sábado, 8 de marzo de 2014

El amor no se promete



                                                     Ilustração de Carlos Ribeiro

Hay una distancia fundamental entre las palabras y los gestos de cada hombre. Las palabras prometen mundos, los gestos nos construyen. Las palabras aclaran poco, los gestos definen casi todo.

El amor es un proyecto, una construcción que necesita ser realizada cada día. Sin grandes discursos. Cualquier hora es tiempo de amar. Si el amor es verdadero, no hay tiempos de descanso, porque el silencio en el corazón de los que buscan luchar contra las tinieblas de los egoísmos es la paz más profunda y el mayor descanso… aunque se claven espinos en la carne, aunque no sanen las heridas antiguas, aunque la esperanza tenga poco más donde apoyarse que en ella misma.

Cada uno de nosotros es aquello que fuera capaz de ir construyendo de firme y duradero cada día en medio de las tempestades de la vida.

Hay muchos que sueñan y pasan el tiempo en desear lo que no es… esperan y desesperan por algo que les ha de llegar de fuera… rechazando casi todo cuanto son, cuando, en verdad, con lo que tenemos y somos es con lo que debemos ser felices, por poco y peor que sea… somos nosotros. Pero nosotros no somos quien somos sólo para nosotros mismos. Yo soy quien soy, pero solamente lo seré si fuera capaz de encontrarme con el otro. Nadie se ve solo a sí mismo cuando se mira en el espejo. Ser es amar. Darse… sin grandes sueños o promesas, con pequeños gestos, en el heroico coraje de acreditar que no son sólo las palabras y los deseos los que nos devuelven al cielo.

Encarcelados nunca seremos auténticos, debemos pues liberarnos de todo cuanto nos pesa, de forma especial de las cosas materiales, romper con las redes de los sueños que nos embriagan e incapacitan para salir de nosotros mismos al mundo, de crear mundo… sin esperar nada, a que no consigamos llegar a lo mejor de nosotros mismos.

Este desprendimiento no será prudente a los ojos del mundo, pero es esencial confiar y seguir adelante, incluso porque las cosas y las personas son lo que son, independientemente de la forma como los ojos del mundo las ven, sienten o piensan…

A los sueños les falta existir de hecho, realizarse, o mejor, ser realizados por alguien. La existencia es uno de los más bellos y decisivos atributos para que algo se haga determinante de nuestra felicidad. Por eso la realidad más pobre es, aún así, más bella que el sueño más magnífico…

Casi todos los egoísmos tienen nombre de amor. Conscientes de lo que son, se esconden. Normalmente se juntas a pares… hacen poco, hablan mucho, prometen todo… mezclan su necesidad de tener más, de estar mejor, sin cuidar que cada hombre es mucho más que aquello que tiene o de lo que conforma como está… nosotros, humanos, no somos de este mundo… somos del lugar donde llegamos cuando nacemos  y del lugar para donde tenemos que ir después de la muerte… un mundo del cual este forma parte, pero mucho mayor, mucho mejor… mucho más profundo.

Es pues importante procurar la voluntad de otro, y encontrarnos en ella, ser lo mejor que él pueda percibir y merecer…

Amar es arriesgarlo todo, sin garantía alguna. Sólo con la fe de que, en el amor, nos completamos… Amar es desprenderse y perderse… abrirse y abandonarse a la voluntad de ser feliz.

Sólo el amor permite que se cumpla la más esencial de todas las promesas de la existencia: Una vida con valor y verdad.

Quien ama no promete… da.



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