jueves, 31 de julio de 2014

Rescatador de monedas



Hoy ha venido un hombre, pura sensibilidad. Está sentado escuchando atentamente la conversación, participando nada más con gestos y asintiendo, negando, o sonriendo, según le parezcan más o menos acertadas o interesantes las distintas aportaciones.

Sólo cuando se han ido, o se han callado los que más hablaban, entonces se dirige a mí, para manifestarme su confianza y a la vez contarnos lo que hace. Nos  dice que él se dedica a bucear por ahí y rescata monedas del fondo de la bahía, monedas de todas las épocas y de todos los países. Nos muestra unas cuantas, y yo le pregunto donde las guarda, porque al vivir en la calle no es muy prudente decirlo en público… (hacía un momento que W. nos había contado cómo ayer tuvo que pelearse con dos extranjeros porque le quisieron robar su guitarra).

Él no le dio importancia, y nos preguntó si sabíamos donde podía venderlas. Le tocaba entrar con la trabajadora, tardó poco en salir y se iba sin despedirse, de prisa porque era tarde para comer. En esto que vuelve a entrar, y no le salen las palabras, está emocionado, ¡no sabe cómo agradecernos la atención que le hemos prestado! Le saltan las lágrimas y nos dice entre dientes que está pasando una mala racha -quizá por eso se refugia en el fondo del mar, rescatando tesoros olvidados- ,  desea hablar con nosotros, y le da corte tener que marcharse. Lo convencemos para que se vaya a comer, a descansar, que falta le hace, y mañana vuelva para charlar todo lo que quiera con nosotros. Se fue más tranquilo.

miércoles, 30 de julio de 2014

Algo ha cambiado



Después de este largo paréntesis, meses, de “convalecencia emocional”, acosado por la crisis, y algunos achaques más, vuelvo al voluntariado, aunque confieso que algo desentrenado, y con  pérdida de facultades: se me han olvidado muchos nombres, me cuesta reconocer a algunas personas; sobre todo escucho con dificultad, y me canso pronto. Pero poco a poco noto que me recupero, me dejo llevar, y los problemas ajenos, aunque me resulten familiares, no me pueden como antes.

Hay otro ambiente, otro tipo de personas, aunque sean personas sin hogar y muchas de ellas ya hubieran pasado en más de una ocasión por esta oficina. En estos momentos hay marroquíes, casi siempre tan discretos; la mayoría son españoles, pero no son personas que lleven mucho tiempo en la calle, sino personas que “se ven” en la calle, por la ruptura de la pareja en muchos casos. No da la sensación de que los que vienen sean personas sin hogar, sino personas que acaban de perder su familia, sus trabajos, y buscan una ayuda, información,  para no verse forzosamente en la calle.

 Sigo pensando y diciendo que se debe contar como una de las grandes causas de la crisis económica la ruptura de las parejas, porque cada familia que se rompe es una “pequeña empresa fantástica” que quiebra, y en el reparto de los bienes, a menudo escasos,  todos salen perjudicados. La justicia no ayuda mucho, y con cierta frecuencia es injusta al tratar de resolver estos casos, sólo intenta garantizar la manutención de los más débiles, los niños, o de la mujer, que no es tan débil siempre; el daño moral y afectivo que se causan mutuamente es en muchos casos irrecuperable y de difícil solución;  por eso muchos hombres, se quedan en la calle, tratando de recuperar el bienestar perdido sin lograrlo.

Me agradó mucho ver allí a R., la primera vez que vino, hará más de un año, era un ser asustadizo, acostumbrada a sufrir abusos por parte de todos los que la rodeaban, comenzando por su propia casa; y por eso se echó a la calle, de donde la “recogió” alguien para seguir abusando de ella, aunque intentara aparentar lo contrario. Me dice que  ya se ha librado de él. Gracias a Dios viene muy recuperada, con ganas de seguir defendiéndose.

También acudió a pedir ayuda una mujer a la que yo había atendido durante años en una cáritas parroquial, y  no la habría reconocido si ella no me dice quién es. No es sólo mi despiste el que no me permite reconocerla, es su apariencia, y no porque vaya mal vestida o desaseada, no, es que su expresión no es la misma y el desgaste físico es evidente. Entonces, cuando yo la atendía en la parroquia, siempre iba acompañada de su pareja y tres niños, que llamaban la atención, y a menudo charlaban con nosotros y nos contaban su vida y sus preocupaciones, siempre con buen humor, a pesar de los pesares. Ahora está así porque su pareja la ha dejado, embarazada del cuarto hijo, por otra mujer; vive de ocupa,  y aunque tiene los papeles firmados por el juez para que su pareja le pase la manutención de los hijos, no lo está haciendo. Los hijos los dejó con una hermana, para que no durmieran en la calle, pero dice orgullosa que su hijo mayor (11 años) no quería dejarla ir a dormir a la calle sola.

