sábado, 10 de noviembre de 2018

¿Ni yo sé quién soy!


José Luís Nunes Martins


Hay quien cree que sabe quien somos solo al vernos pasar por la calle.

Hay quien, por haber convivido con nosotros,  está seguro de lo que somos, fuimos y seremos.

Nosotros mismos, en la mayor parte de las ocasiones, estamos convencidos de nuestra identidad.

¿Pero sabemos exactamente quien somos? Tal vez no… No.

Lo que fuimos termina por irse difuminando, una vez que, por un lado, se va apartando y perdiendo nitidez, y por otro, podemos continuar desconociendo los porqués de cada día.

Lo que soy está en constante construcción, cambio, evolución. Desde el momento en que fuimos concebidos hasta la hora de la muerte, hay un largo camino en que se suceden muchas recorridos y saltos, vueltas y revueltas, encuentros y desencuentros, partidas y regresos.

Soy libre y mi libertad es tan rica que consigo escapar a la comprensión de mi propia inteligencia.

Con humildad, tal vez sea capaz de atisbarme  entre las señales que dejo por el camino en cada decisión. Tal vez el otro pueda ayudarme a conocerme. Tal vez algún día alguien, en el otro mundo del que este forma parte, me revele las respuestas a todas mis preguntas sobre lo que soy.

¿Pero si ni yo mismo me conozco, cómo puedo pensar que soy capaz de tener la certeza  respecto de otros al punto de pasar el tiempo dictando sentencias sobre ellos?

Es errado juzgar a los otros. Ante todo porque no los conozco.

Puedo ayudarlos, compartiendo con ellos alguna pista que me parezca auténtica. Pero de que eso es algo perjudicial para ellos y  aún más para mí.

Hay una paz sublime en vivir sin pensar que se sabe todo, sin juzgar a los otros, sin perder la humildad de que los porqués y paraqués del mundo pueden estar mucho más allá de aquello que soy capaz de entender.



miércoles, 7 de noviembre de 2018

UNA BATALLA PERDIDA


Daniel Medina Sierra


Desde hace ya un tiempo llevo intentando encontrar una solución al problema de la vivienda.
Verán, mi vivienda estaba hipotecada, debido a la situación de paro me fue imposible continuar pagándola, ni tan siquiera podía pagar un recibo de la luz o agua; tampoco disponía de dinero para alimentarme. Después de un divorcio traumático y la falta de trabajo indudablemente quedé en estado de shock.

Pasado los años y recuperándome poco a poco del duelo sentimental, aún me quedaba otro caballo de batalla que vencer, uno más persistente y cruel que el primero, la extrema pobreza, me había convertido en un parado de larga duración, con recursos muy limitados.
Existe, para el que no lo conozca, un salario social, que consiste en una pensión mínima de 400 euros al mes, durante seis meses,  y puedes volver a solicitarla seis meses después, teniendo que esperar hasta unl año y medio. De este modo difícilmente puedes solventar los gastos que conlleva una casa, luz, agua, alimentos....

Aún así, intenté negociar con el banco alguna solución temporal, un alquiler social hasta que pudiera recuperarme un poco, no tener que estar asustado temiendo que en cualquier momento me sacaran a rastras de la vivienda.
Finalmente , después de mover cielo y tierra,  de intentar llegar a algún acuerdo, el banco cedió la propiedad a estos famosos fondos buitres, nombre muy apropiado para denominarlos. Con engaños y fingiendo estar interesados en dialogar  sacaron de mi toda la información que necesitaban para echarme sin escándalos ni posibles demandas judiciales. Solo, en paro, sin recursos ni familiares, sin instituciones ni asociaciones que me respaldasen tenían el camino despejado para desalojarme con total impunidad.

Mañana, día seis de noviembre tapiaran la casa, policías, cerrajero y empleado del fondo buitre la cerrarán a cal y canto.
Después de quince años la sellan con todo lo que haya dentro, recuerdos, fotos, muebles... y para más inri, sabiendo, como saben, que no la podrán vender. Como un entierro de algo inerte cargado de recuerdos y sueños incumplidos.

