida y esa  acción interior de DIOS mismo nos van enseñando. En lo tocante a la Palabra de DIOS, resulta un tesoro a descubrir, pero nunca en un cuarto de hora. Las lecturas rápidas de las liturgias a las que asistimos es muy posible que no sean suficientes, por lo que hay que buscar otras estrategias. Entre los tesoros encerrados dentro de la Palabra de DIOS están los Ángeles. ¿Qué nos pueden enseñar los Ángeles con respecto a la adoración? Ellos son maestros en el arte de la adoración. Me gusta decir que desconsiderar la existencia de los Ángeles es descartar , por lo menos, la mitad de la creación realizada por DIOS. “Al Principio creó DIOS los cielos y la tierra” (Cf. Gn 1,1) Dichos cielos si analizamos con detenimiento el texto bíblico no designan ni el cielo atmosférico, ni el cielo cósmico de los astros; se refiere, por otra parte, a las entidades espirituales creadas que conforman el cosmos espiritual reflejado en el primer día de la creación como un universo de luz distinta a la luz emanada del sol, la luna y las estrellas (Cf. Gn 1, 14-19). Los Ángeles, por tanto están llamados a ejercer un papel discreto en la vida de todos nosotros, colaborando de forma eficiente en nuestra salvación (Cf Hb 1, 13). El Ángel sabe quién es DIOS, está a su servicio por amor y lo adora. La arquitectura celestial es en primer lugar angélica (Cf Ap 5, 1). Y por la sangre redentora de CRISTO hay una reconciliación entre los cielos y la tierra, entre los Ángeles y los hombres (Cf Col 1,20). Nada dejarán de hacer los Ángeles por nosotros si tenemos en cuenta ante ellos la sangre sacrificial del REDENTOR; ellos sí alcanzan la compresión del valor del sacrificio de JESÚS en la Cruz.



“Hasta de noche me instruye internamente” (Slm15, 7)




No obstante estamos en Navidad, y hemos de volver a la adoración, porque habíamos tomado a Jacob y su sueño de la escala de Ángeles, que ascendían y bajaban hacia la tierra como modelo arquetípico para la adoración (Cf. Gn 28) Y se podrá objetar que lo que se describe es un sueño. ¿Está Jacob adorando en el sueño? Jacob había recibido la bendición de su padre, Isaac, y el encargo de encontrar esposa entre su parentela de origen. La bendición paterna ya supone un acto cargado de contenido espiritual, es decir, una acción a través del padre investido de autoridad dada por Dios mismo. Pero Jacob, al que se le cambiará el nombre por Israel y será el padre de las doce tribus (Cf Gn 32,29), en sueños es iniciado por DIOS  para la gran misión que tiene por delante. Como dice el salmo quince “hasta de noche me instruyes internamente” (Cf. Slm 15,7). De noche, DIOS, realiza grandes obras: El hombre es completado en su creación después del sueño (Cf Gn 2,23); Abrahán contó miles de estrellas para hacerse una idea de su descendencia (Cf Gn 15,5). Y dando un gran salto asistimos al sueño revelador por el que san José conoce la encarnación del VERBO en el seno de MARÍA (Cf Mt 1,20).

La piedra sobre la que Jacob durmió y se le manifestó una revelación que tendría su cumplimiento con JESÚS de Nazaret, mil quinientos años después; esa piedra ungida y altar para un acto de culto de adoración, preludia al VERBO que de forma inamovible “ha puesto su tienda entre nosotros” (Cf. Jn 1,14). La revelación a Jacob profetizó el Camino que el VERBO de DIOS  abrió entre el cielo y la tierra, entre el PADRE y su creación, y en el que existen una multitud inmensa de intermediarios trabajando a favor de su SEÑOR. La adoración entra de forma directa en esta corriente de Gracia que asciende y desciende, porque el VIVIENTE ha vencido (Cf. Ap 1,17-18). El objetivo prioritario de Satanás es destruir la corriente de adoración, por eso es tan costoso, espiritualmente hablando, que prospere un grupo de oración, una adoración al SANTÍSIMO, y no digamos una adoración perpetua. La adoración nos sitúa en el frente de las grandes pugnas. Eche cuentas el lector de la cantidad de pensamientos superfluos sobrevenidos en un tiempo de adoración. El mantenimiento de una paz interior y de una corriente de afecto hacia el SEÑOR en el tiempo de adoración será un objetivo a combatir por parte de las fuerzas espirituales hostiles a DIOS mismo y al hombre. La diferencia estriba en que a DIOS el Maligno no lo alcanza, pero sí a nosotros. No seríamos realistas si nos limitásemos a señalar las consolaciones y facilidades del tiempo de adoración; es preciso, por otra parte, hacer notar también los tiempos del combate espiritual (Cf. Ef. 6,10-20)



Un tiempo pleno


 


El Camino entre el PADRE y nosotros se abre cada vez que se celebra una santa Misa y se rinde culto de adoración a JESÚS en su presencia eucarística. En este trozo de pan, JESÚS, es DIOS. Esta confesión de Fe supone rendir o postrar la razón  para que la Fe tome su lugar, la experiencia religiosa se produzca, el descenso de gracias traídas por los Ángeles lleguen hasta nosotros y, a su vez, las oraciones individuales queden aunadas y sean presentadas como un único clamor ante el trono de DIOS, en el que reside la perfecta TRINIDAD.

El sueño de la escala de Jacob es uno de tantos pasajes bíblicos que nos ofrece un modelo espiritual válido para todo tiempo. Así podemos dar más crédito a la Escritura, cuando comprendemos que ésta se cumple más allá de cualquier cálculo humano. Un año nuevo es un tiempo lleno de posibilidades, por tanto un tiempo para la libertad y para la Gracia. Un tiempo pleno se presenta ante nosotros porque JESÚS de Nazaret lo ha plenificado (Cf. Mc 1,15)


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