domingo, 14 de diciembre de 2014

La rabia es señal de debilidad




                                                        Ilustração de Carlos Ribeiro

La furia es una locura pasajera. Un deseo ciego e implacable de venganza que provoca, muchas veces, un mal mucho peor que la insignificancia que lo originó.

El que se deja llevar por apetito y deseo de violencia, creyendo encontrar en la agresión una buena respuesta, en poco tiempo pierde el control de sí mismo, da rienda suelta a los impulsos, ya no es capaz de dominarse, y, por lo tanto, sólo parará demasiado tarde.

Casi siempre el motivo de ira es una sensación de injusticia que busca una inmediata compensación, buscando equilibrar un desequilibrio  con algo aun más desequilibrado.

Del mismo modo que la lucha, la rabia es un reflejo emocional que se puede volver permanente… Así, si hay luchas que no acaban, también hay personas que andan siempre enojadas. Aún sin grandes motivos para la cólera, parece que no se dan nunca a sí mismas la alegría de andar en paz. Utilizan los tiempos que serían de descanso para pasar revista a los peores momentos e imaginar estrategias para castigar a todos y todo. Estas personas sólo pueden estar alegres en la hipótesis de que aplicaran con éxito todas las penas que imaginan… pero, en verdad, de esta forma sólo consiguen que la ira se apodere de ellas y así van perdiendo lo que son, llegando al punto de no recocerse ya sin esta rabia profunda que les mata el corazón.

Son siempre los más débiles los que encuentran en la violencia un medio de hacer valer lo que creen ser sus valores.

Hay gente que pisa a los otros sólo para ser superior a ellos. En verdad, se hace aún peor. Porque si ya era bajo, ahora se nota más. La verdadera nobleza de alguien no es vencer a los más fuertes, sino levantar y cuidar de los más débiles.

Vivimos en un mundo con muchas razones para irritarnos… pero  andar airados es una pérdida de tiempo. La vida es demasiado corta para ser vivida en estado de pánico. Porque, además, al contrario de otras emociones, la ira contribuye de manera mucho más efectiva al malestar de los que rodean a quien se somete a ella.

La respuesta a una injusticia, debe ser siempre una forma de prudencia. Corregir a alguien no implica necesariamente de la rabia. Nunca se debe dar respuesta al mal que se hizo en el pasado, sino crear una forma de perfeccionar y mejorar el futuro. No puede ser nunca para el mal de la persona, pero, sí, para el bien. De todos.

Cuando a pesar de todo no conseguimos equilibrar nuestras emociones, es importante que, por lo menos, consigamos mantener la lucidez de garantizar que nos acordamos de todo y de cada pequeña cosa   que hicimos a fin de, más tarde, con toda la calma, sinceridad y arrepentimiento, pedirnos las debidas disculpas, con el compromiso de que el futuro va a ser la promesa del pasado…

Cuando admitimos nuestros errores con sinceridad y comprendemos sus mecanismos, disminuimos la posibilidad de repetirlos.

¿Por qué razón alguien escoge vivir con odio en vez de vivir la alegría?

La ira es una debilidad. Los que pretenden hacerse pasar por fuertes… son siempre débiles.

No siempre es la aspereza del mundo lo que nos hiere, a veces somos nosotros mismos los que estamos demasiado sensibles. Es esencial que nos fortalezcamos a fin de no irritarnos por insignificancias, pues, a veces, la furia, ella sí, causa grandes desastres. Es como un abismo que llama a otro abismo, muchas veces lo que comenzó con una irritación sin importancia acaba en una verdadera tragedia.

Es preciso cultivar la dureza interior, pues los gusanos nacen en las tierras flojas.

La mayor parte de las veces lo que nos enfurece ni siquiera nos provoca mal alguno. Es, sólo, algo que aborrecemos… sólo porque no es como esperábamos. Siendo que, igual en los casos en que se produce un daño, la rabia de la respuesta perdura, casi siempre, mucho más que él!

Tenemos que convencernos de que las cosas no acontecen siempre como nosotros las deseamos y… más importante aún, ¡que eso no es ninguna injusticia!


¡Claro, todos tenemos derecho a una insania una o dos veces por año, pero no una vez por semana!

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