lunes, 30 de enero de 2017

“...como recae siempre sobre los hijos la responsabilidad de “comprender” lo que les pasa a los papás...”


Ahora todo el mundo parece empeñado en querer arreglar el mundo entero, sus vidas y las de los demás. Pero, son tantos los criterios, opiniones y teorías, a menudo tan dogmáticos, que caen en la intolerancia más radical y absoluta, de tú a tú, de vecino a vecino, de partido a partido, incluso entre profesionales..., no quedando otra alternativa que el desprecio, incluso la eliminación del contrario, que no rival, lo cual supondría reconocer algún mérito en el oponente.

¿Cómo se va a arreglar el mundo así, si no empezamos por nosotros mismos? Si no hay orden en uno mismo, si no mantengo una conducta fiable para mí mismo, y menos aún para los demás. Son también muchos los que no pueden controlar sus vidas, porque su situación personal y social es de carencia total, porque están a merced de de la dependencia más absoluta. Todos tenemos que hacer frente a todo lo que se nos viene encima, porque estamos en época de crisis, lo de antes no está seguro o se desmorona, y lo que viene no se manifiesta con claridad, entonces todos, ciudadanos activos y los excluidos fantaseamos... un poquito al menos, y pedimos cosas extraordinarias, para todos... como si fuera una lotería, que no exija mucho esfuerzo, como si solamente quisiéramos vivir, porque vemos nuestra seguridad, nuestra vida, amenazadas.

Hace tiempo que voy recogiendo textos, o mejor fragmentos, que me parece oportuno sacar ahora juntos, para tratar de entender algo de lo que nos pasa, como sociedad y como personas humanas, cada día más robotizadas, o sea, manejables, intercambiables, prescindibles... Por qué es tan fácil hoy pasar de ser un ciudadano activo a ser un excluido social, sujeto a una escala discriminatoria e injusta de requisitos para ser beneficiario de las ayudas sociales o caritativas.

El primer texto es de Antonio Robles, un político catalán que destaca en la defensa del bien común de todos los catalanes y españoles. “De tanto miedo a convertirnos en indeseables, hemos abandonado los valores universales que nos hacen humanos e iguales antes y a pesar de las culturas.

Esa indolencia explica el regreso de ideologías autoritarias, ‘totalistas’, racistas, etnocentristas, nacionalistas, populistas, cuyo nervio intelectual es el instinto de supervivencia, la marca del territorio, el retorno a la tribu.

Sacralizar a la inmigración independientemente de su racionalidad y circunstancias;... ; satanizar a todo quien ose debatir los excesos de la discriminación positiva de la mujer; excluir políticamente a quienes no comulguen a pies juntillas con el apocalipsis del cambio climático, o el maltrato animal; reprimir, acallar, ensuciar a las clases sociales de los países occidentales más expuestas a la exclusión social por la competencia en los servicios sociales de los recién llegados a sus países; ridiculizar a quienes denuncian el poder financiero internacional por encima de las razones democráticas de los Estados... No permitir que tales problemas sean discutidos por las partes en conflicto, libremente, sin satanizar ninguna postura a priori, ha generado una presión que está siendo aprovechada por las ideologías populistas y extremas para simplificarlos y ganar enteros.”
 
Este segundo texto no tuve la precaución de anotar la fuente, por lo que pido disculpas, pero merece la pena: “Nosotros éramos, sencillamente, niños españoles que tuvimos el apoyo de la Nación para poder estudiar una carrera y ganarnos la vida honradamente, mejorando las circunstancias familiares de pobreza, aislamiento u orfandad que por la Guerra Civil o cualquier otra desgracia hubiéramos heredado. No nos educó nadie en el rencor. Sencillamente, nos educó. Nadie nos dijo que nos regalaba nada, aunque nos dieron lo que tenían. España necesitaba "que ninguna inteligencia se pierda por falta de medios". Ese era el lema del PIO (Patronato de Igualdad de Oportunidades), el de las becas que se renovaban con media de 7 pero gracias a las que pudimos estudiar miles de niños venidos de cualquier rincón de Teruel.”

Este otro texto está tomado del facebook, sobre los niños de padres divorciados:
"Muchos, cada vez más y más niños viven con esos sentimientos…. Un dolor que no lo expresan con palabras sino que se va traduciendo en conductas que dificultan su sano crecimiento. Tantos y tantos problemas que heredamos a los hijos ¿Qué pasará en sus vidas? ¿Cómo percibirán la vida matrimonial? ¿Qué clase de familia formarán ellos?

He visto “muchas” películas gringas en que se maneja el problema de los hijos de papás divorciados…. Y es traumático ver como recae siempre sobre los hijos la responsabilidad de “comprender” lo que les pasa a los papás… los niños con toda su inmadurez tienen que “comprender” que los papás ya no se aman… y no al revés, que los papás entiendan que los hijos sufren irreversiblemente la ruptura de sus padres. Esas películas extienden un velo de conformidad y aceptación del divorcio absolutamente".

Y ya, para terminar, una reseña sobre el libro de Víctor Lapuente El retorno de los chamanes. (Los charlatanes que amenazan el bien común y los profesionales que pueden salvarnos).

