lunes, 24 de noviembre de 2014

Encuentro


Salí un momento a comprar una pila para el reloj, que lleva ya varios días parado, y no hace bien ver el reloj parado, cuando se les hace eterna la espera a los que tienen cita con la trabajadora social, deseosos de solucionar sus problemas, o simplemente desahogar su alma y escuchar palabras amigas que les permita ver con más claridad.

Pero el tiempo estaba de verdad detenido para M., a quien me encontré,… ¿casualmente? cuando volvía con las pilas. El tiempo seguía detenido en el reloj de la oficina (me esperaban impacientes como comprobé al regresar), mientras echaba a andar para M. Como ya nos conocíamos de meses atrás, no le costó demasiado aceptar un café y charlar. ¡Vaya si charlamos, hasta la infancia regresamos!

No deja de tener su misterio que haya que recurrir a la infancia para entender el presente. En aquellos días “felices”, a veces nos ocurren cosas terribles, sufrimos visiones espantosas, que nos sacuden y nos hacen perder la inocencia de golpe, la cual es tan necesaria para vivir la vida con normalidad, afrontando los problemas y desengaños progresivamente, cada uno a su debido tiempo y a edad adecuada para recibir el golpe.

Por eso crecemos, de alguna manera, unos más y otros menos,  con una visión deformada, velada o desconfiada de la vida. Por eso la vida supone, a la vez que un aprendizaje y una invitación, un ir desprendiéndose de aquello que la lastra, que hace que la veamos demasiado peligrosa, o rechazable incluso.

“Todo el mundo tiene derecho a ser feliz”, decimos con frecuencia, para quejarnos de lo mal que nos van las cosas, o para acusar a no sé cuantos de nuestras propias desgracias. Pero sólo se puede entender como un derecho si procuramos serlo de la manera adecuada, si lo que buscamos es la Felicidad, no la mía, en exclusiva, sin importar la de los demás.

La felicidad está ahí, al alcance de cualquiera, no es de nadie, uno se la encuentra y en seguida la comparte, porque es total, no es parcial; es de todos, nunca particular, ni se puede comprar, ni vender; como el aire es esencial para la vida, la felicidad lo es para una vida completa, inacabable.


Supone, por tanto, un cambio radical, si fuera verdadera, porque ya nadie me la puede quitar, la he vivido, sé como se llega hasta ella, y nadie, por más que se empeñe, conseguirá hacerme un desgraciado total.

domingo, 23 de noviembre de 2014

La verdad es el silencio




                                                     Ilustração de Carlos Ribeiro

Cada hombre tiene en sí una fuente de vida, de donde nacen todas sus obras: el sentir, el pensar, el decir, el callar y el hacer. Es un silencio cagado de sentido, una fuente que no deja nunca de correr… una tempestad buena.

Aquel que quiere ser feliz, debe darse. Ser es amar y amar es darse. Nadie puede ser nada si no es en su relación con los otros y con el mundo. El ser más perfecto sería imperfecto si se encerrase  en sí mismo y así se redujese a su propia individualidad. La vida es el don de ser don. Sirve para acercarse a la vida del otro. Para ser lo que le falta… amándolo.

La felicidad sólo es posible cuando comprendo que no es necesario más que lo esencial y resuelvo liberarme de lo que me sobra.

Es común, que los más generosos sean aquellos que menos tienen. Estos, son capaces de dar el debido valor a la verdadera carencia, distinguiendo de forma sabia lo que es importante de todo cuanto sólo parece serlo. En verdad, son bastantes los que, afortunados, viven atormentados por la posibilidad de perder no sólo lo que tienen, sino, además, de no conseguir lo mucho que siempre han soñado alcanzar… nunca tienen descanso, ni paz. Tal vez no sepan lo que es el silencio…

Sólo una persona capaz de darse, de realizarse, es feliz. El que vive centrado en sí mismo, aunque pase el tiempo alimentando su egoísmo, nunca tendrá paz.

Prefiero dar. Ser cuanto me llega y aún sobrar, antes así que ser un inmenso deseo que absorbe todo de los otros sin retribuir. Un agujero negro que todo lo atrae hacia sí… capaz de hacer desaparecer las estrellas… y como al mal sucede siempre el mal… destruye y se destruye.

Quien procura recibir es, en sí mismo una falta, una carencia, un deseo ardiente que se consume. Hay que aceptar lo que los otros nos quieran dar, aunque sea su indiferencia; una cosa mala es servirse de los otros para nuestros proyectos personales; el amor verdadero es gratuito y silencioso, mientras que el egoísta es interesado y ruidoso.

¡Unas manos vacías llenas de amor, dispuestas a crear lo que fuera necesario, son el mejor y más bello presente que podemos dar a alguien!


Que mis manos sean de quien las necesita. Que mi silencio sea un espacio donde el otro se encuentre a sí mismo y descubra su paz.

