sábado, 29 de abril de 2017

Una realidad aplastante



Daniel Medina Sierra


Hay ocasiones en las que no sabes muy bien qué pensar o que decir, no logras razonar con un mínimo de coherencia, porque el único perdedor, el único responsable, eres tú. Intentas buscar alguna respuesta razonable a este absurdo mundo que hemos construido a nuestro alrededor.
La peor opción para un hombre es pedirle que asuma una realidad que poco o nada tiene que ver con la lógica humana y que espere pasivo a que se derrumbe y se arrastre pidiendo un poco de compasión.
 ¿¡Pero qué demonios es esto, alguien es capaz de razonarlo sin que en su rostro se delate un conformismo cobarde, dentro de su zona de confort!?
Esta semana me ha llegado una carta del banco comunicándome que se va a subastar mi casa, los muy cínicos me piden buscar soluciones, claro, con dinero por delante. Pero ni siquiera puedo pagar la factura del agua, que es la única que tengo (pues me alumbro con velas o linternas), y lo puedo hacer gracias a un amigo. ¿Cómo voy a pagar nada?


He luchado por estas cuatro paredes desde que la hipotequé, pagando cada mes hasta que me quedé en paro, después del divorcio, aguantado al banco con sus reiteradas llamadas amenazantes. No me fui, este es mi barco y me hundiré con él, así me lo tomé o así lo asumí. (Tengo, por suerte, alguien que me dice que no me preocupe, que me acogerá en su casa). Pero yo tengo que ser coherente con mis valores y conmigo mismo, esta es mi lucha y esta es mi derrota.

Quién puede ayudar o ser justo pide a menudo un precio que solo pagamos, si tenemos esa irónica oportunidad, los pobres, los grandes estafados, ya que se han comido todos los errores de tanto avaricioso público, políticos nefastos y traidores, delincuentes con chaqueta y corbata que han llevado a este país a una nueva dictadura .¿El precio?, el precio es: que llores a la administración, que supliques dignidad, un techo, que patees todas las organizaciones sin ánimo de lucro, al director del banco, suplicándole que te dé más tiempo, con promesas que sabes que no es probable que puedas cumplir, intentar que te ayuden o te apoyen tus conocidos para no dejarte caer.

Es absurdo, los que te conocen ya saben perfectamente cual es tu situación: el banco, desde luego, sabe que no tienes ni para coger el autobús, las organizaciones también lo saben puesto que alguna vez has tenido que acudir para alguna ayuda puntual. Entonces...¿A qué jugamos? si espero a que algún lumbreras me vea tirado en la calle y en ese momento me diga ¿ porqué no has dicho nada?

Cada día, desde hace ocho años, me pregunto lo mismo ¿Qué coño hago en este mundo?. Cada día espero que sea el último. Esto no es vida, no entiendo a los humanos, cada vez me cuesta más relacionarme porque soy consciente de mi situación, no puedo aparentar estar bien o al menos entero cuando llevo roto tantos años. Mi máscara acabará por caerse.
Mi forma de ver la vida es, supuestamente, la de la inmensa mayoría, trabajar, pagar mi casa, las facturas y comer todos los días; en fin, sin lujos pero dormir tranquilo.

Si fuera como la mayoría no estaría contando este último varapalo.
Para los que puedan pensar que es una opinión subjetiva, de un tipo al que le van mal las cosas y simplemente se desahoga, le daré uno de los tantos ejemplos que podemos encontrar cada día.
Centros que se dedican a ayudar a las personas en riesgo de exclusión social puede contar con un solo voluntario o más, es una rareza que alguno de ellos sea un acogido. Se atiende a cientos de familias, a personas sin hogar pero pocos entienden que el pan se gana, no se regala.

En mi parroquia somos seis voluntarios, atendemos a cerca de cien familias, ¿ y saben qué? ayudo a personas que están en una situación mejor que la mía, absurdo¿ verdad?
Esa es la prueba de que hace más el que quiere que el que puede, por lo tanto, la mayoría no quiere.
Puede que vean pesimismo en estas palabras, yo veo realidad, las sufro cada día, he sido un eterno optimista pero la realidad es aplastante.

viernes, 28 de abril de 2017

SITUACIONES DIFÍCILES II

Pablo Garrido Sánchez

La misericordia como principio


El papa Francisco dedica los últimos números de este capítulo ocho a poner de relieve la Misericordia divina como principio de actuación en todo el proceso de acompañamiento, discernimiento e integración de las personas en situaciones  consideradas irregulares. Tomar en serio la Misericordia divina exige discernimiento, y el discernimiento práctico nos complica la vida, porque lleva a las fronteras donde no cabe otra cosa que fiarse de DIOS y demoler las seguridades construidas de modo artificial. Es una falacia proponer alternativas como justicia o misericordia. La Justicia divina no puede acercarse a nosotros más que a través de su Misericordia dada nuestra precariedad y limitación. Y la Misericordia divina por su perfección y omnipotencia nos hace justos ante DIOS mismo por pura Gracia. Las acciones que nosotros realizamos que se puedan catalogar como meritorias pertenecen al orden mismo de la Gracia, y en todo caso damos gratis lo que gratis hemos recibido (Cf. Mt 10,8 ). La vara para medir sólo DIOS la tiene; la balanza para juzgar está en las manos de DIOS; y las condenas resolutorias pertenecen a la máxima soberanía divina (Cf. Lc 6,37 ). JESÚS no despreció la Ley contenida en el Antiguo Testamento, pero la relativizó al bien del hombre mismo: “El sábado está hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado” (Mc. 2,27).

