jueves, 28 de julio de 2016

“La adversidad forma personas de carácter”


Daniel Medina Sierra

En estos días he estado recapitulando información, analizando, intentando por todos los medios posibles, examinar lo más objetivamente que mi limitada inteligencia me permite, hoy os hablaré de la necesidad.
En una de mis conversaciones con el hijo de un buen amigo le expliqué que mi necesidad primordial sería poder tener un hogar, un techo donde empezar de nuevo; un bien preciado para mí pues nunca me faltaría un techo donde cobijarme. Mi interlocutor no estaba de acuerdo, su prioridad era un buen coche y el hogar quedaba, en el mejor de los casos, en segundo plano.


Charlando con dos chicas, una con todas las necesidades cubiertas y otra acogida en Cáritas. Les recomendé que buscaran trabajo para pagar sus estudios, tener cierta independencia económica, adquirir experiencia...
La primera contestó con un no rotundo ¿para qué voy a trabajar si mis papás me lo pagan y no tengo necesidad?  La otra chica pareció entender que era positivo y se interesó por el tema. La conversación empezó a adquirir mayor intensidad, la inexperta hija de papá instaba a su compañera a centrarse únicamente en sus estudios, sin tener en cuenta las necesidades económicas de la misma.

 El valor de la experiencia, del sacrifico o el tesón no eran importantes para ésta primera. En fin, hijos de papel/ de papá.
Hablando con unos amigos veteranos y sabios el más mayor me dijo, hace mucho que no escucho una defensa tan certera de la importancia del trabajo duro, la experiencia y el sacrificio para alcanzar una meta en la vida. Se habla de la necesidad de forma frívola, insustancial, superficial y carente de sentido común.

 Hoy repartíamos fruta a los acogidos y me decían ¿puedes creer que las personas preguntan qué frutas dan, y si no les gusta la rechazan? los críos no quieren fruta, en este país no se pasa hambre y todavía podemos elegir que comemos y que no.
Personas viviendo en chabolas con un ‘Mercedes’ en la puerta, Otros pidiendo dinero en las iglesias y grandes superficies y sus maridos en el bar y con un coche aparcado.

  
Recuerdo, hace ya treinta años, cuando mi madre recogía una olla de comida caliente de Cáritas, también nos daban los juguetes, nos vestían y nos conformábamos con lo que teníamos. Recuerdo que si quería algo los fines de semana recorría cada piso para recoger pan duro para llevarlo a la huerta, me daban 4 duros por un kilo de pan duro, reunía para pagarme las clases de karate, para mis reyes, para comprar chucherías, yo y muchos niños más de mi época.


Dureza en la pobreza, trabajo duro, esfuerzo, sacrificio. Adulto estuve en cualquier trabajo, las horas que fueran, con una miseria de sueldo. Jornadas de hasta dieciséis horas, cargando como un burro.
Dicen que para vivir con todo debes vivir sin nada, es posible, aunque tengo mis dudas.

  
No tengo una gran formación académica pero aprendí a ser un autodidacta, sé por experiencia que no importa si eres un mozo de almacén o un importante ejecutivo, no importa si tienes dinero suficiente para pagar las facturas o puedes permitirte todos los lujos. Si no has vivido la riqueza de las carencias, de la pobreza, si no has sacrificado nada, si no has perdido nada, si no te has esforzado nunca, serás un ser al que derriben de un soplo, sin escudo.



Si por el contrario has luchado, has caído, te has levantado y vuelto a caer mil veces, si has sacrificado cosas que están fuera de tu alcance, si has trabajado duro, digan lo que digan, hagan lo que hagan, así soplen vientos huracanados, tu armadura está hecha de fe en ti y eso dará su fruto.

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