domingo, 24 de enero de 2016

El amor es la muerte de la muerte


José Luís Nunes Martins
23 de janeiro de 2016    https://www.facebook.com/jlmartins?fref=nf

                                            Ilustração de Carlos Ribeiro

¿Qué hay después de la vida? Nada. La vida no tiene después.

La muerte es temporal. Hay un abandono del tiempo y del espacio… el amor permanece, pero tal vez más profundo que en cualquier otro momento. No tiene sentido que algo pueda separar el encuentro de dos almas.

Sólo el egoísmo puede matar de forma irreversible. Quien cree encontrar en sí mismo el por qué y el para qué de su vida, tomando a los otros  como meros instrumentos de su satisfacción, se abandona a sí mismo, rompiendo toda posibilidad de que su corazón cumpla aquello para lo que fue creado: amar. Quien no ama se pierde, para siempre. Se consume en un ansia tan devoradora que sólo encuentra fin en el vacío.

¿Qué sentido puede tener esta vida sin una verdad que sobrepase los límites del tiempo?¿Cómo puedo yo justificar mi existencia? ¿Soy una casualidad?¿Dónde estaría la consciencia que lee estas líneas si esa casualidad no hubiese acontecido?¿En la Nada? ¿Cómo puede alguien creer que toda la belleza y armonía del mundo son resultado sólo de una explosión caótica?

¿Hasta que la muerte nos separe? No. Hasta que la muerte nos lleve… hacia donde la plenitud del amor se cumple. Mientras en este mundo alguien ama a alguien no faltará sentido a la vida… ni a la muerte.

La sombra que la muerte lanza sobre la vida es señal de una luz perfecta que nos ilumina el camino, nos alienta y nos promete que no hay nada después del amor… porque el amor no tiene fin.

lunes, 18 de enero de 2016

Los cuatro caminos del amor. Dos acertados y dos equivocados.



16 de janeiro de 2016   https://www.facebook.com/jlmartins/posts/10205377960716045?fref=nf

                                                           Ilustração de Carlos Ribeiro

Es un tremendo error que se una o permanezca unido lo que debe estar separado. Del mismo modo, es un terrible error que se separe lo que debe permanecer unido.

Es un excelente camino el que une lo que debe estar ligado, tan bueno como la decisión de mantener separadas las partes que no forman entre sí una unidad.

El amor es sinceridad y caridad. No debo fingir ser lo que no soy, ni engañarme pensando que el otro es quien no es, sólo porque no quiero admitir que no somos compatibles. Hay caridad pura en decir no a un amor imposible…

La perfección no es la ausencia de error o un cúmulo de virtudes. Nuestra perfección nace de que somos incompletos… pero que nos podemos completar, haciendo de dos, uno… ¡un nosotros… perfecto! Completo.

No. El amor no sucede ni se desaparece por un desencanto cualquiera extraño a la voluntad. Se decide a partir de la honestidad de los que, a pesar de proceder de lugares distantes, resuelven unir sus cielos y elevarse hasta allí por el mismo camino.

Puede partir de algo divino, pero no existe sin el compromiso y los gestos concretos de los que deciden aceptar el don y multiplicarlo. Está al alcance de todos, pero solo pocos tienen el coraje, la paciencia y la firmeza de alma que los hace  dignos del mayor de los dones, el don de ser don en la vida del otro. Sin esperar nada a cambio, sino recibiendo siempre mucho más de lo que se merece… muchas  veces, cuando menos se merece…

Un compromiso de amor es siempre una decisión conjunta definitiva a la que no puede faltar ninguna de las partes. No unir lo que es separado es un excelente principio.

Más allá de los dolores y de los placeres del día a día, debe prevalecer lo que es más elevado… unido lo que debe estar unido y separado lo que debe estar separado.

sábado, 16 de enero de 2016

En la era digital

Daniel Medina Sierra

En la era digital, la era tecnológica, un tiempo en el que puedes comunicarte con cualquier persona del mundo al instante, donde mandamos artefactos más allá de nuestro sistema solar, un tiempo que se supondría que sería la era de oro de nuestra civilización, estamos abocados al desastre mundial.
No creen en nada, en nadie, ni siquiera en ellos mismos, una súper exposición de la vida íntima y personal ante casi toda la sociedad global,  esperando tal vez algún reconocimiento, o, quizá  es que se sienten vacíos, o no saben exactamente lo que dicen y hacen por la red.

  
Hemos conseguido alterar el equilibrio natural de la vida. Somos seres sociables,  pero hay quien jamás se preocupará más que de su propio ego, somos empáticos con todos los seres de este mundo, pero hay quien se empeña en dañar a otros por acción o por omisión; somos sumamente generosos, pero hay quien prefiere amasar, robar todo lo que pueda, hasta el final de  su pobre existencia.


Frente a un enjambre de zombis solitarios, frente a muñecos de paja gobernando en el mundo, frente a rocas financieras que no se inmutan ante los desastres que el planeta sufre, no se puede hace prácticamente nada, casi nada.
El trabajo empieza y termina por uno mismo, y eso requiere que cada uno se responsabilice de sus propios actos y los asuma, sino que también conlleva el ser consciente de la necesidad de sumar esfuerzos de todos para sostener y mejorar todo lo que nos rodea, incluidos nuestros semejantes.

  
Tengo mucho que aprender y vivir, tengo mucho que ofrecer aún, pero tengo muy claro que no quiero una vida digital, solitaria, individualista, corta de miras e incapaz de vivir una vida real; incapaz de abrir el corazón para que sufra y para que renazca cada día. Quiero vivir libre de ataduras digitales, de personas sin chispa que sólo busca robarte lo que jamás podrán poseer. Quiero vivir sin falsos aduladores que lejos de sentirse orgullosos sienten envidia por que nunca serán como yo.