miércoles, 28 de mayo de 2014

¿Qué es el corazón…?



Ayer tarde asistí a una conferencia sobre el corazón: “El corazón, amigos y enemigos”, impartida por un gran cirujano, de San Fernando, el Profesor José Manuel Revuelta Soba, Catedrático de Cirugía de la Universidad de Cantabria,  dentro de los actos programados por la Real Academia de San Romualdo de Ciencias, Letras y Arte. Le debo esta asistencia a mi amigo Guillermo, que me presentó hace unos meses a su amigo, “El cardiólogo”, tuvimos una interesantísima conversación, y al final me comprometí a estar presente en este acto, ya que como paciente me interesaba conocer mejor este órgano maravilloso, que cuando falla, se oscurece un poco la vida.

Efectivamente, el conferenciante no defraudó en absoluto, fue una conferencia magistral, y lo fue en gran medida por su sencillez, ya que como él mismo se presentó al comienzo se considera ante todo un médico de cabecera; sí, parecerá mentira que se pueda comprender lo que un médico nos quiere decir con esos términos científicos, pues a él se le entendió todo, supo ponerse a la altura, prueba de ello es  el prolongado aplauso que se ganó, como después de un gran concierto.

Y un concierto me pareció la conferencia, por su modo de explicar algo tan difícil como es la estructura y funcionamiento del corazón,  y algo tan sencillo a la vez como es que mientras hay corazón hay vida y si no…, pues será que hemos pasado a mejor vida, si hemos sido buenos. Y me pareció un concierto porque tuvo, como buen profesor que es la genialidad de considerar las células y el corazón como un universo en miniatura, y la humildad de apreciar la aportación de otras disciplinas en el progreso del conocimiento y tratamiento de las enfermedades del corazón (todo en uno, y uno en todo…).

Pero el momento culminante, casi poético,  para mí, fue cuando, explicando la interacción cerebro – corazón, vino a decir que el corazón no es un músculo, como se cree comúnmente: los músculos se cansan, se fatigan, para actuar necesitan una orden del cerebro, pero el corazón no necesita órdenes, funciona por sí solo, y lo hace constantemente, dormido o despierto. ¿De dónde le viene esa energía, entonces?

Y aquí nos aportó conocimientos técnicos, como son los impulsos eléctricos que hacen que el corazón ejecute automáticamente el rítmico movimiento de la sístole y la diástole, provocando una corriente sanguínea suficiente, para que no se formen coágulos en el interior y no se produzcan trombos. Y otro descubrimiento genial, el de un científico, cuyo nombre no recuerdo, aunque sí que era de Denia,  hasta donde se desplazó otro científico americano, para dar a conocer al mundo el hallazgo de este hombre, que el corazón se puede desenrollar, después de haber desenrollado cientos de corazones, que por cierto, guardaba en el frigorífico de su casa… y nos mostró las imágenes que lo prueban, destacando lo mucho este descubrimiento ha aportado a la medicina del corazón. 

¿Qué es el corazón, entonces? ¿cómo puede funcionar el sólo? Bueno, sólo no puede funcionar, no podemos dejarle todo a él, tenemos que cuidarnos, no sobrecargarlo. Y yo diría más, funciona porque alguien con mucho poder quiere que funcione, el Dueño de la vida, que la reparte entre todos los hombres por igual, y nos encomienda su administración, espera que sepamos conservarla, y la hagamos fructificar.

 Cuidando nuestra vida cuidamos la de los demás (ama a los demás como a ti mismo), y si el cuerpo humano es un universo en miniatura, la responsabilidad de nuestro cuidado personal trasciende las estrechas fronteras del individualismo, nos llevará a preocuparnos por el cuidado del entorno natural en el que vivimos y apoyar el conocimiento del cosmos en general. Sólo se ama lo que se conoce…pero si se conoce bien,  se comparte, no se guarda en beneficio propio,  ni se utiliza para recibir el aplauso.


“La Sabiduría posee un espíritu inteligente, …, multiforme y sutil, ágil, perspicaz,  plenamente diáfano, amante del bien y penetrante; libre, benéfico, amigo de la humanidad, firme seguro y sereno; un espíritu que todo lo puede y lo observa y que penetra en todos los espíritus…” (Sab. 7, 22-23)

domingo, 25 de mayo de 2014

La vida no vivida



                                                      Ilustração de Carlos Ribeiro

En varios momentos de su vida, cada persona se da cuenta de la realidad de la propia muerte… la confrontación con la idea de esta verdad puede cambiar casi todo. Dejan de sentir los días y las noches de la misma forma, porque se presiente el propio apocalipsis y, en función de ella, se reorderna la vida. Claro, hay quien no es capaz de percibir lo básico y continua como si la muerte fuese algo que sólo acontece a los demás.

