domingo, 20 de julio de 2014

Necesito de ti para ser yo




                                                       Ilustração de Carlos Ribeiro

Ser quien soy pasa por ser capaz de crear relaciones al otro, con el otro y para el otro. Sólo hay personas porque hay relaciones. Mi existencia está constituida por los caminos que sueño, construyo y recorro, al lado de otras personas que, como yo, sueñan, construyen y recorren sus caminos. Voluntades distintas, dinámica común. Seguimos, cada uno por sus principios, cada uno para sus fines.

El amor lleva el ser de su autor al ser del que es amado. Amar es ser y ser es amar. Compartir con el otro y con el mundo, en un milagro de multiplicación en que cuanto más se da, más se tiene para dar, más se es.

Un pequeño error en la base lleva  potenciales tragedias en las conclusiones. Hay quien parte del principio de que el amor es recíproco. Ahora bien, esa idea simple acaba por ser origen de enormes tragedias personales. El amor no es recíproco, es personal, nace en lo más íntimo de nuestra identidad. No es mitad de nada, es un todo. Necesita de otro como fin, no como principio.

El amor es bondad generosa. Es dar el bien. Darse. Conseguir ser fuente de amor es el mayor de los bienes que se puede alcanzar. Soñar, crear y luchar por la felicidad del otro es, por sí mismo, la mayor de las recompensas. Claro, muchos desisten así al primer espino que se clava en la plana de los pies…

El valor de alguien no depende de lo que le dan o tiene, sino de lo que es. El otro puede inspirarme, pero mi felicidad pasa por lo que soy capaz de darle… y no por lo que puedo o quiero recibir.

Creamos relaciones, construimos puentes, para no ser islas. Nuestra verdadera comunión es más profunda. Las aguas separan lo más visible de lo que somos, pero el fondo es el mismo, como si fuésemos montes de una misma cordillera y el mar hubiese inundado los valles.

El camino al descubierto pasa por ser capaz de llegar a lo íntimo… de sí mismo, del otro y del mundo. Por darse cuenta de que, al final, en el fondo del ser, nuestra matriz es común. Los otros son yos y yo soy su otro.

No es bueno estar solo. La soledad anula el ser. El amor une lo que es, en la esencia, de la misma naturaleza. Resulta de la libertad y responsabilidad absolutas. Implica la capacidad de crear una vida sin intervalos.

Ningún mal perdura en el tiempo, porque la destrucción se destruye a sí misma. Sólo el bien es eterno. Porque se crea y renueva a cada momento.

Lo que soy depende de los principios que me mueven y de los fines hacia los cuales tiende mi voluntad. Seré lo que escoja ser dentro de un conjunto de decisiones que me sobrepasan, pero que en ningún punto limitan mi libertad y mi responsabilidad.

Vivimos unos con otros, seguimos juntos en el espacio y en el tiempo… escogemos después estar más cerca o más lejos de los íntimos unos de otros.

Nadie nace de sí mismo, y el ser humano, siendo el más perfecto ser terrestre, es también el más necesitado. Necesitamos mucho unos de los otros.

No es posible ser feliz sin los otros, menos aún contra los otros.

A cada instante, todo cambia, aún cuando toda la gente quiere que continúe de la misma forma. Las decisiones deben renovarse a cada paso, el amor debe encontrar la forma de hacerse real cada día, so pena de pasar, y nosotros, pasando con él…  hacernos sólo pasado.

Lejos de cerrar, el amor abre a aquel que ama al otro, convirtiéndolo en protagonista de la creación. Cada uno de nosotros está proyectado hacia fuera de sí, hacia los otros, para este mundo y para el cielo. Nuestra dignidad es tanto mayor cuanto más abierto estuviere nuestro corazón… para dar.

Necesito del infinito para ser yo

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