Primera y segunda generación cristiana


La doctrina de san Pablo sobre el matrimonio, perteneciente a la primera generación cristiana, contempla el divorcio en atención a los impedimentos para vivir la Fe por parte del cónyuge creyente (Cf. 1Cor 7,15)  San Pablo sabía del mandato del SEÑOR en cuanto a la indisolubilidad del vínculo matrimonial (Cf. 1Cor 7, 10). Entramos en este caso en una situación en que ha de aplicarse la gradualidad en el cumplimiento de la norma o de la ley prescrita (Catecismo de la Iglesia Catolica,n.1735 y 2352). El principio está dado, el SEÑOR lo dejó establecido, pero existen casos en que el propio principio no es posible mantenerlo en orden a un bien mayor.
El evangelio de san Mateo se escribe entrada la segunda generación cristiana, allá por el año ochenta, y recoge la práctica habida en las comunidades mateanas que enmarcan el ámbito en el que se va a escribir este evangelio. Las palabras del SEÑOR sobre la indisolubilidad del matrimonio eran conocidas por estas comunidades, pero como las comunidades evangelizadas por san Pablo establecieron excepciones a la norma o principio, que venía de los orígenes y que elevó a vínculo indisoluble el propio JESÚS: Lo que DIOS ha unido, que no lo separe el hombre (Mt 19,6). Para los exégetas actuales la excepción a la permanencia del vínculo matrimonial una vez establecido radica en el propio adulterio que establece una traición al compromiso adquirido ante DIOS en la unión matrimonial. La Ley judía podía llegar a la lapidación de la mujer, si esta era la parte culpable, y en cualquier caso el marido tenía la obligación de darle el acta de divorcio. Por tanto, es lógico que las primeras comunidades recogiesen la salvedad del adulterio para considerar disuelto el  vínculo. Otra cosa distinta era la separación o divorcio “por cualquier causa” (Mt, 19,3). Cualquier causa” abarcaba desde cualquier nimiedad, como un grano en la mujer en una zona del cuerpo que al marido no le gustase; otras cosas más importantes como aspectos del carácter que hiciesen inconveniente la convivencia. El divorcio era y es una institución recogida dentro del Pentateuco y JESÚS la supera, pero las primeras comunidades entienden que puede haber excepciones al propio principio establecido por JESÚS. La discusión exegética entre el texto del evangelio de Marcos (Mc, 10,9), y el  evangelio de Mateo que establece el caso de adulterio para conceder el divorcio, supone un criterio a tener en cuenta para entender la posición de la Iglesia Católica con respecto a esta cuestión capital de la convivencia humana.
Las dos excepciones consideradas, la de san Pablo y la de san Mateo, nos dispone de nuevo a considerar la validez normativa de un principio moral y espiritual, y la gradualidad en el cumplimiento del mismo. El papa Francisco quiere disponernos a la difícil tarea del discernimiento que afecta a uno mismo y que debe tener en cuenta las situaciones ajenas. La escala de grises es grande, pero  no puede convertirse en la puerta de entrada al relativismo moral, por lo que desde el principio hasta el final todo el proceso de discernimiento tiene que estar presidido por una conciencia clara y creciente de la Misericordia divina, que hace posible que la Justicia divina sea justa para los hombres. Una justicia humana o divina sin la presencia de la Misericordia se convierte en la más flagrante de las injusticias. Una justicia, que no tenga en cuenta las circunstancias y los condicionamientos humanos, tanto internos y  personales como sociales, deriva en una condena sin paliativos en la mayoría de los casos. Una justicia sin Misericordia, ¿es una justicia realista? Una justicia sin misericordia, ¿juzga a la persona en su integridad y misterio, o lo hace parcialmente? DIOS, ¿puede prescindir de su Misericordia para juzgar? Decimos: Dios es Santo y es perfecto, ¿lo es por su Justicia o por su Misericordia? DIOS es Justo y Santo e incompatible con el pecado, pero es capaz de santificar y justificar al pecador, manifestando así su omnipotencia. En este punto se encuentra la fuente regeneradora que emana de la Cruz  de JESÚS. No existe pecado que en la Cruz de JESÚS no haya quedado destruido y no hay situación que no pueda ser restablecida desde la omnipotencia encerrada en la máxima debilidad humana del CRUCIFICADO. Ninguna jerarquía eclesiástica o cristiano de a pie se debería apartar de este  principio redentor para resolver, desde ahí, todas las situaciones humanas que estando tan desfiguradas ya no parecen humanas como reza el salmo veintiuno y el cuarto cántico del Siervo de YAHVEH (Slm 21,; Is 53,2).