Hay un instinto primario en todos los seres vivos que los lleva a luchar por la supervivencia. El hombre será el único que tiene conciencia plena de la inevitabilidad de su fin temporal, luchado así, más que por su vida, por su inmortalidad, buscando garantizar que su vida va más allá de la propia muerte.

La muerte no tiene que ser la frustración definitiva del deseo de felicidad.

Debemos actuar siempre de acuerdo con el futuro que juzgamos mejor, pero siempre sin grandes prisas ni pérdida de tiempo. Con toda la intensidad posible, pero con criterio y sin exageraciones.

¿Será el miedo a la muerte una forma de amor incondicional a la vida? ¿De dónde le viene al amor la garantía de que la muerte no le impide la realización plena?

Las preguntas pertinentes sin respuesta no significan que haya falta de sentido o de verdad sino tan sólo que vivimos en un misterio… donde la nada aparente no tiene que significar vacío, pudiendo igualmente ser la señal de una inmensidad sublime.

¿Tiene sentido que dejemos de existir? No. La prueba evidente es que tampoco parece tener gran sentido que existamos y… ¡aquí estamos! Llegados de la nada. Nosotros, el lector y yo, nosotros mismos, no cualquier otro en nuestro lugar… otros hijos de nuestros padres o de otros padres… no… nosotros mismos. No somos seres insignificantes y prescindibles. Cada uno de nosotros tiene sentido y forma parte del sentido de la vida. Aunque no sepamos cómo, por qué o para qué…

En un cementerio están, uno al lado del otro, los restos de los cuerpos de los que dejaron recuerdo y de los que no los dejaron. Cada uno de nosotros escoge su vida, aunque ninguno pueda tenerse como causa principal de sí mismo. Existimos, pero por un sentido que nos sobrepasa. Mayor que nuestra comprensión. Lo que no somos es partículas de una explosión del azar.

Tenemos poco tiempo, pero no lo parece. Basta que analicemos cuanto desperdiciamos en actividades superfluas… Tal vez la vida sea muy larga para algunos. Cuando la esperanza de vida aumenta, se les retrasa la vejez pero no la juventud… no saben qué hacer con la vida.

Aprovechar el tiempo no es hacer muchas cosas… es hacer lo que es bueno no sólo para esta fase de nuestra vida, sino también para su totalidad, ser autor sólo de lo que en sentido de eternidad tiene valor. Todo lo demás, por más impotente que pueda parecer, es caduco.

La certeza de la muerte debiera apercibirnos para el valor del tiempo. La perspectiva de una muerte próxima hace como que se descubran las innumerables bellezas que hay en las cosas más simples. Pero estas perfecciones están siempre allá… ¿ por qué razón no las sentimos y disfrutamos sin tener que existir la muerte para abrirnos los ojos?

El silencio con que sonrío y lloro no es lo mismo. Pero será siempre una misma verdad que yace en el fondo de lo que soy. La certeza de que mi historia comenzó muchos años antes de yo haber nacido. Una eternidad antes.

Sólo vive la soledad de la vida y de la muerte quien escoge vivir sin amor.

Habrá quien ansíe la vida eterna, pero desespere del vértigo de una tarde libre de domingo… ¡qué castigo será la inmortalidad para quien no sabe amar! Al final, la eternidad no es un tiempo sin fin, sino la ausencia de tiempo… en un amor infinito!

Es poco el tiempo aquí. Tratemos de garantizar que después de la muerte echaremos de menos lo que hicimos en este mundo, procurando la vida que hay en cada día, viviéndola como un don que merecemos y… llevándola dentro del corazón!




martes, 20 de mayo de 2014

“Pequeñas empresas fantásticas” en quiebra, una calamidad.



Una vez escribí “Pequeñas empresas fantásticas”, refiriéndome a las familias que en la crisis muestran su mejor razón de ser: el amor, el apoyo incondicional, lo que les permite resistir el temporal que arrecia con más fuerza a medida que el tiempo avanza, uno, dos, tres años..., y las soluciones no llegan, y los esfuerzos son en vano.

