miércoles, 24 de septiembre de 2014

Dos placeres diferentes, opuestos, excluyentes



Hoy ha sido un día bastante especial, y no es porque hayan ocurrido cosas malas a mí alrededor, que sí han sucedido, sino porque de todo ello estoy en condiciones  quedarme con estas dos anécdotas, bueno algo más que anécdotas, dos reflejos de la realidad.

No puede renunciar al momento de placer que le proporciona la droga, confiesa un usuario de este servicio,…enganchado desde los catorce años y van otros tantos, con intervalos en centros de desintoxicación…Si no hubiera centros de acogida, ayudas estatales, regionales,  municipales, personales…¿qué pasaría? ¿qué sería de tantas personas que han renunciado a su libertad por la dependencia…creyéndose libres?
Pero, ¿sobrevivirán a la crisis estas ayudas, o en nombre de la economía se irán suprimiendo, sin tener en cuenta a las víctimas, cada día más y más desesperadas, que dependerán de su propia voluntad y recursos?

“Megalomanía místico religiosa”, así, con toda naturalidad, nos confiesa que le han diagnosticado los médicos del centro donde la metieron a la fuerza, o engañada, y lo dice con una sonrisa irónica, como diciendo: “sí, a mí me vais a vosotros a doblegar”. “Son todos ateos”, recalca, mirándome directamente a los ojos para buscar mi complicidad.

No puedo evitar que me impresione mi amiga A., es como una niña, que dice la verdad si cortarse un pelo, con gracia además; ella habla constantemente de Dios, y no se mete con nadie, al contrario, tiene una sensibilidad extraordinaria ante la desgracia ajena, y enseguida se ofrece para ayudar. Responde así, yo creo, con fidelidad “perruna” (en el mejor sentido de la palabra) al gesto que tuvo con ella hace mucho tiempo un buen samaritano que la recogió muy maltrecha e indefensa. Ella insiste en que todo lo bueno que le ocurre a ella, o cualquiera otra persona, es porque Dios lo quiere, lo mismo que los inconvenientes.

Hoy me emocionó al decirme mientras conversaba con ella: “sí, es que tú tienes ojos para ver que lo que digo es verdad, y que es Dios quien lo dice por mí, yo no soy nada, nada más que un instrumento suyo”… Y no puedo evitar mirarla ahora como quien ha sido descubierto… Es un misterio cómo nos habla Dios, que llegó a decirnos que si no nos hiciéramos como niños no entraríamos en su reino, o que de la boca de los niños (tengan la edad que tengan) sólo puede salir la verdad.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Descenso del tener-ser al puro ser





Cuánto cuesta el descenso a la marginación, el desprendimiento, lento o vertiginoso, de la familia, de los bienes, del trabajo que sostiene cuanto tengo, y cuanto soy. Porque a menudo no tenemos tiempo de ser lo que quisiéramos ser sino que somos lo que tenemos, para nuestra familia, para los amigos y para los demás, hasta el punto de que nosotros mismos creemos ser lo que los demás dicen que somos.
 

Es entonces, cuando me veo sin nada, sin nadie a mi lado, cuando caigo en un vacío tan grande que me va a costar mucho llenar. Tampoco estoy dispuesto a recibir ayuda de extraños, ni me voy a identificar con esos marginados veteranos, que vete a saber por qué están ahí abajo, además están un poco desquiciados, y cada uno tiene sus vicios y manías.

¿Y cómo se puede ayudar a una persona en este trace? Es muy difícil. Nunca imposible. El silencio respetuoso y alerta puede resultar la mejor ayuda. Hasta que haya descendido tanto y la oscuridad sea tanta, que tenga que pedir ayuda; aunque no lo haga a gritos ni conscientemente, con una mirada, con un gesto que contradice las palabras que se resisten a reconocer la debilidad, el estado de necesidad. Es tan humillante.
 
Tanta gente de mediana edad hoy pasa de este “ser-tener” a no tener, que el ser se encuentra bastante perdido, aturdido. Quizá así, tan trágicamente, muchas personas se encuentren consigo mismas, con un ser que les va a sorprender, y será el nuevo motor de una vida diferente, con otro ritmo, más pausado, con otros tonos, otra sensibilidad. Otra humanidad es posible, empezando cada uno por sí mismo.