Y respecto a mí, tratado como un trozo de carne, que no es que me sorprenda, después de casi diez años viviendo en la pobreza poco me puede sorprender ya. En estos diez años he aprendido que el ser humano puede ser tratado como un semidiós o como una basura con piernas, no tenemos término medio.
Todos se lavan las manos, todos delegan su responsabilidad, aunque la tengan por el  puesto que ocupan.. Los servicios sociales son meros testigos inmóviles que siguen cobrando un sueldo por no hacer nada, no denunciar y ni siquiera apoyar a los que no tenemos defensa, la política es un empleo público  más , que no hace absolutamente nada por los jefes ( nosotros, que pagamos impuestos), más que ofrecer distracciones que  crean más  problemas, para justificar su presencia, son actores de medio pelo, sin credibilidad alguna. La Constitución  se ha convertido en herramienta de palo y zanahoria; bancos usureros, implacables con los más débiles e impunes ante la ley, ¡ já! Ley que solo se aplica a los ciudadanos de a pie. Rescatados con nuestros impuestos, cada vez más avariciosos, sin que tengamos la más mínima arma constitucional, legal, para combatirlos.

Lo reconozco, he perdido la batalla, otra más, sin más consuelo que alguna palmadita en la espalda y resignación. ¿Saben a cuantos entierros de personas sin hogar he tenido que ir, a cuantos amigos y conocidos he tenido que despedir?
Ni siquiera un entierro digno, donde no haya algún miserable tratando de hacerse protagonista de una falsa despedida, fotos incluidas para la redes sociales, aprovechando la desorientación de familiares y amigos.

Pero sin que ninguno de los que se ponen en primera fila han luchado para que, al menos, se pueda enterrar cristianamente.
Allá, en la otra vida, en la que nadie piensa, porque creen que aun les falta mucho para que llegue, estaremos todos, llegaremos todos. Allá no valdrán justificaciones, no podrán ocultar el corazón vacio, ni su falta de empatía e inacción. Aquí no existe justicia, es una utopía, una farsa. Vuelvo a perder como otros tantos la batalla, pero sigo luchando, aunque sea  por inercia,  luchando sin saber siquiera por qué ideal, por qué  futuro; ya, ni sé contra quién, o siquiera que estoy luchando.

sábado, 3 de noviembre de 2018

¿Qué sabes de tu final?




Casi todos estamos seguros de que nuestra vida terminará en un momento futuro. ¿Pero cómo será ese final? ¿Qué lo causará? ¿Qué implica?

En verdad, todos los días morimos un poco. Cada momento la vida nos empuja hacia adelante. Ya no somos lo que fuimos y aún no somos lo que seremos. Si a caso lo llegamos a ser. Nuestra existencia está inscrita en un tiempo rápido y fugaz. Todo pasa y no deja nunca de pasar. Esa es la mayor evidencia.

¿Es que tenemos conciencia de la muerte del pasado? ¿Somos capaces de darnos cuenta de las horas que pasamos sin arriesgarnos a ser quien somos o debemos ser? Ser señor de sí es ser señor del tiempo. Son muchos los que tienen una especie de vida a la que podíamos dar el nombre de pasatiempo.

Nuestra existencia es resultado de lo que elegimos de forma libreen la vida que un día nos fue entregada y en una noche nos será quitada.

¿Tiene importancia el final? ¿Qué relevancia tendrá el último capítulo si él fuese solamente eso: solo un episodio más de una larga serie? ¿Es que buscamos una vida teatral, donde todo esté permitido y donde  el final redime todo el mal?

No puedes esperar tener una vida plena si el final no estuviera presente en cada uno de tus días.

Qué bueno sería si fuésemos capaces de vivir como si el final de esta nuestra vida estuviese tan lejos como cerca. Tomando decisiones tan acertadas para lo inmediato como a largo plazo.

¿Y después del final de esta vida? ¿A qué vida voy? ¿Quién me espera? ¿Qué puedo esperar? ¿Cuáles son las razones de mi esperanza?

¿Puede la muerte anular la vida? No. Si escogemos nacer todos los días, ella podrá tal vez imponer una interrupción, un pasaje, pero no más que eso.

La muerte es solo una coma. No un punto y final. Un salto por encima de un vacío de  vida.

¿No sientes dentro de ti la vida más fuerte que la muerte? ¿Qué sientes en el fondo de ti? ¿Una oscuridad inmensa e inmortal o una luz sublime y eterna?

Así como a luz ilumina la oscuridad,  las tinieblas en cambio no oscurecen la luz. Tampoco la vida es presencia frente a la muerte,  y la muerte  en cambio  ausencia frente a la vida.

 Así como la luz no es la ausencia de oscuridad, la oscuridad en cambio es ausencia de luz. Tampoco la vida es la ausencia de la muerte, y la muerte sin embargo es solo la ausencia de vida.