La gradualidad en la culpa y la gradualidad en la Gracia


El papa Francisco en repetidas ocasiones manifestó que la recepción de la Eucaristía no es un premio que recibimos por ser buenos. Esta gran verdad no la tenemos bien asumida los que participamos en la santa Misa y comulgamos con frecuencia. Está muy bien que se nos recomiende encarecidamente que debemos estar en gracia de DIOS para acercarnos a comulgar; y es en ese punto donde puede estar el nudo del  problema. ¿Quién determina el que está en gracia de DIOS? ¿qué entendemos por estar en gracia de DIOS? ¿Es un estado de perfección ética el estar en gracia de DIOS? Podría alguien concluir: Está en gracia de DIOS el que no comente pecado. Y parecería que la proposición anterior es absolutamente correcta, pero todavía cabe alguna salvedad: primero, que aquel que en absoluto no comete pecado ya está en el cielo; segundo, que nadie en este mundo está privado del pecado más o menos grave. Esto último lo rezamos  en el padrenuestro y nos lo recuerda san Juan en su primera carta (1Jn, 1,8-10). En el padrenuestro rezamos cada día pidiendo el pan y el perdón; y salvo que lo hagamos de manera superficial o hipócritamente, debemos ser conscientes de nuestro pecado diario, que DIOS ha de perdonar diariamente para mantenernos en su divina Presencia. Ante este panorama tenemos que seguir preguntando, ¿quién está en Gracia de DIOS? Pues, todo aquel que desea tener una relación con ÉL, ya que el mismo deseo establece la relación. O, más aún, el deseo de establecer la relación ya indica que DIOS  mismo está en íntima relación con esa persona.
Dados los hechos anteriores en la fase sinodal, previa a este documento, algunos padres quisieron establecer dos modalidades: que los matrimonios divorciados y vueltos a casar al participar en la santa Misa realicen una comunión espiritual, pero no se acerquen a recibir el sacramento, a lo que otros respondieron que si mediante esa comunión espiritual se establecía un estado de gracia de DIOS, ¿qué impedía la recepción del mismo sacramento? Los que se pronunciaron de esta manera estaban considerando que el estado de gracia no es algo fácilmente determinable por nadie, y que la Eucaristía no es un premio, sino el alimento de los más débiles y necesitados. ¿Pasa algo cuando comulgamos? Claro que sí; lo que pasa es que JESÚS viene a establecer una relación profundamente restauradora en la persona a todos los niveles. El más necesitado va a ser consciente de la entrada sacramental de JESÚS en su vida. El papa Francisco advierte en este capítulo ocho: No hay pecado que pueda ser imputado toda la vida. Atendamos bien: alguien ha vulnerado el vínculo matrimonial una vez recibido válidamente, ¿puede ser perdonado de este pecado? Cuando se afirma: los divorciados y vueltos a casar no están excomulgados y hay que hacérselo saber; ¿podemos decirles al mismo tiempo que están en adulterio permanente, si mantienen las relaciones propias de un matrimonio que ha de permanecer en amor y fidelidad? En algún momento de las vidas de estas personas la Iglesia debe reconocer que las obligaciones para con el matrimonio anterior han concluido y que la responsabilidad moral de los afectados está resuelta.

Dos episodios del Nuevo Testamento


El primero de ellos nos lleva al encuentro de JESÚS con la Samaritana. Conviene leer el texto (Jn 4, ss), y extraer lo que al tema presente interesa. Se produce el encuentro entre JESÚS y la Samaritana y observamos que es directamente intencionado por parte de JESÚS, conocedor de las circunstancias actuantes en la vida de aquella mujer. No olvidemos que el evangelista san Juan muestra a JESÚS capaz de reconocer lo íntimo del corazón del hombre (Cf Jn 2,23). JESÚS puede entrar en el mundo personal de la Samaritana sin violentar su libertad, y dialoga con ella hasta que el corazón de esta mujer acepta el don del ESPÍRITU SANTO,  mostrando su presencia y acción en el impulso evangelizador manifestado en ella(Cf Jn 4,28-29). ¿Juzgaríamos, en un principio, a la Samaritana capaz de recibir el don del ESPÍRITU SANTO cuando su estado en aquel momento era manifiestamente irregular? JESÚS se lo declara: has estado casada cinco veces, y el hombre con el que ahora convives no es tu marido (Cf Jn 4,17 )Por tanto en este encuentro aparece una situación que nosotros calificaríamos irregular, en la que JESÚS, EL SALVADOR, es capaz de actuar, rehabilitar y convertir.
El otro caso nos lleva al libro de los Hechos de los Apóstoles, cuando Pedro es mandado por el Ángel del SEÑOR a casa del centurión Cornelio (Hch 10,34-48). El texto describe un escenario familiar, en el que hay un deseo de recibir el bautismo como puerta  de entrada a la comunidad cristiana. Pedro inicia su anuncio y comienza a hablar de JESÚS de Nazaret, ungido por DIOS con la fuerza del ESPÍRITU, que pasó haciendo el bien, curando y liberando a todos los oprimidos por el diablo. Ajusticiado y crucificado, DIOS  lo resucitó de entre los muertos. La síntesis del libro de los Hechos sin duda corresponde a un discurso más amplio y detallado; pero lo importante es lo que sucede mientras Pedro está hablando a esta familia: el ESPÍRITU SANTO viene sobre los presentes y comienzan a profetizar y a alabar a DIOS en lenguas. Pedro, entonces, declara: ¿Podemos negar el bautismo a los que el ESPÍRITU ha ungido igual que a nosotros? Esta última afirmación es capital para el tema que nos ocupa.
Veamos, pues: La Samaritana manifiesta la presencia del ESPÍRITU SANTO en la prontitud con la que se dispone al anuncio de JESÚS entre sus vecinos (Cf Jn 4, 28-29); y Cornelio y su familia prorrumpen en un tipo de evangelización kerigmática acompañada de dones carismáticos, don de lenguas y profecía (Cf Hch 10,45-46) . Hagamos el paralelismo: ¿Se puede negar los sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía a unos padres que desean evangelizar a sus hijos, aunque provengan de uniones canónicas anteriores? ¿Presentan los que así proceden, nos referimos a los padres, signos claros de la presencia de la Gracia en sus corazones? ¿Acepta el SEÑOR JESÚS a su mesa al que dentro de su imperfección desea sinceramente unirse a ÉL, ser sanado y rehabilitado? ¿Degradó JESÚS su Mensaje aceptando el encuentro y la comunión con los más alejados de la sociedad de su tiempo; o expresó, de esa forma, lo inagotable de su Misericordia?
Necesitamos en nuestra Iglesia personas dotadas de los dones de entendimiento, sabiduría y ciencia, para que realicen discernimientos prudentes que pongan en activo los recursos de la REDENCIÓN. Entendimiento o conocimiento para saber de  DIOS algo en su Misterio; sabiduría para  entender los entresijos de la Providencia divina en medio de las circunstancias humanas; y un poco de ciencia teológica  asistida por la unción del ESPÍRITU que les permita dar razón de lo que la Iglesia  puede hacer en el momento presente.
Al comienzo de estas líneas advertíamos que la  admisión de los divorciados vueltos a casar y su participación en los sacramentos no era  un asunto del todo nuevo, pues san Juan Pablo II, en la exhortación “Familiaris consortio”, habló de ello, y dejaba una puerta abierta con la condición de que ambos cónyuges renunciasen al mantenimiento de las relaciones íntimas. El comentario de esta condición y disposición da para otro artículo, con lo que dejaremos el asunto para mejor ocasión.  

