viernes, 12 de agosto de 2016

Los débiles no llegan al cielo


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS


La fuerza de los fuertes les llega de algo superior a la voluntad, pero al cual podemos decir que no o que sí. Esta fuerza es un don que presupone un conjunto de sufrimientos comunes. Al final, el cielo solo se alcanza con mucha persistencia, firmeza y coraje.

Nunca es fácil afrontar peligros y adversidades, vencer duros trabajos, sufrir dolores, disgustos y tormentas. Batallas que se suceden y que violentan aún más porque no dan tregua para que haya descanso...  siempre con los ojos abiertos.

Pero ni el doble de la fuerza de todos los tiranos llegara, alguna vez, a vencer la fuerza del alma de un justo.

No se crea que el interior de alguien bueno es un paraíso. Antes bien, un teatro de guerras sin fin. Es porque la constancia en el corazón es tan importante como el coraje. Vacila, pero no cede. Se desanima, pero no desiste. Sufre, pero no muere... porque comparte con los otros los dolores de la vida... entregándose, con sentido, hasta la muerte.

Alguien fuerte es y será siempre fuerte, mientras lo quiere y puede ser, no importa que se sienta débil, ni que lo tengan abandonado o ni siquiera nadie le de importancia. Su don es mayor que cualquier otro. Este don es el amor.
Y si pocos son dignos del amor que les fue dado y habita en sí son, sin embargo, sí son suficientes para que haya esperanza y sentido en este mundo.

Cuando el mundo asiste –egoísta-  sin hacer nada ante la muerte de uno de estos... es el mundo quien pierde. La muerte de un valiente hace que se desmorone la parte del suelo que antes lo sostenía a él.

Amar es saber de sí solamente después de su entrega al otro. Es mantenerse,  firme en la fe, aún después de haber perdido todas las fuerzas  que se gastan.

El amor es la fuerza de los fuertes.


                                        ((ilustração de Carlos Ribeiro)


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