domingo, 29 de junio de 2014

Después de llorar



                                                        Ilustração de Carlos Ribeiro

No es la tristeza lo que nos hace llorar, sino el amor que se enfrenta a los vacíos. Las angustias y la desesperación son expresiones de carencia.

Las lágrimas que brotan de nosotros y caen lejos de la mirada de los otros son las que más fuerza llevan en sí, las que hacen concreto y objetivo el sentir más íntimo.

A veces, el corazón cae en las trampas de las tristezas antiguas…. Otras, sentimos los espinos de las nuevas adversidades clavarse en la carne. Siempre hay tristezas, siempre hay sufrimiento, siempre habrá dolor mientras hubiere amor.

Las lágrimas no lloradas no dejan de ser amargas, mas esas, al contrario de las que brotan, corroen el interior de quien con ellas no llega a regar la tierra que le sostiene los pies.

La vida se hace también con nuestras lágrimas y se vence, muchas veces, con los ojos cargados de mar. El esfuerzo que se nos exige llega casi a ser imposible sin lágrimas. Llorar no es señal de derrota, más  bien lo es de un amor que busca la paz merecida.

El sentido de la vida cabe dentro de una gota de agua salada… la verdadera pasión es el dolor máximo del amor más profundo. Aquel que hace geminar en nosotros lo mejor… frente a lo peor.

Después de las lágrimas es tiempo de actuar.

Las lágrimas, tal como todo en esta vida, tienen un principio y un fin. El amor no. Vive entero, en cada momento, del cual es el principio y el fin.


miércoles, 25 de junio de 2014

Entre la vergüenza y el orgullo




                                                      Ilustração de Carlos Ribeiro


Desde la saludable modestia hasta la condenación absoluta de sí – por una especie de fantasma de culpa criado y alimentado por la propia víctima-  la vergüenza es una de las cosas más íntimas, duras y afiladas de miedo.

Es natural y deseable que la conciencia nos oriente a través de juicios de valor respecto de todo cuanto hicimos, hacemos y de lo que pudiéramos tener intención de hacer.

Un hombre (bien formado) es capaz de reconocer la diferencia que separa las buenas de las malas intenciones. El bien del mal. La virtud de conocer sus deberes, omisiones y errores.

La vergüenza puede ser, en algunos casos, un tipo de veneno que ataca las funciones del espíritu… colocando a la persona a merced de un hipotético enjuiciamiento de los otros, una especie de sentencia tanto injusta como inevitable.

Este pudor maligno rebaja a la persona hasta el punto de que ella se siente obligada a cavar un agujero, a fin de vivir dentro de él… escondida de aquellos de quien teme lo peor – un mal terrible que su miedo no le permite siquiera imaginar.

Esta vergüenza de quien no hace mal alguno es un problema serio en la medida en que nos impide ser quien somos…. Tal como si fuese un agujero negro que va apagando, una tras otra, las estrellas de nuestro cielo interior.

Sólo hay culpa después de una elección, nunca antes. La vergüenza sólo tiene sentido después de una mala elección, y sólo en la proporción de la falta y de las posibilidad de haber sido evitada. Un acción será tanto más vergonzosa cuanto mayor fuera el mal que provoque y más fácil hubiese sido evitarla.

La vergüenza coloca a quien la siente entre el vacío de una soledad remota y la confusión de un caos sin sentido. Un aislamiento delante de una multitud imaginaria de gente que apunta y grita acusaciones tremendas como si fuesen verdades.

Pero hay quien mantiene una postura opuesta en relación a la culpa… sintiéndose orgulloso de todo lo que hace. Igualmente del mal que hace. Pero, también aquí se comete un error grande en la medida en que, al contrario de lo que muchos creen, no basta asumir una culpa para vernos libre de ella… como si la exhibición eximiese de de cualquier castigo. ¡Puede parecer coraje, pero es sólo una cobardía refinada!

Enorgullecerse del mal que se protagoniza sólo puede ser una forma de intentar, de modo muy infantil, hacer frente a una vergüenza auténtica y que hasta podría ser benéfica en cuanto reconocimiento humilde y redentor.

La perfección se encuentra entre los males de la vergüenza y del orgullo. Importa por tanto que, en el secreto de las actuaciones de nuestro corazón, no permitamos ni que la vergüenza funcione como un elemento corrosivo que nos destruya la dignidad; ni, tampoco, que la euforia de la exhibición bruta nos impida comprender que también el pudor, a veces, forma parte del camino del perdón.

La cultura pasa de los mayores a los más jóvenes, haciéndolos capaces de ir creando, en sí mismos, mecanismos que les permitan sancionarse en nombre del común. Es aquí donde aparecen los caminos de la vergüenza como castigo y del orgullo como premio. Mientras tanto, hay gente mal formada que mira el control y la agresión de las conciencias ajenas a través de la violación sutil y eficaz de la intimidad, manipulando a quien así pasa a sentirse inferior de cara a estos diablos (que, tal como todos los otros, tiene siempre apariencia de ángel).

