domingo, 15 de enero de 2017

Pies en la tierra, cabeza en el cielo


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

La fe no es cosa de viejas  beatas. Es algo que exige coraje, fuerza y valor. Está solo al alcance de los hombres y mujeres que deciden ser valientes, dispuestos para todo.

Estar dispuesto no es una voluntad, no es querer estar dispuesto. Es tener hecho todo lo necesario. No importa lo que cueste o se tarde.

En nuestros días, es extraño que la expresión hombre humilde sea sinónimo casi exclusivo de hombre miserable... alguien que los demás, siendo diferentes –o diferenciados, como se llaman a sí mismos- reconocen como digno de pena y compasión. Ahora bien, aquí parece existir una señal clara de que no conviene caer en esta condición, tan miserable a los ojos de la multitud.

Las alas de un águila le pesan, pero le permiten volar. Sin ellas, sería solo un ave más de corral. Más ligera, pero mucho menos libre.

La fe no es una venda que tapa los ojos, sino una ventana que abre horizontes más allá de lo que podría la razón, sólo por sí, contemplar. Tampoco es una verdad cómoda en que algunos se refugian para no tener que pensar, sin ningún desafío que incomode, porque impulsa siempre nuevas búsquedas, obliga al desasosiego de una lucha constante, exige que se camine al encuentro del otro lad0 de la existencia...

La humildad es la condición de la fe. Sin la cual nadie es elevado por encima del polvo y del fango.

Creer es volar, porque implica ir por donde y hacia donde no hay suelo. Pero no se piense que ahí se llega a través de la convicción en nuestro propio valor, no. Es, sí, por la conciencia de nuestra cobardía.

La fe nos da firmeza, pero sin tener donde posar los pies ni donde reclinar la cabeza. Hace como que creemos en una roca firme que existe sin que la podamos ver... a fin de que podamos existir sin tener que fingir.

(Ilustração: Carlos Ribeiro)


No sé cuantas almas tengo


 Poema de Fernando Pesoa

No sé cuántas almas tengo
A cada momento mudé.
Continuamente me extraño.
Nunca me vi ni encontré.
De tanto ser, sólo tengo alma.
Quien tiene alma no tiene calma.
Quien ve es sólo lo que ve,
quien siente no es quien es,
atento a lo que soy y veo,
me vuelvo ellos y no yo.
Cada sueño mío o deseo
es de lo que nace y no mío.
Soy mi propio paisaje;
asisto a mi pasaje,
diverso, móvil y solo,
no sé sentirme donde estoy.
Por eso, ajeno, voy leyendo
como páginas, mi ser.
Lo que sigue no imaginando,
Lo que pasó olvidando.
Anoto al margen sobre lo que leí,
lo que creí que sentía.
Releo y digo: ¿”Era yo?”
Dios sabe por qué escribo.



sábado, 14 de enero de 2017

“Mucha gente que se cree el centro del mundo”



Uno de los mayores problemas de nuestro tiempo es que mucha gente que se cree el centro del mundo. Hay momentos en que somos llamados a salir de nosotros mismos, para ir al encuentro del otro... no estamos solos, no somos únicos... por más que nos creamos diferentes y mejores.
Caminar puede ser una forma excelente de meditar, Paso a paso, pensamos ideas y  emociones... poco a poco, vamos comprendiendo nuestra vida, mirando al pasado. Después, podemos abrir el corazón al futuro que ha de llagar. Solo se vive hacia adelante, después que se ha comprendido lo que ha pasado.

La vida es un viaje. Más que los parajes, el recorrido o la confortabilidad, lo que importa es el destino. Cuando caminamos hacia donde queremos, lo demás poco importa y la anticipación de la llegada es la alegría que ya nos calienta el corazón. Esperar una alegría es ya una alegría. Del mismo modo, cuando nos fuerzan a ir hacia donde no queremos, cada paso es una pérdida de tiempo, una pérdida de paz, una tragedia anunciada, pero ya concreta.
(...)
Amar es darse. Es compartir la casa, las fuerzas y los dones. Es dejar de ser uno para ser un nosotros mayor. El sentido de la vida es ese. Abrir la puerta de casa y salir, buscando a quien necesita de nosotros. Nadie es feliz solo, por mayores que sean las razones de su alegría. Así como cualquier sufrimiento se multiplica cuando quien lo soporta está solo.
(...)
Es necesario ir en busca de quien está solo. Es urgente ir y llevar paz.
(...)
Date al que carece. Descansa al ansioso. Abraza al egoísta. Viste  y da abrigo al que  cree andar perdido en los desiertos de la existencia. Es con un abrazo como, de forma voluntaria, se unen los que quieren ser libres, construyendo la casa donde han de vivir juntos para siempre.

