sábado, 6 de enero de 2018

¿Cómo llegamos a tomar una decisión?




Opinión de JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS


Decidir es preferir entrar por una puerta, lo que implica desechar todas las otras. Y hay quien no consigue aceptar que la vida está hecha de sacrificios que exigen dejar atrás cosas buenas, a la vista de otras, mejores.

Pensamos para decidir bien, pero el momento de la decisión no es racional. Decidir es pasar de la deliberación a la acción, dejando el pensamiento a un lado. La decisión implica siempre una escisión, una ruptura, un corte.

El momento crítico de la decisión es una especie de salto interior que establece una distancia enorme entre el antes y el después. Un instante llega para que cambiemos de rumbo y comencemos un nuevo capítulo en la historia de la vida.

Decidir es preferir entrar por una puerta, lo que implica desechar todas las otras. Y hay quien no consigue aceptar que la vida está hecha de sacrificios que exigen dejar atrás cosas buenas, a la vista de otras, mejores.

Las dudas y la incertidumbre no desparecen con la decisión. Muchas veces, si le damos espacio interior, incluso aumentan. Mientras tanto, como es tiempo de aplicar lo que se decidió, debemos guardar para después los análisis y vacilaciones. Si pasamos el tiempo a la espera de resultados, no hacemos nada. Hay tiempo para pensar y tiempo para actuar. Decidir no es solo cambiar de un tiempo de meditación a otro.

No debemos caer en la tentación de quedar a la espera de que las circunstancias y el tiempo decidan por nosotros.

¿Cuántas decisiones importantes son tomadas con base en detalles o estados de espíritu pasajeros? Al contrario de las que a costa de la cobardía hace frente al miedo se demoran al punto de renunciar a lo esencial de nuestra libertad.

A cada uno de nosotros corresponde determinar sus objetivos y descubrir su misión.

Decidir no es solo escoger donde colocar el pie en el próximo paso, es también decidir cuándo será dado. Pero, es darlo en el sentido y en el tiempo acertado.

Las vacilaciones no son prudentes, son fútiles y fatigosas. La existencia es determinada por nuestras decisiones, no por nuestras circunstancias. ¿De qué vale saber la solución pasado el tiempo? ¡Quien espera por la perfección para actuar nunca hará nada! Querer saber todo para después decidir es lo mismo que vivir en un mundo donde no hacemos falta.

Los compromisos son duraderos y tienen decisiones concretas como los pilares. Dejamos de ser el que decide  para pasar a ser la propia decisión.

El miedo ronda en torno a los que escogen ser señores de su destino. ¡Su fuerza está en aceptar que la vida es así: una aventura llena de altos y bajos donde la felicidad es la alegría de sentir que, a pesar de todo, nunca dejamos de seguir adelante! Lo que pasa será pasado, presentémonos nosotros al mañana.

Las consecuencias de nuestras resoluciones son siempre más de las que podemos prever. Pero decidir es abrir las puertas para avanzar, no cerrarlas y escondernos.

Si no supieras para donde ir, pon atención al viento que sopla… y ve, no para donde él va sin ti… sino a donde tú quieres ir, con él.
                                                          Ilustración Carlos Ribeiro


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