Bien, pues en estos casos hay una familia que apoya, hay un refugio humano. Pero  en una familia rota… también decía entonces que son empresas en ruina, y que cuando son tantas, empobrecen a la sociedad no sólo económicamente, sino como comunidad, la atacan  en el núcleo, donde se gesta una buena sociedad,  la primera escuela que prepara ciudadanos que miran por el bien común, y les preocupa el bienestar de los demás, con una dirección paternal.

Significan, pues,  una pérdida incalculable para la sociedad, pero para los miembros de esas familias, en muchos caos es un vivir sin descanso posible, la ruptura condiciona toda relación posible, y marca sobre todo a los hijos, a los que se les hará muy difícil, cuando no imposible, pensar en un futuro amable, acogedor, sociable, vivible.

Esas nuevas teorías relativistas, que pretenden “endiosar” al individuo, parapetarlo en una montaña de derechos, hasta el de generar vida artificialmente, a gusto del progenitor, A o B, o de manipularla para satisfacer sus apetencias… ¿a dónde creen que conducen? ¿quién va a garantizar el respeto a esos derechos? Lo más probable es que se conviertan en privilegio de nuevos señores, garantizados por un nuevo estado autoritario que gobernará al dictado de los nuevos señores del progreso. Porque ni el progreso, ni los nuevos derechos que propone están al alcance de todos, ni todos los miembros de la sociedad están conforme con ellos.

¿Estamos ya en la nueva edad media de los señores del progreso? Entonces el tercer estado, los antiguos campesinos, son hoy los millones de parados, parados de larga duración,  familias empobrecidas; pícaros y corruptos de todo tipo,  emigrantes sin rumbo ni destino, sobreviviendo por  los aledaños del progreso.

En la nueva era que alumbremos tiene que estar presente la esperanza, es importante mantener viva la conciencia social y humana para que el bien común siga siendo la aspiración colectiva irrenunciable, y la hermandad.


sábado, 17 de mayo de 2014

La fe en el amor




                                                         Ilustração de Carlos Ribeiro

Nadie vive sin creer. Es la fe la que nos abre las puertas del mundo. Una gracia que nos lanza hacia delante, que nos propone la libertad de una vida nueva, que busca y encuentra lo que los ojos no ven y las manos no tocan.

La existencia humana es un misterio que se muestra a través de señales. Sólo la fe nos revela la verdad de nosotros mismos. Confiar es abrirse y creer lo que se abre ante nosotros. La fe es lo que permite al hombre vivir con sentido, tener el coraje de ser feliz, acogiendo la gracia incluso en la misma desgracia.

Hay tanto en la vida que nos sobrepasa… Es esencial que creamos en la generosidad y en la bondad de los otros y de todo lo que no depende de nosotros. Comprenderemos que en conjunto podemos hacer aquello que solos no somos capaces.

Cuando amo, tengo fe en alguien, estoy convencido de su valor: una certeza que se prueba, pero no se demuestra, que es capaz de mover y conmover también lo mejor de mí. Un abandono confiado que arriesga todo al encuentro con el otro. Una voluntad de darme y de abrirme.

La fe es siempre en otro. Yo mismo, en mi mayor bondad, soy otro en el que creo. Tal vez por eso no haya hombre más pobre que aquel que perdió la fe en el amor, porque así se perdió a sí mismo.

No todo puede ser comprendido. Pero no deja, por eso, de ser verdad. Para comprender es preciso amar. Pero nadie es capaz de amar cuando vive desconfiado y sin esperanza. La fe completa la razón.

El amor es el principio y la perfección de cualquier relación, en la medida en que se convierte en la firme esperanza que ilumina todo el camino a partir de su destino.

