domingo, 7 de febrero de 2016

La adversidad hace los héroes

José Luis Nunes Martins


Todo lo que es grande comienza siendo pequeño
La grandeza de un espíritu comienza cuando reconoce su pequeñez… la insignificancia de su existencia hace el todo donde vive.

Los caminos hacia las alturas son estrechos, escabrosos y conllevan sufrimiento. Al héroe le corresponde descubrir nuevos caminos, por donde otros tienen que pasar. Es en la osadía de ser diferente como se manifiestan los grandes hombres.

Es duro luchar para que la esperanza, sembrada en tierra seca, crezca… pero quien cree y hace todo lo que depende de él, llega casi siempre a alcanzar el fruto de su fe.

Al celebrar el fruto, no se debe olvidar al árbol que lo ha dado y a la simiente de la que ha germinado.


                                               *Ilustração de Carlos Ribeiro

Una flor sola parece viva, pero está muerta. Una flor viva, oculta en la yema, puede parecer muerta, pero está viva y de ella podrá brotar aún mucha vida. Lo importante no es el movimiento, ni la apariencia… A veces, lo que está oculto y quieto es más fecundo que aquello que se mueve mucho, parece tener mucha vitalidad, pero no es más que una hoja muerta arrastrada por el viento…

Para que pueda ser árbol, el fruto tiene que pudrirse y hacerse tierra. Servir de primer alimento a la simiente que lleva en sí. Tiene que hacerse pequeño para que pueda ser grande a través de aquello que, siendo ínfimo, llegará a ser del tamaño del mundo.

La felicidad egoísta no puede ser felicidad. Sólo quien se entrega al otro vive de forma plena.

El amor es el camino de los héroes.

Si quieres ser feliz, ama. Si el amor no te duele, entonces tal vez aún no estés en tu camino

jueves, 4 de febrero de 2016

Tensión


¿¡Es el estado normal de esta sociedad, una sociedad provocadora y generadora de tensiones!? Porque, el estado natural de muchos es ese, estar en tensión. Esto se pone de manifiesto en todos los escaparates donde la sociedad se expone ante los demás, sea en las tertulias de las televisiones, en los programas basura, o  cada uno consigo  mismo en el manejo de los cacharros electrónicos, que  están presentes, a todas horas del día y de la noche, en las actividades cotidianas, irrumpiendo en la intimidad o interponiéndose en las conversaciones en familia y entre amigos, en el parlamento de los diputados… incluso en las iglesias…

Tanta es la tensión acumulada, que a diario se  producen numerosos estallidos y destrozan, como un látigo infernal, a quien la padece, pero produciendo al mismo tiempo numerosos ‘daños colaterales’… Hasta que un día el eco dañino de esta tensión se expanda como las ondas de un lago, producidas por una gran tormenta, la tormenta total.

La tensión se fomenta desde las instituciones, aunque el pueblo aguanta. Existe un pueblo verdadero, que no se queja tanto como debiera; en su lugar lo hacen ‘profesionales’, ‘políticos oportunistas’, que explotan así la miseria que a otros atormenta y avergüenza, mientras a ellos le aprovecha. Incapaces e impotentes para adoptar los remedios para acabar con la miseria, todavía la incrementan con el odio y las luchas estériles entre ellos. Quizá por eso,  los que forman el pueblo verdadero callan y luchan, sobreviviendo a su miseria, a la incomprensión y a la indiferencia ajenas, así como al desconcierto administrativo  (Administración=Casa que enloquece, como en Asterix y Obelix: ‘vaya a la ventanilla número X, planta X, pida el formulario y entréguelo en la planta X, ventanilla número’… y todo para querer apuntarse a la legión, creo recordar).

Son buenas personas, que quisieran ser unos ciudadanos cumplidores y aportar sólo cosas buenas a la sociedad, pero no hay trabajo para ellos, no hay ayudas suficientes, sean sociales, públicas o particulares, que les permitan vivir con dignidad todos los días de su vida hasta alcanzar la merecida jubilación.
Es cierto que las ayudas no son bien aprovechadas a veces, que hay muchos ‘enganchados’ a algo para los que nunca nada es suficiente, porque su estado habitual es estar feliz siempre y sin compromiso alguno, y a costa de los demás. Creen firmemente que se les debe cuanto necesitan y también lo que no le hace ninguna falta.