“La tesis central de este libro es que existen dos grandes retóricas políticas: la del chamán y la de la exploradora. También podemos llamarlas culturas políticas, pero se ha empleado esta expresión para denotar fenómenos tan diversos que me decanto por el término «retórica». La retórica del chamán se basa en la indignación, en la lucha, en soñar con lo imposible, en poner la realidad frente al espejo de la utopía, en las grandes expectativas de cambio, en la política transformadora. Por el contrario, la retórica de la exploradora se basa en la solidaridad, en el consenso, en soñar en lo posible, en poner la realidad frente a las alternativas factibles, en las pequeñas expectativas, en la política incrementalista. En el mundo del chamán, el objetivo es devolver el orden al caos... En el mundo de la exploradora, la meta es resolver los problemas colectivos de forma solidaria.

La retórica del chamán divide a las sociedades y paraliza el progreso; la de la exploradora une a las comunidades políticas y estimula los avances. Las retóricas no entienden de ideologías: unos chamanes son de izquierdas y otros, de derechas; igual pasa entre los exploradores. Las retóricas tampoco saben de fronteras: hay chamanes y exploradores tanto en el sur como en el norte. Las comunidades políticas denominadas hoy por la retórica de la exploradora fueron antaño dominadas por la de los chamanes, y viceversa. La retórica marca la política de un país, pero no la determina.
Las aspiraciones de cambio político más comentadas en tiempos de crisis concentran sus esfuerzos en diseñar pasos muy grandes, enormes: saltemos a un tipo marginal del IRPF del 75%, a la renta básica universal, a ofrecer empleo público a todos los parados, a unas políticas justas...

Pero los grandes pasos suelan acabar en grandes caídas. Y eso si, con suerte, se han podido intentar, pues suelen despertar enormes temores y reticencias en los grandes intereses. Estas grandes resistencias generan grandes frustraciones. Por el contrario, los pequeños pasos son fáciles, despiertan la confianza y permiten tomar velocidad. Es en conseguir una alta frecuencia de pasos, y no en su longitud, donde hay que aglutinar las energías.




sábado, 28 de enero de 2017

ZUMOS, PORROS, Y BOLSAS.


 (El descenso a la exclusión social, narrado con brevedad, en primera persona, con verdaderos esfuerzos por ser objetivo por una parte, y aleccionador por otra. Una lección que este maestro no pensaría nunca tener que dar...ofrece un escarmiento en cabeza ajena para unos, a la vez que desenmascara a una sociedad injusta, cínica. Es tan educado y sensible que es más lo que se supone que lo que dice; sacrificado en exceso, como si no quisiera ofender a nadie, ni tampoco sí mismo, pues conserva intacta aún su dignidad. Ojalá que no la pierda nunca, pase lo que pase.)

Cuando en las noticias ves cosas como que personas y familias son desahuciadas, o ves personas en la calle, que no tienen un techo ni un hogar, son acontecimientos que piensas que nunca te pueden ocurrir, pero nadie está libre de que su suerte cambie y los astros se alineen en tu contra y después de llevar una vida normal, te veas viendo en primera persona acontecimientos que parecían imposibles o muy lejanos, pero la mayoría de los hombres/ mujeres se adaptan a las circunstancias, y como cualquier otra especia del reino animal, luchan por su supervivencia, o en este caso por sobrevivir.

A pesar de las adversidades, sigues luchando, a veces por mantenerte y otras por recuperar aquello que has perdido, incluso cuando lo has perdido todo, hasta las dignidad, la cual es la más difícil de recuperar. No solo porque la autoestima esta a la altura de los talones sino porque la mayoría de las personas te miran con ojos de desprecio, temor o indiferencia, y algunos hasta se mofan; una minoría te intenta ayudar, y si no eres adicto a la droga eres un incomprendido y un extraño, tanto para la minoría que ayuda como aquellos que puedes llegar a conocer, que se encuentran en tu misma situación. Lo peor de todo es que si no te has visto arrojado a esta situación por un problema de adicción lo más posible es que en la calle acabes por adquirir una mala o fea costumbre.

Cuando te encuentras viviendo esta situación, procuras encontrar lo posible para continuar siendo una persona y aunque parezca mentira puedes hacerlo: alimentación básica ( desayuno, comida, merienda y cena) aseo personal, y mantener tu ropa limpia, u obtener ropa limpia de la caridad, e incluso un techo y una cama en los mal llamados albergues, o si no tienen temores ni reparos, en la calle. La primera noche es la más dura, aunque ninguna es buena, así que conciliar el sueño y descansar se convierte en una utopía. No solo por las personas que puedan atentar contra tu seguridad, jóvenes, vándalos y desprotegidos como tu) sino porque la propia policía puede ser la que te prohíba el asentamiento, por dar mala imagen para su ciudad y no con intención de ayudar, así que los aliados son escasos.

Una vez tomada la decisión de dónde vas a dormir, si en albergue o en la calle, el primero tiene sus ventajas, pues aunque la hora de  despertar suele ser espartana tienes la ventaja de que puedes ducharte y dejar tus cosas en lugar seguro, pero obviamente estos albergues están regidos por personas que con el paso del tiempo han perdido las formas y se han insensibilizado, como los enterradores, así que a veces no es tanto el lugar si no la persona que lo hace o no acogedor.
La segunda opción aunque más dura e insegura, te deja una libertad muy atractiva y depende de ti el que el asentamiento escogido llame la atención, si mantienes la zona limpia, no provocas escándalos ni peleas, puede que aunque sea una zona transitada, un parque o la playa se convierta en tu hogar o base. Aunque tengas que desplazarte para conseguir lo básico.

