domingo, 22 de febrero de 2015

Atropellados por el progreso, en seguimiento servil de sus señuelos:


Avanzamos a ciegas, a trompicones y a golpes, dejando por el camino innumerables víctimas inocentes a nuestro lado, pero no paramos.

Es como si alguien o algo estuviera jugando con los ciudadanos, como hacen los dioses griegos, por capricho:
radares delatores que acosan a todos los conductores, buenos y malos, todos son posibles delincuentes, por eso se les multa sin piedad; 
leyes injustas y discriminatorias, que intentan regular la vida íntima de los matrimonios, y lo que consiguen es fomentar  la división y el odio entre la pareja, entre padres e hijos, minando las bases de una sociedad estable y con la mirada puesta en el futuro, que es el de los propios hijos, a los que se debe un cuidado permanente;
los nuevos bancos rescatados, que cobran elevadas cuota de mantenimiento aunque en la cuenta no haya más que unos pocos euros que nunca llegan a fin de mes, porque provienen de pensiones no contributivas o de ayudas sociales, mientras los sueldos y pensiones de sus gestores son multimillonarios, y así crean paraísos fiscales para que los ricos puedan evadir impuestos o acumular fortunas inmensas;
políticos que hacen lo contrario de lo que prometen… hasta que la crisis  destapa sus mentiras, la inmensa corrupción, económica y moral a la que nos han conducido tan irresponsablemente, y que ha provocado el crecimiento del número de pobres en millones…

 Nos tientan y aún nos empujan a consumir de todo, sin tener en cuenta que los ingresos de muchos, cada vez más,  son demasiado insuficientes y se reducen progresivamente hasta llevar a las personas al agotamiento y a la indigencia... Parece como si quisieran ir conduciéndonos hacia una sociedad “gratuita” y satisfecha, en la que se pueda consumir sin esfuerzo ni trabajo (el cual se reserva para las máquinas y una parte de los hombres, que trabajan automáticamente según dictan los cerebros privilegiados, que no paran de innovar y producir), a costa de renunciar a la intimidad, a la libertad. “Todo por el progreso”

Así hemos creado, entre todos,  un mundo inhóspito, global y babélico, en el cual nadie escucha, y nadie se entiende con nadie, salvo algunos valientes que van contra corriente. ¿Cómo vamos a crear así sociedad, si no podemos contar con la colaboración  y el respeto mutuo? Hoy la palabra no vale, eso de “tener palabra” ya no saben muchos lo que quiere decir; claro, va en contra de “mis” intereses o de “mi” comodidad, que es “como un derecho que los demás deben respetar”… Empezamos por engañarnos a nosotros mismos cuando nos creemos lo que no somos, ya que para ser algo se necesita un reconocimiento ajeno y mejor si además nos aporta una utilidad recíproca para crecer juntos y en bien de todos. Hasta que el bien no sea de todos, estamos muy lejos de alcanzar la verdadera felicidad.

Las palabras del comentario a las lecturas del primer domingo de Cuaresma, del P. Augusto de Leitao, me facilitan la terminación de esta reflexión que me persigue desde hace mucho tiempo: “Señor, danos tu espíritu de discernimiento y de fortaleza, para que sepamos identificar el mal y combatirlo. Aumenta nuestra fe en la bondad de tu Evangelio. Padre, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.”


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