domingo, 6 de septiembre de 2015

Amar es crear para usted misma una prisión



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5 de setembro de 2015 

                                                     Ilustração de Carlos Ribeiro

Querida amiga,

A nadie le gusta ver sufrir a quien ama. Por eso, no es de extrañar que le hayan dicho que no les gusta verse de esa forma. Estemos alegres o tistes, somos siempre una y la misma persona, en momentos diferentes de la vida. El amor consiste en querer el bien de quien se ama, por lo que ser capaz de desear su felicidad es ya algo muy bueno por sí mismo. Por el contrario, si amamos a alguien que está triste, entonces sentimos el deber de hacer algo en relación a eso… Ahora, es en ese preciso momento en el que se distinguen las verdades de las apariencias. Cuando se trata de pasar a las obras, muchos amores aparentes se esfuman…

Al contrario de lo que muchos piensan, una persona triste no es una persona horrible. La tristeza forma parte de la vida, de todas las vidas, tal vez más aún de aquellas que por todos los medios la intentan esconder. Es un error grave pensar que debemos, cuando estamos mal, aparentar estar bien para no sobrecargar a quien le agradamos. El amor es un compromiso con la verdadera felicidad del otro. Alguien que ama sólo puede estar contento si aquellos a quien ama también lo estuvieran. Las falsas apariencias son, aún con la mejor de las intenciones, golpes duros, fuertes y feos en cualquier relación humana.

Querida amiga, aquella persona a la que no le agrada cuando está triste, ¿será que se agrada incluso a sí? ¿O será que sólo se quiere a sí misma? Lo lamento, pero en cualquiera de los casos, no hay amor. Importa tener cuidado con las palabras y los gestos. Una cosa es que yo diga que no me gusta ver a alguien triste; otra, bien diferente, es que yo ame a esa persona –y de la que quiera cuidar- cuando más necesita a alguien. No confíe en las palabras. Concéntrese en los gestos. El amor se hace con obras, no de promesas, por más bellas y poéticas que sean. Un enfermo nunca busca un médico que hable muy bien… sino alguien que lo cure.

Siempre hubo quien dijera que sólo hay amor cuando fuera bueno para los dos. ¡Nada más errado! El amor verdadero será casi el opuesto de eso. Amar es crear para sí mismo una obligación de cuidar del otro, más aún cuando él estuviera mal. Al límite, sólo  se puede amar de forma profunda a quien necesita y acepta nuestro amor. Pues sólo en ese caso él cumple de forma plena. Antes que eso, será un compromiso de honra asumir ese papel en caso de necesidad.


No siempre, quien está triste quiere compartir su dolor. A veces, no se quiere hablar con nadie sobre el asunto. Al final, la persona asume que la tristeza es suya y de nadie más. En esos casos, importa que tenga por seguro sólo, el respeto a la persona, mostrándole que estamos ahí. Que queremos estar ahí con ella. Que su tristeza no nos desilusione. Que ella es la misma persona. La que amamos. Tanto si quiere compartir su tristeza con nosotros, como si prefiere el silencio y alguna distancia.

Todas las personas sufren. Es imposible amar a alguien sin sufrir. No hay amor sin sufrimiento. Los seres que sólo quieren del otro lo que él tiene de más agradable son parásitos… y, la cruda verdad es que también hay muchas especies de parásitos humanos.

No crea que su amor, aunque sea auténtico y profundo, evita el sufrimiento a las personas que ama. El amor sirve para cuidar, no para evitar lo inevitable. Las personas que amamos lloran, sufren y mueren como todas las otras. La diferencia es que no lo hacen solas.

Así, tampoco crea que el amor de quien la ama la puede librar de los sufrimientos y amarguras de esta vida. Las personas que aman permanecerán cerca, pero necesitaran siempre que las enseñe a amarse. Que las ayude… a ayudarse.

El amor hace milagros, sí. Pero nunca hace los milagros que las personas consiguen hacer solas.

Cuente conmigo.

Le ruego que no deje que su fe en el amor sea perturbada.

Confío en usted y la tengo presente en mis silencios.

Muy agradecido


viernes, 4 de septiembre de 2015

Empatía

              
     
           He aquí algunas observaciones acerca de mi experiencia como voluntario.
Daniel Medina Sierra
Llevo unos tres o cuatro meses en cáritas como voluntario y unos 6 meses aproximadamente como usuario ya que entendí rápidamente que todos teníamos que contribuir. Todos somos culpables de lo malo y de lo bueno que acontece en el mundo, tanto por acción como por omisión. Mi mitad (usuario) lucha por salir de la crisis conservando el mayor número de vivencias malas para saber lo que no hacer, repetir o dejarme hacer, con responsabilidad y actuando " siempre " con empatía.

              Empatía no significa otra cosa que quitarse la careta del yo y ponerte la suya, he aquí cuando consigues la sincera comunicación con el otro.
Aquí es donde hay divergencias entre lo que se debe hacer para el mejor resultado posible en casi todas las situaciones, ¿Significa entonces que debemos ser complacientes con todos? No, eso sería la misma relación que puede haber entre mendigo/viandante, exactamente esa sería la relación entre voluntario/ usuario o acogidos.