Observo que un hombre joven, con buen aspecto físico,   mira a los que hablan, sonríe algo forzadamente, pero él no habla; intento entablar conversación con él, y me dice más con los gestos que con palabras, que la causa de su presencia en esta oficina son los problemas de pareja.

Y hay, por último, un asiduo usuario, desde la apertura al cierre de la oficina,  con “incontinencia verbal”- dicho con el mayor cariño-, que recuerda y lamenta  constantemente lo mucho que tuvo y ahora, por la separación, no tiene nada. Echa de menos a su hijo, y nos muestra la foto en el móvil para que veamos lo guapo que es. Intenta buscar trabajo pero ha tenido un “accidente” inoportuno que le ha dañado un brazo y no puede presentarse así a pedir trabajo, para que lo despidan y no vuelvan a fiarse de él. Venía con un chico joven que se había ido de casa, sólo capté que por causa del mal comportamiento del padre con él, y nos decía cómo le había ayudado facilitándole ropa, calzado,  y protegiéndolo.

Eso sí, la mayoría, gran parte del tiempo que pasan allí, están con la vista fija en el móvil, de vez en cuando levantan la vista, sonríen, y algunos hablan algo.



domingo, 27 de julio de 2014

Elogio de la audacia



                                                         Ilustração de Carlos Ribeiro

Cada decisión debe ser pensada. El gobierno de nuestra vida debe pasar por un examen cuidadoso de las circunstancias, una consideración de todas las perspectivas posibles, escogiendo los fines y los medios seguros y adecuados.

Esta coherencia se construye mediante una conciencia que equilibra todas las partes. La prudencia es un pilar esencial de nuestra estructura interior.

Importa aceptar el mundo y cuidar siempre de proyectarnos y conducirnos en función de la realidad. Desconfiando de lo que se oye o se ve…  sospechando incluso de nosotros mismos y de nuestra capacidad de analizar, evaluar y decidir. Sólo quien es humilde distingue lo deseable de lo indeseable.

Pero esperar por rigurosas certezas es un enorme error. La prudencia aconseja que no se pierdan las oportunidades, actuando, en esos momentos, sin grandes pensamientos o moderaciones.

El mayor peligro en la vida es el de perdernos por falta de coraje. Aquellos que escogen ser cobardes deciden ser nada en vez de ser…

Una cierta ponderación permite tomar tiempo con antelación y administrar el esfuerzo; el exceso de timidez hace como que nada tenga sentido. Quien reusa el papel de autor y actor de su destino se condena a ser espectador y figurante de un teatro que nunca llega a representarse.

Los prudentes pueden vivir mucho más que los audaces, pero ninguno llega a ser feliz sin arriesgar. El amor no es compatible con muchos discernimientos.


Debemos cuidar de nosotros mismos, de garantizar nuestra comodidad, hoy y mañana. Pero hay valores mucho más altos que nuestra tranquilidad. ¿Para qué nos sirven los años si no somos capaces de superar el egoísmo? ¿De qué nos sirve una vida entera si no somos capaces de arriesgarnos a la vista de lo mejor?

jueves, 24 de julio de 2014

Fruto de la Formación “+ Próximo”


En la comunidad parroquial de Beja, Portugal.


Como consecuencia de una formación en Acción Social en la Parroquia (promoción y desarrollo de la acción social caritativa de la comunidad parroquial de Beja), propuesta por el proyecto “+próximo” de Cáritas, en Beja, surgió el grupo de voluntarios “Vasos de Barro”.

“Vasos de Barro” es un grupo de voluntarios, ligados a la parroquia de San Juan Bautista, en Beja, y que tiene como objetivo principal llegar a quien no puede o no tiene capacidad de pedir ayuda.

Cada voluntario pone a disposición TIEMPO para con el prójimo: en visitas domiciliarias para hacer compañía, leer, conversar, sacar a pasear, acompañar al médico, al supermercado, al peluquero, a misa, celebrar aniversarios, en fin, minimizar la soledad. Para los beneficiarios que gusten y sientan la necesidad de tener una visita para ser confortados espiritualmente, tanto los Srs. Padres como la hermana Dolores se ponen a disposición siempre que se preciso.