Mi experiencia personal se desarrollo en la Línea de la Concepción. Por vicisitudes de la vida ya había pasado un breve espacio de tiempo allí, así que tenia algunos conocidos. El primer día que llegue era por la tarde así que me dirigí al hospital donde café y calor, a las 21 horas, reparte algo de cena caliente. Ese día coincidí con Sergio (esquizofrénico) que cenaba allí conmigo, como oriundo de la Línea que es, le pregunte donde podía ubicar mi tienda de campaña y dormir. Me enseño a priori lo que parecía un buen sitio, una cueva de hormigón pegada a las rocas rompientes, me aseguro que allí la marea no me llegaría nunca, le creí, pero a la cuarta noche casi salgo en barco, la tienda, el saco y las pocas cosas que llevaba se empaparon, así que a las 3 de la madrugada me encontré mojado y sin ningún sitio al que ir, además lloviznaba, deambule hasta el amanecer, y en un parque infantil tendí todo para que se secara al sol. Después fui a desayunar al ‘despierta’, un centro cultural transformado en centro de acogida y desayunos para los sin techo. A continuación, una vez tomado el desayuno, fui al C.E.A. , centro de encuentro y acogida, puse una lavadora y me duche, después comida y entrega de la merienda. Luego las horas hasta la cena o me echaba una cabezada o me iba a la playa hasta poco antes de las 21;30 que es cuando café y calor dan de cenar en los juzgados.


¿A quién veo cuando me miro en el espejo?


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

La imagen que el espejo me ofrece es una sombra de lo que soy. Es visible, pero no se puede tocar.

La imagen es real. Puedo verla delante de mí. Pero es una verdad cruda y una mentira cruel, porque yo no soy solo lo que allí se refleja. Por eso, busco historias pasadas en cada detalle de mi rostro. Me surgen preguntas, muchas, y me pregunto ante aquel reflejo que nada me dice... y acabo por desesperarme por no oír nada. Me pregunto de nuevo, como si mi determinación pudiese intimidar al silencio... Y el silencio me responde con más silencio.

Tal vez yo mismo aquel que pregunta, sea la respuesta que la vida me da.
Estoy aquí y siento la vida en mí. Tal vez yo necesite aprender y aceptar los silencios, no como vacíos de sentido, sino como espacios de tiempo que la vida reserva para sí misma, no para mí.
Cada uno de nosotros está obligado a pasar largas horas en los desiertos de la existencia. Son tiempos tan duros como importantes. Porque cuanto más cruda y dura es la verdad, más duele. Pero más nos purifica y perfecciona.

Es a mí a quien corresponde la decisión de ser, dentro del fruto ya maduro de mi pasado, la simiente del futuro que quiero crear.

Los que se dejan perder en los desiertos, mueren... y hay también muchos que se quedan presos en la relación de sí consigo mismos.

Comprender que hay una misión para cada día y que la vida tiene sentido a pesar de todos los dolores... mientras, tal vez me vuelva digno de la vida que me fue confiada, comenzando a mirar para los otros y dejando de mirar para mí.



(ilustração de Carlos Ribeiro)


http://rr.sapo.pt/artigo/74565/quem_vejo_quando_me_olho_ao_espelho




martes, 24 de enero de 2017

Sin luchar, nadie merece vencer


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

Cuanto más se huye del miedo, mayor peligro se corre. Agitación y cuidado no deben transformarse en precipitación o desesperación.

Quien no hace frente a sus miedos corre un enorme riesgo de, cuando fuere atacado, no se puede defender. Los amedrentados son las personas preferidas de los depredadores.

Es importante construir con consistencia nuestra confianza, de forma lenta y estable, a fin de preservar siempre una firmeza exterior que, mientras tanto, no endurezca el corazón, manteniéndolo siempre abierto, delicado y determinado. Es preciso coraje para mantener un corazón sensible.

Si acaso la derrota y la desilusión destruyen nuestra vida, entonces es tiempo de construir a partir de las ruinas. Las vidas más bellas casi no tienen extravagancias. Son historias de voluntades que se imponen a los miedos por medio de lo que muchos creen que son milagros, pero que en verdad son solo prodigios y maravillas de la voluntad de alguien que, a pesar de los miedos, dudas y fracasos, no desiste de sí mismo.

Son admirables los que atraviesan los abismos con fe y luchan como si supiesen que solo pueden vencer. Su grandeza se debe a enfrentarse al mal con los ojos abiertos. Del heroísmo de construirse siempre, aún cuando eso parece imposible.
Mirar y recono0cer los peligros y a los adversarios es decisivo para derrotarlos.

La fe no es una cobardía, antes bien un coraje reservado al corazón de los más fuertes... para enfrentarse a las peores circunstancias.

Solo quien tiene fe es quien puede vencer.