Creer es el primer paso para la creación en este mundo del milagro del amor. Siempre que dos manos libres y abiertas se encuentran, rezan. 

martes, 13 de mayo de 2014

Pesimismo, pero con esperanza



Parece una contradicción pero, ¿qué es la vida sino una superación constante de contradicciones? Son los hombres los que tienen que poner de su parte para superar armónicamente las contradicciones, en sí mismos, y en su relación con los demás en  sociedad. Así se ha logrado avanzar hasta un grado de desarrollo como el presente. Pero ahora parece que no sabemos qué hacer con nosotros, los humanos, nos estorbamos en vez de buscar soluciones beneficiosas para todos, y se toman medidas discriminatorias hasta en el derecho a nacer, o a vivir, según las creencias u opiniones…

No cabe duda de que la política atraviesa una crisis de grandes dimensiones, y de gran calado, los acontecimientos se suceden sin control y a velocidad de vértigo. La desconfianza se ha instalado en las relaciones a todos los niveles, cada individuo anda sin rumbo, pero a lo suyo, como quien barrunta alguna calamidad. Y los aprovechados o astutos sacando provecho en el río revuelto, recuperando proyectos o ideas fracasadas históricamente, o haciendo su agosto para entrar en la nueva etapa con poder y condicionando el futuro de nuevo.

Los partidos políticos han traicionado sus principios, han roto la relación con el pasado, y son incapaces de ofrecer alternativas eficaces ni sensatas, han deshecho su identidad, y a cambio pretenden darle la vuelta a la historia, ir hacia atrás, implantando viejos conceptos y contenidos, que ya han fracasado, en cada una de las etapas históricas, con tal de demostrar la inutilidad del concepto de Dios, cuando no lo hacen culpable de males y guerras. Todo esto lo califican de modernidad, progresismo,  o de derechos humanos. Así, renegando de su historia, muchos europeos pretenden desmantelar la cultura europea común, laboriosamente construida, y mundialmente difundida. ¿Hacen falta enemigos, cuando están en casa?

Pero más que en ninguna parte, esta epidemia de infidelidad, se da en nuestra pobre patria. Aquí los dos grandes partidos no sólo han traicionado las raíces y la historia de España, han traicionado sus propias raíces y principios de partido, han conseguido echar de sus filas a los más capaces intelectual y moralmente, aquellos que mejor habían asimilado los cambios. Se han convertido en dos máquinas ciegas de poder, utilizando la escasa ideología que les queda, simplificada, estereotipada, para el enfrentamiento visceral, cuerpo a cuerpo, sin argumentos, como una etapa previa al enfrentamiento real, que ya están llevando a cabo desde las opciones más radicales, y los nacionalistas.

Ya han conseguido demostrar así que quien no conoce su historia, o peor aún,  la manipula a su favor, está condenado a repetirla, por haber destruido los puentes entre pasado y futuro y lograr así un progreso estable y duradero, en beneficio del bien común, como ocurrió en la transición. Los políticos que más se oyen ahora son los que reclaman, o exigen, recompensas históricas, saldar no sé que agravios que sufrieron hace siglos; se han sucedido muchas generaciones, las cuales han sido capaces de vivir más o menos en paz, hasta el momento presente, precisamente cuando hay más bienestar… o será por eso.


Nos queda una Palabra, sagrada, fiel y eficaz, capaz de cambiar la vida de los hombres, individualmente, y como pueblo, convirtiéndolo en pueblo de Dios. Y esta es la clave: Dios, la clave más segura. El que nos da la vida y la conserva,  a todos y  cada uno a la vez, y alimenta el espíritu de concordia y progreso, generoso con todos. Él cambió la historia de una vez para siempre, aunque al hombre le acometan periódicamente amenazas terroríficas: los totalitarismos, el terrorismo indiscriminado, el secuestro vil y cobarde de seres inocentes, la sustitución del pensamiento libre, la razón y el diálogo por las ideologías partidistas, la fata de rigor y veracidad en la difusión de noticias…

domingo, 11 de mayo de 2014

No soy feliz, pero…




Ilustração de Carlos Ribeiro

La felicidad no se conquista con los ojos secos. Sólo las lágrimas lo hacen posible. Todos tenemos en lo íntimo un fuego que quema y consume, que quema e ilumina, una voluntad que nos da coraje para ir lejos de aquí, a lo alto, a después de este tiempo.

Es preciso entregar todas las tristezas a ese fuego íntimo, dejar que pierdan la fuerza de sus apariencias, a fin de que podamos tener acceso a la realidad por detrás de o que pasa. Cuántas veces es la ausencia de la persona amada lo que más hace crecer nuestro amor por ella… La superación de la desgracia abre las puertas a una alegría más profunda. Las lágrimas son una prueba a la voluntad de ser feliz – por ellas, mejora, crece y se fortalece, y, con ellas, alcanza su fin.

Pero es necesario que se entregue al fuego también lo que creemos bueno, para que se pruebe en profundidad… para que no haya ilusiones. Para que vivamos en verdad.