en El Rosario para creyentes y no creyentes, José Luis Nunes Martins, Paulo Pereira
da Silva, Fotografía Francisco Pereira Gomes. Ed. Paulus

2º Misterio: La Visitación

miércoles, 11 de enero de 2017

Es fácil intercambiar palabras

Fernando Pessoa

¡Es fácil intercambiar las palabras,
lo difícil es interpretar los silencios!

¡Es fácil caminar de lado a lado,
lo difícil es saber cómo se encuentra!

¡Es fácil besar el rostro,
lo difícil es llegar al corazón!

¡Es fácil apretar las manos,
lo difícil es retener el calor!

¡Es fácil sentir el amor,
lo difícil es contener su torrente!

¿Cómo es por dentro una persona?
¿Quién es el que lo sabrá soñar?
El alma de otros y otro universo
con el que no hay comunicación posible,
con el que no hay verdadero entendimiento.

Nada sabemos del alma
sino de la nuestra;
las de los otros son miradas,
son gestos, son palabras,
que suponen
alguna semejanza en el fondo.”


domingo, 8 de enero de 2017

Sólo hay un lugar donde puedo tener paz


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

Todos tenemos un rinconcito en el mundo en el cual, protegidos y distantes del ruido y la prisa, descansamos y disfrutamos de la paz por la cual pasamos la vida luchando.

Ahí, no hay fiestas ni alegrías efusivas, solo una paz pura. Allí, solos, estamos en buena compañía.

Es un error enorme creer que nos realizamos solo fuera de nosotros, o que eso es una condición esencial para una realización plena.

Quien se deja guiar por el ansia de la aprobación de los otros, no tiene conciencia de que esa avidez conduce a tal exposición que impide el recato y la intimidad donde nuestras fuerzas se equilibran y fortalecen. Quien vive para la apariencia, pronto cambia la paz interior por una ilusión de fama, tan instantánea que muere nada más nacer.

Quien no tiene donde vivir en paz es miserable. En el sentido más profundo y absoluto de la miseria.
Sólo en este lugar, que no es un sueño, puedo dormir y despertar con una sonrisa.

¿Por qué razón no estoy siempre ahí? Tal vez porque tengo que pasar por lo peor para continuar mereciendo lo mejor.

En la vida siempre tenemos que hacer sacrificios grandes para continuar existiendo en ese lugar donde aprendemos a ver el mundo como es, donde nuestros planes comienzan a hacerse realidad, donde recargamos nuestras fuerzas, donde somos y nos sentimos amados.

Amar implica salir de la comodidad y hacer muchas cosas desagradables que es imprescindible para la defensa de mi felicidad.

Caminando siempre, como si el espíritu solo avanzase cuando las personas lo mueven, procurando sin cesar la paz del otro, sin el cual no puedo tener la mía.


Y es así que, mientras en la tierra mis pies se debaten con el fango y las trampas del mundo, mi corazón experimenta ya la paz de un cielo al cual no he llegado aún. 

http://rr.sapo.pt/artigo/72770/so_ha_um_lugar_onde_posso_ter_paz

sábado, 7 de enero de 2017

Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso



Beato Juan Taulero (1.300-361)

Es cosa arriesgada y peligrosa que un hombre juzgue a otro; cada uno debe estar atento a abstenerse de este pecado. Porque el que es la Verdad dijo: Con la medida que midáis, seréis medidos. Si eres muy misericordioso, encontrarás más misericordia; si lo eres poco, encontrarás poca; si no tienes misericordia, tampoco la encontrarás para ti.