Para terminar


Este capítulo ocho de “La alegría del amor” recoge también la atención debida a esos otros escenarios familiares en los que puede haber causas para la nulidad matrimonial de los cónyuges unidos en nuevo matrimonio civil o unión de hecho. El itinerario es distinto con los que permanecen en unión de hecho y se les puede acompañar al descubrimiento de los beneficios espirituales del Sacramento del Matrimonio. Las situaciones problemáticas no impiden en lo más mínimo el avance y crecimiento en la vida cristiana. Todos debemos creer que DIOS puede mejorar y cambiar las vidas de las personas más necesitadas.

  

SITUACIONES DIFÍCILES I

 Pablo Garrido Sánchez

  Primer aniversario

El diecinueve de marzo, fiesta de san José, del año pasado, apareció la exhortación apostólica La alegría del amor del papa Francisco, proponiendo la doctrina pontificia después de la celebración del Sínodo sobre la familia convocado en dos etapas con el objetivo de afrontar la compleja situación familiar en un mundo cada vez más diversificado en modelos de comportamiento, esquemas ideológicos y proyectos sociales. El modelo familiar cristiano tiene que compartir espacio social con otras formas de convivencia familiar, que tienen en común el carácter nuclear de las mismas, pero difieren sustancialmente con mucha frecuencia. Se entiende por familia nuclear la que esta formada por el matrimonio y los hijos. Pensemos en las uniones de hecho ocasionales o formalizadas oficialmente; las uniones heterosexuales u homosexuales. Algunos viven su segundo o tercer divorcio con sus consiguientes matrimonios civiles. Como vemos el panorama social no tiene un modelo único de familia. A lo anterior hay que añadir el papel de los hijos traídos de las distintas uniones, que merecen una atención preferente, al constituir la parte más débil en todos estos procesos de reestructuración familiar sumamente complejo.

El documento La alegría del amor lleva un año de vigencia y es magisterio pontificio del más alto rango, y se va abriendo paso con algunas dificultades casi insensiblemente. El Papa no se ha salido ni un ápice del Evangelio ni de la Doctrina Oficial de la Iglesia; pero se ha paseado por las periferias, como a él le gusta decir. Había que proponer la belleza del amor humano e integrarlo en su dimensión cristiana y sacramental y lo ha conseguido; convenía destacar la estructura dialogal del amor conyugal, y lo lleva a cabo con gran sencillez; y, por otra parte, no deja de mostrar la convivencia familiar como el ámbito principal de valores fundamentales y fuente de la alegría personal. Pero el cuadro ideal y real del matrimonio y familia cristiana no está privado del riesgo de la quiebra o del fracaso, por lo que la Iglesia tiene que actuar o estar dispuesta como un hospital de campaña, como al Papa le gusta decir, para  actuar de buena samaritana. Llegados a este punto es donde el documento se hace menos digerible para algunos, que con buena intención quieren velar por la vigencia de unas esencias que ellos consideran irrenunciables.

Una gran dificultad y una gran oportunidad


El capítulo octavo del documento La alegría del amor  plantea la cuestión pastoral incómoda para algunos y desafiante para otros: ¿Se admite a los sacramentos de la Confesión y de la Eucaristía a los divorciados y vueltos a casar civilmente? Este asunto suscitó polémica y lo sigue haciendo. En el Instrumento de trabajo presentado a los cardenales, antes de la primera etapa sinodal, por el cardenal “Walter Kasper”, se recogía la necesidad de afrontar estos casos y darles una salida que agotase todos los recursos de la Misericordia divina; es decir, había que valorar si algunos casos de divorciados y vueltos a casar civilmente podían recibir los sacramentos de la Confesión y de la Eucaristía. La reacción no se  hizo esperar, y un grupo de cardenales, con todo el derecho que otorga la libertad de pensamiento, expresó su rotunda negativa al planteamiento inicial del cardenal Kasper. Los debates sinodales siguieron ahondando en la misma línea  del cardenal. El Papa  elabora, en este capítulo ocho del documento, una síntesis doctrinal que no se aparta en absoluto de la Doctrina Oficial de la Iglesia. Entonces, ¿por qué los opositores se muestran tan preocupados por la puerta que se abre a partir de este documento? Les pasa como si alguien estuviera muy ocupado y concentrado trabajando en su despacho y no se diese cuenta que el salón de su casa se le había llenado de personas; en un momento dado tiene que salir de su despacho y no sabe como comportarse con los que allí se encuentran.