Larga es una vida llena. Cuando seamos capaces de desprendernos, de dejar de centrarnos en nosotros mismos y en nuestras necesidades, seremos más capaces de ser felices con lo poco que tenemos y somos.

Nuestra verdad somos nosotros. La verdad es la presencia. Aquí. En silencio.

Pero la verdad nunca llega a tocar a quien no la quiere aceptar. El silencio es muchas veces sentido como un vacío… cuando es, al final, la respuesta que tanto buscamos.

Un silencio es la más bella forma de decir el amor.

Para ser ángeles (y no es nada del otro mundo) basta que tengamos el coraje de estar presente, de demostrar que el silencio puede decir mucho… y de escoger gestos simples que puedan llevar al otro lo esencial que le falta.


Presencia. Silencio. Simplicidad.

martes, 18 de noviembre de 2014

La multitud, la soledad y el amor.



                                                     Ilustração de Carlos Ribeiro

Querida amiga,

Comprendo su miedo a una vida que acabe en soledad y donde nunca llegue al éxito profesional…

Creo que debe, en primer lugar, aprender a vivir sola. Más vale sola que fingir que ama. No crea que esto es sólo una etapa del camino, sino que es, en verdad, algo que debe ser una preocupación permanente también de quien ama a alguien con el que vive todos los días. ¡Pero nuestro amor nunca es por nosotros! Jamás nos podremos gustar a nosotros mismos si no hacemos nada por los otros. Amarse a sí mismo es una contradicción, una forma simple de decir egoísmo.

Sólo quien se acepta puede esperar ser aceptado por otro.

Es con humildad como se debe entrar y salir de la vida. No es ni siquiera una virtud. Es la verdad. Ninguno de nosotros es muy importante. Es fundamental conocer bien nuestro tamaño e importancia, a fin de que sepamos mejor lo que podemos y debemos ser.

Muchos buscan en la fama y en la fortuna la razón de su felicidad. ¡Se equivocan todos! Aunque en un primer momento los aplausos le parezcan el paraíso, no tardarán en sentirse todavía más vacíos y partan en busca de aplausos… claro, pronto llegan a un punto en que ya no hay aplausos suficientes para recatar de la angustia de no depender sólo de sí mismos, de su amor, para ser felices. Mientras tanto, fueron perdiendo lo esencial…

Las cosas son lo que son. Nunca son lo que parecen. Una vida buena es algo que depende de un esfuerzo enorme por echar fuera lo que no es importante, lo que es sólo momentáneo, por más que parezca importantísimo y eterno. Para ser feliz, querida amiga, tenemos que ser simples. Concentre sus fuerzas en coger sólo lo que es esencial dejando atrás todo el resto.

Su profesión es un medio, nunca un fin.

Precisamos trabajar y es bueno que no nos dediquemos sólo y exclusivamente a la familia, mas le pido que decida en concreto (no sólo con palabras) que la familia es lo más importante. Tenga una carrera que otros hasta pueden considerar soportable, domine la ambición, en cuanto lucha y  empéñese en amar a aquellos que tiene y va a tener en casa. Claro que no es fácil, nada lo es. Pues son esos, muchas veces, quien nos hieren en lo más hondo… pero, tal vez por la misma razón, son esos mismos quienes con una sonrisa y un abrazo nos transportan al cielo.

El sufrimiento forma parte de la vida. No huya de él. Acéptelo, afróntelo y comparta su lucha y los resultados de ella. Cualesquiera que sean. Quien no estuviera consigo en los peores días, tal vez no sea el ideal para los mejores, porque la estará utilizando como un medio y no la ama como un fin. Los egoístas son así, especialistas en el arte de fingir amor. No intente siquiera desenmascararlos, pues lo más probable es que la convenzan de que usted es la egoísta y no ellos. ¡Pero, ellos creen exactamente eso! ¡Es así como sobreviven! Maestros en el juego de engaños. Hasta se engañan a sí mismos.

Amiga, una advertencia especial: la inmensa mayoría de las personas piensa que la familia es más importante que el trabajo, en eso no hay discrepancias. Pero la vida son nuestras obras, aquello que decidimos, y no lo que creemos que es mejor o nuestras promesas, por más sinceras que sean. Por eso, vemos tantas personas que se empeñan mucho más en su vida profesional que en la personal… con resultados… lógicos. La vida personal se va desgranando, mientras la profesión sigue, muchas veces, hacia ningún lado. Incluso puede parecer que sube, ¡pero… es para caer! Son muchos los que ya tarde se dan cuenta que la felicidad está en la sonrisa sincera que podemos dar a quien está cerca, más que los aplausos y en la admiración que podemos recibir de gente que ni siquiera sabemos quien es.

Para que alguien sea  feliz necesita de amor… y eso no es algo que se consiga en un empleo. Amar es darse, no es vencer en un juego de intercambio.

Cuente conmigo. Estoy aquí. Confío en usted. Rezo por usted.


A su disposición.