lunes, 20 de marzo de 2017

Atención deficiente y desafiante...


Es un clamor popular ‘lo mal que se está atendiendo a los usuarios o demandantes en cualquier oficina pública’. En la ‘ventanilla’, mesa o mostrador, ya ante el funcionario o profesional que esté al frente, te puede decir, para empezar, que tú no estás en la lista, y si estuvieras, sigue diciendo: que te falta un requisito, un certificado, que lo mejor es que lo solicites por internet, que mejor que pidas una clave que te permitirá acceder a todos los certificados que necesites...

Te puede decir todo esto, y aún más, pero lo que no va a hacer, él o ella, que tiene un buen ordenador delante, y dispone de todos los datos necesarios,  es gestionarte el documento y facilitártelo, para evitar que tú te equivoques en algún punto del formulario, y así no te arriesgues a perder el derecho a cualquier solicitud que necesites. Lo más seguro es que tendrás que pedir a un amigo que tenga ordenador que te haga ese favor, o vas a una oficina pública, si tienes un euro para pagar el turno de uso de ordenador. En fin, que a pesar de los numerosos impuestos que cobra el Estado, es el ciudadano el que tiene que arreglárselas para conseguir los certificados y documentos que le permitan obtener algún tipo de ayuda, y que en caso de estar en paro, supone un agravante, no siempre fácil de solucionar. O vas a cáritas, si eres un excluido social, para que el trabajador social te eche una mano.

Cada vez somos más los que coincidimos en pensar que lo que pretenden es ‘volvernos locos’, además de que estas prácticas suponen un  retraso en la concesión de ayudas, cuando no la pérdida de las misma por cualquier descuido, aunque sea involuntario o por ignorancia informática; a la vez que controlan el número de personas presentes en la oficina, evitando posibles altercados...

 ‘Quieren volvernos locos’, repetíamos esta frase poco antes de abandonar la oficina, al tiempo que llegaba un sintecho, para tomarse un café y recobrar fuerzas para llegar a comer al comedor social. Al escuchar esas palabras, manifiesta estar totalmente de acuerdo, y entablamos una precipitada conversación, mientras tomaba el café. Duró poco, porque se echaba encima la hora ineludible de ir al comedor social... Era un  hombre joven, fuerte, cargado con su enorme y pesada mochila, que manejaba con soltura. Luego supimos que era masajista de profesión, allá en Crimea. Y por lo que decía, estaba bastante informado en temas de ciencia y tecnología, de la invención de nuevos materiales, y de la rivalidad entre Rusia y EEUU.

¡Y nosotros aquí hablando de estos ‘problemillas’, de pobres hombres, con el ritmo que ha cogido el Progreso, tan acelerado y veloz, que va perdiendo humanidad a chorros...!