miércoles, 2 de octubre de 2019

Descansa en Paz, Juanjo.



Estoy seguro de no equivocarme al decirte que a cuantos te conocimos y tratamos en esta preciosa tarea de la caridad, reconocemos agradecidos tu dedicación y provechosa contribución al buen funcionamiento de Cáritas de San Fernando.

No olvidaremos tu gran vocación de servicio que, como buen profesional al servicio de la Patria habías ejercitado desde joven, y luego la ejerciste como voluntario de Cáritas, con paciencia, con tesón y acierto, tratando de aunar voluntades y aprovechando los recursos para dar respuesta  al mayor número de solicitudes de ayuda, tanto material como de formación y acompañamiento.

Esta voluntad de servicio solo cesó a causa de tu enfermedad, o quizá sea más justo decir que no cesó, sino que tuviste que dedicar todos tus esfuerzos al nuevo reto que el Señor te planteó, y que asumiste con toda dignidad, y con esperanza. Pero el Señor ‘necesitaba’ un voluntario como tú cerca de Él ,y así es como te premia ahora, formando parte de la Fuente misma de la Caridad y la Misericordia, para siempre.

Por eso me atrevo a pedirte que sigas teniéndonos presentes ante el Señor, para que siga alentándonos en la labor y le sirvamos de la mejor manera en la construcción de su reino aquí en la tierra, de manera especial integrando en él a los marginados de la sociedad.

Quiero dedicarte las palabras que explican el logo de Cáritas, a la que tan bien serviste:

Los cuatro corazones unidos por una cruz representan el trabajo social y solidario, el corazón más grande significa la acogida sin discriminaciones así como la integración y la colaboración del voluntario como miembro de la organización, y todo ello en base a la fe y la esperanza dispuesta a pasar por la cruz. 


sábado, 28 de septiembre de 2019

Dos claves para el éxito: comenzar y acabar.



 José Luís Nunes Martins


¡Comienza y acaba!

Comienza, aunque no tenga mucha voluntad. La voluntad aparecerá luego y hasta con entusiasmo. Más tarde, tendrás problemas para mantenerte en la lucha, porque casi nunca imaginamos la distancia del camino, pensando siempre que será menor… Por fin, y por más que cueste, por más imperfectos que sean los resultados, llega el tiempo de acabar. Y acabar casi duele tanto como empezar. ¡No seas perfeccionista, acaba! No te preocupes, siempre tendrás muchos proyectos por delante.

¡Por más que cueste comenzar, trabajar tanto y terminar, a pesar de todo, compensa mucho más este recorrido que el de aquellos que está esperando que algo descienda del cielo para decirles que es tiempo de comenzar, para que, después, llegue del cielo un ejército de ángeles para ayudarles a cada paso y que, por fin, surja una luz sublime que torne el producto perfecto, y así sea el tiempo perfecto para acabar la obra! Claro, en estos sueños, el mérito les es atribuido solo a ellos y a su (extraña e interesada) fe.

¿Cuántas veces sabemos con convicción que debemos hacer algo pero no lo hacemos?

El momento más importante para el éxito de un proyecto es aquel en que, después de haber tomado la decisión , se pasa a la acción. Comenzar es lo que más importa, más que saber el punto donde se comienza. El final es el que define el triunfo, no el comienzo. Pero nunca habrá fin sin comienzo.

Puede decirse que importa acertar en el momento adecuado. ¿Pero  qué decir de aquellos que lo esperan sin hacer otra cosa que no… esperar? Es increíble como conseguimos llenar nuestras vidas de tiempos inútiles y de disculpas, sin darnos cuenta de eso.

Habrá quien tenga miedo. Miedo. Tanto que acaba por no hacer nada. Ahora bien, la fuerza que nos puede mover hacia lo mejor de nosotros es la misma que nos hace aceptar un fracaso sin perder el entusiasmo. El miedo al fracaso es estúpido, en la medida en que, si nos impide actuar, se convierte en un fracaso mayor que aquel que se pretendía evitar.