Es preciso pues exponer todo a este fuego que, en el tiempo, destruye lo pasajero y revela lo esencial, reduce a cenizas lo que es de aquí y eleva al cielo lo que no es. El amor es fuego y luz… el infierno sólo las tinieblas, soledad, frío.

Es esta luz lo que permite que comprendamos nuestra vida, que la aceptemos, pero también es, esa misma luz, la estrella que nos indica el camino. La vida es una lucha constante.

Nuestra existencia es una inquietud permanente. Eso es una señal más de que no somos de aquí, que tal vez hayamos sido creados para otro mundo…

Es muy duro vivir y tener que luchar con el freno de la duda, durísimo tener que cambiar de vida cada poco tiempo… siempre con esperanza, nunca con certezas… el camino cierto será el que conlleva los mayores sacrificios.

Es preciso subir a lo alto de la montaña para poder contemplar la belleza del mundo. Será doloroso llegar a la cumbre. Pero, al final, cada hombre también es lo que aspira ser y aquello por lo cual está dispuesto a dar la vida.

La felicidad depende de lo que yo fuera capaz de hacer y no sólo por mi capacidad de esperar con fe que algo suceda. Dependo de mis gestos.

Habrá muchos que sientan como una afrenta el que un hombre se disponga, contra todo y contra todos, a pesar de todo y de todos, a hacer su camino para ir más allá, más allá de las certezas de los siempre escépticos. Pagando el precio de la felicidad en sufrimiento y lanzándose hacia lo mejor de sí… para el cielo que le hace falta.

Cada uno de nosotros es un ser único, por lo que cualquier comparación con otros es un error. Habrá siempre quien quiera juzgar nuestra vida a partir de la suya, se convencen de que están acertados, y que nosotros  estamos equivocados, porque, de forma muy simple, nosotros no somos como ellos. Gran parte de las personas escoge mal, pero eso no implica que nosotros tengamos que hacerlo también. No, y tampoco, que nos dejemos afectar por lo que piensan, dicen y son.

A pesar de estar solos muchas veces, no estamos solos. Podemos vivir lejos del espacio y el tiempo en que la vida nos encuentra, presintiendo sólo la presencia de otros que, como nosotros, no desesperan y entregan la vida al sueño de ser felices. Somos parte de un firmamento de voluntades libres, un cielo infinito donde ninguna estrella está sola.

Luchar por aquello en que se tiene fe no es dejar de tener corazón, por eso se sufre tanto a pesar de la esperanza. Pocos llegan a comprender  que su tiempo no sirve para sí, sino para el amor, que es la llama que nos llama y nos lleva al paraíso.

Pobres de los felices, de los que están hartos y saciados con lo que tienen y son aquí. Corazones mezquinos a quien falta la sed de lo infinito, el hambre de amor.

No soy feliz, pero estoy en camino.


viernes, 9 de mayo de 2014

La auténtica rebeldía no es egoísta



Parece como si hubiera un cerebro oculto, capaz de ir dominando la voluntad de los hombres, uno a uno, dos a dos…y así hasta lograr una mayoría fiel, indolente, servil, amorfa, total y absolutamente consumista de bienes materiales capaz de anular cualquier inquietud espiritual o rebeldía…

Nos roban el pensamiento libre, lentamente empobrecido a conciencia con leyes y planes educativos ideologizados, irracionales, en ausencia total de disciplina, que fomentan la destrucción de cualquier concepto de autoridad o superioridad intelectual… Todos hemos contribuido, toda la sociedad, los padres, los profesores, los políticos, cada vez más partidistas y autoritarios…Impera la rebeldía contra lo aprendido, lo que nos han dejado, también lo bueno, los que nos han precedido.

Rebeldía contra Dios, que es nuestro protector hasta en lo más íntimo, contra el padre, la madre, el profesor,  el policía, etc… o sea, una rebeldía mal enfocada y con efecto boomerang, multiplicándose las víctimas cada día y en todos los lugares: niños no deseados, maltratados, adolescentes sin padres, desorientados, adultos despóticos, ignorantes, o en retroceso a conductas juveniles…el futuro se oscurece, se nos ha ido de las manos, se vuelve imprevisible… mientras todos hemos ido dejando un rastro de datos, de información, desprotegiéndonos, y aumentando el poder del enemigo invisible, triunfando su estrategia, la misma de siempre, la más eficaz, divide y vencerás.