(Las ilustraciones son de un pintor que buscaba una inspiración extraordinaria en San Fernando, y nos dejó sus pinturas como un regalo, sin la menor resistencia. Por eso quiero publicarlas con esta reflexión que me ha proporcionado su recuerdo y el de algún otro…)


Tensión entre extremos opuestos




                                                      Ilustração de Carlos Ribeiro

Cada hombre encuentra en sí mismo fuerzas contrarias que están en guerra permanentemente. Estos extremos nunca se anulan y parece no haber posibilidad alguna de descubrir un equilibrio entre ellos. Somos este ser donde, cada día, se traban infinitas luchas entre tendencias contrarias, ese mar de tempestades sin fin…. Así es el hombre. Así somos nosotros. Así soy yo

Somos un teatro de contradicciones y discordias. Escenario de batallas sangrientas. Peones en una circunstancia caótica que en nada se asemeja a la paz para la cual parece hemos sido creados.

Pero, casi nada es lineal o previsible. La vida de cada uno de nosotros está hecha de saltos repentinos, de oscilaciones abruptas. En cualquier momento todo puede cambiar.

Somos libres de escoger nuestros días y noches, pero estamos condenados a recrearnos en medio de esta inmensidad de paradojas.

Más aún, nos cumple dar sentido a nuestras elecciones, dar un sentido a nuestra vida. Un mismo episodio puede ser interpretado de diversas formas, diferentes entre sí, contrarias… Nos cumple escoger la luz que debe iluminar lo que está a su vuelta. Se escoge la forma de ver el mundo, y así se escoge el mundo en que se vive. Pero siempre, siempre, en una tensión permanente entre extremos opuestos.

A veces la desesperación se apodera de la esperanza y la angustia parece absoluta. Queremos tanto la paz, que llegamos a pensar que ella sólo es posible a través del abandono de la lucha… Pero no. Las fuerzas interiores y exteriores, de la soledad y de la comunión, las dudas de fe, jamás se anulan y parece que encuentran siempre la forma de colocarnos justo en medio de sus guerras.

Hay ambigüedades que merecen ser consideradas. Si, por un lado, ansiamos algo mucho mejor que aquello que tenemos aquí y ahora, por otro, cuando nos vemos confrontados con la posibilidad de alcanzarla, casi todos comenzamos a valorar lo que antes era insignificante. Como si sólo valoráramos lo que estamos a punto de perder… pero, en verdad, es que siempre estamos expuestos a perderlo todo. Tengamos o no conciencia de esto.

La línea que separa el bien del mal no es una línea que separa a unos hombres de otros, sino una línea que atraviesa el corazón de cada uno de nosotros. En todos nosotros hay cosas buenas y malas.

No seremos todo lo buenos que queremos, pero tampoco nadie es el mal absoluto. A cada uno le corresponde trazar esa frontera… Hasta en el peor de los seres humanos hay, hasta el final, la posibilidad de bien supremo; así también en cada hombre bueno planea, hasta el último segundo, la posibilidad de la tragedia absoluta.
Pero, en el fondo de cada uno de nosotros, hay la certeza de un sentido.

Hay otra luz… Vivimos en constante tensión entre opuestos, pero ellos no luchan los unos contra los otros, uno en cada uno de nuestros hombros tirando cada uno  para su lado. Son extremos, pero uno es el punto de partida y el otro el de llegada. Cada paso es una batalla que trabamos, a fin de apartarnos del mal y de aproximarnos al bien.

Tal vez no haya bifurcaciones delante de nosotros, en que tengamos que escoger sólo uno de los caminos… tal vez el camino sea sólo uno… en el que yo camino hacia delante… o para atrás. O… tal vez… nuestro único camino pueda sólo ser bien o mal hecho.

Cada hombre presiente, en el fondo de sí, su destino. Soy un viajero que tiene que construir con sus manos  su camino… del mal al bien. De los miedos a la felicidad. De los egoísmos al amor.

La única verdadera tensión que existe en mí es entre lo que fui y lo que quiero ser. Los saltos son necesarios ante los muchos abismos en que cerco la fe en mí…

Vivir es amar. Es llevar el corazón por los mares de los momentos hasta el fin de los tiempos, en dirección a un buen puerto que tenemos que construir a lo largo del viaje.