Está en preparación la vertiente de visitas a personas institucionalizadas, con el objeto de hacer compañía a personas en hogares e instituciones, y que no tienen visitas, así como para animación y ayuda en las horas de comida

Se realizan reuniones quincenales, por los Srs. Padres Aparicio y Cartageno, donde se hacen los puntos de situación a cerca de cómo se han llevado a cabo las visitas, nuevos voluntarios, nuevos beneficiarios, compartir alimentos, sugestiones y mejoras del modo refuncionamiento, etc.

Los “Vasos de Barro” tienen, en este momento, cerca de 20 voluntarios y 7 beneficiarios ara ser visitados.

La divulgación ha sido hecha en varias vertientes, en las misas, las redes sociales y en el “pasa-palabra”.

La respuesta que hemos tenido es extraordinariamente gratificante, tanto por parte de los visitados como de los voluntarios.


 https://www.facebook.com/caritasbeja/photos/a.204975362882305.51779.196391757073999/743222369057599/?type=1&fref=nf

domingo, 20 de julio de 2014

Necesito de ti para ser yo




                                                       Ilustração de Carlos Ribeiro

Ser quien soy pasa por ser capaz de crear relaciones al otro, con el otro y para el otro. Sólo hay personas porque hay relaciones. Mi existencia está constituida por los caminos que sueño, construyo y recorro, al lado de otras personas que, como yo, sueñan, construyen y recorren sus caminos. Voluntades distintas, dinámica común. Seguimos, cada uno por sus principios, cada uno para sus fines.

El amor lleva el ser de su autor al ser del que es amado. Amar es ser y ser es amar. Compartir con el otro y con el mundo, en un milagro de multiplicación en que cuanto más se da, más se tiene para dar, más se es.

Un pequeño error en la base lleva  potenciales tragedias en las conclusiones. Hay quien parte del principio de que el amor es recíproco. Ahora bien, esa idea simple acaba por ser origen de enormes tragedias personales. El amor no es recíproco, es personal, nace en lo más íntimo de nuestra identidad. No es mitad de nada, es un todo. Necesita de otro como fin, no como principio.

El amor es bondad generosa. Es dar el bien. Darse. Conseguir ser fuente de amor es el mayor de los bienes que se puede alcanzar. Soñar, crear y luchar por la felicidad del otro es, por sí mismo, la mayor de las recompensas. Claro, muchos desisten así al primer espino que se clava en la plana de los pies…

El valor de alguien no depende de lo que le dan o tiene, sino de lo que es. El otro puede inspirarme, pero mi felicidad pasa por lo que soy capaz de darle… y no por lo que puedo o quiero recibir.

Creamos relaciones, construimos puentes, para no ser islas. Nuestra verdadera comunión es más profunda. Las aguas separan lo más visible de lo que somos, pero el fondo es el mismo, como si fuésemos montes de una misma cordillera y el mar hubiese inundado los valles.

El camino al descubierto pasa por ser capaz de llegar a lo íntimo… de sí mismo, del otro y del mundo. Por darse cuenta de que, al final, en el fondo del ser, nuestra matriz es común. Los otros son yos y yo soy su otro.

No es bueno estar solo. La soledad anula el ser. El amor une lo que es, en la esencia, de la misma naturaleza. Resulta de la libertad y responsabilidad absolutas. Implica la capacidad de crear una vida sin intervalos.

Ningún mal perdura en el tiempo, porque la destrucción se destruye a sí misma. Sólo el bien es eterno. Porque se crea y renueva a cada momento.

Lo que soy depende de los principios que me mueven y de los fines hacia los cuales tiende mi voluntad. Seré lo que escoja ser dentro de un conjunto de decisiones que me sobrepasan, pero que en ningún punto limitan mi libertad y mi responsabilidad.

Vivimos unos con otros, seguimos juntos en el espacio y en el tiempo… escogemos después estar más cerca o más lejos de los íntimos unos de otros.

Nadie nace de sí mismo, y el ser humano, siendo el más perfecto ser terrestre, es también el más necesitado. Necesitamos mucho unos de los otros.

No es posible ser feliz sin los otros, menos aún contra los otros.

