domingo, 1 de marzo de 2015

Hambre de felicidad


José Luís Nunes Martins
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28 de fevereiro de 2015


                                                        Ilustração de Carlos Ribeiro

Casi todos carecemos de una vida mejor… por eso buscamos nuevas y mejores formas de lidiar con el mundo, a la búsqueda de la felicidad que creemos merecer.

Necesitamos tanto de pan como de una vida buena. No siempre luchamos por ambas con la misma fuerza. Algunos se conforman y desisten de su felicidad. Esta hambre, que no cesa, corroe aún más el interior de los que la ignoran.

Somos el reflejo directo de aquello de lo que nos alimentamos.

Esta hambre buena de un mundo mejor ha de llevarnos a dar de comer  quien tiene hambre, viviendo la caridad de una forma  tan concreta como eficaz, tan humana como divina.

El hambre es un problema grave, a la espera de solución… a pesar de que ya estemos en el siglo XXI. ¿Cuánta riqueza fue, es y será resultado de condenar al hambre a otros? Se trata de una violencia silenciosa que se basa en la indiferencia. Un muro de silencio y oscuridad… que levantan los que escogen fingir.

Tal vez el hambre de amor verdadero sea una de las causas de este lento holocausto. Lleva a algunos a intentar saciar su hambre de felicidad con bienes materiales y no miran los medios para alcanzar eso que creen que les satisfará. Y tienen castillos con veinte cuartos donde su soledad es mayor que en cualquier otro lugar. Tiene muchas camas, pero no tiene paz ni sueño alguno. ¡Tiene de todo!¡Sólo le falta… lo esencial!

¿Cómo puede alguien ser feliz sin solidaridad ni comunión?¿Tendrá paz y conseguirá sonreír de espaldas al mundo?¿A dónde mirará?

Dejar de comer esto o aquello, al contrario de entristecernos, puede ser que en cierta forma nos permita comprender que somos capaces de dominarnos, que no tenemos que ser esclavos de nuestros apetitos más inoportunos, que podemos ser mucho más que un simple cuerpo que alcanza la satisfacción de sus necesidades.

¿Qué es esencial en nuestra vida?¿Qué no lo es?¿Por qué razón perdemos nuestro tiempo y nuestras fuerzas con lo que no lo es? A algunos les basta una hora o dos  sin comer para comenzar a valorar los alimentos que tiene a su disposición y que cree, la inmensa mayoría del tiempo, que son insignificantes y sin valor.

Hay quien –se imagina- llega a medir su riqueza por la capacidad que tiene de generar desperdicios…

Claro, cuántas veces sólo nos damos cuenta del valor de algo después de perderlo… o quedar privado de él, aunque sea de forma temporal.

Más que una persona aislada, cada uno es miembro de una comunidad. Nuestra responsabilidad va mucho más allá de garantizar nuestra subsistencia individual. Importa saber y sentir que somos parte de diversas familias… siendo la mayor de todas la humanidad. Tenemos obligaciones en cada una de ellas. Unos las asumen, otros no… como en cualquier familia.

Cuando mi existencia significa aliento y alimento para otra persona, estaré en el camino acertado… rumbo a lo mejor del mundo y a lo mejor de mí.


Es el egoísmo de unos lo que condena al hambre a otros. Basta que nos demos cuenta de que sólo es propiamente nuestro aquello que hubiéramos sido capaces de dar…

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