                Esa relación debe y tiene que ser, entre personas que hablen el mismo idioma; es decir, si es un cara dura pues… se le trata como tal, así de claro. Si es buena persona se le trata como tal. La pasividad, el miedo a la reacción del otro si tienes que decir, ¡chico que ya te dimos ayer y hoy vienes con otra historia nueva, no tío, no.!. Decir lo que sientes y manifestarlo, hablar de tu a tu con los acogidos, entendiendo que todos estamos expuestos a las situaciones más complejas e impredecibles, que nadie podría decir con certeza si mañana vendrá a recoger alimentos, como unos más de los acogidos, o puede verse en la calle pidiendo que le escuchen, que le miren y más solo que un gato en el desierto.

             Mi ventaja siempre fue vivir, sí vivir; vivir y equivocarme tanto, tantas veces... Todas y cada una de las espinas hizo crecer mi mente, mi alma hacia el camino contrario.

            Conozco lo malo, he visto mucho en mi vida y lo he usado cuando lo creía oportuno; yo soy tan malo, tan poco solidario tan egoísta como cualquiera; eso que quede claro, pero quién vive, quien se arriesga, es quien comprende el idioma de las almas y las oyes. Mi ventaja fue poner mi vida por encima de mi propia vida, dar siempre y no pedir nunca nada a cambio.

jueves, 3 de septiembre de 2015

El valor de todo y la importancia de nada


 José Luís Nunes Martins 29 de agosto de 2015

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                                                      Ilustração de Carlos Ribeiro

Una de las mejores formas de valorar a las personas y las cosas es esperar a que con el paso del tiempo su importancia se relativice y se revele. Demasiado cerca, todo tiende a parecer absoluto y definitivo. Para comprender cada momento de la vida, es necesario que pase, y que se junte a otros hasta que llegue el momento cierto de ver, con toda claridad, lo que se pasó.

El secreto del discernimiento es al final una cosa tan simple como exigente y dolorosa: paciencia.

Si sólo se comprende la vida cuando miramos hacia atrás, la verdad es que, para  vivir, el sentido es el opuesto. Hacia adelante. Así, una elección determinante de nuestras vidas pasa por saber donde colocamos nuestros ojos y nuestro corazón: en el pasado en busca de comprensión y aceptación; u, en el futuro en busca de más vida.

Nuestro camino pasa por tierras desconocidas y mares lejanos. Nuestra vida es un acabar que nunca acaba. Como no hay un fin definitivo, renacemos de forma constante en muchos lugares y tiempos, y siempre es así, por más cansados y angustiados que estemos… ¡porque nuestra vida quiere vivir más  que nosotros mismos!

El vencedor sale muchas veces derrotado. Una de las alturas en que el corazón no debe flaquear es cuando está rodeado de enemigos. La soledad esencial de cada uno de nosotros es tan profunda que asusta a los que nunca se dan cuenta de la inmensidad del mundo dentro de sí.

Yo soy alguien que busca en el otro un ser como él, a partir de él y… para él.

En los tiempos de abandono hay que tener el coraje de la esperanza. Aquella certeza de que nuestro camino pasa por valles de tinieblas, frío y dolor… pero nuestra misión no es ni quedar allí, ni perder nuestra fe en el amor. Nuestras obras deben ser la respuesta al sufrimiento, porque son las obras las que confirman la misión.

¡Hacer lo que debo, estando entero en lo que hago!

Quien no quiere  vencer, no puede esperar victorias.

No. Nuestra existencia no es sólo esto. Es más que esto. Es mucho más que nosotros.

En los éxitos es bueno recordar los fracasos… todo se vuelve más claro. Los éxitos y los fracasos.


Hay una vida inmensa e intensa dentro de mí. La misma vida que anima a los árboles, que florecen y fructifican en primavera… y que, cuando sopla en el viento, las deshoja y libra de sus ramas muertas… la misma fuerza que levanta las olas, hace arena. El mismo coraje que nace e ilumina el corazón invencible de quien aprende a amar.

Debemos osar ser más. Trazar una cruz en el infinito y poner rumbo allá… Mientras no llegue el tiempo de ser nosotros la hoja seca que cae…

Yo soy también mi herencia. El ser de aquellos que me amaron y que acepté.

Cada uno de nosotros es sólo una hoja, una rama o un árbol… pero una floresta, un mundo y un universo.

¿Como no va querer dar todo por la verdadera felicidad? Buscar en el pasado el sentido de la vida es como buscar en los sueños razones de salud.

De noche, las luces son más suaves y verdaderas. El cielo es más bello cuando se pueden ver todas las estrellas centelleantes que nuestra corta vista no alcanza. La luz de la luna  puede ser aún más pura que la propia luz del sol.

El amor llama. A lo lejos, alguien canta. A lo lejos. Hay que esperar. Luchar. Con fe. Aquella certeza de que no estoy solo. Somos nosotros.