A cada instante, todo cambia, aún cuando toda la gente quiere que continúe de la misma forma. Las decisiones deben renovarse a cada paso, el amor debe encontrar la forma de hacerse real cada día, so pena de pasar, y nosotros, pasando con él…  hacernos sólo pasado.

Lejos de cerrar, el amor abre a aquel que ama al otro, convirtiéndolo en protagonista de la creación. Cada uno de nosotros está proyectado hacia fuera de sí, hacia los otros, para este mundo y para el cielo. Nuestra dignidad es tanto mayor cuanto más abierto estuviere nuestro corazón… para dar.

Necesito del infinito para ser yo

domingo, 13 de julio de 2014

Atacar las tentaciones


ornal i,  12 de julho de 2014
http://www.ionline.pt/iopiniao/atacar-tentacoes

                                                     Ilustração de Carlos Ribeiro

Nuestro corazón debe ser un castillo. De donde expulsamos, sin demoras, todo cuanto atenta contra nuestro bien. Sin excesos ni cobardías. En paz.

Las tentaciones no son feroces, ni vencen por la fuerza… su arma esencial es la astucia. Las tentaciones nos conocen desde dentro, por lo que no se pueden combatir con mentiras, sino con la voluntad y la verdad. Nadie está exento del momento en que, de repente, la paz de acaba, pero, si fuéramos rápidos en la respuesta, evitaremos que el enemigo gane el poder de dominarnos, dividir y anular.

Muchos son esclavos de sus perdiciones, asumen ser víctimas, débiles por opción, y no luchan. Acogen el mal en su interior, convirtiéndolo en huésped, dándole las llaves del corazón, creyendo las promesas de realización de los sueños que las tentaciones les presentan. Cuando pasa el tiempo y se dan cuenta de que están ahora más lejos de su objetivo… más se pierden, siendo así presas aún más expuestas.

Son los límites que marcamos para nosotros mismos los que nos defienden. Mi identidad es una unidad donde tiene que haber una distinción entre lo que quiero y lo que no quiero. Entre lo que acepto y lo que no acepto. Entre lo que levantaré y lo que destruiré a favor del bien mayor.

Las tentaciones encantan y hacen creer que los deseos más íntimos son justos y serán satisfechos por ellas. Pero, es tal vez por ahí por donde se debe comenzar nuestra cruzada contra todo lo que nos destruye: analizar y evaluar bien los deseos, anulando todos cuantos son solamente caras inocentes de perversidades profundas…

Luchamos porque somos hombres y para ser hombres.

Estas seducciones del mal giran en torno a tres ejes: el placer, el poder y el tener. Colocándonos como futuro centro del mundo si nos sometemos a ellas. Pero, nunca nadie de nosotros es o será el centro del mundo y es muy bueno que así sea. La verdad y la belleza de la vida pasan por el contraste entre la insignificancia de lo que representamos al comenzar y el valor de lo que somos llamados a construir en nosotros y en el mundo… con y para otros. Nadie se basta a sí mismo.

El arma de quien vive en eterna guerra de las tentaciones es la vigilancia. Cuanto más pronto y de forma más resuelta se reconocieran y enfrentaran, mejor será el resultado. Importa tener la conciencia más atenta a la realidad que a la imaginación.

Debemos mantener el corazón en paz a pesar de las heridas abiertas, de las llagas producidas por los golpes incesantes, unas veces sobre las antiguas cicatrices, otras en puntos que nunca habían sido tocados… golpes siempre diestros, firmes y certeros.

La vida es una lucha áspera contra la muerte, contra el mal que nos quiere destruir, contra la ausencia de un sentido profundo. Vivir es atacar lo que atenta contra la vida. Vivir es defender nuestra vida con… la vida.

Importa vigilar siempre, ponderar y concentrarnos en los objetivos que vamos trazando, en la historia que construimos, año a año, día a día, a cada momento. En una lógica de prudencia y largo plazo… de larguísimo plazo. Al final, un hombre no es un momento sino una historia que se extiende en el infinito delante de sí.

Nuestro corazón debe ser un castillo. De donde expulsamos, sin demora, todo cuanto atenta contra nuestro bien. Sin excesos ni cobardías. En paz.

Lo que sufrimos tiene sentido. ¡La cruz puede ser siempre la espada con que nos defendemos de lo que ataca el brillo de nuestra mirada!


