lunes, 29 de agosto de 2016

Yo creo en los milagros


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

No comprendo por qué razón los milagros suceden, ni qué sentido puedan tener, ni por qué parece que suceden solo a unos y no a otros... ¿O será que les  ocurren a todos?

Admiro la simplicidad de los milagros. Pasan siempre desapercibidos a la mayor parte de las personas. Incluso también a quien los recibe. A veces, se dan solo con una mirada. Con una palabra. Con un gesto. Otras veces, con una tempestad que llega o en una ventisca que desaparece... ¡poco importa!

Es sorprendente la fe de los que los niegan... creen que todo es mera obra de la casualidad. ¡Si se dieran cuenta de que eso sería incluso un milagro mayor!
Los milagros suceden... y son tantos como los misterios de la vida.

Hay un suelo suave, pero seguro que impide que la caída en el abismo no tenga fin... una luz que ilumina el camino de vuelta... y unas alas que nos hacen volar hasta casa... y hay una sonrisa en los ojos de quien llora. Y hay siempre mucha gente que no se da cuenta de nada de esto...

Un breve instante es suficiente para que nos llegue lo que durante mucho tiempo nos fue negado.

Los milagros tienen siempre una historia. Son un encuentro difícil y demorado entre dos voluntades libres, que, de repente, se da.

No importa si lo consideramos imposible o que incluso lo podamos tener olvidado... si fuera el momento, sucederá. Siempre de forma sutil. Discreta. Escondida, paciente y perfecta.

Hay noches y días, dolores y alegrías... Hay puertas que no necesitan cerradura y ventanas que  nunca cierran.

Sé que es lo mismo cuando me callo, tú oyes... y, hasta puede ser que antes que yo, tú ya lo sepas.

Y es que en un silencio sin fin alguien me dice: Llora, pero no te destruyas. Yo te amo.


                                             (ilustração de Carlos Ribeiro)


http://rr.sapo.pt/artigo/62242/eu_acredito_em_milagres

miércoles, 24 de agosto de 2016

La huida

  
Daniel Medina Sierra


La huida en ocasiones es la mejor opción, sobre todo cuando la situación te supera. Existe una doble cara, la primera es la antes mencionada, una retirada a tiempo es una victoria, la segunda es convertir la huida en un hábito.
Es comprensible, y a todos nos ha pasado en alguna ocasión, que no pudiendo encontrar una solución a un problema determinado, hemos aparcado momentáneamente ese problema hasta encontrar una solución adecuada, de no ser así, podría desarrollar problemas mayores, depresión, ansiedad, angustia... Aparcamos temporalmente nuestro problema.


En segundo lugar tenemos a los individuos que hacen de la huida un hábito de vida, nada saludable. Van agregando problema tras problema al mundo subconsciente esperando, no la solución, sino que se desechen por si solos. Lo de que una huida preventiva, ante una circunstancia que nos supera, seria sana y correcta, antes de dar un paso en falso y errar y empeorar más las cosas, se convierte en temor a la realidad, temor a la acción y elección de nuestro destino.


Cuando cruzas la acera, retrocedes, miras hacia ambos lados y luego cruzas al otro lado. El huidizo para, mira a todos lados como si le cayera un coche del cielo, y se queda parado, no cruza, por lo tanto no avanza.  Son dos caras de una misma moneda.
El destino te guarda grandes penalidades, grandes pruebas, grandes retos, grandes metas. La felicidad no se alcanza agazapado, esperando a que la tormenta pase. Es normal, lógico, que necesites tiempo para empezar a andar después de una gran caída, pero no conviertas una tragedia en una condena de por vida.


Conozco a muchas personas que se escudan y defienden ilustrando su tragedia con argumentos convincentes y demoledores, maltrato, depresión, alcohol, drogas, cárcel, desahucios, abandono... ¿ y después qué? llevan tantos años autocompadeciendose que ya nadie los toman en serio.¿ qué esperan de los demás, acaso la huida de su presente es motivo de la acción moral de otros?


No hay solución definitiva ni igualitaria para otro ser humano, él debe ser quien busque la salida, quien después de mirar a ambos lados cruce la otra acera. Solo cuando decides avanzar, cuando ya has quemado todos los cartuchos de la autocompasión, cuando no demandas oídos que escuchen la melodía constante de tu desgracia, tu mano alcanzará la otra dispuesta a luchar contigo; contigo, no por ti.


martes, 23 de agosto de 2016

Cumple lo que prometes


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS


Las palabras no son viento que sale de nosotros. Con ellas se dice la verdad, a través de ellas se construyen realidades, pero también con su poder se crean mentiras –  trampa donde se quiere que los otros caigan.

Una promesa que cumplo es una garantía que doy a los otros –y a mí mismo- de que la confianza en mí depositada no se puede perder, fructifica. Una mentira –o una simple promesa hecha – hace lo contrario, corroe los pilares de lo que soy, me destruye... cuando miento, soy yo mismo quien asume que no merece la verdad, que no soy digno de mi misma confianza. Es así porque es casi irrelevante que una determinada mentira sea descubierta por los otros: cuando alguien miente, sabe que miente. Quiere mentir. No quiere la verdad. No quiere ser auténtico.

Creer que las propias palabras son pasajeras es despreciarse. Reconocer un error es bueno, intentar disculparse, alegando que todos cometemos errores, ya es una excusa para la irresponsabilidad... porque es posible que la mayor parte de los otros no cometan los mismos errores que nosotros.

Es esencial tener presente que el eco de la palabra dada con honra quedará para siempre en el corazón de aquel a quien se destina, pero marcará aún más el suelo del alma de quien decidió pronunciarla.

Quien quiere ser mejor, se levanta temprano. No quiere soñar con mundos fáciles y posibles. Quiere vivir lo mejor de todos los posibles, por más difícil que sea.

Importa cuidar mucho del silencio en que envolvemos nuestras palabras. Él dice siempre más que las propias palabras. Puede ser señal de presencia o de ausencia. La verdad o también una mentira. El bien o un mal. El silencio puede ser una armadura que protege o una espada que mata...

Prometer a alguien nuestro silencio bueno será uno de los más bellos gestos que podemos realizar, no la promesa en sí, sino lo que hiciéramos para cumplirlo.
Uno de los designios más altos de la existencia será el de hacer de la propia vida una certeza de bien.


                                                       (ilustração de Carlos Ribeiro)