(ilustração de Carlos Ribeiro)


Todos al servicio del bien común

Esta mañana por fin surgió espontáneamente una tertulia muy animada, en la que entre todos planteamos una solución posible para rescatar a todos los que están en paro, pasarían a ser considerados ciudadanos de derecho, con deberes y derechos. Quedó muy claro que la ayuda, o salario social, sería ganado a través  de múltiples trabajos o servicios a la comunidad.
Fue  unánime la acusación a los políticos y los poderosos de que no les importa el paro, ni el sufrimiento de los demás, ellos van a los suyo, a asegurarse su porvenir, aunque eso suponga quitar recursos para los que menos tienen. Falta humanidad.

Un momento de cierta tensión fue cuando a uno de los tertulianos se le ocurre decir: ‘he oído que a los refugiados les dan una casa y lo necesario para vivir. En cambio a nosotros, los nacionales, ni caso nos hacen”, esta afirmación hizo que otro protestara, porque entendía que la queja del primero iba en contra de admitir refugiados. Trabajo nos costó convencer al segundo de que no era eso, sino que lo que duele es la discriminación que se hace de los propios nacionales, frente a los refugiados. ‘Sí -dice otro-, ellos vienen de una guerra, pero nosotros también padecemos y sufrimos las consecuencias de otra guerra...Si no, ¿qué es esta crisis interminable?’

El que habló primero, guardaba un recorte de periódico que trataba del Housing First, de cómo un psicólogo ha logrado sacar a muchas personas de la calle, alojándolas en pisos. También el padre citó un libro, ‘sí se puede’, que defiende la misma idea que todos nosotros teníamos muy clara: se puede mejorar sensiblemente la situación de millones de personas, dándoles una oportunidad. Habría más dinero, más consumo, más producción, más trabajo y posibilidades de mejorar, de reciclarse, de formarse...
Queríamos dejar bien claro que no se trataría de una limosna, sin obligación alguna, todos coincidíamos en que se podrían llevar a cabo numerosas actividades, adecentando jardines, limpiando calles y carreteras, un sinfín de servicios a la comunidad, con lo que se reduciría incluso la delincuencia, las adicciones, ideas de suicidio...

Sería, sin duda, una sociedad mucho mejor, más justa, en la que todos estarían dispuestos a servir al bien común, cuidando unos de los otros, y vigilando para que nadie abusara de nadie.


Y apenas duró media hora esta interesante tertulia, pero hemos de seguir creando mentalidad, aportando soluciones, combatiendo la ineptitud de políticos y sindicatos, incapaces de aportar las soluciones que, como servidores públicos, tendrían que aportar, demostrando con ello que son capaces de ganarse el sueldo que reciben del mismo pueblo al que no sirven, al menos en su totalidad.

domingo, 15 de enero de 2017

Pies en la tierra, cabeza en el cielo


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

La fe no es cosa de viejas  beatas. Es algo que exige coraje, fuerza y valor. Está solo al alcance de los hombres y mujeres que deciden ser valientes, dispuestos para todo.

Estar dispuesto no es una voluntad, no es querer estar dispuesto. Es tener hecho todo lo necesario. No importa lo que cueste o se tarde.

En nuestros días, es extraño que la expresión hombre humilde sea sinónimo casi exclusivo de hombre miserable... alguien que los demás, siendo diferentes –o diferenciados, como se llaman a sí mismos- reconocen como digno de pena y compasión. Ahora bien, aquí parece existir una señal clara de que no conviene caer en esta condición, tan miserable a los ojos de la multitud.

Las alas de un águila le pesan, pero le permiten volar. Sin ellas, sería solo un ave más de corral. Más ligera, pero mucho menos libre.

La fe no es una venda que tapa los ojos, sino una ventana que abre horizontes más allá de lo que podría la razón, sólo por sí, contemplar. Tampoco es una verdad cómoda en que algunos se refugian para no tener que pensar, sin ningún desafío que incomode, porque impulsa siempre nuevas búsquedas, obliga al desasosiego de una lucha constante, exige que se camine al encuentro del otro lad0 de la existencia...

La humildad es la condición de la fe. Sin la cual nadie es elevado por encima del polvo y del fango.

Creer es volar, porque implica ir por donde y hacia donde no hay suelo. Pero no se piense que ahí se llega a través de la convicción en nuestro propio valor, no. Es, sí, por la conciencia de nuestra cobardía.

La fe nos da firmeza, pero sin tener donde posar los pies ni donde reclinar la cabeza. Hace como que creemos en una roca firme que existe sin que la podamos ver... a fin de que podamos existir sin tener que fingir.

(Ilustração: Carlos Ribeiro)


No sé cuantas almas tengo


 Poema de Fernando Pesoa

No sé cuántas almas tengo
A cada momento mudé.
Continuamente me extraño.
Nunca me vi ni encontré.
De tanto ser, sólo tengo alma.
Quien tiene alma no tiene calma.
Quien ve es sólo lo que ve,
quien siente no es quien es,
atento a lo que soy y veo,
me vuelvo ellos y no yo.
Cada sueño mío o deseo
es de lo que nace y no mío.
Soy mi propio paisaje;
asisto a mi pasaje,
diverso, móvil y solo,
no sé sentirme donde estoy.
Por eso, ajeno, voy leyendo
como páginas, mi ser.
Lo que sigue no imaginando,
Lo que pasó olvidando.
Anoto al margen sobre lo que leí,
lo que creí que sentía.
Releo y digo: ¿”Era yo?”
Dios sabe por qué escribo.