Debemos probar y ejercer esta misericordia interiormente, en su voluntad profunda, de tal modo que sientas una compasión profunda y sincera por tu prójimo, siempre que lo veas sufrir, y que le pidas a Dios de todo corazón que le consuele. Si puedes socorrerlo externamente con algún consejo o algún donativo, con palabras o con obras, lo harás en la medida de lo posible. Si no puedes hacer mucho, haz al menos algo, ya sea una obra de misericordia interior o exterior: dile, por lo menos, una buena palabra, de este modo, cumples con lo que le debes, y encontrarás a un Dios misericordioso.

(En MAGNIFICAT)

viernes, 6 de enero de 2017

El hombre propone, Dios dispone


Hace apenas unas semanas estábamos felices, porque creíamos que compartíamos la felicidad de dos personas que convivían bajo el mismo techo, de ocupas en medio de un paraje natural, y de pronto, empujados por un violento desahucio, habían encontrado un techo mejor, más seguro, más digno,  con espacio para acoger personas y animales, lo que les permitiría una mayor integración en la sociedad y una ayuda para su maltrecha economía.

Pero, ‘el hombre propone y Dios dispone’, o sea que, es Dios quien en realidad nos consigue las cosas buenas que nos ocurren, utilizándonos a nosotros sabiamente para sus fines, y nunca sabremos si son buenas hasta que quede demostrado (algo así como el probado reconocimiento de los milagros por la Santa Madre Iglesia). Nosotros nos creemos casi siempre imprescindibles,  por lo cual nos frustramos tan a  menudo, porque las cosas no salen como pensábamos, ni en el momento que queremos.  Nadie puede hacer lo que el otro tiene que hacer por sí mismo. Por eso, ayudar no es fácil, significa estar dispuesto al ‘fracaso’, según nuestro criterio, al silencio; es un requisito imprescindible para seguir siendo voluntario y no desanimarse, o para cualquiera que quiera ayudar a otro desinteresadamente.

Quizá dimos demasiados pasos sin conocer a fondo la relación entre ambas personas, ni el interior de cada uno, ni sus verdaderas costumbres, públicas y privadas. Unos días en su nueva y digna morada y a punto estuvo de ocurrir una tragedia mayor, pero, se quedó en una disputa, en el desacuerdo y ruptura de un contrato de palabra, y abundantes destrozos materiales también.

Si, como dice la Biblia que dice el Señor: ‘vuestros planes no son mis planes’, ¡entonces, cómo se nos ocurre pensar y hacer planes para otros, pensando que se van a hacer realidad,  y se debe a nuestra participación en ellos! Humildemente hemos de aceptar que cuando las cosas no salen como pensamos o deseamos, es porque no estábamos haciendo lo adecuado, el que ayuda o el que recibe la ayuda, o los dos al mismo tiempo; porque la buena voluntad no basta. Hace falta algo más.

Algo que, a menudo, se nos escapa, o no queremos reconocer y aceptar, porque exigiría demasiado de nosotros mismos, porque tendríamos que reconocer una Existencia superior a nosotros que nos inspira para el bien en todo momento y hasta el final, y eso me llevaría también a tener que renunciar progresivamente, a medida que avanzara nuestro discernimiento, a más y más cosas... hasta quedarnos en un simple ser y existir para el bien solo. Nos llevaría a la autoexigencia, o a la conversión, o como se prefiera llamarlo, a predicar con el ejemplo, y eso, cuesta mucho entrenamiento, mucha autodisciplina, y mucho coraje, para afrontar una batalla interior de la saldré más pobre en bienes materiales, pero rico mental y espiritualmente. Y a saber encajar las opiniones y las críticas, así como la falta de reconocimiento de nuestros logros en semejante tarea, es, sobre todo, personal, cara a cara con la propia conciencia, la cual guía el mismo Dios.


 Mucho mejor que yo nos lo dice el apóstol san Juan: “...nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida. Y sabéis que ningún homicida lleva permanentemente en sí vida eterna. En esto hemos conocido el amor: en que Él dio su vida por nosotros... Pero si uno tiene bienes del mundo y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra las entrañas, ¿Cómo va a estar en el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conocemos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestro corazón  ante Él, en caso de que nos condene nuestro corazón, pues Dios es mayor que nuestro corazón y lo conoce todo.” (Primera carta del apóstol san Juan 3, 11-21) OM