Haciendo memoria

Cuando el cardenal Kasper presentó a los cardenales el Instrumento de trabajo para el Sínodo, al llegar al punto conflictivo de la admisión a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar, apeló a la historia, trayendo a colación la práctica, en ese sentido, llevada a cabo en los primeros siglos por algunos  obispos en sus comunidades. La iglesia Ortodoxa, que es en todo igual a la Iglesia Católica, excepto en la obediencia al Papa y en el “filioque”, mantiene la disciplina sacramental de los primeros siglos, sin negar en absoluto la indisolubilidad del vínculo matrimonial contraído en el primer matrimonio, si este fue válido. La excepcionalidad de la norma no está en la norma misma, sino en su cumplimiento, teniendo en cuenta la fragilidad humana.

Pero los monseñores y otros clérigos y laicos, que en la Iglesia Católica elevan sus gritos al cielo por las disposiciones de la exhortación apostólica La alegría del amor, no se acuerdan o desconocen, que fue  el muy entrañable san Juan Pablo II, en la anterior exhortación apostólica, de mil novecientos ochenta y uno, quien admitió ya a los divorciados y vueltos a casar en segundas nupcias, a la recepción de los sacramentos de la Confesión y la Eucaristía, pero con una condición: habrían de vivir como hermanos comprometiéndose a no mantener relaciones íntimas: “ (Familiaris consortio, n. 84 ).Veamos lo que dice el texto oficial: La reconciliación en el Sacramento de la Penitencia – que les abriría el camino al Sacramento Eucarístico- puede darse únicamente a los que, arrepentidos de haber violado el signo de la Alianza y fidelidad a CRISTO, están sinceramente dispuestos a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio. Esto lleva consigo concretamente, que cuando el hombre y la mujer, por motivos serios –como, por ejemplo, la educación de los hijos- no pueden cumplir la obligación de la separación,  asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea, de abstenerse de los actos propios de los esposos. Por tanto, la única diferencia en el actual magisterio pontificio del papa Francisco se establece sobre la autorización a los divorciados y vueltos a casar para que sigan manteniendo relaciones sexuales íntimas dentro de su convivencia conyugal, pues el documento no plantea prohibición alguna sobre ese aspecto.

En el último sínodo sobre la familia se debatió la conveniencia de las relaciones sexuales en los matrimonios divorciados  y vueltos a casar, y se concluyó que estos matrimonios, prescindiendo de las relaciones sexuales pondrían en grave riesgo su unión y la propia convivencia con especial repercusión en los hijos. En la exhortación actual, La alegría del amor, el papa Francisco no alude ni por un solo momento a la cuestión de las relaciones íntimas como condición imprescindible para la admisión a los sacramentos de la Confesión y de la Eucaristía. Con respecto a las nuevas uniones civiles de divorciados, la exhortación propone tres objetivos: acompañar, discernir e integrar. Hay que leer despacio este capítulo octavo de la exhortación para extraer el mayor rendimiento posible. Produce una gran tristeza la cerrazón y la pérdida de grandes oportunidades de evangelización al marginar estas enseñanzas por parte de sacerdotes, y obispos. Abrir las puertas a personas en  la situación que nos ocupa supone un esfuerzo renovado por explicar el nuevo enfoque, que en realidad es el mismo Evangelio, a los feligreses, para que no se produzca eso tan temido por algunos que es el escándalo. Hay que fortalecer a las comunidades parroquiales en la comprensión y vivencia de la misericordia de DIOS, de modo que pase de ser un concepto vacío a una experiencia con contenido concreto. De esta manera el discernimiento de los casos difíciles será llevado por el sacerdote, pero al mismo tiempo apoyado por una comunidad parroquial que crecerá espiritualmente al integrar de forma adecuada, a los que en ningún momento están excomulgados, a la plena comunión eucarística dentro de la comunidad. El papa Francisco ha puesto en manos de los pastores, curas y obispos, un instrumento de trabajo pastoral de máxima importancia. ¿Qué están haciendo  con la aplicación de este documento en los casos más difíciles? El Papa se está viendo obstaculizado en la puesta en marcha de sus reformas, de forma directa por parte de algunos más próximos, y por desidia por parte de otros un poco más distantes en los escalafones eclesiásticos. Pregúntese quien lea estas líneas, ¿cuántas veces durante este año ha escuchado una o varias homilías expositivas o aclaratorias sobre esta  exhortación  del papa Francisco? Al mismo tiempo que normativa, esta exhortación hace una exposición práctica de la vida conyugal y familiar, que la hacen apta para ser leída por una gran mayoría. Un objetivo parroquial debería estar centrado en la lectura del documento por la mayoría de personas posible. Se entiende muy bien el documento cuando da consejos directos a los esposos para la convivencia en la vida diaria, o señala la importancia de la educación de los hijos; mantiene una exposición con lenguaje pastoral al hablar de las dificultades familiares o de las circunstancias sociales en las que la institución familiar se encuentra inmersa. Por otra parte, habrá necesidad de esclarecer algunos puntos y para eso deberían estar las homilías y determinado tipo de reuniones. La homilía es la única posibilidad de catequesis para una gran mayoría de personas católicas practicantes.

