domingo, 23 de octubre de 2016

Otra vez al SAE


Iba tan confiado a la oficina del SAE, pues sería de los primeros en formalizar la solicitud para convertirse en uno de los beneficiarios del nuevo programa de empleo para parados de larga duración de entre treinta y cincuenta años... Sin embargo, un fallo en la solicitud de la cita le impidió llevar a cabo su propósito ¡Cómo pudo cometer ese error, él, que tiene tanta práctica en esto de pedir citas, echar currículos, y otros menesteres, propios de parados de larga duración!

Nos contaba lo sucedido y entonces el trabajador social de cáritas le dice que es posible que esa cita se tenga que pedir en “Prestaciones”, no en “demanda de empleo”. Verdaderamente hay que ser un experto parado para saber donde hay que acudir, qué casillas hay que cubrir para que te atiendan con resultados prácticos...

Ni corto ni perezoso, el trabajador social le ayudó a rellenar la cita para “Prestaciones”, y, tan contentos, aún era tiempo de ser de los primeros en echar la solicitud, pues le dieron cita para dos días más tarde.

Acompañé a mi amigo a las oficinas del antiguo INEM. Me senté frente a la pantalla donde informan del turno y no estaba cómodo, se me iba hacia atrás  el respaldo de la silla, y me dice mi amigo que está rota. Todas estaban rotas. Bueno, hay que ahorrar, que para eso estamos en el INEM, o SAE, o como quieran llamarlo en cada momento, siempre para ocultar su inutilidad. No tuvimos que esperar demasiado tiempo.

Nuestra sorpresa fue que la nueva funcionaria tampoco sabía de la existencia de ese “Programa”. Pero íbamos preparados, llevábamos buscada en el móvil la página de internet donde venía la noticia de dicha ayuda. Cuando se lo dijimos, nos respondió, amablemente esta vez, que claro, eso era un “Programa”, que ella llevaba lo de prestaciones, y los “Programas” eran en la oficina de al lado, una mesa más allá.

Nos acercamos a la mesa de información de la oficina del SAE y la nueva funcionaria tampoco tenía noticia de tal “Programa de empleo”... Al menos se interesó y anotó, con interés, la página web que llevábamos preparada en el móvil.

Aunque la respuesta de la funcionaria nos había quitado la sonrisa de la cara: "Para un programa, sea este u otro, no tienes que echar solicitud alguna, como ya estás inscrito en nuestras oficinas, ya te llamarán si reúnes las características que se pidan en cada uno. Nosotros te llamamos. Tú, no tienes que hacer nada".

Esa fue nuestra última aventura con la administración para tratar de encontrar trabajo para mi amigo ¿Pero cómo creen los gobernantes y los que pueden ofrecer empleos que van a sobre vivir las personas sin empleo, sin ingresos, sin autonomía, durante años y más años? Por más que te muevas, si no eres señalado por el dedo de la administración, o de quien tiene en su mano el poder de convocarte para reincorporarte al grupo de los ciudadanos activos,  de los productores y contribuyentes del Estado, o sea al grupo de "ciudadanos con  todos los derechos y deberes"...

Me gustaría mostrarme más optimista, pero los últimos acontecimientos en mi vida particular y entre los que me rodean no son para estar precisamente optimista, sin embargo, sí digo que no debemos rendirnos nunca, no vamos a permitirles a quienes les corresponda alguna responsabilidad, que sigan ignorando a tantas personas, expulsándolas a la "exclusión social".

Dios no lo permita, Él, que tiene un solo contrato, y un salario, igual para todos, del que sólo están excluidos los que lo hacen voluntariamente, los que no Lo quieren, los que reniegan de Él; los que ambicionan más de lo que necesitan, los que no cumplen con su responsabilidad al servicio del bien común, y los que odian y desprecian a los demás...




lunes, 17 de octubre de 2016

Un golpe bajo a la esperanza



Hoy ha recibido un duro golpe la esperanza. No ha sido uno de los mejores días. Sí, algunas ayudas, como prestar el teléfono, para anular unas citas porque eran demasiadas, comprar unas docenas de huevos a A., para que puedan comprarse ellos algunas cosas, echar gasolina al coche. Pero, se nota la fatiga en los rostros de las personas que acuden diariamente a ver si pueden conseguir cualquier tipo de ayuda, una información para entretener el tiempo por lo menos.

Hoy he palpado el cansancio, el desaliento... Es demasiado tiempo, años, esperando para normalizar una vida que lucha, que bracea para no ahogarse en soledad y tristeza, para no dejarse vencer por la desesperanza.

En concreto, quien mejor expresaba hoy ese abatimiento era mi amigo J. mientras me comentaba el resultado de la cita en el Servicio Andaluz de Empleo (SAE). Nada. !No tenían ni idea, los mismos funcionarios! de una medida aprobada y publicada en las redes sociales que promete una ayuda especial para parados mayores de treinta años. !Sabemos más nosotros...!

No me cansaré de denunciar lo mal que ejercen su trabajo muchos trabajadores de los servicios públicos, la carencia de empatía que manifiestan con la persona que acude a ellos para resolver algún asunto, importante y decisivo a veces para sus vidas o las de sus familiares. No saben, no tienen la preparación suficiente, ni voluntad de enmendar sus carencias.

