sábado, 25 de noviembre de 2017

XXV Campaña de personas sin hogar 2017


 SOMOS PERSONAS, TENEMOS DERECHOS. NADIE SIN HOGAR

Un año más, no, nada menos que veinticinco años, un cuarto de siglo, dando voz a los que no la tienen, o tenían, casi se puede decir. Sí, porque cada vez más se escucha a las personas sin techo, y se escuchan más sus reivindicaciones. Siendo la más necesaria el reconocimiento de sus derechos, ya que todos somos personas, nacemos iguales y tenemos derecho a vivir, y a vivir lo más dignamente posible, con arreglo al grado de desarrollo alcanzado por la sociedad en su conjunto.


Tiene una característica importante esta campaña y la celebración de los actos correspondientes, que se celebran simultáneamente en todas las ciudades de España, por cuatro importantes organizaciones que tienen como finalidad atender a las personas sin techo, hasta que consigan, siempre que sea posible,  recuperar su autonomía,  la plena integración en la sociedad.

Cáritas Diocesana de Cádiz eligió este año a San Fernando para presentar la campaña a la sociedad y la celebración de los actos correspondientes. La presentación tuvo lugar en los estupendos locales de la parroquia de  de San José Obrero. Primero nos dirigió unas palabras de bienvenida el Director Diocesano, agradeciendo su asistencia a las personas sin hogar que habían venido de Cádiz, de Chiclana, de Algeciras y del mismo San Fernando, y a los trabajadores sociales y voluntarios la preparación de dicho acto. Destacó de modo especial que era  la campaña número veinticinco, un número considerable, así como el de los logros alcanzados en estos años a favor de las personas sin hogar, que van haciendo menos radical o acortando la marginación de las mismas.


A continuación hicimos una breve oración inicial para pedir fundamentalmente  que los responsables políticos y toda la sociedad, aporten los medios necesarios para combatir la pobreza y la marginación.

Después asistimos a la presentación de la campaña como tal. El primero de los intervinientes destacó la necesidad de estas campañas, y su utilidad, para seguir concienciando a la sociedad, ya que aún queda mucho por hacer. También destacó la colaboración de las distintas organizaciones que se dedican a las personas sin hogar, repartidas por distintas comunidades de España. Continuaron los siguientes intervinientes exponiendo con detalle los objetivos, los logros alcanzados y también las carencias.

Y antes de salir para el flashmob nos habían preparado un chocolate estupendo, con bizcocho y otros dulces, que tomamos encantados.


Terminamos con el flashmob, en la Plaza de la Iglesia, hasta donde fuimos con las caretas puestas, y donde construimos un muro hecho con ladrillos (de cartón), en el cada ladrillo representaba un derecho, que todo ciudadano debe disfrutar, y formando con ellos una casa, que protege la dignidad de cada ciudadano. Y concluyó con la lectura del manifiesto.


Nos fuimos con ánimos renovados, satisfechos de haber contribuido a la campaña y dispuestos a seguir trabajando en favor de los más necesitados, que bien merece la pena.


sábado, 18 de noviembre de 2017

El silencio nuestro de cada día


Opinión de José Luís Nunes Martins


Nuestro espíritu debe descansar también. Es fundamental darnos paz a nosotros mismos. Sólo nosotros podemos conceder este don a nuestro corazón. Nunca nos va a llegar desde fuera.

Es esencial que sepamos encontrar y valorar los tiempos para parar, pensar y sosegarnos.

En cada hora un minuto, lleno de paz, sosiego y tranquilidad, será suficiente para que nuestra disposición y humor mejoren y, así, nos podamos disponer a los trabajos que forman parte de nuestro deber.

Que cada día haya un tiempo para cerrar los ojos, sintiendo la vida, agradeciendo las fuerzas y los talentos y saboreando las cosas buenas de la existencia, por más pequeñas que sean o nos puedan parecer.

Cada semana un día, dedicado a pasarlo con aquellos que están o debieran estar más próximos. Escuchando, admirando y cuidando. Compartiendo la alegría y las tristezas del día a día.

Cada año algunos días, hay que hacer un intervalo entre los desasosiegos, volar con el fin de ver bien la línea del camino construido y recorrido, así como para saber cuales serán las opciones en adelante. En verdad, por más que hayamos llegado al punto donde queríamos, eso, no significa que estemos caminando en el sentido correcto.

El silencio no tiene que ser un tiempo de aburrimiento o infelicidad. Muy al contrario, puede ser un punto álgido donde, apartados del tumulto cotidiano, nos podamos encontrar con nosotros mismos y dialogar. Descansar es también estar donde nadie nos vea. ¡A veces, podemos huir ante los ojos de otros, sin que ellos se den cuenta! ¡Ellos están ahí y nosotros... encima de una montaña desde donde se ve el mar!

Hay quien tiene mucho miedo de sí mismo y huye, por todos los medios, de los momentos en que teme oírse, de las ocasiones en que no puede mentir de ninguna forma, de los instantes donde la verdad es evidente.

