lunes, 27 de marzo de 2017

El cuento de nunca acabar...


A principios de febrero comenzó el nuevo plazo para poder solicitar el salario social, tras una larga espera de seis meses. Iba tan contento mi amigo, porque de nuevo podría disponer de algún dinero para su mantenimiento, pero sobre todo para entregar una parte de lo que cobra a quien le ayuda ahora a mantenerse, como prueba de agradecimiento.

Pero, le faltaba un documento, un certificado de que no recibía ninguna prestación económica. Intentó que se lo facilitaran en el SEPE una vez, y le dijeron que no podían facilitárselo, y le aconsejaron  que  pidiera una clave universal, en la oficina del DNI,  con la que podría solicitar cualquier documento que necesitara en el futuro. Ese mismo día fue a solicitar la clave, pero no funcionaban las conexiones o la máquina. Acudió a la trabajadora para informarle del percance, y esta le dijo que cuando tuviera dicho certificado lo entregara al portero.

Pidió cita de nuevo a la oficina del SEPE, y tampoco obtiene respuesta alguna pero en este caso es porque ni siquiera figuraba en la lista de citas del día... aunque había solicitado debidamente dicha cita en la oficina de cáritas para personas sin hogar... De nuevo pide la cita en la misma oficina de cáritas, con la ayuda del trabajador social.

Yo mismo lo acompañé esta vez a la oficina, y llevábamos una copia, en papel, de la cita con el dia y la hora, por si a caso. Esta vez nos atendió una funcionaria más amable, informándonos de  cómo podíamos obtener la clave, y además nos facilitó un teléfono para pedir dicho certificado de manera urgente, y que se lo enviaran a casa.

Esperó unos días y recibió el certificado. Fue a entregarlo al portero del Centro Hermana Cristina,  que está en el otro extremo de la ciudad donde él vive, como había quedado con la trabajadora. Pero... ¡llegó tarde!, ahora habían caducado otros documentos. El portero no se hace cargo del certificado, sino que  le devuelve todos los documentos para que volviera con ellos cuando consiguiera ponerlos al día...

Ya podéis imaginaros, pacientes lectores, si habéis sido capaces de llegar aquí, y no habéis saltado de vuestros asientos, levantado los puños, o golpeado la mesa con ellos, cómo le pudo sentar a mi amigo tanto ajetreo para volver al punto de partida, sin un duro en el bolsillo, sin poder coger el autobús, sin nadie que le echara una mano para evitar tener que volver.

Antes de abandonar el edificio le pidió al funcionario, que tiene un ordenador bien conectado, que le hiciera el favor de entrar en la página donde solicitar de nuevo el documento que le faltaba, para así no tener que volver a repetir tan ingrato y largo paseo al día siguiente,  pero le respondió: ¡sácatelo tu mismo! Pero, mientras regresaba, dando vueltas al tema y pensando en la forma de evitar tener que volver, se le ocurre entrar en una copistería y pedirle que le saque en su ordenador una copia del certificado, pagándosela, claro está. Obtuvo la misma respuesta que eso no podía hacerlo allí, que solo tenía acceso a algunas páginas, a esa no...

Así que llegó otra vez a la oficina de cáritas, para personas sin hogar, donde colabora de voluntario también, y el trabajador le sacó el certificado del lío, para que mañana pueda volver a empezar.
Y aquí el cuento debe acabar... pero eso, ¡ya se verá!


Moraleja: Quizá algún día lleguemos a disponer de la ‘ventanilla única’, con funcionarios eficientes al cien por cien a su cargo, con capacidad y ganas de acceder a todos nuestros datos, que celosamente guarda el Estado; de ese modo ya no seremos los ciudadanos los que tengamos que ‘currarnos’ cada documento que el mismo Estado nos concede y aprueba, cuando queramos ‘disfrutar’ alguna ayuda o servicio del mismo Estado, que previamente nos ha clasificado según nuestra contribución, nuestro estado civil, nuestra situación económica... ¿¡Para qué tanto trajín!?, ¿¡o es que quieren en verdad probarnos, o  volvernos locos!? No acierto a ver, ni sospecho siquiera, cuál puede ser esa perversa intención, que sin duda se desprende de semejantes ‘torturas’ o tácticas.

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