sábado, 14 de enero de 2017

“Mucha gente que se cree el centro del mundo”



Uno de los mayores problemas de nuestro tiempo es que mucha gente que se cree el centro del mundo. Hay momentos en que somos llamados a salir de nosotros mismos, para ir al encuentro del otro... no estamos solos, no somos únicos... por más que nos creamos diferentes y mejores.
Caminar puede ser una forma excelente de meditar, Paso a paso, pensamos ideas y  emociones... poco a poco, vamos comprendiendo nuestra vida, mirando al pasado. Después, podemos abrir el corazón al futuro que ha de llagar. Solo se vive hacia adelante, después que se ha comprendido lo que ha pasado.

La vida es un viaje. Más que los parajes, el recorrido o la confortabilidad, lo que importa es el destino. Cuando caminamos hacia donde queremos, lo demás poco importa y la anticipación de la llegada es la alegría que ya nos calienta el corazón. Esperar una alegría es ya una alegría. Del mismo modo, cuando nos fuerzan a ir hacia donde no queremos, cada paso es una pérdida de tiempo, una pérdida de paz, una tragedia anunciada, pero ya concreta.
(...)
Amar es darse. Es compartir la casa, las fuerzas y los dones. Es dejar de ser uno para ser un nosotros mayor. El sentido de la vida es ese. Abrir la puerta de casa y salir, buscando a quien necesita de nosotros. Nadie es feliz solo, por mayores que sean las razones de su alegría. Así como cualquier sufrimiento se multiplica cuando quien lo soporta está solo.
(...)
Es necesario ir en busca de quien está solo. Es urgente ir y llevar paz.
(...)
Date al que carece. Descansa al ansioso. Abraza al egoísta. Viste  y da abrigo al que  cree andar perdido en los desiertos de la existencia. Es con un abrazo como, de forma voluntaria, se unen los que quieren ser libres, construyendo la casa donde han de vivir juntos para siempre.

en El Rosario para creyentes y no creyentes, José Luis Nunes Martins, Paulo Pereira
da Silva, Fotografía Francisco Pereira Gomes. Ed. Paulus

2º Misterio: La Visitación

miércoles, 11 de enero de 2017

Es fácil intercambiar palabras

Fernando Pessoa

¡Es fácil intercambiar las palabras,
lo difícil es interpretar los silencios!

¡Es fácil caminar de lado a lado,
lo difícil es saber cómo se encuentra!

¡Es fácil besar el rostro,
lo difícil es llegar al corazón!

¡Es fácil apretar las manos,
lo difícil es retener el calor!

¡Es fácil sentir el amor,
lo difícil es contener su torrente!

¿Cómo es por dentro una persona?
¿Quién es el que lo sabrá soñar?
El alma de otros y otro universo
con el que no hay comunicación posible,
con el que no hay verdadero entendimiento.

Nada sabemos del alma
sino de la nuestra;
las de los otros son miradas,
son gestos, son palabras,
que suponen
alguna semejanza en el fondo.”


domingo, 8 de enero de 2017

Sólo hay un lugar donde puedo tener paz


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

Todos tenemos un rinconcito en el mundo en el cual, protegidos y distantes del ruido y la prisa, descansamos y disfrutamos de la paz por la cual pasamos la vida luchando.

Ahí, no hay fiestas ni alegrías efusivas, solo una paz pura. Allí, solos, estamos en buena compañía.

Es un error enorme creer que nos realizamos solo fuera de nosotros, o que eso es una condición esencial para una realización plena.

Quien se deja guiar por el ansia de la aprobación de los otros, no tiene conciencia de que esa avidez conduce a tal exposición que impide el recato y la intimidad donde nuestras fuerzas se equilibran y fortalecen. Quien vive para la apariencia, pronto cambia la paz interior por una ilusión de fama, tan instantánea que muere nada más nacer.

Quien no tiene donde vivir en paz es miserable. En el sentido más profundo y absoluto de la miseria.
Sólo en este lugar, que no es un sueño, puedo dormir y despertar con una sonrisa.

¿Por qué razón no estoy siempre ahí? Tal vez porque tengo que pasar por lo peor para continuar mereciendo lo mejor.

En la vida siempre tenemos que hacer sacrificios grandes para continuar existiendo en ese lugar donde aprendemos a ver el mundo como es, donde nuestros planes comienzan a hacerse realidad, donde recargamos nuestras fuerzas, donde somos y nos sentimos amados.

Amar implica salir de la comodidad y hacer muchas cosas desagradables que es imprescindible para la defensa de mi felicidad.

Caminando siempre, como si el espíritu solo avanzase cuando las personas lo mueven, procurando sin cesar la paz del otro, sin el cual no puedo tener la mía.


Y es así que, mientras en la tierra mis pies se debaten con el fango y las trampas del mundo, mi corazón experimenta ya la paz de un cielo al cual no he llegado aún. 

http://rr.sapo.pt/artigo/72770/so_ha_um_lugar_onde_posso_ter_paz

sábado, 7 de enero de 2017

Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso



Beato Juan Taulero (1.300-361)

Es cosa arriesgada y peligrosa que un hombre juzgue a otro; cada uno debe estar atento a abstenerse de este pecado. Porque el que es la Verdad dijo: Con la medida que midáis, seréis medidos. Si eres muy misericordioso, encontrarás más misericordia; si lo eres poco, encontrarás poca; si no tienes misericordia, tampoco la encontrarás para ti.