Nuestro espíritu debe también descansar. Darnos paz a nosotros mismos es fundamental. Sólo nosotros podemos concedernos este don al corazón. Nunca nos va a llegar desde fuera.

La coherencia de vida y la armonía de la existencia se fundamentan en el bien que hacemos. En la forma como nos entregamos. E, si nos podemos entregar mejor, entonces es eso mismo lo que debemos hacer. Sin egoísmo, fingimiento, superficialidad, hipocresía, presunción, arrogancia u orgullo. El silencio y el descanso son esenciales para perfeccionarnos. El esfuerzo constante agota.

La grandeza de mi silencio está en la confianza de que, aquietando mis preguntas, podré cuchar respuestas que no son mías... y la verdad que susurran.

                                                            Ilustración Carlos Ribeiro


viernes, 17 de noviembre de 2017

"Catástrofes familiares", todos los días



Vuelvo a insistir en la necesidad de que, de la manera que sea y por quienes sea, se creen centros de acogida inmediata para las personas que se separan, para que en el momento mismo en que se ven fuera de la protección de su propio techo, después de haber perdido el calor de hogar, no tengan que pasar la primera noche en la calle o en cualquier albergue, donde no van a encontrar con seguridad una acogida cálida y comprensiva.

Hace ya tiempo, cuando comprobaba que la mayor parte de las personas que vienen a esta oficina de personas sin hogar para pedir plaza en el albergue, son separados, y que a muchos les cuesta reorientar sus vidas, porque añoran todo lo que perdieron: la esposa, los hijos, los amigos, el trabajo, la comodidad del hogar..., pues se me ocurrió que tenía que haber albergues especiales, para separados, para que pudieran pasar los primeros momentos del abandono total en un ambiente adecuado, que les permitiera recuperarse anímicamente.

Está bien que el Estado apruebe leyes que permitan la separación, el divorcio, pero estaría completo este 'servicio' al ciudadano si previera también las consecuencias afectivas, laborales, sociales. Nunca tendría que permitir que se creara un nuevo tipo de marginado social. Es cierto que los motivos que provocan la separación son innumerables, pero para eso hay sociólogos, sicólogos, médicos, que podrían advertir a los gobernantes, y estos tomar en consideración sus diagnósticos y terapias, para facilitar los medios y recursos necesarios con el fin de evitar males mayores.

Esta larga introducción está motivada porque hoy, desde hace mucho tiempo, no me encontraba con alguien tan necesitado de desahogo, de hablar de lo que le pasa. Esta persona ya días que viene por la oficina, pero a penas habla, da como un poco de apuro hablar con él, de sacarlo que su aislamiento, de su ensimismamiento, o forzar su timidez. Sólo habla de golpe, y por pura necesidad, las palabras justas para hacerse entender, y huye. Esa es la impresión que yo tengo. Me escudo en que quizá ha hablado con los otros compañeros, o mejor que lo hagan ellos, yo estoy algo cansado de hablar de problemas y no voy a saber responder en caso de que esté pasando por un mal momento.

Hoy, llegó el momento propicio, comenzamos a hablar, incluso me atrevo a hacerle alguna pregunta personal; con su respuesta, y ante todo con su expresión, me invita a seguir haciéndole otra pregunta, y una más para aclarar aquello que él trata de contarme de su vida personal, que lo ahoga, que no acierta a decir porque le puede el sentimiento. Hace a penas un mes que anda por ahí, después de ser echado de casa por la fuerza de los acontecimientos, con escándalo incluido. Ahora tiene que someterse a la justicia, aunque él no se considera culpable. Con una sonrisa me dio la mano y las gracias por la charla.

Pues a ver si algún día, igual que ante las catástrofes naturales y accidentes el Estado facilita un servicio de emergencia de sicólogos, médicos, etc, el mismo Estado proporciona una ayuda semejante ante las numerosas 'catástrofes familiares', que son las separaciones, a menudo con violencia y a veces con muerte. También una ayuda especial para los hombres, que sufren 'discriminación negativa' a priori (para las mujeres hay oficinas en los ayuntamientos)... “¿¡los hombres son unos brutos!?”..., vienen a decir, a groso modo, las leyes de género Yo conozco a muchos que no lo son, X., tampoco me lo parece, por su forma de hablar y comportarse.

Mejor sería, insisto, una actuación discreta y efectiva, por personal autorizado y adecuado, que atendiera a las víctimas, y no permitir y fomentar tras cada crimen o acto de 'violencia de género' unas manifestaciones, más o menos espontáneas, en las que se pretende apoyar a las víctimas con pancartas y en silencio, o gritando al aire consignas contra la violencia de género, insultos y desahogos contra el criminal, que lo más que hacen es eso, gritar, creyendo que con eso se es menos 'machista', o 'más feminista'... Pero eso no hace sino fomentar la división y el enfrentamiento artificial entre hombres y mujeres, el peor, pues los géneros están 'diseñados' para entenderse, no para atacarse o imponerse uno sobre el otro, y si no se corrige pronto este trágico enfrentamiento se pone en peligro la paz familiar, la paz social,  la paz mundial, y el futuro de la humanidad.