Repensar el problema


Algunos obispos y sacerdotes se ponen muy serios cuando tienen que hablar en público de este documento, y en concreto de este capítulo octavo y sentencian: “Es que el papa Francisco no ha dado licencia para que todos los divorciados y vueltos a casar participen de los sacramentos de la Confesión y de la Eucaristía”; y algunos arremeten contra los medios de comunicación haciéndoles culpables de todas las tergiversaciones  posibles. Comprendo a estos clérigos que se ponen tan serios, pues en su día yo hice lo mismo en aras de la autenticidad, pero hay que darle dos vueltas más a estos asuntos capitales. El cura que pretenda ser fiel, hoy, a la Iglesia, tiene que leer despacio esta exhortación  y ponerse las pilas para hacerla vida pastoral, de lo contrario perderá credibilidad él y la Iglesia Católica. Nos seguirán acusando de que decimos y no hacemos. Posiblemente, el clérigo se vea  obligado a modificar criterios que suponía inamovibles. No hay que desanimarse, es preciso  volver a las raíces en busca de verdad. La situación de dos personas  divorciadas y vueltas a casar con hijos o sin ellos supone un asunto de la máxima importancia, trascendencia y responsabilidad, que una vez resuelta positivamente supondrá un fortalecimiento y crecimiento de las comunidades capaces de acompañar, discernir e integrar.


miércoles, 26 de abril de 2017

La sustitución del hombre por la máquina y la carrera hacia el abismo


Enrique Dans

Un artículo con predicciones de Stephen Hawking compartido en el World Economic Forum con sus perspectivas sobre la sustitución del hombre por la progresiva automatización y el uso de inteligencia artificial me lleva a reflexionar un poco sobre las circunstancias en las que se desenvuelven ese tipo de procesos.

El artículo considera las profesiones relacionadas con la conducción, como taxista o chófer, como una de las más susceptibles de sufrir el impacto de la automatización, con una probabilidad del 89%. La promesa de Mercedes Benz de poner en el mercado taxis completamente autónomos en un plazo de tan solo tres años, unida a las inyecciones económicas de algunos gobiernos en ese tipo de proyectos y a la entrada progresiva de nuevos competidores significativos como Apple o Cadillac parecen estar configurando una hoja de ruta en conducción autónoma cada vez más clara y decidida.

En este contexto, los modelos económicos que rodean el fenómeno parecen ir definiendo de una manera cada vez más clara un escenario de carrera hacia el abismo, en el que la dinámica competitiva en un escenario desregulado lleva a una caída cada vez más fuerte de los ingresos que termina por asfixiar a los competidores tradicionales, dejando espacio únicamente para los entrantes que son capaces de aprovechar mejor las ventajas tecnológicas.

Una startup californiana creada en torno al concepto de taxis autónomos, Voyage, anuncia sus intenciones de ofrecer en el futuro transporte completamente gratuito, posiblemente financiado mediante publicidad. La idea resulta profundamente provocativa, y enlaza con algunas de las interesantes reuniones que mantuve en las oficinas de Daimler en Stuttgart hace algún tiempo, en las que algunos de sus directivos de innovación afirmaban estar trabajando de cara al futuro con modelos en los que el transporte dentro de las ciudades evolucionaba hacia esquemas completamente gratuitos para el usuario, y planteados siempre en modo servicio en lugar de en términos de posesión de un activo utilizado de manera subóptima. La idea de sistemas de transporte completamente gratuitos en función de una exposición a publicidad o mediante modelos de esponsorización no resulta extraña cuando hablamos de ciudades como Londres, en las que por tan solo dos euros, una persona tiene acceso al uso ilimitado de una bicicleta pintada con el rojo característico del logotipo del Santander, durante veinticuatro horas.

En San Francisco, la compañía de taxis más grande de la ciudad, Yellow Cab Co-Op, ha sido vendida a un competidor por un total de ¢810,000,  menos de lo que cuesta una casa en la ciudad. Los culpables de tan brutal depreciación no son únicamente Uber, Lyft y compañías similares que operan en la ciudad, sino la coincidencia de varias demandas por accidentes que resultaron en indemnizaciones multimillonarias, y dejaron a la compañía en bancarrota. En un escenario en el que la siniestralidad inherente a la conducción humana se convierte en una variable capaz de hundir compañías, la conducción autónoma, sujeta a un número dramáticamente inferior de accidentes, se perfila claramente como la alternativa triunfadora.

¿Puede pensarse en evitar la transición de una actividad configurada como tradicionalmente humana, como la conducción, hacia su automatización total, en un escenario en el que la dinámica competitiva se configura de esta manera? No, los procesos como tales son total y absolutamente inevitables, y aquellos que intenten negarlos se verán inmersos en la obsolescencia y en la pérdida de competitividad. La única solución es anticipar ese tipo de procesos y optar por sistemas que mejoren la cobertura social y las alternativas de los cada vez más afectados, en lugar de permitir una espiral descendente que termine generando un problema social irresoluble.


https://www.enriquedans.com/2017/04/la-sustitucion-del-hombre-por-la-maquina-y-la-carrera-hacia-el-abismo.html

domingo, 23 de abril de 2017

Soy más que la añoranza de ti


OPINIÓN DE JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

Hoy no te puedo tocar. La melodía de tu voz, el perfume de tu piel y el abrazo suave de tus besos son, en este momento, solo pedazos sueltos que la imaginación produce en mi memoria.

Siento tu ausencia pero, en ese dolor, siento también tu presencia. No consigo arrancar al silencio una sola palabra tuya. Pero sé que estás aquí...

