martes, 26 de mayo de 2015

La caridad, un “servicio social” del Estado del Bienestar




P. Custodio Ballester 

Desde hace muchos años, bastantes parroquias en Barcelona y en toda España reciben unos alimentos que compra la Unión Europea (UE) destinados “a las personas más desfavorecidas”. Primero se trataba de los excedentes alimentarios …  Cuando, a fuerza de regularizaciones del sector agropecuario, se acabaron los excedentes, la UE adquirió directamente los alimentos a las empresas y se redujeron significativamente … las entidades beneficiarias debían disponer de la capacidad administrativa, operativa y financiera para realizar la distribución gratuita de alimentos entre las personas desfavorecidas.

… eran ellas -parroquias, asociaciones, ONG’s- las que valoraban de entrada la situación de las familias y personas necesitadas

Sin embargo, la situación ha dado un vuelco:

  • sólo podrán recibir los alimentos de la UE aquellas personas y familias que vengan derivadas por los servicios sociales de cada municipio…

De este modo la caridad pasa a convertirse en un “servicio social” más del Estado del Bienestar, a cargo de la concejalía de “Bienestar Social”…

¿Y cuál es ahora el papel de las parroquias y las otras entidades que se dedican voluntaria y gratuitamente a la caridad?

  • … entes de almacenaje y distribución, directamente controlados por los funcionarios de un Ayuntamiento…
  • pagar el correspondiente transporte desde los almacenes, con fondos parroquiales,
  • ofrecer un espacio de almacenaje gratis total 
  • y todo el personal voluntario que sea preciso para hacer el engorroso trabajo que las asistentas sociales del ayuntamiento gestionarán con mano de hierro y a prudencial distancia.
Pues sería muy incómodo para cualquier alcalde o alcaldesa ver cada día en las puertas de su Ayuntamiento a los individuos, familias, hogares o grupos que se encuentren en situación de pobreza económica, así como las personas sin hogar y otras personas en situación de especial vulnerabilidad social.

¿Qué espacio público y visible le queda entonces a la Iglesia?
  • Nos echaron a los sacerdotes de colegios e institutos,
  • Asalariaron a muchísimos laicos caraduras -la mayor parte de los cuales no pisa la iglesia- que gozan de un sueldo de funcionario sin hacer oposiciones, …los que impiden el paso del párroco del lugar, no sea que contamine a los alumnos con la doctrina católica, que ellos están para enseñar historia de las religiones… a su manera.
  • También la atención religiosa en los hospitales se ha limitado hasta extremos escandalosos
  • Y ahora los pobres… la caridad que pasará a ser también competencia y propiedad exclusiva del Estado. 
  • Pero la cosa va aún más allá: algunos ayuntamientos están maniobrando para quedarse con los comedores sociales de las Cáritas parroquiales.
  • los voluntarios de Cáritas, convertidos en voluntarios del Ayuntamiento, se pasarán más tiempo rellenando papeles para servir a los burócratas de la UE en la persona de sus representantes municipales, que sirviendo a los necesitados.

La cuestión está clara:  La caridad definitivamente estatalizada y burocratizada.

http://blogs.hazteoir.org/opinion/2015/05/21/la-caridad-politizada-de-la-union-europea/


Los don nadie


Por Daniel Medina Sierra

Hace poco escuché en la radio una historia real, que dice así:

Un chico estaba buscando a su padre, y descubrió a través de Factbook que hacía seis meses que había muerto y que fue enterrado donde se entierra  a los don nadie.
Tenía cuarenta años y era un alcohólico declarado. Enviudó, con dos hijos, y la empresa en la que trabajaba quebró, y todos sus empleados fueron a la calle. Pronto no pudo hacer frente a las facturas y a sus hijos con sus parientes.

Anduvo de albergue en albergue, y poco apoco se fue alejando de la familia y allegados, se refugió en el alcohol… y se fue apagando.