Son muchos los que desisten por el camino. Algunos incluso antes de comenzar. Otros, por tantas razones, terminan por reducirlas a simple falta de confianza en sí mismos. No confían en sí y pretenden evitar ser vistos como fracasados.

Es increíble la cantidad de talento y la potencia de las fuerzas que tenemos en nosotros y que desconocemos por completo, hasta el momento en que se revelan -que es cuando son precisamente necesarias. Nos creemos débiles y eso nos parece una excelente disculpa para justificar nuestra deliciosa pereza, que traerá enormes amarguras a nuestra vida si no combatimos sus encantos.

Sin trabajo no hay éxito. Sin el primer paso no hay camino. Sin un destino concreto no tiene sentido caminar.

Acabar es esencial. Más que el reloj o el calendario para decidir cuándo se está  preparado, debe ser cada uno de nosotros quien lo decide. No buscando la perfección, sino, con el coraje de entregar lo posible, y abandonar lo que se ha hecho .

La mayor parte del camino para el futuro que sueñas es justo por donde no suelo. Cuando hayas terminado ese camino, habrás dejado un suelo más, aún más importante, habrás hecho de ti alguien capaz de dar sentido a tus talentos, tus fuerzas y tu vida.

Valor. Comienza y acaba.


sábado, 21 de septiembre de 2019

Tal vez solamente necesite llorar



José Luís Nunes Martins


El mundo parece estar lleno de personas felices, de familias perfectas, personas realizadas en sus profesiones y con inmensos proyectos encantadores. ¡Dicen que no tienen problemas ni fracasos, solo desafíos y oportunidades! ¡En fin, están sencillamente  bien! O lo mismo mal…

¿Tal vez esto sea una forma de cortar los lazos humanos? Al final, quien no finge de esta manera, se queda a un lado. Quien, por otro lado, aparenta que su vida es así, hace de esa mentira su sentencia de soledad. Puede incluso tener muchos amigos, pero es mejor que no los ponga a prueba, por simple que sea la prueba, pues no debieran quedar muchos.

Todos sufrimos, todos lloramos. Unos más que otros, unos hacia fuera, otros en su interior. Pero encontrar a alguien con quien podamos llorar es un tesoro.

Llorar es para muchos señal de derrota, y a nadie parece gustarle los derrotados.

En verdad, para sobreponerse a los malos momentos de la vida, y algunos pueden durar años, es esencial tener con quien llorar. Alguien capaz de estar cerca de nosotros, cuando estamos lejos de estar en nuestro mejor momento, y de escucharnos, incluso aquello que decimos pueda no ser tan lógico, ni agradable o lúcido como se desearía escuchar.

Cuando, más allá de todos los dolores, se siente la espina del desamor clavada en la carne… duele. Mucho. Llorar ayuda. Llorar libera un poco. Llorar es un paso para salir de allí.

Las lágrimas liberan tanto como la confesión. Pero ni unas ni otras tienen el mismo sentido si luego son olvidadas.

Algunos cuentan con la intuición de la presencia de los que se les han muerto. Incluso porque, a lo que parece, los vivos siempre tienen cosas que hacer, y muy importantes. En verdad, no tienen, pero encuentran en sus tareas excelentes disculpas para no hacer lo que deben.

¿Estoy disponible yo para ayudar a alguien garantizándole que no estará solo cuando tuviera que llorar?

Todos somos débiles, o fuertes que a veces fallan, necesitamos todos unos de otros.

El amor nos hace ser quienes somos, por la capacidad que nos da de complementarnos y luchar contra la soledad que nos divide y derrota.

Hay quien no tiene con quien compartir ni siquiera una alegría

Cuánto desamor y envidia hay en el mundo de dejar a otras personas, iguales a nosotros, abandonadas, de la misma forma que nosotros nunca desearíamos estar… hay incluso aquellos a quien la vida ya les secó las lágrimas, por quien ya nadie llora… con como invisibles.

Corazones hambrientos y sin abrigo, para quien un amigo sería más que un banquete y un palacio.