Escoger siempre es eliminar opciones. Te escogí y continúo escogiéndote. Incluso aunque no te pueda sentir sino es por la fe en el amor. No oigo tu corazón, mas siento mi latido como si fuesen dos.

Estás en mí, porque te das a mí en cada gesto. Estoy  en ti, porque te amo. Soy quien soy por ti y para ti.

Te sueño danzando entre las cuerdas de las gotas de lluvia que caen, tocando en ese arpa celestial la melodía de nuestra vida a dos.

Tal vez te demores, pero yo nunca me cansaré de esperar. Tarda lo que tuviera que ser. No te apresures. Tenemos la eternidad. Claro, en este momento, quería sentir el aliento de tu respiración... pero la verdad es que ninguna espada nos puede separar. Ni el mal, pues el bien está con nosotros. El tiempo corre a nuestro favor y yo espero.

Sí. La respuesta es sí. Estoy bien.

Faltará poco para poder oírte llamarme por el nombre... aunque tarde mucho.

No consigo siquiera pensar en  amar a quien, como tú, me acepta con todas mis flaquezas. ¿A quién, sino a ti, debo entregar mis fuerzas y talentos?

Nuestro amor es un mar. Infinito, fuerte y persistente, jamás se cansa... y, a pesar de las mareas, nunca deja de estar vivo. Y nosotros vivimos en lo íntimo de ese mar... envueltos en la paz del abrazo que nos unió.

Señora de mis silencios y de mis tempestades... Sí. Estás aquí. Te siento, aunque solo con el corazón. Pero tampoco ninguna otra verdad me importa.

¿A mí? A mí me basta saber que estás aquí.


(ilustração de Carlos Ribeiro)


sábado, 22 de abril de 2017

El imperativo categórico de la caridad



MARÍA DEL MAR MANUZ

(Aunque sea con retraso, ya que es el mensaje para Jueves Santo, Día del Amor Fraterno, bien merece la pena recordar las palabras de nuestra Directora de Cáritas Diocesana)

Igual que se habla de la pobreza de formas muy distintas (en términos evangélicos, ascéticos, sociales…), existen también entendimientos diversos de la caridad. No es infrecuente, por ejemplo, encontrarse con quienes hacen ascos a la palabra, contraponiéndola a la de justicia. Quizás porque erróneamente identifican caridad con un desborde sentimental, o con superficiales exhibicionismos de autobombo. Otras veces, el rechazo proviene de propuestas políticas que, para subir el nivel de tensión y propiciar los cambios que promueven, desprestigian el auxilio y la ayuda que surge de la propia comunidad en beneficio de las personas y familias necesitadas. Maniobras dispuestas a sacrificar el presente real de las personas más pobres, en pos de un futuro ideal de necesidades igualadas y enteramente confiadas al Estado.

Sin embargo, la propia palabra se basta para contestar, porque caridad -caritas en latín- significa amor. Esto no es sentimentalismo, ni una forma de tapar la injusticia, que evidentemente existe. Todo lo contrario, la caridad es sentido de responsabilidad personal, es profundo compromiso con el bien común, es correspondencia noble del corazón por todo el amor recibido, que para no perderse debe a su vez transmitirse. La caridad es humildad ante la indigencia elemental del hombre y el único calor que combate de raíz el frío interior y el de la intemperie, la soledad y el desamor, eso es caridad. Y para los cristianos, caridad es sencillamente imitación de Cristo, Dios mismo entrando en la Historia. No es cierta, por tanto, tal oposición entre justicia y caridad. Pero en cambio, sí es cierto que, en un mundo hipotéticamente justo, en un mundo que hubiese alcanzado la equidad social, sin circunstancias ya que ofendieran a la justicia, en ese mundo todos seguiríamos necesitando humanamente del amor, porque la necesidad radical de él que experimentamos todos en nuestras vidas es un rasgo distintivo de nuestra humanidad más íntima y de ese anhelo de divinidad que llevamos dentro.

CREYENTES, AGNÓSTICOS, ATEOS. EL IMPULSO DE GENEROSIDAD UNE A LAS PERSONAS

Vivimos en una sociedad llena de palabras bienintencionadas y de declaraciones de derechos fundamentales, donde a diestra y a siniestra se reivindican actos solidarios y se hacen proclamas de defensa de la justicia, mientras convivimos diariamente con situaciones que ofenden la dignidad de muchas personas y familias, más de lo que parece. En la propia Iglesia, no ofrecemos ningún ejemplo de coherencia cuando, sin conciencia alguna de esquizofrenia espiritual, a veces construimos una vida religiosa al margen de la práctica de la caridad, o relegándola respecto a las otras funciones de la misión de la Iglesia. Ante ello, Jesús sigue enfrentándonos a través de los siglos con la verdad, mostrándonos el camino. Sabiendo que es inminente su detención, reúne a los amigos íntimos para despedirse de ellos en una última cena cargada de emoción y amistad. Antes de partir el pan y ofrecérselo con el vino, se coloca una toalla a la cintura y, de rodillas ante ellos, lava sus pies, como signo maestro de servicio humilde y de cuidado que luego les pide que imiten, asegurándoles que sólo así puede alcanzarse una felicidad digna.