Mucha tensión hay en las familias que no se entienden, y producen la nefasta ‘violencia de género’, sea el que sea el culpable, masculino o femenino…;en las familias que no tienen lo necesario para atender a los hijos; en las aulas, donde se consiente la mala educación y sus derivados, empezando por el desprecio hacia el respeto y los buenos modales, entre los mismos alumnos, y entre estos y profesores; tensión en el trabajo, ante todo por el miedo a perderlo, pero también por las largas jornadas y mal remuneradas; tensión en la Iglesia, donde su cabeza, el Vicario de de Dios en la tierra, se siente amenazado.

No hay hoy autoridad, ni civil ni religiosa, capaz de controlar a sus representados. Al grito de ‘No nos representan’, se ha sublevado gran parte de la humanidad, se rebelan y no saben bien contra quien, muchos lo hacen contra sí mismos, incapaces de controlar sus vidas, son espíritus libres en el ejercicio del mal sin freno moral alguno…

Esta tensión es así aprovechada por aquellos servidores del odio, que  han crecido amparados en la libertad de la democracia para, llegado el momento oportuno, dar el zarpazo y enlazarla con  aquella tensión histórica y cainita, que en  tiempo no tan lejano estalló en una guerra civil, un episodio más entre dos guerras mundiales, pero considerada el ensayo para la segunda.

Poco a poco se va alimentando de nuevo el feroz enfrentamiento entre el bien y el mal. Los problemas personales se quedan pequeños, el odio se encrespa y acrecienta, al encontrar un cauce ideológico que arrastra todo el descontento y la ira acumulada.

La paz del mundo está seriamente amenazada. Sólo nos queda invocar a la Piedad y a la Misericordia, como muy oportunamente hace la Iglesia, invitando a todos a que lo hagan, sean cuales sean  sus creencias e ideologías.


lunes, 1 de febrero de 2016

Desiertos dentro de palacios



30 de janeiro de 2016   https://www.facebook.com/jlmartins?fref=nf


                                            Ilustração de Carlos Ribeiro

Hay personas que brillan mucho, pero no iluminan nada… son solo estrellas (de)cadentes.

Hay quine cree que la apariencia es esencial. Tanta preocupación tiene por su exterior, que descuidan el interior. El tiempo va soplando y descubriéndolo todo, revelando lo que hay por detrás de los disfraces con que tanta gente finge ser lo que no es… muchos desiertos se esconden tras imponentes fachadas.

La apariencia es siempre vacía. Pero mientras algunos intentan parecer y aparecer olvidando su interior, otros optan por mantener la trasparencia, no permitiendo que se cree un muro que esconde el corazón… una apariencia trasparente protege el interior y nunca se superpone a él.

El que cree que su valor reside en lo que los otros ven, condena el castillo de su interior a la tristeza de la degradación, sin luz ni aire ni vida… sin un resto de amor. Son una enorme ruina egoísta que se destruye  sí misma de forma lenta.

Es importante abrir puertas y ventanas, invitar a los otros, el viento y el sol a que dancen en los salones y descansen en los cuartos de los palacios que tenemos dentro…

Es cierto que cada uno de nosotros debe cuidar su apariencia a fin de que, al darse al otro, le entregue algo tan valioso cuanto sea posible. Pero tratar de lo esencial es diferente de pasar todo el tiempo de espalda a lo accesorio. ¡Si es verdad que en el exterior puede haber algo de valor, también lo es que dentro de nosotros hay muchas cosas sin ningún interés!

Es mejor ser un espacio limpio donde haya paz y pueda brillar la luz que ser un montón de baratijas sucias y sin ningún valor. Lo que importa es ser, no tener.

No somos lo que tenemos, somos lo que amamos.