domingo, 10 de mayo de 2015

“Voluntarios forzosos”


Hoy quiero recordar y agradecer el paso por nuestro servicio de atención a personas sin hogar a los “voluntarios forzosos”, aquellas personas que se han visto obligadas a desarrollar un trabajo social para redimir una pena de cárcel por multas, generalmente multas de la DGT.

En ninguno de estos voluntarios por condena social he apreciado  un solo gesto de desagrado o una queja mientras estuvo con nosotros, es más, yo diría que competían en servicialidad y amabilidad, hasta el punto de que esto me hace dudar si algunas de nuestras leyes son tan justas o si se aplican correctamente.

Pudiera parecer, por tanto, que esta condena supusiera una pérdida de tiempo irreparable para estas personas; no ha sido así, aún estoy oyendo las palabras de uno de ellos que expresan muy bien el sentir de la mayoría de ellos: “Yo no tenía ni idea de que esto existiera; casi me alegro de lo que me ha pasado para conocer este servicio y haberos conocido”.

Pero, aunque esto es así, ningún de estos voluntarios ha pasado a ser  voluntario sin más, quizá sea por falta de tiempo. Yo los echo de menos porque como no hay muchos voluntarios para este servicio se agradece la presencia de otras personas dispuestas a echar un cable, y también como testigos de una realidad que gran parte de la sociedad desconoce.

Toda ayuda es poca, porque esta tarea es permanente, unos hombres caen y otros se levantan, y así camina la humanidad, por mucho que haya progresado; pero ha progresado demasiado rápido, no a ritmo humano, o al menos no se ha tenido siempre al hombre como medida, más bien nos hemos imprimido un ritmo mecánico, frío, contundente, caiga quien caiga; se sustituyen los hombres como meras  piezas, o se reciclan, ya en términos más ecologistas, que no humanistas. Y no digamos a la hora de recibir el salario, cada vez más exiguo, más individualista, no alcanza para una familia, es la familia la que tiene que buscar diferentes fuentes de ingresos, si puede, o si se entienden sus miembros, o si queda algo de ella.


Quizá es por eso por lo que no hay tantos voluntarios para ayudar a los demás, porque no hay tiempo más que para trabajar, o porque muchos que quisieran están en una situación de recibir más que de prestar ayuda. Todo el mundo está buscando, no sé si en el camino adecuado, buscamos un bien escaso, un trabajo, y después un salario mínimo, para mantenerse en el sistema. Igual era más acertado planearse si el tipo de vida que uno llevaba le compensa, y empezar a buscar por otros caminos marginales, pero más seguros, con otro tipo de actividad y con otra remuneración más satisfactoria, bien ganada y más gratificante como ser humano.

un sueño



Por Daniel Medina Sierra

Tuve un sueño no hace mucho, un sueño extraño, más que por la iconografía o significado, por la sensación experimentada.


Os cuento:

No se bien si estaba solo o acompañado, pero sentía la compañía de alguien. Era de noche y las estrellas brillaban, de la misma forma que lo harían en la realidad. Pero, las observaba deforma distinta.

No me es posible describir la sensación, pero era lago que nunca he sentido, jamás lo sentí así, era una sensación de plenitud, no comparable a ningún otro sentimiento de felicidad. Creo que ese sueño no fue tan sólo eso, de entre todos los que recuerdo es el más corto, pero el más intenso.

Los sueños, sueños son…¿O no?

No tenía nada de extraordinario yo mirando las estrellas…¡Pero qué sensación de felicidad!


Ojalá algún día  mire solo, o acompañado, a las estrellas, y sienta lo mismo en esta realidad…

domingo, 3 de mayo de 2015

“Iglesia, servidora de los pobres”


Cáritas agradece la mirada desde las periferias que los obispos hacen en el documento presentado hoy.

 www.caritas.es
SERVICIO DE NOTICIAS – 27 de abril de 2015 – Nº 2.269

Es un motivo de estímulo para nuestra institución, el análisis exhaustivo de los efectos que la vulnerabilidad social ha tenido en los últimos años, y sigue teniendo, para tantos conciudadanos y conciudadanas nuestras, víctimas de lo que el papa Francisco ha definido con acierto como la “cultura del descarte”.

Deseamos destacar algunos de los puntos de la instrucción pastoral:

  • Los inmigrantes, los más pobres

 “los pobres entre los pobres”. “Los inmigrantes sufren más que nadie la crisis que ellos no han provocado”, y “en estos últimos tiempos, debido a la preocupación del momento económico que vivimos, se han recortado sus  derechos”.
 “los más pobres entre nosotros son los extranjeros sin papeles, a los que no se les facilita servicios sociales básicos”.

  • La corrupción, un mal moral

Aplaudimos la llamada urgente a “recuperar una economía basada en la ética y en el bien común por encima de los intereses individuales y egoístas”, así como la constatación (puntos 19 y 20) de que “la crisis no ha sido igual para todos” y de que “para algunos, apenas han cambiado las cosas.
De gran valentía, además, es la denuncia reiteradamente expresada por nuestra Confederación, de que “aspectos como la lucha contra la pobreza, un ideal compartido de justicia social y de solidaridad –que deberían centrar nuestro proyecto como nación–, se sacrifican en aras del crecimiento económico”.

Las personas, en el centro

Esto significa algo tan primordial para Cáritas como poner a las personas en el centro de cualquier modelo de crecimiento,  “importante para la armonía de la vida social”.

Apelan, a este respecto, a la responsabilidad de la comunidad política “de garantizar la realización de los derechos de sus ciudadanos” y de “promover las condiciones necesarias para que, con la colaboración de toda la sociedad, los derechos económicosociales puedan ser satisfechos, como el derecho al trabajo digno, a una vivienda adecuada, al cuidado de la salud, a una educación en igualdad y libertad”.

  • Vivir una espiritualidad encarnada en los pobres

Especialmente inspiradora resulta la exhortación pastoral que los obispos nos lanzan para vivir a fondo “la espiritualidad que anima a los que trabajan en el campo caritativo y social”, que “no es una espiritualidad más” ya que se trata de una “espiritualidad encarnada y de ojos y oídos abiertos a los pobres, una espiritualidad de la ternura y de la gracia”, que es, precisamente, la que inspira esa salida a la escucha del otro que define el modelo de acompañamiento de Cáritas.

  • Propuestas

Elogiamos, en este sentido, el amplio capítulo de propuestas que los prelados lanzan al final del documento, que van desde la de crear empleo (empresas) o la de garantizar derechos y mantener el estado social de bienestar (Administraciones públicas), hasta la de cada uno de nosotros “orientemos nuestras vidas hacia actitudes de vida más austeras y modelos de consumo más sostenibles” y “desarrollemos, desde la coherencia ética con nuestros valores, iniciativas conjuntas, trabajando en red, con las empresas y otras instituciones apoyando, también con los recursos eclesiales, las finanzas éticas, microcréditos y empresas de economía social.