viernes, 8 de junio de 2018

Corpus Christi


Aunque un poco tarde, quisiera hacer un breve comentario sobre la procesión del Corpus Christi 2018 y la participación de Cáritas en la misma.  Este año sí he podido asistir a la procesión del Corpus Christi por las calles de San Fernando, y me siento  muy satisfecho por haber participado en el cortejo procesional con mis compañeros de Cáritas. Satisfecho y contento sobre todo porque, a mi entender, había muchas personas también viendo pasar la procesión a lo largo de su recorrido, demostrando con su presencia que es una fiesta muy popular.

Para Cáritas debiera ser casi una obligación la participación en esta fiesta, y en concreto en la procesión, en la cual Cristo Eucaristía recorre las calles del pueblo, ofreciéndose a todos, como la Fuente de donde procede nuestra caridad, la sostiene y alimenta, convirtiéndonos en constructores de su reino aquí en la tierra. Incluso hemos reclamado durante años que se nos asignara un lugar en la procesión lo más cerca posible de la custodia. He comprobado este año que tal reivindicación se ha hecho realidad.

Pero, y aquí viene lo menos agradable, la participación de Cáritas se ha limitado a unos pocos representantes de cuatro parroquias. No ha sido una representación muy amplia, cierto, pero sí muy digna, demostrando así también que Cáritas es una institución de la Iglesia;  y seguirá estando representada mientras siga habiendo voluntarios que consideren que deben dar este testimonio también.

Es cierto que encontramos a Cristo en cada uno de los acogidos que cada día atendemos, y de los pobres que se encuentran en las calles pidiendo la ayuda de cualquier buen samaritano, pero en esta fiesta, que celebra de manera tan especial la presencia de Cristo hasta que vuelva, participamos todas las instituciones que forman la Iglesia de San Fernando, y que son colaboradoras imprescindibles da la labor de Cáritas en las diversas parroquias.

Hasta el próximo año, en que volveremos a estar convocados a acompañar a Cristo por las calles de San Fernando, y respondamos con generosidad y entusiasmo.

sábado, 2 de junio de 2018

Estoy vivo, debo estar agradecido




Tengo muy pocas ganas de escribir, no sé por dónde empezar, son tantas las cosas que bullen en mi mente que se atropellan, y cuando quiero escribir sobre una de ellas, en seguida otras reclaman más atención. Reina la confusión en mi mente, como reina en general. Nada resiste el empuje hacia un cambio sin dirección, alocado, aunque quizá si esté provocado por una o varias mentes, que se recrean en el caos destructivo.

Poco después de haber comenzado a escribir tengo que cortar para ir a cumplir con mi turno de adoración al Santísimo. Claro, como no podía ser de otra manera, nada más llegar, de rodillas,  Le expongo al  Señor mi situación mental, y le pido sosiego para mi mente y mi alma, para poder acompañarlo como se merece. Inevitablemente salto de un pensamiento a otro, hasta que mis preocupaciones se van ordenando, y entonces sí tengo la claridad suficiente para pedirle una solución para cada una de ellas.

Pero, llego a la conclusión de que no es cosa de que Dios ponga remedio a cuanto me preocupa. Antes bien, en vez de quejarme tengo que dar gracias por estar vivo, y porque estamos vivos, y cuanto ocurre puede tener una explicación y hasta puede que no sea tan grave, sino simplemente un tropiezo en el camino que servirá para encontrar la solución que más convenga. Y si estoy vivo, debo además de estar agradecido,  seguir haciendo lo que en conciencia creo que sea lo mejor para contribuir a mejorar el mundo que me rodea.

¿Pero cuáles son esos asuntos que tanto me preocupan, al punto de no ser capaz de escribir nada sobre ellos, o no querer escribir, por pereza, por aburrimiento, incluso por cobardía, para no dar la cara?

Mi primera preocupación, en orden cronológico, es la falta de voluntarios en este proyecto, en el que llevo  once años, y porque quizá no me encuentro con las fuerzas suficientes para atenderlo como es preciso, y como solía hacer. La segunda preocupación es la situación de  Cáritas Arciprestal, la falta de organización y dirección por la discontinuidad con una organización que satisfacía a todos por su eficacia, etc. La otra preocupación  se debe a la cantidad de noticias negativas, en prensa o a través de comentarios,  que denuncian procedimientos poco ejemplares en la Diócesis. Y por último, la gran preocupación que nos afecta a muchos españoles, el nuevo gobierno ‘frankestein’ …

Como digo, reflexionando ante el Señor, llegué a pensar que no debía preocuparme tanto, porque eso supondría falta de fe, o dudar de la bondad de Dios. Si estoy vivo es motivo más que suficiente para estar agradecido, cosa mía y de cada uno  es comportarse de la mejor manera posible, y aportar aunque sea un granito de arena según los dones que Él nos haya dado. Y si se ponen muy mal las cosas, sé que la victoria final es la de Cristo, hasta entonces solo cabe creer y luchar sin desfallecer. Siempre con su ayuda, sin esperanza y sin confianza en que el bien ha de triunfar al final, es más difícil mantener el ánimo y las ganas de trabajar por el bien de todos, no me cabe duda.

Hablan las obras, no las palabras.




José Luís Nunes Martins



Son muchos los que tienen necesidad de llenar sus vacíos con todo tipo de ruidos. Hablan, pero o les gusta escuchar. No tienen tiempo ni espacio dentro de sí para el otro. Se sienten llenos de sí mismos, pero están vacíos y no son causa de ningún bien.

Creen que los tenemos presentes incluso cuando no están delante de nuestros ojos. Tienen la idea de que son referencias que tenemos en cuenta, ejemplos que seguimos.

Es lo que hago lo que me define, no lo que digo. Son las obras de las cuales soy autor las que me construyen al tiempo que acrecientan o disminuyen el valor del mundo.

Hay quien promete mucho para el futuro, creyendo que su intención es, por sí sola, preciosa. Pasan los instantes y lo que queda son los gestos.


Nuestras certezas deben dar sustancia y forma a nuestros días. Debemos luchar por nuestra fe y  ella debe orientar nuestra vida, poniendo rumbo a lo mejor de nosotros.


No es suficiente defender bellas causas si, en la vida concreta del día a día, no somos capaces de vivir de acuerdo con ellas.


La comunidad puede debatir la legalidad de la eutanasia o sobre el aborto, pero a los cristianos se les pide que hagan lo posible para que nadie sienta la necesidad de abortar o de querer morir. No basta que sea legal o ilegal. Lo importante es que nadie tome el aborto o la eutanasia como opciones a considerar en su vida. Jamás.

Es preciso amarlos.
La presencia es la mayor señal del amor y el silencio la conversación más importante.


 
http://www.agencia.ecclesia.pt/…/sao-as-obras-que-falam-na…/