sábado, 13 de julio de 2019

La ansiedad no es señal de debilidad



 José Luís Nunes Martins


En la mayoría de los casos, la ansiedad es una respuesta racional y sensible a los acontecimientos y contextos extraños, inciertos y arriesgados de esta nuestra vida.

El ser humano es frágil, nuestra atención constante y la capacidad de previsión son armas que tratan de proteger nuestra integridad, tanto a nivel exterior como interior.

Mientras tanto, nuestra imaginación e inteligencia tienden muchas veces a complicar lo que, en realidad, es sencillo. Lo cual nos hace pagar un alto precio, ya que nuestra paz se ve afectada siempre que nos enredamos en confusiones que no existen sino dentro de nosotros, pero su creación no depende solo de nuestra voluntad.

La verdad es que poseemos mucha información, pero es muy poca y casi irrelevante su ayuda en la toma de decisiones concretas de nuestra vida.

Pero, la sociedad sigue un ritmo tan acelerado que no hay tiempo para descansar. Parece imposible que alguien consiga parar, pensar y sentir, disfrutar o sufrir… Como si nuestra existencia aconteciese dentro de un tren  que anda si  parar. Todo es pasajero, momentáneo… hasta el descanso nunca puede ser más que eso mismo.

Hay quien pierde su autenticidad, otros hasta la identidad, pero la mayoría vive en confrontación constante con esta dimensión dolorosa de la vida. La inquietud permanente de una presa expuesta no se puede distraer, para que su depredador no la cace.

La amenaza es constante porque todo puede cambiar en un breve instante.

Algunos colocan su felicidad en la expectativa de la admiración y amor de los otros, pero como no controlan ni las necesidades ni las esperanzas de los otros, esta sed de ser amado se torna una inquietud sin fin. Algunos, cuando sienten que el afecto de otro se les escapa, intentan impedirlo rudamente, como si fuese posible obligar a alguien a amar a cualquiera, menos aun a quien lo toma por un escalón para una satisfacción egoísta.

Pero, casi todos pasamos el tiempo ansiosos y… preocupados para que eso no se perciba. Qué bueno sería que todos asumiésemos nuestras ansiedades cotidianas.

La ansiedad es un síntoma de la existencia. Vivimos exactamente dentro de los misterios de un mundo extraño, desordenado y amenazador.

Tal vez la solución sea parar. Descansar. Y aceptar la ansiedad como parte de la vida. Después, en la  distancia, comprender sus causas concretas en cada uno de nosotros y tomar su existencia no como una derrota, sino como algo inevitable que incluso puede ser aprovechado sirviendo a nuestros intereses más profundos.

La confianza hace disminuir la ansiedad. Abrazándola con la firme certeza de que, aunque parezcamos ridículos, no perderemos la dignidad. Nunca.

Para sorpresa de muchos que se creen maduros y sabios, solo cuando, amando, somos capaces de dejar de ser el centro de nuestro mundo y de nuestras  preocupaciones podremos ver mejor lo que somos y la razón de nuestros miedos.

Vivimos en la historia, pero no somos lo que nos sucede, somos la respuesta que damos a lo que sucede. Esa es nuestra historia. Eso es lo que somos.

Somos una narración sin espacio para éxitos y fracasos, porque está llena de vida. Y la vida es una fusión de alegrías y tristezas, donde podemos elegir ir aprendiendo a confiar, a amar y a ser felices, amando.

Somos mucho más que gotas de agua que nada pueden contra la corriente, olas y mares. A veces, la ansiedad es sencillamente la señal de que es tiempo de que descansemos y dejar que nuestro espíritu flote sobre las aguas. Confiado.


jueves, 11 de julio de 2019

¿Qué te trajo hasta aquí?



José Luís Nunes Martins


Cuando contemplamos el camino que estamos recorriendo, comprendemos mejor nuestra vida. Basta un análisis simple de los innumerables obstáculos a los que hemos tenido que hacer frente para que podamos, sin duda, aprender algo más sobre nosotros mismos.

¿Qué nos ha movido? ¿Qué hizo que nuestro ánimo no desfalleciese? ¿Qué nos atrajo? ¿Qué es lo que nos ha perjudicado en el pasado? ¿Vamos a la búsqueda o huyendo?

¿Quién ha construido nuestro camino? ¿Recorremos uno ya hecho o uno nuevo y original? ¿ Vamos por las sendas de la multitud o nos arriesgamos solos, inaugurando nuevas rutas que resultan menos confortables pero que fueron las nuestras?

Mirar el pasado es comprendernos. Somos lo que elegimos hacer con lo que se nos ha dado. Para juzgar a alguien es esencial saber lo que ha hecho y por qué lo hizo. Somos lo que fuimos y, también, lo que no hemos conseguido llegar a ser.

No podemos cambiar los hechos del pasado, pero debemos mirarlos de forma cada vez más sabia. A veces, su valor se invierte, hasta el punto de que juzgar algo como desastroso después resulta una bendición, así como lo que una vez fue visto como un don ahora es visto como una tragedia.

Los errores del pasado tienden a repetirse a menudo mientras temamos mirar solo hacia adelante. Culpar o disculpar el pasado tampoco es solución. No es buena señal tropezar siete veces en la misma piedra.


Cometemos errores, muchos errores. Pero ninguno será mayor que seguir nuestra vida como si nunca hubiésemos errado.


No debemos dar la espalda a nuestro pasado, porque nadie llega donde quiere si no supiera de donde viene.

El pasado no ha pasado, siempre será parte de nosotros, cada vez mayor.

Dar la espalda al futuro es una forma simple de aprender con lo que hemos sido y con lo que somos.



sábado, 29 de junio de 2019

¡HAY EN MÍ UNA CASA DONDE VIVES!



José luís Nunes Martins


Parece que escogiste un lugar peor del que mereces. Te agradezco que me aceptes y me ames, por tomar mi corazón como un buen lugar para ti.

Tu presencia en mí es una fuente de paz y esperanza. Desde que moras en mí, me siento más fuerte, valioso y feliz. Gracias por dejarme elegirte y amarte, aunque yo no sea mejor  que lo que he conseguido ser.

Tu fe en mí me lleva a creer que soy capaz de hacer todo a partir de nada. Al final, Tú me elegiste y eso es una especie de milagro tremendo, que me lleva a tener dudas que se fundan en todas las lógicas.

Cuando me siento amado – y tengo la certeza de que lo soy todo el tiempo, aunque sean muchas las veces en que creo que no- aprovecho cada momento y no me inquieto, porque sé no soy un yo, sino un nosotros.

El amor me hace renunciar y distanciar de cualquier tiempo y lugar concreto. Vivo por encima y dentro de todo, no en la superficie -que siempre son pasajeras. Cuando amo, soy un peregrino de camino a casa. Entre desiertos, mares, ciudades y laberintos.

A lo largo de mis días, cuando estoy más lejos de Ti, comprendo que los que están allí más cerca son, en verdad, los más distantes y extraños… en esos momentos, siento la nostalgia que es la certeza de que los que están lejos son los más próximos.

Lo que más importa no es lo que llega a mí, sino cómo yo lo recibo. Y yo acepto, con los brazos bien abiertos, cada gesto y suspiro tuyo, no por ser perfectos, sino por ser tuyos. Porque te admiro y quiero ser mejor, como Tú.

Aunque vives en mi corazón, es en Ti y para Ti para quien vivo

Tú eres mi casa.

Te amo, misterio y sentido de mi vida.