Ser feliz pasa por ser humilde y sereno. Por guardar la paz, atender a quien lo precisa, dando lo que somos y tenemos, moderando siempre lo que en nosotros quiere ir más allá de lo sencillo… amando, siempre.

domingo, 6 de julio de 2014

El misterio de crecer



                                                          Ilustração de Carlos Ribeiro


Cada hombre es un misterio que se va descubriendo a lo largo de toda su existencia. Todos estamos llamados a crecer, del primero al último día. Soltar las antiguas seguridades y partir en busca de nuevas y más fuertes esperanzas…. pero que nunca son las definitivas. Ser hombre es crecer siempre.

Todos somos niños y jamás se pierde el deber de serlo. Nos cumple no dejar de querer saber y preguntar, de mirar y ver, de soñar y hacer, de responder, de ayudar, de intentar siempre, ¡aún cuando creemos no sea posible!

Un niño llena cualquier casa y cualquier corazón. Los niños son amor hecho carne y hueso. Vida rebosante, inmensa voluntad de vivir. Encuentran universos enteros en una hoja caída, sonrisas en los rostros humanos más tristes. A los ojos de un niño lo infinito está… en cada cosa.

Más que admirarlos por lo que son, merecen el respeto por aquello que están construyendo en sí, por lo que serán. Por el mundo que será el suyo, pero tal vez ya no el nuestro.

Con el tiempo se aprende que no es bueno incomodar a los adultos con preguntas, menos aún con buenas respuestas, como si el mundo de los mayores fuese un imperio de piedras impenetrable; como si no fuese mejor compartir; como si fuese posible ser feliz solo…

Debemos ser auténticos, a fin de enseñar a los herederos del mundo la grandeza de un hombre que asume las propias imperfecciones. En vez de críticos e implacables evaluadores, los niños necesitan modelos, de carne y hueso, con talentos y faltas. La esencia de la educación y el ejemplo. Es nuestra vida la que enseña. No son las palabras y los sueños.

Mentir a un niño es enseñarlo a mentir. Perdonar es enseñarlo a amar. Pero es bueno que sepamos que, en muchas materias, deberíamos ser nosotros los que siguiéramos su ejemplo… la mayor parte de ellas puede enseñarnos a ser felices. Sin grandes dificultades. Al final, en el mundo, lo más importante es que podamos contar unos con otros… y, quien sabe, entrar en el cielo juntos (¡nadie dice  que no se puede esperar a la puerta!)

La vida está hecha de elecciones. No todo está a nuestro alcance. Un sí es, en sí mismo, muchos nos. Cada decisión concreta implica la renuncia de todas las posibilidades que había. Pero decidir  no es negar, es decir sí a un camino y comenzar a recorrerlo. Dejando el lugar donde se estaba y siguiendo adelante. Teniendo siempre presente lo que se va a ganar y no lo que se perdió. Es bueno pensar como los niños, lejos de prejuicios, del pasado y del futuro. Vivir el presente que la vida es.

Amar es escuchar. Es estar atento al otro, ser honesto y paciente, permitirle que sea quien quiere ser, y que crezca, que crezca siempre, todos los días… pues nadie debe ser hoy lo que fue ayer.

Los niños no nos pertenecen. Ser humano es ser libre. Siempre. Lo mismo cuando todos los sueños parecen imposibles. Lo mismo cuando todos parecen querer decidir por nosotros. Lo mismo cuando nos creemos condenados.

Sólo conocemos a quien nos conoce. ¿Cuántas veces la mejor forma de conocer a alguien es contarle un secreto nuestro y observar lo que esa persona hace con él?

Importa dar a los otros el amor de escucharlos. El niño ama a quien es capaz de compartir con él. De darle lo que es, poniendo cuidado en no exigir nada a cambio. Nuestros mejores amigos son siempre los niños.

Parece que cuanto más tiempo pasa por nuestra vida, menos sabemos mirar el mundo…


¡Por más que cueste, sierre es tiempo de volver a ser niño!

jueves, 3 de julio de 2014

De la última Asamblea General de Cáritas

LA ASAMBLEA GENERAL DE CÁRITAS APUESTA POR «SALIR A LAS PERIFERIAS» PARA DEFENDER A LAS VÍCTIMAS DE «LA CULTURA DEL DESCARTE»

Cáritas. 30 de junio de 2014.- Los más de 150 participantes en la 71ª Asamblea General de Cáritas Española, celebrada entre el 27 y el 29 de junio”, han apostado, en su Declaración Final,  por escuchar la llamada del Papa Francisco a “salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio”.