!Cuánta ilusión habían puesto las personas a las que había informado de esta ayuda hace unos pocos días!, habían pedido la cita el mismo día y... en poco tiempo, unos funcionarios de la "Oficina de Empleo" les 'cortan los vuelos', les hacen más  larga la espera, y ponen un obstáculo más en su carrera hacia la normalidad, tan llena de obstáculos, tan larga, años y más años.

Pero no es la culpa de los funcionarios, es de los políticos, legisladores, jueces e instituciones públicas que no cumplen con su promesa de fidelidad a la Constitución y como servidores publicos, en cambio son unos inútiles, unos ignorantes, cuando no unos aprovechados o unos descuidados guardianes de los bienes de todos. Ahí están todos esos juicios que atestiguan que todos hemos consentido, de una manera u otra, en la creencia de  que lo publico es un bien que está ahí para el que sepa aprovecharse de ello, el más pillo, no el más listo.

Y cuando terminamos de desahogarnos, de culpar a los políticos de que matan la esperanza, minan la confianza de la sociedad, entonces se me ocurre decir "y que vamos esperar de una sociedad en la que muchos estamos separados, divididos, enfrentados, enemistados..." Así es muy fácil ahora gobernar, porque no hay fuerza capaz de parar este desgobierno, este caos administrativo. Hemos vendido, como particulares y como sociedad, nuestra alma a la corrupción, en sus múltiples manifestaciones. La excelencia, lo noble y honesto, lo hermoso, han sido despreciados, humillados, desterrados, sustituidos por otros valores inconsistentes,  convencionales,  relativos, que conducen a la autodestruacción y al caos social.

"Ama al prójimo como a ti mismo". Habrá un mandamiento, o una ley, o un consejo, que mejor exprese como se puede construir una sociedad justa, equilibrada, pacífica, y todavía mejor si se le añade  "Amarás a tu Dios y al prójimo... y al prójimo como a ti mismo".  Dios ha escrito su ley en el corazón, en la intimidad de todos y cada uno, nadie podrá escapar a su propia conciencia, no está solo, todos dependemos de todos, y todos de Dios.

Las costumbres a la carrera

Daniel Medina Sierra

Esta mañana, charlando con compañeros voluntarios, amigos, y el padre Luis; comentamos de pasada la sorprendente rapidez de los acontecimientos, las trasformaciones de las costumbres, las diferencias generacionales... Entre todos hicimos un pequeño, pero completo balance de la sociedad actual.

El de mayor edad, el padre Luis, decía que todo va muy rápido, que la inmediatez es una doctrina, que se corre tanto que no te dá tiempo siquiera a reaccionar. Todos estábamos de acuerdo con ese análisis de la sociedad actual. Yo, el más joven de los presentes, no pude por menos no solo de reconocer que es cierto, sino que estas diferencias no solo no ocurren en un periodo largo en el tiempo, ocurren con tan solo una diferencia de una década.

Estos temas los hemos hablado en  numerosas ocasiones y en innumerables situaciones y siempre terminamos con la misma convicción. Es imposible que estemos evolucionando. Me hablaran de riqueza cultural, de tecnología, de medicina, arte...¿ Y que ocurre con nuestra consciencia? eso que nos ayuda a ser quien somos, a darnos cuenta de nuestro ser. Sin ella, no importa las veces que fallemos, las veces que ganemos o perdamos, no importa donde estemos ni con quién estemos, sin ella nada importa. Estamos viendo personas sin sombra, sin identidad propia, sin personalidad, sin sueños reales, y con una cultura autodestructiva.

 Una involución del ser humano, no hacia el animal propiamente dicho, sino en lo peor de éstos. Lucha encarnizada por las posesiones materiales, competitividad desigual, todo derechos, nada de deberes, leyes a la carta, según convenga, cultura del mínimo esfuerzo, de la superficialidad, la esterilidad, la cobardía disfrazada de ego impostado, de seres egoístas, individualidad, escaso sentido del bien y del mal, de la mentira dicha mil veces...

Ese no soy yo, no me identifico con esa aberración y sin embargo convivo con ella todos los días. Las buenas personas no tienes cabida en este entorno, son presa fácil para estos parásitos que aparentan tener la misma forma que tu. Para ellos somos débiles, cobardes o estúpidos, seres de lo más despreciable. Fijaos en cuantas noticias oís, no veis que sean positivas, que informe de alguna buena acción, y de todo, como algo pasajero.

cuántos programas hablan de esta realidad que amenaza con devorarnos a nosotros mismos? Yo no escucho ninguno.Todo lo positivo que hemos aprendido se está olvidando y sustituyendo por patrones de conductas únicos para todos, todos con una misma forma de pensar y de actuar y a quien piense distinto se le desecha o se excluye.

La consciencia te permite pensar por ti mismo, conocerte, aprender, interactuar con todo lo que te rodea, un ser único dentro de un mismo núcleo donde todos cabemos en perfecta consonancia. Lamentablemente volveremos a repetir los errores del pasado si no conseguimos rerecordar quién fuimos y para que estamos aquí.