Debemos probar y ejercer esta misericordia interiormente, en su voluntad profunda, de tal modo que sientas una compasión profunda y sincera por tu prójimo, siempre que lo veas sufrir, y que le pidas a Dios de todo corazón que le consuele. Si puedes socorrerlo externamente con algún consejo o algún donativo, con palabras o con obras, lo harás en la medida de lo posible. Si no puedes hacer mucho, haz al menos algo, ya sea una obra de misericordia interior o exterior: dile, por lo menos, una buena palabra, de este modo, cumples con lo que le debes, y encontrarás a un Dios misericordioso.

(En MAGNIFICAT)

viernes, 6 de enero de 2017

El hombre propone, Dios dispone


Hace apenas unas semanas estábamos felices, porque creíamos que compartíamos la felicidad de dos personas que convivían bajo el mismo techo, de ocupas en medio de un paraje natural, y de pronto, empujados por un violento desahucio, habían encontrado un techo mejor, más seguro, más digno,  con espacio para acoger personas y animales, lo que les permitiría una mayor integración en la sociedad y una ayuda para su maltrecha economía.

Pero, ‘el hombre propone y Dios dispone’, o sea que, es Dios quien en realidad nos consigue las cosas buenas que nos ocurren, utilizándonos a nosotros sabiamente para sus fines, y nunca sabremos si son buenas hasta que quede demostrado (algo así como el probado reconocimiento de los milagros por la Santa Madre Iglesia). Nosotros nos creemos casi siempre imprescindibles,  por lo cual nos frustramos tan a  menudo, porque las cosas no salen como pensábamos, ni en el momento que queremos.  Nadie puede hacer lo que el otro tiene que hacer por sí mismo. Por eso, ayudar no es fácil, significa estar dispuesto al ‘fracaso’, según nuestro criterio, al silencio; es un requisito imprescindible para seguir siendo voluntario y no desanimarse, o para cualquiera que quiera ayudar a otro desinteresadamente.

Quizá dimos demasiados pasos sin conocer a fondo la relación entre ambas personas, ni el interior de cada uno, ni sus verdaderas costumbres, públicas y privadas. Unos días en su nueva y digna morada y a punto estuvo de ocurrir una tragedia mayor, pero, se quedó en una disputa, en el desacuerdo y ruptura de un contrato de palabra, y abundantes destrozos materiales también.

Si, como dice la Biblia que dice el Señor: ‘vuestros planes no son mis planes’, ¡entonces, cómo se nos ocurre pensar y hacer planes para otros, pensando que se van a hacer realidad,  y se debe a nuestra participación en ellos! Humildemente hemos de aceptar que cuando las cosas no salen como pensamos o deseamos, es porque no estábamos haciendo lo adecuado, el que ayuda o el que recibe la ayuda, o los dos al mismo tiempo; porque la buena voluntad no basta. Hace falta algo más.

Algo que, a menudo, se nos escapa, o no queremos reconocer y aceptar, porque exigiría demasiado de nosotros mismos, porque tendríamos que reconocer una Existencia superior a nosotros que nos inspira para el bien en todo momento y hasta el final, y eso me llevaría también a tener que renunciar progresivamente, a medida que avanzara nuestro discernimiento, a más y más cosas... hasta quedarnos en un simple ser y existir para el bien solo. Nos llevaría a la autoexigencia, o a la conversión, o como se prefiera llamarlo, a predicar con el ejemplo, y eso, cuesta mucho entrenamiento, mucha autodisciplina, y mucho coraje, para afrontar una batalla interior de la saldré más pobre en bienes materiales, pero rico mental y espiritualmente. Y a saber encajar las opiniones y las críticas, así como la falta de reconocimiento de nuestros logros en semejante tarea, es, sobre todo, personal, cara a cara con la propia conciencia, la cual guía el mismo Dios.


 Mucho mejor que yo nos lo dice el apóstol san Juan: “...nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida. Y sabéis que ningún homicida lleva permanentemente en sí vida eterna. En esto hemos conocido el amor: en que Él dio su vida por nosotros... Pero si uno tiene bienes del mundo y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra las entrañas, ¿Cómo va a estar en el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conocemos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestro corazón  ante Él, en caso de que nos condene nuestro corazón, pues Dios es mayor que nuestro corazón y lo conoce todo.” (Primera carta del apóstol san Juan 3, 11-21) OM

jueves, 5 de enero de 2017

¿Quién tiene miedo a las pesadillas?


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

¡Las ideas que formamos a cerca de las cosas pueden atormentarnos mucho más que las propias cosas, por malas que sean!

Nuestra racionalidad llena los espacios vacíos del conocimiento con creaciones de la imaginación. Pero el resultado nunca es bueno, cuando se termina por confundir lo imaginario con lo real. La imaginación tiende a deformar la realidad, presentándonos como peor lo que no es tan malo, o mejor, lo que no es tan bueno.