  • Ponencia marco: “Explorando el futuro: retos y fronteras”, por  Francisco Lorenzo y Guillermo Fernández, expertos del Equipo de Estudios de Cáritas Española.

Intervenciones: “Una sola familia humana, alimentos para todos. Cómo lo viven las Cáritas del Sur”, por los directores de Cáritas Senegal, Ambroise Tine, y de Cáritas Costa Rica, Edwin Aguiluz, que expusieron conjuntamente el tema.

Otras aportaciones:  “Retos en el Desarrollo de Personas”, presentado por Margalida Riutort, directora de Cáritas Mallorca; y “Repensando los Derechos Humanos en la acción de Cáritas”,  desarrollado por Toño Villalón, director de la casa de acogida “Padre Damián” de Cáritas Salamanca.

  • Declaración final

La crisis sigue suponiendo un duro sacrificio para muchas familias, pues  asistimos con dolor al desmantelamiento de servicios sociales y restricciones de derechos, y al abandono a su suerte de todas esas personas que son víctimas de “esa cultura del descarte en la que el dios-dinero está en el centro”.
Una eventual salida de la crisis dejaría tras de sí una sociedad más desigual y precaria, en la que las personas sólo son “rescatables” si las leyes de la economía lo permiten.

El camino hacia un escenario mejor es todavía incierto y será largo. Este nuevo contexto nos obliga, como Cáritas, a cambiar para poder responder a las nuevas situaciones.

Los miembros de la Asamblea General de Cáritas queremos apostar por construir una sociedad:
-   Que ponga en el centro a las personas, y donde la economía esté a su servicio.
-   Que apueste por  los valores comunitarios de solidaridad y fraternidad, especialmente con los más débiles.
-    Que fortalezca su compromiso con el desarrollo global y la cooperación con los países del Sur.
-    Que se abra a la realidad de un mundo global y sin fronteras, en el que todos formemos una sola familia humana.
-    Que se base en la corresponsabilidad, donde los distintos actores: las Administraciones públicas, la sociedad civil, el mercado,  asuman sus respectivos compromisos en defensa del bien común. Y las personas deben orientar sus vidas hacia actitudes de vida más sencillas y modelos de consumo  sostenibles.

En este contexto, queremos que Cáritas  camine con la mirada puesta en dos referencias: Cristo y los pobres. Esto nos obliga a:

1. Salir a las periferias para acompañar y desarrollar iniciativas innovadoras y significativas,  que ofrezcan alternativas a los modelos económicistas e individualistas a los que quedan excluidos de todos los espacios
2. denunciar las estructuras de injusticia, de dolor y de sufrimiento, y realizar propuestas concretas, de acuerdo con el mensaje del Evangelio.
3. No sustituir la acción de las Administraciones públicas.
4. Apostar por el diálogo con los Gobiernos para, desde nuestra  experiencia, poder incidir en las políticas sociales. Implicarnos también con los movimientos sociales, desde la coherencia ética con nuestros valores, y llevar a cabo iniciativas conjuntas con las empresas.
5. Reafirmar de manera universal la defensa y el respeto de los derechos humanos, y la dignidad de todas las personas desde los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.
6.  Creer en la participación de los más pobres, para que todos los que acuden en busca de ayuda y escucha encuentren un espacio comunitario abierto, donde sean  auténticos protagonistas también en la construcción de la sociedad,
7.  Estar atentos a lo que la realidad cambiante requiere de nosotros, para detectar las nuevas situaciones de pobreza.
8. Fortalecer, desde nuestra presencia en el territorio y las parroquias, la animación comunitaria.
9.  Trabajar, a través de nuestra participación activa en Cáritas Internationalis y en las redes nacionales e internacionales del sector social, por los derechos de las comunidades y pueblos olvidados.
10. Apostar porque la ciudadanía no se adquiera solamente por la vía del empleo, pues entendemos que el reconocimiento de la dignidad de las personas no puede supeditarse a su situación laboral.

Asumimos estos compromisos empujados por una realidad en la que se siguen construyendo muros cada vez más altos. Siguen existiendo espacios prohibidos para muchos, derechos que ya no lo son y lógicas que nos invitan a pensar únicamente en nuestro propio bienestar.
Junto con nuestra denuncia, lanzamos también desde Cáritas un mensaje de anuncio y esperanza, convencidos de que, juntos, podemos aportar elementos para la construcción de un nuevo modelo social en el que los bienes sean para todos y donde el otro es nuestro hermano.


El Escorial, 29 de junio 2014.