domingo, 16 de noviembre de 2014

Pobreza



El sol fundirá en oro la nieve fría;
En un baño de oro, la Tierra yace, postrada;
Un ciego gime en el suelo de la estrada
Y yo elogio el don de la luz de cada día.

Ahora, en el cielo rojo, el Sol, que arde, se enfría:
Cae, en el silencio, la tarde reposada.
sombrío, un viejo tiende la mano helada,
Y yo elogio el don del pan de cada día.

En el aire húmedo y absorto, asciende la luna;
Me rozan algunos que duermen en la calle,
Y yo alabo el don de un techo y una candela.

…hasta que habla alguien a quien  no miento,
Y mi alabanza de todos mis dones.- la siento
más miserable que la miseria ajena!

José Régio, Posesía 2001


sábado, 15 de noviembre de 2014

Una lección de humanidad


Cada día viene a tomar su vaso de sopa instantánea, aprovechando el microondas que tenemos; mientras los demás toman café, él toma sopa, para compensar un poco el efecto del vino, y así lo veamos que se cuida, que él cuando quiera deja de beber y ya está, hecho un señor, le dejará de temblar el pulso, y le cantará las cuarenta al lucero del alba. “¿Ves como a todo el mundo le gusta un vaso de vino. A mí no me hace efecto, yo me controlo, no necesito ir a ningún centro”, así responde cada vez que alguien le insinúa la conveniencia de solicitar un centro para rehabilitarse.

¿Y ahora qué? Se te ha ido la persona que más querías, la única que seguramente te escucharía y acogería. Luchaste por verla antes de morir, parece que presentías la cercanía de su partida definitiva, y sin embargo no lograste el permiso que te hacía falta para poder verla…

En esta situación, hoy estaba yo extasiado escuchando a mi amigo C. (cuando está tranquilo y feliz me da un beso y me dice que soy como su padre, que me quiere un montón) ¡Cómo le hablaba a M., con qué cariño, con qué sensatez. Él que ha pasado, cometido y asimilado ya auténticos desatinos. Acababa de decirme hacía un momento, y yo lo apoyaba, que haría lo posible por alejar a A. de M., y sin embargo ahora, olvidadas todas las amenazas, aconsejaba a M. que no guardara rencor a nada ni a nadie, que se dedicara a vivir el presente y a mirar hacia delante.

El tono y las palabras de C. nos seducían a cuantos lo escuchábamos, tuve que decirle  que hablaba con voz de locutor, que además hablaba como un sabio, y que le agradecía el apoyo que nos prestaba a los voluntarios hablándole así a M., porque él hablaba desde la experiencia. A pesar de lo mucho que ha pasado, no guarda rencor a nadie. Él tampoco pudo despedirse de la persona que más lo quiso, porque la indispusieron contra él, y sin embargo sabía que él era un poco el favorito.


Esas cosas le decía C. a M., y recibimos una lección de humanidad impresionante. Puede que no llegue a conseguir su objetivo, que M. le haga caso; pero a C. sí le hacen mella las palabras y los gestos , y lo prueba su agradecimiento, y lo refuerza siendo un consejero oportuno, totalmente desinteresado, por encima de diferencias y agravios. 

martes, 11 de noviembre de 2014

No pudo evitar desaparecer súbitamente, a solas.



Hemos ido hoy al cementerio, a acompañar a José en su última etapa en esta vida. No pudo más, sólo tenía ventitantos años, pero desde niño ha tenido que ir haciendo frente a una dificultad tras otra, y quiso, o no pudo evitar, desaparecer súbitamente, acabar de una vez, romper el círculo opresor que le impedía vivir hacia delante. Lejos de las miradas, a solas, sin testigos, para que nada ni nadie le pudiera hacer desistir o impedir su última decisión, con lo que le ha costado decidirse, sin pretender, seguramente, hacer daño a nadie más que a sí mismo…

Muy difícil resultaba contener las lágrimas, mientras los familiares que le acompañaban lloraban desconsolados, afligidos por un sentimiento de culpa e impotencia, gritándole su cariño hasta que sellaron la lápida. Entre ellos no estaba la madre, me dijeron, no la conocía siquiera.

Llevaba pocos días en el albergue. Yo no tuve oportunidad de hablar con él, sólo algunos saludos. Sí me había fijado en que venía acompañado de una chica, y supe después que era su hermana, que venía a apoyarlo. Me llamó la atención que hablaban entre ellos solos, en medio del alboroto general, que gesticulaban a veces y ella mostraba cierto abatimiento, como si no lograra convencerlo de algo. Tampoco ha acudido a su despedida nadie del albergue… quizá por la hora (la de la comida)…, el cumplimiento de los horarios… O quizá el temor en algunos a ver las consecuencias de ese mal pensamiento fugaz,  que a veces nos asalta en los momentos más difíciles, cuando las fuerzas se agotan.

¡Por qué cuesta tan caro morirse a veces! Al que se muere sin consuelo ni esperanza, y a la familia que se queda sin consuelo...

Con morirse ya es más que suficiente, pero queda la ingrata tarea para la familia de gestionar el entierro. Caro, muy caro (unos 4.000€, me han dicho que les habrá costado este). Deberíamos hacer algo para conseguir que los entierros fuera totalmente gratuitos para todos, con los impuestos que pagamos debería haber para ello. Así descargaríamos a la familia de una tarea incómoda. Sería un gran gesto de humanidad, de solidaridad colectiva, de humildad.


Que descanse en paz José en brazos de la Misericordia infinita, por la eternidad.