 ¿Quién se ha estado encargando de demoler el concepto de sociedad, de bien común, de progreso civilizado y pacífico, capaz de hacer crecer a la sociedad a los niveles que ahora sólo disfrutan plenamente unos pocos, mientras que cada vez más van perdiendo capacidad y derechos para  participar de los beneficios colectivos alcanzados por los que nos han precedido?


domingo, 4 de mayo de 2014

Ser madre es aceptar. Todo

José Luís Nunes Martins (mãe: Isilda de Jesus Martins)
jornal i
3 maio 2014
http://www.ionline.pt/iopiniao/ser-mae-aceitar-tudo




Ilustração de Carlos Ribeiro

Ser madre es recibir en sí a otro que le viene de fuera y lo escoge en vista de un futuro que presiente pero que, de manera ninguna, sabe explicar. Ser madre es, antes que nada, aceptar. Todo. Todo.

Es aceptar en sí a otro para el cual ella se convierte en el mundo: gestándolo, alimentándolo, comiendo, debiendo y respirando con él… él dentro de sí, ella en torno a él.

Es dejar a ese otro ir a fuera y volver a recibirlo cada día, cuando él vuelva, cuando él se rebela y, también, cuando él no vuelve…

Ser madre es acoger lo que otro le da. Pero no como quien se alimenta de lo que le viene de fuera, transformándolo en vida, que coge en sí, y devolviéndolo al mundo, ya muerto, aquello que sobra. Ser madre es darse como alimento, transformándose en la vida de aquel a quien se da para después… volver después al mundo, desgastada, sólo con lo que le sobra.

Ser madre es darse. Aceptando siempre cualquier resultado y respuesta.

Una madre, más que dar un hijo al mundo, debe dar un mundo al hijo. Uno mejor que este, lleno de esperanza y sueños, con formas y fuerzas para concretarlo. Dándose. Renunciando a sí misma. Amando de la forma más sublime y real, pura y concreta. Humana y divina. Acogiendo como suya esta obligación absoluta de amar a quien no siempre se da cuenta de su valor.

Es experimentar una vida en que la alegría se conjuga con la tristeza, la gracia con la desgracia, la esperanza con la desesperación. Como si las emociones tuviesen una amplitud gigantesca pero donde, aún así, importa garantizar que todas las tempestades interiores no se vean desde el exterior… una madre da la paz que tantas veces no tiene.

Tal vez la familia sea una casa con doble pared. La madre es la pared interior que inspira y orienta el interior. El padre es la pared exterior que protege y garantiza la supervivencia… sin embargo, ante la falta de otro, una madre es capaz de casi todo; un padre, también.

Una buena madre es un misterio con tres dones: la sencillez, la presencia y el silencio.

Está siempre presente, casi siempre atenta y en silencio, y es a partir de ahí cuando nos llegan las más sabias preguntas y respuestas. De forma simple: nos ama.


Ser madre ya es ser perfecto. Ninguna madre tiene en sí todas las cualidades humanas y, menos aún, vive sin errores, pero,  a pesar de todo, abraza a los hijos tal como son, por pocas cualidades que tengan, por mayores que sean sus errores… ser madre, así, es cuanto basta para ser perfecto.

Una madre perdona siempre. Más aún de corazón sacrificado, prefiere pensar que la culpa es suya y no de quien así la crucifica. Acepta todo. Sin exigir nada. Por último, una madre es Dios con nosotros.

Nos enseña a ser más fuerte que los miedos, no por medio de discursos inspirados, sino por la grandeza y humildad de su ejemplo. Es capaz de ofrecernos el mar con sólo una sonrisa y la vida entera con una sola lágrima… que no será más que una gota del inmenso mar de su amor.

Más allá de nuestra madre, no serán tantas las caricias y las ternuras que nos hagan falta, pero su generosidad y forma bondadosa de aceptarnos así, tal como somos…

Una madre nos ve el alma sólo con mirarnos a los ojos.

Hay pocas madres. Muchas mujeres tienen hijos pero no son madres, porque hay pocas que sean más fuertes que los egoísmos… hay quien cree que ser madre es tener hijos. Pero ser madre no es tener, es ser. Sólo ser. Ser quien se es en los hijos y por los hijos. Es vivir de lleno entre dos corazones. Es ser más… por ser menos.
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