Los que son verdaderos culpables sólo rarísimas veces sienten su profunda deshonra… así como los que se sienten despreciables sin redención, casi siempre son, en realidad, sólo víctimas inocentes de una maldad, ajena o propia…


Es esencial que sepamos defender y promover nuestra intimidad. No todo es para todos. Son muchos los tesoros que pierden buena parte de su valor… porque quien los debía guardar los revela a quien no debe.

lunes, 16 de junio de 2014

Un resumen del " Avance de resultados de la Encuesta sobre Integración y Necesidades Sociales, 2013". Fundación FOESSA. Junio 2014


(VIII Informe sobre exclusión y desarrollo social en España 2014.
Informe sobre exclusión y desarrollo social en Andalucía)


El empeoramiento de la situación social en España se manifiesta en un claro descenso de la proporción de hogares y personas que se encuentran plenamente integrados.

  • Todos los espacios, desde la integración precaria o la exclusión moderada hasta la exclusión severa han aumentado significativamente:

En total,  la exclusión social en España ha pasado del 15,8% de los hogares en 2007,  al 21,9% en 2013,

En Andalucía se encuentran globalmente en una situación de mayor vulnerabilidad y exclusión (el 66,1% frente al 63,1%).
en la integración precaria el 44% de estos hogares, frente al 41,2% del conjunto de hogares en España.
En exclusión severa  un 10,6% (casi 2 puntos más que el total Estatal).

  • En términos de población y no de hogares, este empeoramiento se manifiesta todavía con más claridad:

El total, en España,  ha pasado del 16,3% en 2007 al 25,1% en 2013, siendo en los últimos cuatro años cuando se ha producido el mayor deterioro (un aumento de 6,5 puntos del espacio social de la exclusión).

En Andalucía, el 69,1% de la población no se encuentra plenamente integrada frente al 65,7% a escala estatal.
las personas afectadas por la exclusión severa (el 13,1%) superan a la población de España en más de 2 puntos porcentuales.
Sobresale el peso de las personas residentes en Andalucía en la integración precaria (43,9%) en comparación con el total estatal (3,3 puntos más).

El resultado:

un total de 11,7 millones de personas (3,8 millones de hogares) están afectadas en España por distintos procesos de exclusión social, ( 4,4 millones más que en 2007, un 60,6% más y 1,2 millones hogares más, un crecimiento del 48%).

La exclusión severa:
Más preocupante, tanto por la intensidad y acumulación de problemas que implica como por el aumento cuantitativo que ha experimentado:

Afecta a 5 millones de personas, un 82,6% más que en 2007.

Representa el 43,4% del total de la exclusión en España.

En  Andalucía más de 2,1 millones de personas, es decir el 25,2% del total de la población en la región (cerca de 700.000 hogares).
Es de destacar las 1,1 millones de personas (el 52% del total de la exclusión) que se encuentran en la exclusión severa (cerca de 335.000 hogares).

  • La cumulación de problemas en distintas dimensiones de entre las analizadas aquí (empleo, consumo, participación política, educación, salud, vivienda, conflicto social y aislamiento social) ha crecido significativamente, en 2013,
Además, éstas cada vez se acumulan más en los hogares afectados.

En Andalucía, la acumulación es aún más evidente:

Los hogares que no están afectados por ninguna dimensión es 3,4 puntos porcentuales inferior al total estatal;
los que acumulan problemas en 3 o más dimensiones supera en casi 5 puntos (el 22,6%) el total estatal.

  • No cabe duda de que son los ámbitos del empleo, de la vivienda y de la salud los que más han aportado al aumento de la fractura social a escala estatal:

la incidencia de los problemas de exclusión de empleo se multiplican por 2,5 y los de salud se duplican. Los problemas de vivienda que partían de un nivel relativamente elevado, se incrementan un 36%.

En Andalucía, se da una incidencia de manera más pronunciada:

casi la mitad de la población residente en Andalucía (el 47%) se ve afectada por problemas de exclusión del empleo (5,5 puntos más que el total estatal).
Esta situación se intensifica en la población que se sitúa en la exclusión (el 85,8%) y en la exclusión más severa (93,1%).
Se hace incluso más patente si se compara con el conjunto de la población de España en las mismas situaciones de exclusión, superándolas en 8,7 y 8,4 puntos respectivamente.

Un 33,2% de la población de Andalucía se encuentra afectada por los problemas relacionados con la vivienda, 4 puntos por encima del total estatal.
Esta diferencia es aún más visible entre la población en exclusión severa: nueve de cada diez de estas personas que viven en Andalucía (91,7%) se ven afectadas por estos problemas, 6,9 puntos más que para el conjunto de España.

Otra dimensión en la que la población de Andalucía se ve más afectada es la de la salud con un 24,8%, es decir 5 puntos más que la población general.

Es de destacar también la sobrerrepresentación tanto del conjunto de la población de Andalucía como de los sectores excluidos en los problemas de educación, los relacionados con el consumo y aunque en relativa menor medida de aislamiento social en comparación con los mismos datos obtenidos a escala estatal.

Por el contrario, la exclusión política y el conflicto social presentan menores déficits entre la población de Andalucía.