Este gesto, sin palabras, nos lleva al entendimiento de la caridad y nos recuerda que en el ocaso de nuestras vidas se nos juzgará por el amor y la anchura del corazón. Cada gesto de interés sincero por el bien común cuenta, por sencillo y modesto que sea. Seamos generosos. Creyentes, agnósticos, ateos. El impulso de generosidad une a las personas. Hoy, Jueves Santo, la Iglesia confía a Cáritas todas las colectas recibidas. También nuestra web está disponible para todo el que quiera colaborar en el cuidado de las familias que necesitan nuestra ayuda. Aunque no sólo hablamos de generosidad de lo que tenemos. También de lo que somos. Para Cáritas la caridad no es dar cosas, sino darnos con el riesgo que siempre acarrea el encuentro personal. Tampoco es acoger sólo al que viene físicamente a pedir ayuda, es también salir a esa periferia existencial que espera la oportunidad de un humanismo integrador. Seamos generosos con el talento, con la capacidad que cada uno tiene para hacer la vida humana más humana, la nuestra y la del Otro. Y los cristianos, sobre todo, seamos generosos con nuestro testimonio de fe madura y de defensa de los valores que nos inspiran. Este es el gesto de servicio, el gesto humilde de Jesús lavando los pies de los amigos, entre los cuales sabe que está quien renegará de Él, quien lo silenciará, quien desconfiará e incluso quien lo venderá…, porque es así como somos, pero esta realidad no desmotiva el servicio, sino que aún lo hace más valioso. La cuestión clave es que el cristianismo no se reduce a una relación entre el individuo y Dios, por importante que esto sea. La relación tiene que ser también con el mundo exterior y el Otro, empezando por los últimos, los más frágiles, aquellos en los que Dios nos plantea cada día una demanda.

Pidamos bendición para las personas de nuestra sociedad gaditana y ceutí a las que debemos y queremos servir, y a las que tantas veces tenemos que agradecer el ejemplo que nos dan de esperanza ante la adversidad. Pidamos bendición también para todos los que colaboran con fe y entrega desinteresada en esta misión noble de justicia y caridad, apostando cada día por la libertad y el desarrollo de la gente que más difícil lo tiene, dando testimonio de coherencia de la Iglesia católica y elevando el nivel civilizador de nuestra sociedad civil.

Y hoy, día del Amor Fraterno, pidamos por la misma Cáritas, que tanto bien ha hecho y sigue haciendo por la comunidad y por la propia Iglesia, para que nunca deje de mejorar el servicio y no caiga en patologías peligrosas, como la del narcisismo institucional, o la del activismo, o la del apalancamiento en la inercia de las respuestas de siempre, o la tentación del pesimismo, o la del desvío ideológico de la revolución pacífica y espiritual que es el cristianismo, o la de tantas y tantas otras tentaciones y miserias que presenta cada día la realidad. La inteligencia del amor es lo único que puede iluminar hacia el bien este mundo, por eso es el verdadero imperativo categórico, el mandamiento que resume todo y es siempre nuevo.


http://www.diariodecadiz.es/cadiz/imperativo-categorico-caridad_0_1126387827.html

viernes, 21 de abril de 2017

Cáritas y San Vicente de Paul firman un convenio para atender a las personas sin hogar




En la mañana de ayer, en la Biblioteca de la sede central de Cáritas Diocesana de Cádiz, tuvo lugar la firma de un convenio de colaboración en materia de acogida, atención y acompañamiento de personas en situación de sin hogar entre Cáritas Diocesana de Cádiz y la Sociedad San Vicente de Paúl en España.

Por parte de la Sociedad San Vicente de Paúl, la representación en la firma del convenio, estuvo a cargo de Juan Manuel Buergo Gómez, Vicepresidente Nacional, y de Francisco Holgado Ruiz, Presidente del Consejo de Zona de Cádiz, mientras que por parte de Cáritas Diocesana, la firma del acuerdo, estuvo a cargo de María del Mar Manuz Leal, Directora de Cáritas Diocesana. En el acto de la firma estuvo acompañada por José María Espinar, Secretario General de la citada entidad.

Según recoge el texto del convenio, su objeto es coordinar recursos de ambas entidades para posibilitar que las personas sin hogar puedan disponer de los servicios que ofrece el albergue "Federico Ozanam" que la Sociedad de San Vicente de Paul posee en San Fernando, así como del nuevo Centro de día con el que Cáritas Diocesana reforzará en breve su red de atención a las personas sin hogar.

Tras la firma del convenio, Francisco Holgado expresó que "para todos nosotros es una gran alegría trabajar con ilusión en esta misión compartida en pro de las personas sin hogar. Con ello, en este año del 400 aniversario del carisma vicenciano, el Consejo de Zona de Cádiz de la Sociedad de San Vicente de Paul, se une a la campaña de la Familia Vicenciana Internacional, de trabajar por la dignidad y la erradicación de los sin techo".

Por su parte, la Directora de Cáritas Diocesana de Cádiz destacó "la importancia que reviste para Cáritas recuperar para el Programa diocesano de Personas Sin Hogar la colaboración de instituciones católicas, con las que se comparte lo nuclear en cualquier trabajo social que desarrolle Cáritas, que es el sentido evangélico de la caridad y la noción cristiana de dignidad humana. La identidad desde la que se trabaja con y por las personas es el fundamento de cualquier acción en Cáritas".

Este acuerdo de colaboración que se ha firmado forma parte del trabajo conjunto que ambas entidades llevan desarrollando desde hace años en San Fernando en materia de personas sin hogar y son signo de comunión y coordinación entre entidades sociocaritativas de la Iglesia Diocesana.

http://www.obispadodecadizyceuta.org/noticia/caritas-san-vicente-paul-firman-convenio-para-atender-personas-sin-hogar