Cuando se imagina lo mejor es más sublime, el riesgo de desilusión aumenta de forma brutal, al punto de bastar un instante de realidad para que la catedral que construimos se reduzca a una mera sombra de polvo que se posa sobre las ruinas.

Cuando la imaginación se deja guiar por el mal, crea desgracias de tal forma trágicas que nos hacen sufrir más que si fuesen reales.

Por eso, es necesario tomar una cierta distancia entre la realidad y la representación que de ella nos hace la imaginación.
Ya es preocupación suficiente intentar resolver los problemas reales de hoy, no perdiéndonos en hipótesis más o menos creíbles. ¿De qué vale huir de los males de hoy rumbo a lo que nos parece ser un sueño si, en realidad, estuviéramos metiéndonos en una verdadera pesadilla?
Lo que es más cierto es lo incierto y es necesario aprender a vivir con ello, a pesar de los miedos y de las ilusiones.

Cada uno de nosotros es también una obra hecha de sueños y pesadillas. Pero somos más, mucho más. Somos lo que ningún sueño o pesadilla consigue ser: somos vida. Una vida concreta, irrepetible y auténtica.

Lo peor de los sueños es que pasan; lo mejor de las pesadillas es que pasan también.
El bien parece siempre tardar y después volar lejos; el mal parece empeñarse en quedarse... pero cada uno de nosotros escoge lo que quiere dentro de sí y lo que sale fuera de su corazón.



(ilustração de Carlos Ribeiro)



miércoles, 4 de enero de 2017

Una transformación social inquietante


Esta misma mañana recordaba con la trabajadora social y amiga, con la que compartí varios años su trabajo, a algunas de las personas que tratamos juntos y que no hemos vuelto a ver. No pude por menos de exclamar, con asombro e impotencia, porque no logro entender qué está pasando en nuestra sociedad y con las personas: ¡Qué diferente es todo ahora, B., Qué raro! Hace apenas tres años o cuatro eran ‘otras’ personas las que acudían, ‘otras’ las personas que les atendíamos, siendo los mismos, y hablábamos de otra manera y otros contenidos..., más humanamente.

Ahora cuesta más llegar a las personas. Hay como un temor a expresarse auténticamente, hay que
decir lo que se espera socialmente que se diga, no se pueden expresar ideas contrarias a la ‘moda relativista’ y a la tolerancia discriminatoria. Pero, los cambios sociales se barruntan antes entre los marginados, entre los excluidos de la sociedad, porque son sus víctimas, y por eso son los primeros en acusar los cambios que se avecinan, y que  tienen su origen en los centros de poder, en lobis de corrientes de pensamiento, en ‘nuevas’ ideologías excluyentes, donde se ha gestado una crisis controlada, que aparentemente se les ha ido de las manos. Allí parece que todo sigue igual, están pertrechados ante la crisis global, siguen viviendo como si nada pasara; pero en los márgenes... allí van a parar los cascotes, los desechos de la crisis, ahí sí se reciben los golpes más fuertes, porque es la frontera.


Son muchos, millones, los que caen en la marginación y quieren recuperar su estatus anterior:
marido/esposa,  padre/madre, trabajador/a, tener casa propia o alquilada, cumplir sus obligaciones fiscales y sus deberes sociales como un ciudadano de plenos derechos... Pero no pueden. Se les han cerrado demasiadas puertas, han cortado demasiados lazos que les unía a la sociedad activa. Demasiado tiempo careciendo de todo eso obliga a asumir otros papeles, otras formas de vida, y eso no siempre se consigue. Como es tan dura la realidad que hay que soportar, unos buscan refugio en cualquier tipo de droga; otros, más fuertes, tratan de vivir sobrios y vagan de albergue en albergue por todo el territorio nacional, incluso extranjero, otros se esfuerzan por permanecer en alguna ciudad tratando de conseguir de algún modo una estabilidad aunque sea precaria.

(Cuanta no será la desesperación de algunos que esta misma mañana una persona que padece un trastorno mental considerable, gritaba en la oficina ¡¿Por qué pone ahí (en un cartel del Programa Diocesano para Personas sin Hogar) Personas sin hogar?! ¡Aquí no hay personas sin hogar, yo estoy empadronada aquí, este es mi hogar! ¡Que quiten eso de ahí, yo no soy una persona sin hogar, mañana mismo quiero que se quite eso de ahí!...)

Esta sociedad ha sucumbido en gran medida a los halagos del Padre de la Mentira: ‘seréis como dioses’. La desobediencia, la falta de respeto, se ha extendido de abajo arriba, de derecha a izquierda, no ha dejado una sola de las defensas que la sabiduría de la historia había construido sin contaminar, destruyéndola desde dentro. El buenismo es destructivo, y ataca a la Bondad, a la Justicia, a la Prudencia y a la Templanza ante las adversidades y las dificultades de la vida, porque han de seguir ocurriendo, y no se les puede hacer frente sin voluntad suficiente para vencerlas. Todos hemos caído en esa trampa del desarme moral y de principios, que nos deja totalmente desamparados a la hora de la verdad, a la hora de tener que hacer un esfuerzo por mantenerse vivo. Así desaparece también la empatía por el género humano sin discriminaciones, el desprecio por lo que no nos agrada, ‘no tenemos por qué aguantar a nada ni a nadie’, ¡Claro, pero si no nos aguantamos a nosotros mismos!