Es la historia de los don nadie. A los don nadie nos cuesta dejarnos ver, hacernos oír. Dormimos en cajas de cartón, mientras la gente pasa impasible. Sentimos el frío de la noche. La soledad sólo se calma con un brik de vino de 70 miserables céntimos, que  da calor a un corazón triste, valentía para combatir el miedo al mañana, del día, de la luz del sol, que nos devuelve a la cruda realidad.

Morimos en el anonimato, quién va a querer recordar a un indigente. Es una muerte lenta, agonizando tras las gotas de algo que calme el dolor de un alma derrotada, ante una sociedad indiferente. Somos don nadie, alcohólicos, indigentes, drogadictos  y un sin fin de personas  que no
tenemos voz, aunque seamos tantos, no nos veis  ni sabéis nuestra historia.

En otros tiempos fuimos como vosotros, también quisimos, luchamos, nos equivocamos e incluso acertamos… Pero hoy nos llamáis los don nadie.


domingo, 24 de mayo de 2015

“un tipo de voluntario en extinción”



Ayer, mientras esperaba la salida de María Auxiliadora, a la puerta de la Iglesia, charlaba con un acogido de cáritas, casado y padre de cuatro hijos.

Lo conozco desde hace unos cuantos años, y lo conocí en otra parroquia. Entonces el trato era bueno al menos, y así, las penas se sobrellevan mejor, o al menos no se echa leña al fuego, ni le se  le da un palo más al mono… que no es de goma, al contrario, su sensibilidad es exquisita… y así tiene que ser el trato que le de un voluntario de cáritas, exquisito, para ser  justos, y a ser posible, misericordiosos.

No le van bien las cosas ahora mismo, está yendo a  otra ciudad a trabajar; nada fijo, pero bueno, aunque suponga mucho esfuerzo y un mayor gasto para un beneficio escaso y fugaz. La familia es numerosísima para estos tiempos, cuatro hijos y los dos padres, que afortunadamente siguen juntos… aunque a veces asome el fantasma de la separación, tan frecuente desde la crisis. Los hijos crecen rápido, y las necesidades también lo hacen al mismo ritmo, así que no están los ánimos para muchas procesiones, y otras cosas… (no estoy en contra de las procesiones, yo estuve en esta, y estaré en otras).

Digo todo esto porque, en medio de la conversación, una auténtica panoplia de dificultades, propias y ajenas, me dijo dos frases, una me dejó sobrecogido, la otra, profundamente indignado, o dolido, como voluntario de cáritas.
Al decirle yo que alguien había intentado hacerse daño a sí mismo, me miró, con los ojos húmedos conteniendo las lágrimas, porque estábamos rodeados de gente, y me dijo “¿crees que yo no lo he pensado más de una vez?”… Cuando no sabes que hacer, cuando un hijo te pide de comer y no tienes respuesta…

La otra frase que me indignó, la dijo un voluntario de cáritas, repartidor de bolsas de comida nada más; le dijo hace ya algún tiempo: “si me vuelvo a enterar que haces algún chapuz por las tardes, no te doy más bolsas de comida”…

Es para indignarse, y  algo más… y este hombre se achicó, por eso lo digo yo aquí, como voluntario, obligado a defender a la parte más débil. Pero su silencio no creo yo que le haya enseñado mucho a ese voluntario, al contrario, le ha permitido seguir creyéndose el dueño del servicio, porque aún sigue…

Aunque, afortunadamente, ya es  un “tipo de voluntario en extinción”, la mayoría de ellos  desempeñan su servicio, cada día con mayor preparación y la mejor disposición para llevar a cabo un seguimiento de los acogidos que va más allá de repartir puntualmente los alimentos cada primero de mes; supone fundamentalmente la promoción integral de la persona, ayudándola a salir de la exclusión social.


Terrible palabra, más ofensiva aún cuando presumimos de ciudades inteligentes, edificios inteligentes, casas autosuficientes… Las personas no somos eso, productos inteligentes, fríos, mecánicos; somos humanos,  buenos y malos a la vez, por eso libres, y peligrosos, para nosotros mismos y para los demás, si no sabemos elegir bien; si no somos humildes y reconocemos de Quien necesitamos toda la ayuda, todos, sin excluir absolutamente nadie.