‘La familia en España es un caos’, decía una persona que está saliendo de la trampa del Padre
de la Mentira. Otro valiente me decía que ‘lo que está pasando no ocurre porque sí, obedece a una voluntad que lo ha buscado con tesón y efectividad’. Si la familia es un caos, la sociedad es el paso siguiente, y una vez que se hayan contaminado un gran número de personas, incluso desde niños,  es más fácil dominar una sociedad apática, hedonista, simple, que regresa a la pura animalidad-bestialidad, porque ha renunciado a su libertad, su pensamiento libre... Algo grave está pasando. El Nuevo año no lo será, si las personas no estamos dispuestas a que de verdad lo sea, empezando cada uno consigo mismo. OM

domingo, 1 de enero de 2017

Por fin llegó una cita de trabajo


Pero, antes de recibir esta grata noticia ocurrieron muchas cosas hoy. “La familia en España es un caos”. Con estas palabras comenzaba nuestra tertulia esta mañana. ‘Nadie se habla entre hermanos, padres e hijos’. “Yo, soy la oveja negra de la familia, pero que no se hablen mis hermanos, que son todos ‘gente normal’ eso no lo entiendo...”

La verdad es que estamos tan enredados entre nuestras propias redes y mentiras o medias verdades, sobreviviendo sin muchas luces en una sociedad cada vez más compleja, cuando no contradictoria, que no acertamos a ver para encontrar soluciones adecuadas para nosotros mismos. Algunos, después de muchas terapias y mucha voluntad,  encuentran su verdad, y con ella la salida y el fin de sus problemas. Pero, socialmente, es difícil sortear las trampas que nos tienden intereses múltiples, desde el capitalismo insaciable a la izquierda ideologizada e inútil. Al ataque a la familia tradicional, se suma un sistema educativo nefasto, sometido igualmente a la dictadura del buenismo y el relativismo, con desprecio absoluto del esfuerzo y el mérito, destruyendo así cualquier anclaje o modelo con autoridad intelectual y natural para avanzar seguros en la vida.

Ha vuelto a morir un sin techo en la calle. Los más sensibilizados nos alarmamos cuando alguien muere en la calle,  hasta nos manifestamos, no sin razón. Pero  igual nos sobrepasamos, por ‘buena voluntad’, sin duda, o sobreactuamos en otros casos.

Las personas sin hogar, a menudo son discretas, y no siempre están dispuestas a hablar de sí mimas, como si quisieran guardar su intimidad aunque esté maltrecha y herida; pero es ‘lo que les queda de sí mismos’. Esta persona, u otras, quizá no quisieran protagonismo, ni siquiera a la hora de la muerte. Otra cosa es que se le acompañe en el tránsito al último albergue, confiados en que la misericordia divina tiene siempre una morada para el que ha sufrido mucho en este valle de lágrimas.

Sí, yo he escuchado muchas veces de labios de algunos sin techo frases que lo prueban: ‘ya vais a hacer la foto... para que vean cómo dais de comer a los pobres’, esta fue la última que escuché, y se refería a nosotros mismos, que tratábamos de festejar muy sencillamente, creíamos que en familia..., la Navidad, y no teníamos intención de hacer fotos.

¿Pero quién está haciendo algo efectivo, serio, solidario al cien por cien, con el que sufre desamparo y cae en la exclusión social? ¿Los sindicatos, el gobierno, los políticos, los ‘empleadores’ con beneficios incalculables...?  Ayer llamaron a un amigo para una entrevista, y parecía casi un milagro, lo encontré optimista, animado, había recuperado por un instante su dignidad, su capacidad de soñar con un futuro prometedor... Daba gusto. Después de meses, años, semanas, días echando currículos por todas partes, un simple detalle le devolvió la dignidad de persona, de trabajador, la confianza en sí mismo.

De ahí, en conversación con otro amigo, sacábamos conclusiones, y decía él: ‘verdaderamente al gobierno, a los sindicatos, a los políticos, les importamos bien poco’, si no, ¡cómo es posible que permitan que haya cientos, miles, millones de desempleados, día tras día y año tras año! ¡Cómo es posible que no se les ocurra alguna forma de mantener a las personas en expectativa de algún trabajo próximo, aunque fuera por unos meses!

¡O nos salvamos todos, o no nos salvamos ninguno, porque desaparecerá la sociedad democráticamente entendida y caerá en manos del más fuerte!  La realidad es que cada día hay más personas viviendo en la calle, porque no se ha previsto el aumento de plazas en albergues, o en pisos tutelados, para esas personas que se ven abocadas a la dependencia absoluta, al desamparo total, de sus familias y del Estado. La exclusión social humilla al que la sufre y a quienes la provocan o son causa consciente o inconsciente de ella.


Si todos nacemos iguales, hijos del mismo Padre, todopoderoso y dueño de la vida, Señor de la muerte, los que fallamos somos nosotros, que no seguimos los mejores impulsos de nuestro corazón, la voz de nuestra conciencia que, si no padecemos algún trastorno mental, distingue caramente lo que está bien y lo que está mal, y aún así preferimos procurar la seguridad propia por encima del bien común. OM